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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1966-06-01 · 6 (Junio, 1966) · p. Seite 14

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXVIII (1966)
Issue
6 (Junio, 1966)
Date
1966-06-01
Page
Seite 14 (sequence 14)
Language
German
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14 BOLETIN INFORMATIVO JUNIO 1966 MARTIN (Fragmento?, de una conferencia leída por su autor, en el Instituto Chileno - Israelí de Cultura en vida dei ilustre Maestro de la Universidad de Jerusalén). Don Roberto Meza Fuentes, poeta y escritor y distinguida personalidad de nuestra mundo intelectual. “El principal merecimiento de Israel —nos advertirá Martín Buber en el prólogo de su edición a la Obra Completa del Baal Schem Tov, el Maestro del Milagroso Nombre—, no es haber originado la fe en el Dios único, comienzo y fin de todo lo existente, introducido el “tuteo” en su coloquio con el Creador, establecido, en fin, una relación directa entre la criatura y el Altísimo. Todos los pueblos practican la oración; pero sólo Israel ha convertido la existencia en un pleito con el Todopoderoso, una sucesión de preguntas y respuestas, en las que el hombre interroga y Dios contesta. Dios' se aparece al judío como un platicador. cuyo lenguaje es la creación entera, habla a la nada y las cosas, que se forman, son el eco de sus palabras. Si el mundo constituye un discurso, natural aue la existencia del hombre sea una plática entre él y el Altísimo”* Palabras de tan honda y clara densidad religiosa han sido pronunciadas por el Maestro Martín Buber, cuando auscultando el corazón de su pueblo y de su raza, enco'it’-qba en el iasidismo el cammo de su vida. Jasid vale por devoto, piadoso, virtuoso. bueno, pío. El jasid fortalece su espíritu y exalta su sentimiento en el silencio de la meditación interrumpida sólo por la plegaria, la parábola y la leyenda del recuerdo oue abre la senda a la esperanza inefable. “Cuando todos los rumbos fallan, —reiterará en una viril afirmación de su fe—, surge en la oscuridad, sobre el abismo, el único verdadero rumbo del hombre; hacia el esníritu cr°ador. hacia el espíritu de Dios suspendido sobre la superficie de las aguas, hacia El de Quien no sabemos de donde viene ni hacia donde va”. “Esa es la verdadera autonomía del hombre, una autonomía que ya no engaña, sino que antes bien, responde". “El hombre, la criatura que forma y transforma la Creación, no puede crear. Pero sí puede —cada hombre puede— ofrendarse a sí mismo v a otros al espíritu creador. Y puede apelar al Creador a oue salve y perfeccione Su imagen”. Y, al evocar, su palabra de maestro se alza con e¡ claro son de la profecía: “Por esta razón —escribe Buber—. el mundo existe en virtud de la teshuvá: el “retorno”. Es la luz oue irrumpe a través de las tinieblas'". Como está escrito. “El que forma la luz y crea las tinieb,',=” Creación es. ante todo, formación. Las tinieblas son 1IÜ formadas y la luz formada dentro de ellas y extraída de ellas. Tal como mi primer maestro, el Magpid (predicador tribuno! de Meserich, bendita sea su memoria, solía decir: “así como el aceite en la oliva, así es la teshuvá, el arrepentimiento, oculto dentro del pecado”. Las tinieblas son sólo a fin de que pueda ser la luz”. Hay en esta expresión del filósofo un acento de plegaria, profunda emoción religiosa que en cada una de sus páginas, así nos hable de Marx o de Nietzsche, de Jesús o los profetas, de Proudhon, Kropotkin b Landauer, de Lenin o Unamuno, de Husserl, Heidegger o Kierkegaard, de sus maestros Dilthey o Simmel o su amigo Max Scheler, nos hace sentir el “temor y temblor” de la voz profética. A los ochenta y seis años, en su cátedra de Filosofía Social de la Universidad Hebrea de Jerus'slén, suma a la sabiduría del Antiguo Testamento el clamor de angustia de la filosofía existencial de nuestro siglo que en él se salva y redime por su