Jüdische Wochenschau
- Journal
- Jüdische Wochenschau
- Volume
- 29 (1968)
- Issue
- 2292 (1.11.1968)
- Date
- 1968-11-01
- Page
- [Seite 8] (sequence 8)
- Language
- German, Spanish
- Belongs to
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Páff. 4 SEGUNDA GENERACION Octubre de 1963 Qué ocurre con los judíos en las tierras árabes VA antes de la guerra de junio de 1967 entre Israel y los estados árabes, las comunidades judías del Cercano y Modio Oriente eran sometidas a severas discriminaciones y afrontaban graves dificultades. La secuela de lá guerra fue una sucesión de nuevas persecuciones y sufrimientos para los judíos en tierras árabes, que .JVuinaron a comunidades otrora importantes y con un pasado que se remonta a tiempos antiguos, pór cierto bíblicos. En Aden y Libia se extinguió la vida judia; la desaparición de la comunidad judía tle- Egipto ha llegado a «r casi inevitable, la de Líbano se está desintegrando y lo mismo habría ocurrido probablemente en Irak y Siria si no fuera por la prohibición que pesa allá sobre la emigración judía. Al comparar las cifras de población judía en el Medio Oriento con anterioridad a la fundación de Israely las del período inmediatamente anterior al conflicto de junio, se advierte cómo se redujeron esas comunidades bajo el impacto de dos décadas de tensión árabe-israelí. Egipto J A comunidad judía oe Egipto contaba *-* 2.500 almas en mayo de 1967 de las cuales 1.500 residían en El Cairo, 900 en Alejandría y otras 200 (caraítas, en su mayoría) en otras localidades. Al precipitarse en mayo la crisis, las autoridades egipcias practicaron un nuevo registro de ta población judía. A los dos o tres días de estallar la guerra de junio, la policía detuvo a la gran mayoría de los judíos varones. A algunos los condujeron a los locales policia- íes en pijama, dado lo imprevisto del arresto a altas horas de ta noche. El trato que recibieron de la policía fue variado, bueno en ocasiones y en otras los golpearon y maltrataron En una estación policial tuvieron a los detenidos judíos sin agua durante dos días. Al gran rabino Jaim Douek, de El Cairo, lo confinaron en su domicilio; al rabino Jacques Nefussi de Alejandría, lo alojaron en la cárcel. En el término de una semana los judíos de nacionalidad extranjera —alrededor de 75— fueron transportados, esposados, en camiones militares a Alejandría, donde los pusieron a bordo de naves junto a otros extranjeros y ciudadanos occidentales no judíos que dejaban el país o eran expulsados. Los familiares de los deportados que no tenían consigo los pasaportes sólo supieron lo sucedido al presentarse la policía en los respectivos domicilios en busca de los documentos. Pero muchas esposas e h¡_ jos quedaron atrás, ignorantes del hecho, y salieron de Egipto más tarde. A los demás judíos bajo custodia los enviaron a la prisión de Abou-Zaabel, a una hora de marcha de El Cairo, sobre la ruta a Port Said. Los judios de Alejandría conducidos en camión a Abou-Zaabal, fueron casi linchados por una turba egipcia que creyó que se trataba de israelíes luego de ur anuncio del ministerio de información según el cual se habían capturado los primeros prisioneros de guerra judíos. Los salvó la rapidez con que actuaron los oficia es militares que acompañaban al convoy. Al llegar a la prisión los obligaron a tenderse con rodillas y codos en tierra. Luego los guardianes los sometieron a toda clase de castigos, bastonazos y azotes. Esta bienvenida no fue sino un preludio de lo que seguiría en las emanas posteriores. Unos 350 prisioneros judíos fueron alojados en cinco celdas del pabellón correccional de la cárcel. En cada una de ellas, cuya capacidad es de 20 a 25 detenidos,' pusieron a 70 judíos, obligados a dormir en el suelo por turno y con las piernas dobladas a fin de adaptarse al exiguo espacio. Los tuvieron encerrados así durante cinco semanas y sólo entonces les permitieron una caminata diaria de media hora en el patio de la prisión. Disponían de dos platos de aluminio y debían comer con los dedos o sorber el alimento como si fueran animales. Muchos de los prisioneros eran ancianos; otros estaban enfermos en el momento del arresto, y había incluso un muchacho semi-paralítico; a uno lo habían retirado del hospital y a otro de un asilo. Libia ABRAHAM KARLÍKOW En Aden y Libia se extinguió la tuda judia. En Egipto los judíos soportaron, toda suerte de desmanes durante la última con tienda bélica. Los más castigados fueron los de Libia, donde el saqueo, el crimen y otras formas de pillaje recordaron los peores pogroms. En Irak las persecusiones venían de mucho antes: de 120 000 