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Jüdische Wochenschau · 1968-11-29 · 2296 (29.11.1968) · p. [Seite 5]

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Journal
Jüdische Wochenschau
Volume
29 (1968)
Issue
2296 (29.11.1968)
Date
1968-11-29
Page
[Seite 5] (sequence 5)
Language
German, Spanish
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:• _ . — S Seûunda nkvWvwwwwwwsww SUPLEMENTO MENSUAL DE mmwmvmwmv* Año I Noviembre de 1968 N? 3 Los judíos de América Latina viven mancomunados mundialmente 1 LONDRES (OJI). — En un extenso articulo publicado en el semanario londinense “Jew- «sh Chronlcle”, el Dr. S. Levenberg, quien acaba de retornar de un viaje a Sudamérica conso delegado del Congreso Judío Mundial, manifiesta lo siguiente; “Todas las comunidades ju- MONTBEAL (OJI). — Un informe reciente de lia congregación Adat Israel de La Habana, divulgado por pl periódico idish-español de México “Der Weg”, ha sido reproducido aquf por el Congreso Judio Canadiense, la institución que desde hace años aprovisiona a la comunidad judeocubana de víveres para Pésaj Se ha indicado en círculos del Congreso Judío que México y ei Canadá constituyen los últimos contaobos con el mundo judío de las Amérioas que les queda todavía a los correligionarios cubanos. La congregación Adat Israel de i,a Habana se ocupa de los oficios religiosos y Kaslirut, asi como de la distribución de matea que, según el informe, redlas de la región tienen un sentido de honda afinidad a las otras partes del pueblo judio. Todas ellas están afiliadas at Congreso Judío Mundial”. El Dr. Leven berg, presidente de la Comisión Política del Congreso Judía Mundial, quien reside en Londres, visitó la Arsulta sumamente complicada, en vista de los requisitos oficiales necesarios y del gran cuidado y esmero que los alimentos pascuales exigen para mantenerse dentro de la ley judaica. Los ingresos que aportan esos víveres a la congregación se dedican a las obras oé beneficencia y educación dentro de la comunidad, dice el informe. Menciona con especial gratitud la labor altruista del Sr. Moshé Baldas, miembro de la congregación habanera, y del Sr. Sigmund Unterberg, representante del Congreso Judío Canadiense, quien ‘‘se dedica con abnegación a la tarea de procurar que los productos alimenticios lleguen a tiempo para los judíos de Cuba”. gentina, Uruguay, Brasil y Perú. Indica en su articulo que en esa zona viven actualmente alrededor de 750.000 judíos, los cuales gozan, al parecer, de bonanza económica y progreso cultural. En todas partes, añade el Dr. Levenberg, ha oído quejas por qué las relaciones entre los judíos británicos con sus hermanos sudamericanos son tan flojas. Acerca de los judíos argentinos dice que constituyen ‘‘una comunidad modelo”, digna de ser imitada por otras comunidades, tanto en el sentido organizacional como en su lealtad y consagración a las causas judías y al renacimiento de Israel. Los cincuenta mil judíos del Uruguay están “geográfica v culturalnvente vinculados a los de la Argentina”; sin embargo, las distinciones entre las dos comunidades son conside- Mables. El Brasil “es un mundo aparte”. También lo es el Perú, país cuya comunidad judía no pasa de cuatro mil almas, aparte de los que se dicen ser descendientes de los antiguos “marranos”. I.o que une a todas esas comunidades es sn lealtad y afinidad al judaismo, mundial. La comunidad judía de La Habana Fue-recordada la tristte "Noche d® Cristal" NUEVA YORK (OJI. — De3 de muchas comunidades se ha comunicado al Congreso Judío Mundial en estos día« acerca de actos de recordación efectuados con motivo del trigésimo aniversario de la Infame “Noche de Cristal” en la Alemania Nazi, Uno de las actos particularmente impresionantes se efectuó en la ciudad alemana de Speyer, cerca de Heidelberg, en la cual, al igual que en cientos de poblaciones y ciudades más, fueron quemadas las sinagogas, rotas las ventanas de casas comerciales Judias, un sinfín de bienes destruidos y miles de judíos indefensos transportados a los campos <fe concentración y tortura. El embajador de Israel, Asher ben Natán, acudió personalmente al acto conmemorativo de Speyer para colocar una placa en el sitio donde estuviera la sinagoga de la antigua comunidad judía, quemada y voladla por los nazis en la “Noche de Cristal” por órdenes de sus superiores. Las noticias de Alemania Occidental dan cuenta de que en todo« los ámbitos del p» s se han estado efectuando conmemoraciones relativas a la brutalidad nazi de la que la “Noche de Cristal” no fue sino un episodio, ya que culminó en el aniquilamiento físico de 6 millones de judíos. En Buenos Aires, Argentina, el Congreso Judío Latinoamericano, rama del Congreso Judío Mundial, publicó