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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1966-06-01 · 6 (Junio, 1966) · p. Seite 13

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXVIII (1966)
Issue
6 (Junio, 1966)
Date
1966-06-01
Page
Seite 13 (sequence 13)
Language
German
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Jijólo 1966 BOLETIN INFORMATIVO 13 ¿ISRAEL » EL PARAISO PERDIDO? Por Dr. NaKum Goldmann Si quisiéramos definir el papel atribuido por el sionismo al estado judío, nos encontraríamos con dos funciones bien delimitadas. Una, la de garantizar la supervivencia judía, la cual, conforme a los conceptos sionistas, no está asegurada mientras los judíos vivan dispersos y no tengan centro territorial donde gozar de una vida judía plena y sin inhibiciones. La segunda sería la de crear un centro donde podrían realizarse y hallar expresión las ideas más elevadas del judaismo. Parte importante del ideario sionista siempre ha sido, que discursos o libros sobre la esencia del judaismo no pueden por sí expresar la verdadera "razón de ser” de la existencia judía. Esta solamente surgirá en una cultura viva, en el marco de una sociedad que se desenvuelve en su propio territorio, en la plenitud de la vida popular. Entonces, el espíritu y las tradiciones judías no sólo serán materias de libros y de obras de arte, sino serán parte, de la vida misma. Medinat Israel, por ahora, no ha logrado una fusión de estas dos aspiraciones fundamentales. Fue imposible llevar a la práctica la segunda, porque la labor inmediata de Israel, desde los momentos mismos de su fundación, ha sido la de asegurar la existencia física de judíos, o perseguidos y victimas de la catástrofe hitlerista* o amenazados por otros peligros inminentes. Ello ha tenido por consecuencia forzosa una normalización —en el sentido del sionismo histórico— de la vida del pueblo judío en Israel. Pero el expresar y llevar a la realidad la visión particular y especialísima de la historia judía, no habría requerido de esta normalización, sino más bien exigía que el pueblo judío mantuviese su carácter específico, ya que, históricamente, nunca fuimos “un pueblo como los demás”. Si traducimos “Am Israel” como “nación” o como “pueblo” no hacemos justicia a) concepto, al igual como si tradiciésemos “Dat Israel” como “religión judía”. Nuestra historia es algo único. No hay otro pueblo que haya existido durante una dispersión de dos mil años y que haya iniciado su historia con el cautiverio —el exilio egipcio. No hay pueblo en el mundo, que sobrevivió dos mil años de diaspora sin un centro territorial. La historia judía no tiene similitudes con ninguna otra y, hasta cierto punto, (evidentemente es anormal. Su destino, su historia, su carácter, todo exige para realizarse una vivencia diferente, un estado distinto al de los demás, precisa de condiciones muy especiales para que los ideales de este pueblo, moldeado tan extrañamente por una historia sin igual, pueden llegar a realizarse. Es necesario darnos cuenta de todo esto cuando examinemos la historia de los últimos dieciocho años. Pues Israel comenzó como todos los demás estados. Sus fundamentos se fundaron en la guerra, partió como una entidad política, en el fragor de la batalla y luchando por sobrevivir. No era esto lo que habíamos deseado. El sueño del sionismo, desde Herzl a Weizmann siempre había sido alcanzar un acuerdo con los árabes y establecer el hogar nacional judío en paz y amistad e integrado a la familia de las naciones del Cercano Oriente. La realidad echó por tierra nuestros anhelos y nuestros sueños. Los comienzos de Medinat Israel, como una nación renacida en la guerra, tuvo por otra parte consecuencias insospechadas. En primer lugar están los electos psicológicos. Los israelíes, sobre todo los jóvenes, repentinamente adquirieron respeto en demasía por la fuerza física. “No con el poder sino con el espíritu”, por cierto no es el lema del Israel contemporáneo. Situación comprensible tratándose de un pueblo que durante milenios fue perseguido y que carecía de fuerza para resistir físicamente. Para esta gente, para todos nosotros, ia guerra de independencia era una experiencia tremenda. Súbitamente se dieron cuenta, que, descontando todo lo demás, el poderío material era el que decidía la supervivencia. La partida, digámoslo así, equivocada, de Israel, también tuvo otras consecuencias de gravedad. Una vez iniciada la