iudíos que residían antes de la Independencia de Israel no quedan 2.500 en la actualidad. Las persecusiones en Siria. Líbano y Aden con características propias. ble aunque se cree que a atgunos ios han golpeado y castigado. Por entonces ct gobierno adoptó otras medidas de restricción: todas las casas judías fueron puestas bajo vigilancia e intervenidos los teléfonos. A los judíos les vedaron fa venta de bienes privados y congelaron los activos salvo una reducida asignación para la subsistencia. Se cancelaron todos los permisos otorgados a judíos y a las empresas iraquesas e les ordenó oficialmente suspender a todos sus empleados judíos. Se estableció para los judíos la prohibición de moverse de su zo. na de residencia; a muchos de ellos los arrestaron. El gobierno emitió una disposición (más tarde rescindida) de expulsar de los colegios privados a todo estudiante universitario judio. Su inadmisión a las universidades estatales regía desde mucho antes. El cerco sx: estrechaba cada vez más. Al mismo tiempo, la radio y televisión de Bagdad se embarcó en una campaña continua de ataques a los judíos, acusándolos de "quintacolumnistas*’ y advirtiendo a los iraqueses que todo contacto con judíos podría hacerlos culpables de complicidad. En el periódico “Zut al Arab” del 17 de junio, se leía: ‘‘El cáncer judío de Irak constituye un serio peligro para nuestra lucha por la existencia y el futuro del país. Si el interés, las circunstancias y la ley exigen que por ahora no tes hagamos daño, lo menos que cabe es someterlos a una severa vigilancia y paralizar su actividad”. mercios judios de las calles principales de Trípoli y del hara (ghetto), donde vivían los judíos más pobres. La turba asesinó por lo menos a diez judíos, si bien los dirigentes judíos que posteriormente llegaron a Italia expresaron que el gobierno libio no admitiría jamás que fueron más de des: un carnicero a quien sacaron de su comercio y degollaron con sus propias cu. chillas y a una asistente del hogar de ancianos. Hasta el último comercio judío fue quemado virtualmente hasta los cimientos, nc tanto con fines de pillaje como por puro edio. Debido a la hora en que se registraron los desórdenes, los niños estaban en la escuela y los jefes de familia en su trabajo. Muchos de ellos, forzados a ocultarse en el refugio más cercano, se vieron separados de sus familias por espacio, de simaras. Los judíos no se atrevían a salir. Levantaron barricadas v se atrincheraron en sus hogares, donde recibían amenazas tele, fónicas. Las autoridades les aconsejaban permanecer encerrados, pues no les podían garantizar suficiente protección policial. La tarea de proveerse de alimento llegó a ser un serio problema; algunos árabes e italianos que trataron de comprar pan para sus amigos judíos fueron amenazados. Entre otros edificios, la turba destruyó la sinagoga Bet El y la Talmud Torá Dar Serussi. Las autoridades libias actuaron con bastante rapidez para proteger a los judíos de Benghazi. Casi inmediatamente c'ospués de conocerse la iniciación de la lucha árabe-israelí, los pusieron bajo custodia en barracas militares en las afueras de la ciudad. En Trípoli la acción fue tardía para salvar vidas y comercios judíos, aunque el 6 de junio los judíos del h<ara y de varios aledaños de la ciudad fueron trasladados a unas barracas militares cerca de Gurgi. En las semanas siguientes se les reunieron otros procedentes de la ciudad. Se estima que dos familias judías que partieron con destino a Gurgi y desaparecieron sin dejar rastros, fueron llevadas al desierto por libios qu»i simulaban ayudarlas, y asesinadas para despojarlas. Siria Irak J OS 4.000 judíos de Libia sufrieron más “ muerte y destrucción como resultado del conflicto árabe-israelí que ninguna otra comunidad judía del Medio Oriente. Hacia fines de 1967, todos los judíos menos 220 habían dejado el país, esperándose que éstos los seguirán también en breve. El odio de las turbas, el pillaje y el asesinato terminaron con una de las comunidades judías más antiguas. Antes de la segunda guerra mundial ésta contaba con 40.000 personas. Sin embargo, luego de los pogroms de 1945 que costaron la vida a unos 130 judíos, y los de 1948, coincidontes con la independencia de Israel, sólo permanecieron allí 6.000 judíos. Cuando a las diez de la mañana del 5 de junio llegaron las noticias de que se habían iniciado las hostilidades, las demos, traciones supuestamente controladas estallaron en fanáticos ataques a todo lo extranjero, en especial a lo judío; a ios co¬ COLO 2.500 judíos quedaban en Irak a fines de diciembre. La discriminación contra el judaismo