un folleto especial de 40 páginas titulado “Historia de la Noche de Cristal”, por Hardy Swarsensky. Es un estudio magníficamente documentado en el que también ven la luz pública varios documentos y órdenes secretas de los cuarteles generales hitleristas para llevar a cabo el gran “pogrom” que se denominó “Noche de Cristal”, así como los informes de oficinas subalternas acerca del cumplimiento de las órdenes Este estudio ha sido publicado en castellano, como el número 16 de la colección “Heohos de la Historia Judia” de la Biblioteca Popular Judía que con tanto tino la sección sudamericana del dirige el Sr. Marc Turkow en Congreso Judío Mundial. Gesto sin par ¡LIAOE pocos días fue conmemorado el 25° aniversario del más grande gesto de solidaridad que recibiera el entonces humillado y perseguido pueblo judío. Corrían los últimos meses del sangriento año 1943 y, mientras la matanza nazi cobraba euforia demencial, el mundo democrático luchaba porfiadamente para destruir las huestes hitlerisías. Mientras un mundo indiferente de “no comprometidos” creía en la transitoria tranquilidad de su status, una nacían de modestas dimensiones geográficas daba la ■nái grande lección de solidaridad humana- En 1943, los judíos tenían a Israel tan sólo como un porfiado sueño de redención sionista. Para la réalidad histórica europea, eran los restos descarnados e incoherentes de la matanza nazi. El mundo gentil, poco propenso de por sí a respetar la judeidad y, habituado por milenos a perseguirla, la consideraba a punto de extinguirse. Salvo muy contados casos de solidaridad individual, nada congruente aportó ese mundo de “no comprometidos” para la salvación del pueblo de la Biblia. y en ese clima, dentro de esa tónica de abulia, sólo conmovida por algún discurso altisonante, la gran nación danesa responde virilmente, unidos pueblo y soberano, por un mismo ideal de amor humano, desafían y enfrentan a la máquina nazi de destrucción y rescatan de la muerte segura a siete mil judíos enviándolos a otra gran nación, Suecia, que al recibirlos en su tierra complementa >a heroica gesta de salvación. Eran siete mil judíos que estaban en vísperas de ser deportados a los campos de exterminio hitlerista. Dinamarca y Suecia, soberanos y pueblos de estas dos naciones, dan un ejemplo de fraternidad efectiva, cuando el mundo en tinieblas sólo sabía del odio y el egoísmo cavernícola. Se confunden con el pueblo judío en un abrazo solidario, cuando desde los más dispares lugares de la Tierra el racismo brotaba fértil, al calor de la putrefacción moral de la propaganda nazi. Quizá por ello, por lo oscuro y sucio de ese mundo en decadencia, brilló con más luces el gesto heroico de estos dos pueblos valientes y llegó como un canto de optimismo para tantos oídos que habían olvidado el verbo del amor humano. Tome nuestro pueblo debida nota de esta gesta y también la historia toda del mundo y del hombre la escriba en lugar de privilegio. Para nosotros servirá en horas de regocijo y en trances de aflicción, y para los que no son judíos, les recordará que el amor al prójimo es un verbo, no una frase hueca, y que puede practicarse siempre. Con los judíos también. // Historia de la Noche de Cristal n •Reproducimos a continuación el prólogo y parte del preludio de “Historia de la Noche de prlstal”, obra del Dr. Hardl Swarsensky, que recientemente diera a publicidad la Biblioteca 1 'opular Judía, del congreso Judío Mundial. PROLOGO A historia completa y coherente de los judíos en Alemania bajo ei tercer Reich no ha sido escrita aún. Sólo se ha esbozado la crónica de determinados aspectos de la misma. El presente opúsculo no abarca sino un tema definido dentro de dicho panorama: el golpe decisivo asestado por el régimen nazi contra la judería alemana en noviembre de 1938. La suma de esos hechos criminales se conoce con el genérico apelativo de LA NOCHE DE CRIS¬ TAL. En la noche de marras —del 9 al 10 de noviembre de 1938— tuvo lugar, en la Alemania hitlerista, un gigantesco pogrom, propicado por las autoridades supremas del Rcich. El blanco principal de los ataques lo constituyeron las sinagogas, que en su inmensa mayoría fueron incendiadas por ias turbas desenfrenadas. Esa misma noche registróse la detención de millares de va. roñes judíos, que fueron luego conducidos a campos de concentración y allí sometidos a pésimos tratos; centenares de ellos perecieron. Numerosos hogares judíos fueron arrasados, y en algunos casos se perpetraron horrendos asesinatos. Las vidrieras de empresas, negocios, depósitos y otros locales de propiedad judía fueron hechos añicos; los vitreos fragmentos cubrieron las calles, particularmente en las grandes ciudades. De ahí el nombre: LA NOCHE DE CRISTAL. Ya a su arribo al poder, acaecido el 30 de enero de 1933, los nazis habían comenzado a preparar la sistemática liquidación de la otrora tan ogullosa judería alemana. Por medio de gran número de leyes y decretos, los judíos fueron paulatinamente elimnados de los círculos profesionales y financieros alemanes. El primer llama, miento ofical a la lucha antijudía fue lanzado por los nazis el 1» de abril de 1933, cuando —bajo la dirección del perverso Julius Stréicher— tuvo lugar un boicot contra todos los negocios, oficinas, estudios y fábricas de propiedad judía, bajo el lema: “¡No compréis a los judíos!’’