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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1967-07-01 · 7 (Septiembre, 1967) · p. Seite 6

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXIX (1967)
Issue
7 (Septiembre, 1967)
Date
1967-07-01
Page
Seite 6 (sequence 6)
Language
German
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6 BOLETIN INFORMATIVO JULIO 1967 LA HORA DE LA VERDAD El destacado dirigente socialista Jaime Faivovich, en valiente carta dirigida a su partido, formula severas críticas a la declaración de la Comisión Política, publicada en el diario “Ultima Hora”, el 28 de mayo pasado, en la cual solidariza plenamente con la agresión árabe y adopta una violenta posición anti israelí. Jaime Faivovich, se suma de este modo a la inmensa masa de socialistas que han repudiado la declaración de su partido. En algunos párrafos de su extensa carta, aparecida en el diario “La Nación” Faivovich señala: Señor Aniceto Rodríguez. Secretario General del Partido Socialista. Presente. Estimado compañero: En la prensa del 28 de mayo se publicó una declaración de la Comisión Política del partido sobre el conflicto del Medio Oriente, que en estos días aún no había desembocado en la guerra. Según nuestros antecedentes, ese comunicado no fue aprobado por ningún organismo regular del partido; concretamente, ni por la Comisión Política ni por el Comité Central. En consecuencia, sólo reflejaría hasta ahora el pensamiento, muy respetable, por cierto, de algunos „militantes. Sin embargo, esta situación no ha sido esclarecida por los dirigentes responsables. Por este motivo, la referida declaración aparece como la voz oficial del partido sobre el complejo problema del Cercano Oriente, comprometiendo a todos los socialistas. Ha llegado la oportunidad de definir un criterio al respecto. Seguir guardando silencio significa solidarizar con los planteamientos que se exponen en ese documento. Por nuestra parte, lo repudiamos porque es manifiestamente parcial, contiene apreciaciones equivocadas y agraviantes para muchos militantes y simpatizantes del partido. Se limita a repetir consignas muy en boga, no hace un examen ponderado y equilibrado de los distintos factores que inciden en el conflicto ni de las actitudes de cada uno de los bandos en pugna. Analiza, en forma superficial, incompleta y distorsionada los hechos. Es, en suma, un documento precipitado y escasamente madurado. La declaración acusa al Gobierno de Israel de ser un instrumento del imperialismo para aislar y derrocar los regímenes árabes democráticos y populares, y obstaculizar el desarrollo y la radicalización del movimiento árabe de liberación nacional. Ubica al partido en el bando cavernario de los que preconizan la destrucción de Israel. Respalda a todos los países árabes, sin discriminar entre los que tienen una posición antiimperialista y los que son lacayos del imperialismo, están gobernados por reyezuelos absolutistas o déspotas militares y mantienen oprimidos y explotados a sus pueblos. Finalmente, apoya la agresión de Egipto contra Israel al bloquear el Golfo de Akaba. O sea, el partido se coloca incondicionalmente al lado de los árabes y condena exclusivamente a Israel. La gravedad e inconsecuencia de estos planteamientos no se atenúa por el curso que ha seguido la confrontación militar entre árabes y judíos ni por el eventual desenlace de la lucha armada. Israel solo, sin la ayuda de nadie, ha derrotado a los ejércitos árabes y levantado el bloqueo del Golfo de Akaba. Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña se declararon neutrales; la Sexta Flota norteamericana no acudió en auxilio de Israel y la propia Unión Soviética ha desestimado las acusaciones árabes de intervención aérea yanqui e inglesa en favor de Israel. Han quedado desvirtuadas, por consiguiente, las aseveraciones de que Israel actuaría confabulado con el imperialismo en contra del mundo árabe. Asimismo, se ha desmoronado la imputación soviética de que Israel provocó e inició esta conflagración para forzar la participación yanqui, inglesa y francesa en la contienda. No está perfectamente aclarado quién comenzó las hostilidades. Pe!ro, aunque hubiera sido Israel, hay que considerar algunos antecedentes. Israel fue el agredido. El origen inmediato de la crisis está en las incursiones y sabotaje reiterados de los comandos palestinos en territorio israelí. Estos comandos han sido formados, armados, adiestrados y preparados en los países árabes, especialmente en Egipto; tienen sus bases en suelo árabe, y últimamente habían estado operando especialmente desde Siria. En definitiva, los países árabes los usan para hostilizar a Israel sin comprometerse ellos directamente. Enseguida, el bloqueo del Golfo de Akaba fue una acción bélica de Egipto contra Israel. Nasser y Siria movilizaron a todo el mundo árabe y lo pusieron en pie de guerra contra Israel. La radio de Damasco, en Siria, anunciaba todos los días, lo mismo que las emisoras egipcias que los ejércitos árabes se darían cita en Tel Aviv. Las grandes potencias actuaron con la lentitud y la hipocrecía habituales. Las Naciones Unidas mostraron, una vez más, su inutilidad. La Unión Soviética paralizó toda posibilidad de alcanzar un acuerdo pacífico y evitar el conflicto, para no indisponerse con los árabes. Si Israel no hubiera propinado el primer golpe, de todos modos habría sido atacado por los árabes y quizás si entonces éstos habrían logrado sus propósitos de arrasarlo. Por lo tanto, aun cuando Israel hubiera empezado la guerra, fue provocado y arrastrado a la conflagración. La lucha contra el imperialismo es el imperativo histórico de la época, debe librarse en escala mundial y hay que apoyar a todos los pueblos que la sostienen. Pero discrepamos del argumento consignista y dogmático de que el conflicto del Medio Oriente sea la confrontación de las fuerzas antiimperialistas, representadas allí por los países árabes, y