iraqué» comenzó mucho antes de la guerra árabe-israelí. En vísperas del nacimiento de Israel, esta comunidad contaba con aproximadamente 120.000 almas, el mayor conglomerado no musulmán del país, y una cuarta parte de la población de la capital, Bagdad. Con la creación de Israel, todos los judíos fueron clasificados como extranjeros enemigos. Hubo severas restricciones a la* actividades judías y expropiación de bienes y comercios judíos, prohibiéndose asimismo la emigración. Al anunciar el gobierno en 1950 el levantamiento de la veda emigratoria por un año, la casi totalidad de los judíos abandonó el país en el que por. manecieron solamente 6.000. En los años siguientes se adoptaron otras leyes discriminatorias antijudías. Por disposición del premier Abdul Karim Kassim que encabezó el gobierno iraqués entre 1960 y 1963, algunas de estas leyes fueron derogadas, pero se reinstituyeron más tarde. Los judíos continuaron emigrando, apelando a todo recurso. Así hasta mayo de 1967, en que a los 2.500 judíos restantes se les restringieron aún más sus derechos civiles, de traslado y propiedad. La guerra habría de provocar un nueve brote de persecuciones. Se reveló que •:l ministro del Interior, Rajab Abd al- Majid, había preparado un plan de arresto en masa de los judíos, que serían interna, dos por ser potenciaimente peligrosos para la seguridad del país. Se cree que ta intervención del presidente Abd al-Raham Arif impidió que el plan se ejecutara. Sin embargo se practicó al allanamiento, casa por casa, de todos los hogares judíos, confeccionándose un registro de los ocufxantes. A mediados de junio arrestaron a unos 70 judíos, entre ellos 50 conspicuos miembros de la comunidad, y otros 20 que por fus mas comerciales norteamericanas, britániocupaciones tenían algún contacto con fircas o alemanas de Irak. El motivo oficial de la detención fue ‘‘para apaciguar a la opinión pública”, y otras explicaciones alegaban actividades po'íticas o financieras ilegales. Pero en realidad no se formuló ningún cargo contra los detenidos ni se los procesó. Tampoco se autorizó a nadie, ni siquiera a los abogados contratados por sus familiares, a comunicarse con ellos. En el ínterin hasta donde se sabe el trato que se les dispensa es en general aceptar* N Siria hay aproximadamente 4.000 ju- *-* dios, de los cuales 2.500 viven en la ca. pital, Damasco; 1.500 en Aleppo y 40 ó 50 familias en Kamishli sobre la frontera tu^ca. En los primeros días posteriores a la guerra el gobierno apostó tropas en torno a los barrios judíos de las dos ciudades principales, con un estricto toque de queda que permitía a los judíos salir de compras a ciertas horas. Paradójicamente, la retirada de esas tropas pocas semanas después, aumentó el peligro. Las casas y Departamentos abandonados tras el éxodo en gran escala de los judíos sirios a principios de la década del 50, fueron cupados por refugiados árabes palestinos, los cuales uperan hoy en número a los judíos del barrio judío de otrora y constituyen una permanente amenaza para estos últimos. Varios incidentes registrados últimamente hicieron temer por dificultades más serias. El gobierno sirio no tenía verdadera necesidad de tomar medidas especiales contra los judíos, pues las que rigieron durante años, antes de* conflicto árabe-israelí cte junio, eran suficientemente draconianas: los judíos se veían privados de enajenar sus pertenencias y trasladarse más allá de los límites de su residencia habitual sin permiso. Debían asimismo, exhibir una cédula de identificación especial, y a los soldados y servidores púbüccs les estaba jwohibido hacer compras en comercios judíos. Libano I7STE país, en el que hay muchas mino. rías, ha velado por la seguridad de éstas y casi siempre también por sus derechos. A los judíos de Líbano les va mejor que a los de casi todos los demás países árabes y musulmanes. Sin embargo, las presiones psicológicas y económicas, estas últimas a consecuencia de lo* efectos de la guerra en la economía de la mayor parte de los países del Medio Oriente, y varios incidentes registrados como resultado de todo ello en el período más crítico, convencieron a muchos oue debían dejar el país. La comunidad se redujo de 6.000 en junio a unos 3.000 a fines de 1967. Al ahondarse la crisis que desembocó^ en la guerra, se intensificaron los sentimientos atijudíos y los incidentes. Algunos comerciantes musulmanes se aprovecharon de la situación, rehusándose a pagar a sus acreedores judíos; un judío Josef Antebi, fue muerto a tiros cuando pretendió cobrar un préstamo. La comunidad judía pidió protección y, coincidentemente, se ai^ostó