. Las disposiciones antijudías posteriores fueron adoptadas paulatina y progresivamente, a fin de no escandalizar demasiado a la opinión pública. El golpe subsiguiente fueron las leyes de Niiremberg, tendientes a aislar a la población judía de la germana. Dichas leyes transformaron a los judíos alemanes en ciudadanos de segundo orden, introdu. ciendo el concepto de Rássenschande (afrenta racial) como un crimen “contra la sangre germana” y allanando el camino para la ulterior deportación y aniqui lamíento de los judíos. No obstante, transcurrieron unos tres años más hasta que la bestia parda se sintió posoída del necesario vigor como para proceder contra los judíos que aún permanecían en el Reich, sin parar mientes en la opinión pública nacional y mundial. En Alemania, convertida en una gran potencia bélica, temida por los restantes países de Europa y embriagada por sus éxitos en materia de política exterior —entre otros la incorpo ración de Austria a su imperio, hecho que no suscitá mayores protestas en el resto del orbe— cobró auge la cacería de “elementos indeseables” (judíos en su mayoría) y la deportación de “extranjeros no gratos’’ (entre ellos numerosos judíos polacos que residían en Alemania). Entretanto, el poderío exterior del tercer Reich se vio aún más acrecentado cuando, en virtud del pacto de Múnich, extensas regiones de Checoslovaquia cayeron bajo la hegemonía del imperio alemán. Entonces fue que los nazis se sintieron lo suficientemente fuertes como para asestar el golpe aniquilador contra la judería alemana. Las páginas que siguen constituyen una reseña de los históricos acontecimientos que el autor vivió personalmente en Berlín y de cuyo desarrollo, días tras día y hora tras hora, fue testigo. I EL PRELUDIO CN la Alemania de mediados del año 1938 se registró una repentina ola de arres, tos, que afectó a cierto número de judíos. Sin que mediase razón alguna, la Gestapo dedicóse a allanar domicilios en las madrugadas. Tras arrancar de sus lechos a aquellos a quienes buscaba, los conducía a determinados puntos de confluencia, y luego los arrojaba a algún campo de con. centración. En un principio no llegaron a conocerse los motivos por los que tales desdichados recibían semejante trato. Ulteriormente, dichas '‘razones’’ fueron divulgadas: las gigantescas redadas no constituían sino una acción contra quienes poseían “antecedentes penales”. Con repugnante cinis mo llegóse a manifestar que esa era!«» forma en que la sociedad debía defenderse de los “elementos asociales”, dando a éstos, al mismo tiempo, la oportunidad de regenerarse. Semejantes procedimientos, violatorios de las normas jurídicas más elementales, indicaban a las claras que las garantías públicas en general —y las de los judíos en particular— habían cesado de existir. Los arrestos se efectuaban sobre la base de listas previa y cuidadosamente confeccionadas, lo cual permitía que fuesen consumados en muy pocas horas. Como en dichas nóminas sólo figuraban aquellas personas que registraban “antecedentes penales’’, que ya habían sido juzgadas y condenadas, y que habían cumplido sus penas, resulta obvio que se trataba de casos ya cerrados, que no podían ser ventilados nuevamente ante los tribunales (y menos aún reabiertos por obra de arbitra, riedades policiales) sin lesionar la seguridad jurídica general. Ello no obstante, desde hacía tiempo la Gestapo se dedicaba a acechar a quienes abandonaban los establecimientos penales una vez cump'idas sus condenas; en seguida procedía a arrestarlos y a conducirlos a los campos de concentración. La justicia germana se abstenía de intervenir en tales casos, asi como tampoco se atrevió jamás a elevar su voz ante las ilegalidades perpetradas por el tercer Reich. Según estadísticas oficiales de la época, la proporción de judíos incursos en todo tipo de delito grave hallábase por debajo de la correspondiente a 'a población judía respecto de la gentil. Incluso en lo relativo a los hechos punibles (por ejemplo, defraudaciones y estafas comerciales) vinculados a ciertos sectores de actividad en los cuales el porcentaje de judíos