guerra y habiendo los árabes rechazado todos los intentos de paz, Israel se dio cuenta que la seguridad se había convertido en su problema número uno. En teoría habíamos creído que Israel sería un país neutral, un estado al cual tanto un judío norteamericano como un judío soviético podría sentirse ligado. Eso habría sido el concepto ideal del estado judío. Nosotros somos por antonomasia un pueblo neutral, pues si hay un grupo humano que tiene el derecho moral de ser neutral, lo es precisamente el pueblo judío que vive disperso por todo el mundo. Nuestra historia es el relato de encuentros con otras civilizaciones, en Asia o en Europa, en Oriente o en Occidente. Por eso, si hubiéramos podido establ e c e r nuestro estado como la habríamos querido, el país habría sido neutral, garantizado por todas las naciones de la tierra. Mas, como el estado judío surgió en dura lid y aún no se vislumbra la paz, se ha visto obligado a reforzar los lazos de amistad que le unen con aquellos países que le suministran armas, o que le ayudan a obtenerlas y que le facilitan dinero para hacer resurgir su economía. Por eso, Israel se ha orientado hacia occidente, y, consecuentemente, el oriente ha llegado a ser hostil hacia él. Eso quizás era inevitable y hoy, habiendo avanzado el tiempo, por cierto es difícil cambiar rumbos. Dieciocho años, sin embargo, no sor, históricamente hablando, un período muy largo, pero, si no nos atrevemos a hacer frente a este problema, nunca podremos resolverlo. El objetivo principal de Israel debería ser el desarrollo de los valores espirituales judíos, de tal manera como nunca podría hacerse esto en la diáspora. Sólo si Israel desarrolla estos valores, influirá y guiará a los judíos dispersos en todo el mundo. La prueba suprema será, si Israel, a través de tal inspiración podrá asegurar la supervivencia judía en los países donde está amenazada. Me refiero a aquellos países donde, gracias a una mayor libertad para el judío individual, y debido a la falta de antisemitismo, se encuentra libre el camino hacia la asimilación total. Es aquí donde Israel está llamado a desem- Deñar un oanel rector. x.r>s judíos de todo el mundo están orgullosos de la fuerza de Israel y del respeto que otras naciones le tienen por sus logros. Pero eso no podrá inspirar la vida judía durante un período más o menos prolongado. Sólo gracias a sus valores espirituales podrá sobrevivir el judaismo. Después de todo, el pueblo judió ha sobrevivido por dos mil años sin ejército", sin armada y sin poder político. Por eso, el segundo objeto del sionismo, el hacer revivir las fuerzas creadoras del espíritu de Israel, es aún más importante que el primero. La civilización futura de Israel tendrá que basarse en ciertas formas de integración. Primeramente, ucoe integrarse espiritual y culturalmente, a la historia judia. Si Israel se alejara de ella, ya no sería Medinat Israel, sino meramente un estado judío que si bien podría salvar a cierta cantidad de judíos que ostentarían sus pasaportes, no cumpliría con las ambiciones elevadas del sionismo. Como Medinat Israel no surgió, por decirlo así, gracias a métodos específicamente judíos (y no lo digo con ánimo de crítica), no es en absoluto obvio que el estado cumplirá con esta elevada misión. Hay, hoy por hoy, ciertas tendencias de denigrar la golá. Para la juventud israelí, la golá es un capítulo vergonzoso de la historia judia: los judíos sufrieron y fueron llevados a los campos de concentración cual ovejas al matadero. No lucharon ni resistieron. Recuerdo que, cuando la Claims Conference destinó sumas apreciables para proyectos de investigación de la catástrofe, acostumbrábamos a quejarnos que sólo una pequeña parte de ellas fuese utilizada por científicos israelíes. Por vergüenza nuestra, las investigaciones más serias sobre la catástrofe fueron realizadas por no-judíos, por holandeses y por alemanes. La explicación que dieron destacados historiadores israelíes era que no podían interesar a jóvenes israelíes a trabajar en estos proyectos. Ellos estaban dispuestos a estudiar a los Macabeos; a Yehuda Halevi o el rey David, pero no querían saber nada del holocausto reciente, pues estaban avergonzados, se nega.jan a estudiar los documentos, en pocas palabras eran incapaces, psicológicamente, de hacer frente a esta tarea. En la actualidad, esta situación ha mejorado un poco Yo escribí una vez en Israel un artículo sobre el mismo tema