una guardia armada alrededor del barrio judío del sector Abou Jamil de Bagdad, el 5 de junio. No se impusieron limitaciones a los judíos, salvo la de viajar ai sud libanes que linda con Israel. Aden A NTES de 194B había aproximadamente 9.000 judíos en lo que entonces era el Protectorado de Aden y es hoy la República Popular del Sud del Yemen. Aunque Aden estuvo bajo control británico hasta noviembre de 1967, los judíos comenzaron a emigrar mucho antes. Al producirse ios graves desmanes antibritánicos de octubre de 1965, sólo quedaron allí 350 judíos, que residían en el sector Cráter. Durante los desmanes fue atacada la escuela judía Selim y hubo intentos de incendiar las sinagogas comunitarias. La escuela se cerró y los objetos del cuito y los archivos comunitarios se enviaron fuera del país. Los judíos siguieron yéndose en reducido número y en los prolegómenos de la guerra árabe-israelí restaban 138 de ellos. La ruptura de las hostilidades, la inminente salida de los británicos y la permanente lucha por el poder entre los diversos grupos nacionalistas árabes al obtener Aden su independencia hicieron insostenible la situación de los judíos. El 12 de junio las turbas árabes atacaron él barrio judío, apaleando a muerte al anciano Mayer Shoa y saqueando los comercios. Los pocos hombres, mujeres y niños judíos que quedaban, se embarcaron en un avión especialmente fletado, con destino a Londres. Eí sha bíii y el sentido de la vida PI, shabat fue hecho para el hombre porque es compatible con su carácter específico y sus necesidades. Porque si bien el hombre es parte de la naturaleza, también tiene la posibilidad de trascenderla, porque carece de los límites de las otras criaturas creadas sujetas a los ciclos y estaciones del orden cósmico y natural. El shabat no pertenece al orden de la naturaleza, y al no emerger de procesos, ciclos o fuerzas inevitables del medio ambiente carece de todo sentido para la vida animal. En cambio, el shabat dirige al hombre a fronteras más allá de su mera existencia. hacia un área en la cual su humanidad se asegura a si nvsma sobre su mero ser terrenal. Llega así a representar una de las doctrinas más revolucionarias de todos los tiempos: la vida es más que trabajo y el hombre más que un ser para satisfacer su hambre y sus impulsos. Así el shabat expresa el motivo de distinción humana de que él puede ordenar sns pensamientos a fin de que su vida tenga un propósito. El hombre desciende de su nivel humano cuando vive exclusivamente en términos de una vida i**- trunvmtalizada y mecanizada. Mas, sólo el hombre puede interrogarse a si mismo acerca de una cuestión que ningún animal puede hacer: ¿Cuál es el prepósito de mi vida? ¿Ha. cia dónde se dirigen mis actividades? ¿Cuál es el sentido de todos mis esfuerzos en "MI” existencia? El término hayfm. VIDA, en hebreo, más que apnntar hacia un sentido biológico, denota, más bien, ef propósito por el cual el hombre es cuestionado, es decir, una forma de existencia que corresponde a la vida humana en st misma. En shabat el hombre puede ser arrancado del torbellino de presiones, urgencias y hostigamiento en la que es diariamente atrapado, y tiene asi la posibilidad de reencontrar en el shabat el sentido de propósito que tiene su existencia, la cnal puede ser oscurecida por la contienda y el esfuerzo cotidiano. Esto no significa que el shabat sea un escape a la semana de trabajo asiduo y a las complicaciones: un refugio a sus diligencias; una terapia para su hastío... El shabat confiere separación de la inmediatez de la vi da oue el temblé puede llevar a cabo, vinculad» y uniendo los grandes propósitos de su existencia. El shabat dramatiza ei hecho de que cada ser human» está investido con un potencial creativo. Hay algo de artista en nada uno de nosotros, aún cuando no lo expresemos a través de un cuadro o de una escultura o juntando palabras qne formen una armonía poética. Sin embargo, tenemos la potencialidad de crear nuestra propia vida y un mundo mejor que tenga el sentido de un shab&t eterno. El shabat es el climax de la creación, así como el hombre es su climax: el dfa en el cual el hombre puede llegar a ser completamente humano. Servir a Dios significa, en térrrénos humanos, la realización de sus propias características potenciales; es el fin y más auténtico propósito del hombre de crearse a si mismo, a través de una vida con plenitud de sentido y ayudar a crqar un mundo mejor: de paz, de justicia, de justicia social. Ambos, hombre y shabat son así el climax de la creación. H hombre devendrá totalmente humano mando tenga el shabat en su vida. RUBEN NISENBOM.