era superior al que éstos alcanzaban en el seno de la población general, se registraba idén. tica tendencia. Es por ello que la Gestapo, ante el escaso número de judíos que regis traban antecedentes penales, no se conformó. Y, a pesar de que no todas las infracciones a leyes y reglamentos eran computables como “antecedentes penales”, comenzó a detener y a someter a su feroz arbitrio a cuanto judío hubiera incurrido alguna vez en la más ínfima transgresión de ias normas vigentes. Así, pues, se procedió al arresto do “criminales’’ que se habían hecho pasibles de alguna multa por estacionamiento incorrecto de vehículos u otras infracciones de tránsito... Estos acontecimientos suscitaron agitación y airadas reacciones entre la población judía. A nadie le cupo duda do que se hallaba ante los prolegómenos de acciones policíacas de envergadura aún ma yor, que no se harían esperar mucho tiempo. En efecto, los nazis comenzaron repentinamente a detener judíos en los cafés, bajo cualquier pretexto y sin motivo algu no, para enviarlos a campos de concentración. Hasta en las calles, en las horas en las quo el tránsito se intensificaba, se producían insólitos arrestos. Cuando algún peatón con apariencia de judío, por ejem. pío, era sorprendido a| atravesar la ca' zada sin aguardar el cambio de luces correspondiente. Demasiado bien recuerdo yo que una tarde, mientras volvía a mi logar, noté (a unos 60 ú 80 metros de distancia) un gran revuelo, con la participación de buen número de policías. De inmediato^ salté a un tranvía que pasaba, atravesé el tumulto y descendí en la primera parada. Pude así salvarme d>; posi. bles inconvenientes.. Los detenidos por registrar “anteceden, tes penales” podían ser liberados de los campos de concentración si se obtenía algún permiso de emigración a su nombre, o bien algún documento probatorio de que abandonarían el país a la brevedad Ai menos existía por aquella época tal posibilidad para esos desdichados. La siguiente etapa no se hizo esperar. Hacia octubre de 1938 se procedió a la repentina detención de todos los judíos (hombres, mujeres y niños) registrados como ciudadanos (o ex ciudadanos) polacos o como apátridas emigrados de Polonia, que a la sazón residían dentro de los límites del Reich. La policía o la Gestapo allanaba sus domicilios preestablecidos —de acuerdo al procedimiento ya “ensayado”— y allí los apiñaba en trenes de pasajeros o de carga para transportarlos hasta la fronte, ra germano-polaca y deshacerse de ellos como “extranjeros no gratos”. Entre esos judíos “polacos” se contaban muchísimos (quizá más del 80 por ciento) que jamás habían vivido en Polonia, es decir, en el Estado polaco, ya que éste fue creado recién después de la primera guerra mundial. Muchos de esos “extranjeros no gratos" habían sido ciudadanos alemanes, privados de esa condición por los nazis. Muchos, -ncluso, habían nacido en suelo alemán y habían cursado sus estudios en escuelas, colegios y universidades alemanes; ignoraban el idioma polaco y, en general, jamá8 habían tenido nada que ver con Polonia. El acarreo de personas hacia la frontera seguía realizándose en base al sistema ensayado previamente con quienes poseían “antecedentes penales”: ¡ntempesti. vos allanamientos domiciliarios, secuestro de personas, ulterior concentración de las mismas, transporte. En Berlín y en algunas otras localidades se autorizaba a los pobres a llevar consigo unos pocos enserís personales, pero en muchos otros casos hasta se les impedía vestirse adecuadamente, aunque era la época Invernal. Los judíos reunidos de esa manera eran transportados luego hacia el Este. Fueron éstos los primeros de muchos convoyes de igual rumbo; pero aún no tenían por meta los campos de la muerte, sino la más ne gra ¡ncertidumbre. Los convoyes iniciales fueron aceptados por Polonia, pero tiempo después la frontera se cerró. Los infames esbirros de las SS arrojaban a los indefensos judíos fuera de los trenes, a la oscuridad de la noche, los obligaban a desprenderse de sus petates, y los perseguían con perros y látigos hasta la “tierra de nadie”, en donde los desdichados debían aguardar días e incluso semanas hasta tanto las organizaciones judías de Polonia —particularmente de Varsovia— enviaban ayuda material y permisos de residencia temporaria, el grueso de aquella misma gente tan brutalmente deportada caería al año siguiente masacrado por los nazis, en aras de la preten dida “solución final del problema judío”. Merced al testimonio de |os sobrevivientes poseemos en la actualidad una descripción exacta de lo acontecido, y todo el salvajismo y la crueldad del proceder nazi se halla perfectamente documentado.

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