bajo el título de “Amor Fati”. Este famoso término Nietzscheano, amor al destino, quiere decir que tanto el individuo como el colectivo tiene que aceptar y amar su destino, sea bueno o malo. Si alguien trata de olvidar parte de el, terminará frustrado y con conflictos espirituales. Así, un pueblo no puede aceptar a voluntad parte de su historia e ignorar el resto. Debe recordar sus glorias y sus vergüenzas, así como sus victorias y sus derrotas. Más aún, creo que la historia del pueblo judio en la diáspora es una historia heroica. Muchas veces he dicho, que el judío que iba a Auschwitz diciendo el ‘Shmaf, o el judío que rehusó renegar de su fe y permaneció en ei ghetto, no es menos heroico que el soldado que junto con sus compañeros marcha cantando a la güe¬ ña. Quizás sea más fácil ser un héroe en compañía de otros soldados, que vivir en la vergüenza del ghetto y sobreponerse a ella. El concepto que el galut es algo vergonzoso es francamente estúpido. Haber sobrevivido dos mil años de dia.sporá denota un heroísmo que no tiene parangón en la historia. (Pasa a la pág. 20) Una Israelí al frente de la UNICEF. Trabajar por los Niños es tr Israel es partícipe de una honrosa distinción otorgada a un organismo de las Naciones Unidas: El Premio Nobel de la Paz. Correspondió este año al UNICEF, el Fondo de los Niños de la ONU, en cuya obra benemérita Israel no sólo participa como miembro sino que es presidido por su delegada. La representante israelí, Zena Harman, esposa del embajador de Israel en Washington, es en efecto, además de uno de sus miembros más activos, la presidente dei Ejecutivo del UNICEF. En calidad de tal le tocó pronunciar el discurso de aceptación en la solemne ceremonia en que la Academia Real de Suecia entregó los Premios Nob°I a quienes recibieron la distinción. El hecho de.que el Premio Nobel de la Paz, precisamente el de la Paz, haya recaído en un organismo dedicado a la atención de los niños en el mundo entero, define a la par el sentido de la dis - tinción y el carácter de la obra de UNICEF. Lo señaló en su momento el difunto Maurice Pate, que fue por muchos años secretario general del organismo, cuando dijo que trabajar por el bienestar de los niños' es trabajar por la paz. Su suceajar por la sor, el actual secretario general Henry Labouisse, que es quien recibió ei Premia bel en la ceremonia de Estocolmo y la presidenta del UNICEF, Zena Harman, son todavía más específicos cuando establecen una antítesis entre lo que el mundo gasta en armamentos y lo que dedica a la atención de los niños. Contrastó Zena Harman en su discurso en la Academia de Suecia los 180 mí) millones de dólares que se gastan anualmente én el mundo entero en armamentos con los' 35 millones de dólares que constituyen todo el presupuesto de la UNI- OEF. “Es desesperante, dijo, saber que millones de niños van a morir cada año por falta de recursos. Y los ni¬ ños son el factor central en la estrategia indispensable para que el mundo sobreviva y alcance la paz. Vivimos en un mundo dedicado al progreso, capaz de alcanzar logros increíbles, que no consigue, empero, asegurar la simple s'uperviviencia a millones de niños”. Y concluyó la presidenta de la UNI- OEF con una atrevida iniciativa: que cada conferencia del desarme fracasada afronte, por cada reiterado fracaso, una “penalidad”: Paz contribuir con el costo de un submarino o de una docena de aviones de caza al Fondo de los Niños. La Sra. Harman fue nombrada en 1951 asesora de la delegación is'raelí ante la ONU y elegida de inmediato representante israelí en el Ejecutivo de la UNICEF. Asi comenzó su servicio en este organismo que ahora entra en el decimocuarto año. En esta capacidad suya la Sra. Harman fue objeto de múltiples elogios. Así, por ejemplo, el comentario del representante de la Unión Soviética, quien elogió su “humanidad, objetividad y tolerancia”, es' típico. Henry Labouisse dijo: “Mé parece que su calma, objetividad y su porte tranquilo encubren una determinación férrea de realizar cosas y un brazo que puede levantar un martillo muy pesado”. Zena Harman nació y se educó en Londres donde estudió Derecho y Relaciones Internacionales graduándose con honores en la Escuela le Economía. En 1940 se estableció en Palestina con su esposo, al que conoció durante sus estudios en Oxford. Poco después encabezó la Oficina para Niños en la ciuoad (Pasa a la Pág. 39)

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