fe de hijo y padre del pueblo mesíánicb. Hombre de ciencia, de filosofía, de arte, de religión, busca en “Caminos de Utopía” una compensación a 'a vida de los desposeídos de los bienes de la tierra. Ensaya en las que fueron tierras de promisión nuevas formas de organización social que realicen el ideal todavía incumplido de la fraternidad con raíces en la vida del hombre y sombra, ramaje, flores y frutas deleitosas como bendición de la tierra para sus hijos hermanados en el trabaio. la paz, la libertad y la cultura. Conductor, animador, creador de este nuevo destino es Martín B’ih°r En sus páginas sobre Moisés en las aue defiende con el vigor y el patetismo de la raza de los profetas la historicidad d“l héroe, caudillo, legislador y profeta, nos hace sentir el vértigo del genio en la hora del pacto: “Pensando en u Revelación en el Sinaí”. —evoca—, nosotros los que nos hemos criado y educado en la atmósfera de la Biblia, no tardamos en ver, con los ojos de la imaginación, el espectáculo que nos embargó y rnii ~nrantá en ’a infancia- ‘el monte ardiendo en fuego hasta el corazón de los cielos: tinieblas, nube y cerrazón”. Y otro fuego, fuego fulgurante del cielo desciende de arriba, desde lo alto al monte, que humea como BUBER EN PIE Por Roberto Meza Fuentes un horno, y que se estremece poderosamente, mientras el toque del cuerno de camero se mezcla con Jos truenos que acompañan a los relámpagos, o qu se perciben, quizá, a través de ellos”. Martín Buber nació en viena en 1878. Pasa su adolescencia en Lemberg (Galitzia) junto a su abuelo Salomón Buber representante ilustre del iluminismo judaico y en este ambiente religioso, con su. “Camino hacia el jasidisno” sueña convertir al pueblo del éxodo en la nación del retorno, al hijo de la diáspora en el padre de la integración, al perseguido de la barbarie en el hombre de inteligencia, corazón y hogar hospitalarios para todos los hombres, los pueblos, las ra zas, las religiones. -Por su prosa sentimos arder y crepitar el fuego de un alma sacerdotal, alzarse en resplandeciente majestad una clara presencia profética. alentar la sabiduría de un abuelo, simiente, raíz y rptoño de pueblos en plenitud, en alegría, en fecundidad, en esperanza, como su antepasado Abraham en la tierra que mana leche y miel y en que se multiplican, iluminan y florecen los hijos como las estrellas del cielo y las arenas' del mar. Martín Buber iniciado en la exégesis bíblica junto a su abuelo el venerable midrashista Salomón guarda a lo largo de su vida ese recuerdo convertido en esperanza, ahora él en la edad de los abuelos y, siempre, a los ochenta y seis años, con los sueños del niño y las ilusiones dei adolescente. Porque a él, como si la voz de la Sagrada Escritura se convirtiera en mágica realidad, —y qué interpretaciones junto al corazón en delirio del infante y la mente alucinada del mozo le daría al versículo el abue.lo Salomón!—, le ha tocado "ver en el Estado Niño de Israel, Estado que siendo la encarnación jurídica de su patria pudiera ser su hijo, su nieto, su biznieto, ver florecer la rosa en el desierto; En la Universidad de! rankfort explicará las cátedras de Etica y Religión, hala cursos y conferencias sobre religiones comparadas, respetuoso, respetable, respetado. unte estudiantes y auditorios de todas las confesiones teológicas, ante indiferentes o agnósticos, diletantes de todos los deportes de la inteligencia o curiosos de todos' los deleites de la belleza, los descubrimientos de la verdad o los milagros de la voluntad. A sus correligionarios advierte en el corazón de ia culta Alemania del peligro que se cierne sobre la vida del espíritu. Pero con veinte siglos de anticipación J°sús de Nazareth había advertido que no hay profeta sin hon ra sino en su nugar y en su patria. Martin Buber no fue escuchado. Y este clásico de la lengua de Martín Lutero, Wolfgang Goethe y Fedeñco Nietzsche volvió a la tierra de