las fuerzas imperialistas simbolizadas por Israel. Si el esquema fuera tan claro, detrás de Egipto y Siria estarían sólo los sectores y países antiimperialistas, y junto a Israel todas las naciones y sectores imperialistas o subordinados al imperialismo. Pero la realidad es distinta. Los aliados militares de Egipto y Siria son países totalmente sometidos al imperialismo como Jordania, Arabia Saudita, Yemen, Kuwait, Irak. También los apoyan otros países satélites de Estados Unidos, como Indonesia y España. En cambio, han abrazado la causa de Israel prominentes intelectuales marxistas, como Sartre y Picasso, los partidos socialistas y comunistas italianos, algunas democracias populares”. Finaliza su carta con las siguientes afirmaciones: “Israel sabe que no tiene amigos. Ha sido traicionado por todas las grandes potencias, incluso por Estados Unidos. ¿Por qué, entonces, se va a prestar para hacerle el juego al „imperialismo? Israel no tiene motivos para atacar, aislar, derrocar a ningún Gobierno árabe, y menos a los regímenes progresistas, a menos que se vea en peligro. Por el contrario, reiteradamente les ha tendido la mano de la paz y han sido los árabes los que la han rechazado. Desde que se convirtió en Estado, Israel ha vivido asediado, hostilizado, amenazado, boicoteado y agredido por los países árabes. La declaración socialista presenta a Israel manejado por el imperialismo y los monopolios petrolíferos. Esta imagen es grotesca. Se piensa que Israel es un monigote dirigido a control remoto o próximo por Estados Unidos. Basta que USA apriete un botón o dé una orden para que Israel la cumpla, movilice su ejército y se lance a destruir los países árabes. Israel no actúa en función de los intereses del imperialismo ni de los monopolios petrolíferos, sino por razones de autodefensa, de supervivencia. Sería inacional que Israel arriesgara su destrucción para satisfacer a los yanquis o a los monopolios petrolíferos, que ni siquiera están instalados en su territorio. Hitler también responsabilizaba a la plutocracia judía de todos los males de Alemania y del mundo. Es el mismo lenguaje que están usando los países árabes y que repiten los países socialistas y los partidos del FRAP. Esto no significa solidarizar con todos los actos de los gobernantes israelíes ni compartir plenamente su política. Tampoco implica negar que existen intereses petrolíferos en el Cercano Oriente y que tanto a los monopolios como al imperialismo les conviene crear y mantener dificultades en esa zona. Pero no son las intrigas del imperialismo las que condicionan o determinan la actuación de Israel. Las maniobras del imperialismo en el Medio Oriente han existido antes de la creación del Estado de Israel y continuarán con o sin Israel. Las maquinaciones del imperialismo se desarrollan especialmente en los países árabes. Azuza a unos pueblos árabes contra otros. ¿Por qué suponer que sólo instiga la agresión israelí a los árabes y no la guerra santa, el sabotaje y el hostigamiento del mundo árabe contra Israel? Israel no es un engendro artificial, ni un invento siniestro del imperialismo. Nació por la voluntad y la lucha heroica del pueblo judío, igual que Argelia, igual que Cuba. La creación del Estado de Israel no tiene nada que ver con los designios malvados del imperialismo. ¿Acaso China Popular fue inventada también por Estados Unidos para dividir al mundo socialista? ¡Adonde llevan las consignias! Ningún país tiene derecho a bloquear a otro. Esto es un acto de guerra. Los marxistas condenamos el bloqueo que Estados Unidos ha impuesto a Cuba. También repudiaríamos el bloqueo de Turquía o_ de ios países escandinavos * a la Unión Soviética, para impedirle la salida al Mediterráneo o al Mar del Norte. Del mismo modo que ningún país socialista admitiría que le impidieran el paso marítimo a .sus puertos. ¿Por qué, entonces, lo que es inadmisible como principio, es defendido ardorosamente por el partido cuando los egipcios bloquean el Golfo de Akaba? Conclusiones: El partido apoya la lucha de los pueblos contra el imperialismo. La lucha de los árabes contra Israel no es una guerra antiimperialista, sino una guerra santa, religiosa, fanática, caudillista. Los países socialistas ni los partidos marxistas ni la izquierda, en general, pueden alinearse en tal forma como para ser arrastrados a apoyar esa guerra santa y la destrucción del Estado de Israel. Si bien Israel agredió a Egipto en 1956, los países árabes invadieron a Israel en 1948, lo han hostilizado permanentemente y han declarado su propósito de aplastarlo. Israel no es instrumento del imperialismo. El imperialismo es el único que se aprovecha de las desavenencias entre árabes y judíos. Israel no lucha para favorecer el imperialismo, ni para impedir la formación de regímenes árabes progresistas, ni para satisfacer los deseos de los monopolios, sino porque es objeto de constantes provocaciones y actos de agresión. Los marxistas anhelan la liberación del mundo árabe y la erradicación definitiva del imperialismo en el Medio Oriente. Es necesario el entendimiento y la paz entre árabes y judíos y el respeto a la integridad territorial de Israel. La lucha contra el imperialismo no pasa por la destrucción del Estado de Israel. El marxismo no puede aceptar el chantaje árabe de que para participar en la lucha antiimperialista hay que aceptarle su lucha fanática para destruir Israel. Con el pretexto de apoyar la lucha antiimperialista de los países árabes, el partido acepta la destrucción de un Estado, de un pueblo. Es la versión moderna de los hornos crematorios del nacismo. Jaime Faivovich Alfredo Berliner Confecciones finas para Señoras Venta por Mayor y al Detalle Atención ininterrupida de 9 a 19 horas Mar coleta 250 (Dentro del Mercado Presidente Ríos) Pabellón 2, - 2.o Piso Fono 36143 A 50 metros de Portas al (Estacionamiento de automóviles)

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