sus abuelos los pastores los patriarcas, los profetas. Y patriarca, profeta, pastor, guía a la juventud hacia la luz, ilustra ai mundo ¿obre su inmediato y eterno porvenir desde ia Universidad Hebrea de Jerusalén, traduce al alemán clásico el Antiguo Testamento en veinte tomos en que rima la severa elegancia del ritmo paralelístico del versillo hebreo con el diálogo del yo y 1 ú de Dios que habla al mundo por la voz de sus profetas. O bien escribe en hebreo o en idish para hablar de cosas sagradas' y divinas o para recrear la ingenua tradición del pueblo que se goza a sí misma en sus santos, sus héroes,, sus poetas, sus caudillos'. ¡Cómo penetra en la hondura abisa! del alma de su pueblo! Oigámosle: “La mística judía procede de una aptitud innata* del pueblo. Las migraciones y el martirio empujan su alma hacia los bordes de la desesperación, que se iluminan a veces con súbitos relámpagos de éxtasis. Pero su misma vida insegura le impide expresar el éxtasis con claridad Ací nació p] “Zohar”, el “Libro del Esplendor”, en que las revelado n e s extraordinarias aparecen seguidas de superfluidades y bizantinismos fatigosos. El “patitos;’ se rebaja en el mundo hasta volverse retórica, para elevarse luego a las cimas de la especulación religiosa” ¿En qué consi.-de para Martín Buber el “paihos” del judío? El que lo ha sufrido y Jo ha vivido, podrá definirlo patética, existencialmente: Así: “la ”''i'’"fad d° lo imposible”. En Mois’és y los profetas la voluntad de la justicia absoluta; en Jesús y San Pablo, del amor absoluto,- en Spinoza, de comprender el Ser; en Filón y los cabalistas, de la Unión con Dios, que el Libro del Zohar llama zivug. El al ma judía, faita’ de sostén en la realidad, se redime de sus deficiencias echando raíces en lo imposible”. ¿No encontramos en esta poética y profética interpretación que hace Martín Buber del alma de su pueblo y de su raza la definición de todo ideal, tanto más amado, reverenciado y perseguido cuanto más imposible? ¿No es acaso el ideal de don Quijote que, espectro de si mismo, vuela al compás irrisorio de las aspas del molmo aue no saben que están entregando al escarnio del vulgo irreverente el alma sin mácula de. enamorado o el, entonces y ahora, anacrónico ideal caballeresco? Y este ideai que se contagia al alma ingenua, buena y santa del pueblo, como lo vieron en Rusia Turgenef.y en España Unamuno, no traspasa el corazón más bueno que pan campesino —pan de Dios dice el habla d°l nueblo— de Sancho el escudero quijotizado que vuela bajo el impasible cielo azul entre las mofas inciviles de lo: malandrines que ponen en obra la inhumana v grotesca escena de] manteamiento? No en vano árabes y judíos pasaron por larrutas de tfsnaña dejando puentes, caminos, ciencia, filosofía, cultivos, cultivo de la tierra y del espíritu, (cultura) y carne y huesas como leña para las hogueras de la Santa y sacrilega Inquisición. Habla Nicolás Berdaiet de la falta de cristianismo de los cristianos. El místico ruso ve en la aurora de un nuevo cristianismo, —sin paradoja. Nuevo porque volverían a ¡hudirse en la angustia de la tierra sus raíces milenarias para brotar vergeles, campos, florestas de esperanzas, cristianismo, de muy anticuo, muy moderno, matinal, virginal, puro, eterno— la redención de nuestro mundo en crisis: crisis' moral, crisis intelectual, crisis material, crisis espiritual. En su “Canto Errante” nuestro poeta Rubén Darío, enamorado del sereno y luminoso milagro griego, cantará un día, arrodillado y sobrecogido en actitud y voz de (Pasa a la Pág. 36) FABRICA DE PANTALONES FINOS Isac Blechman MORANDE 542, OF. 3 DEPOSITO 010-BIO Lanas « Sedas y Algodones JUSTINO STERN K. San Antonio 77 Fono 380546 Estación de Servicio "Seminario” MECANICA EN GENERAL Gerardo Braunschweig SEMINARIO 634 TELEFONO 460057 Soldadura Electricidad Engrase Afinación Desabolladura Pintura

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