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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1966-04-01 · 4 (Abril 1966) · p. Seite 16

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXVIII (1966)
Issue
4 (Abril 1966)
Date
1966-04-01
Page
Seite 16 (sequence 16)
Language
German
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16 BOLETIN INFORMATIVO ABRIL 1966 SU SACRIFICIO BUDAPEST 1944 Por RAFI BENSHALOM “Nuestra Embajada” “A fines de junio de 1944 partió de Budapest un transporte de rescatados. Los pasillos quedaron de pronto vacíos y silenciosos. Unos días antes se habían agolpado en el lugar miles de ansiosos, se apretujaban, reñían entre sí, cada uno temía por su vida; ahora, ya todo permanecía silencioso. Terminada la “excursión” —así apodábamos a la operación de huida a Eslovaquia y Rumania— y ya después de la partida del transporte, se diluyeron las filas del Movimiento. Esa sensación embargó, más que a otros, a los compañeros que durante tanto tiempo trataron a tantas personas que durante meses vivieron en la ilegalidad, con nombres fingidos y documen¬ LA VOLADURA DEL TREN DE MONICIONES Por Ruzka Korcak En junio de 1942 el Comando decidió realizar el primer acto de sabotaje contra el tren. En las condiciones del ghetto, semejante idea entrañaba una osadía casi descabellada. Los compañeros a quienes se enconmendó su ejecución ya ¡no pensaban en otra cosa: era lo único que les importaba en los días subsiguientes. Los preparativos debieron ultimarse en condiciones extremadamente difíciles. ¡Sustrajimos subrepticiamente jdinamita de los almacenes subterráneos alemanes, pero no había eVitre nosotros ningún pirotécnico, no contábamos con nadie que tuviese noción de pomo se preparan explosivos. Además era bien comprensible— habría que sacar luego del ghetto el artefacto que se elaborara, por lo que se lo haría de tal modo que no llamase la atención de nadie. En ¡un sótano oscuro de la calle Karmelieka 3 —durante muchos días fue una de nuestras dispensas principales — trabajan afanosamente tres compañeros alumbrados por la luz mortecina de una vela. Están atareados en el armado del artefacto; una mina. Si cualquier yecino descubriese luz en el sótano, todo se habría perdido. La labor se prolonga demasiado, debido a que no se cuenta con las herramientas apropiadas. Abba, uno de ios ocupados en el trabajo, traza el plano, realiza los experimentos, dirige todo. Sus conocimientos profesionales en la materia son nulos: la única fuente de inspiración son unas revistas militares soviéticas robadas al I. ,W. O. y traídas a escondidas al ghetto. Muchas veces los compañeros, al ajustar el artefacto que preparaba, se exponían a una explosión imprevista que les podía costar la vida. (Más por fin pusieron punto final a los desvelos. Todo se había hecho con jas propias manos: confeccionar el detonante, fundir la mecha... ¡Y la ¡mina tiene la forma de un cañuto alargado, que no despierta la menor sospecha! Ahora, manos a la obra... Si se fracasara y se descubriese a judíos portando explosivos, las víctimas se contarían por millares... El Comando sabe que urge obrar con precaución. Que se debe tomar cuidados múltiples y conducirse con firmeza, sin vacilaciones. El lugar del atentado se escogerá lejos de donde trabajen (judíos, pues en lo que a ellos atañe no debe haber el menor asomo de sospecha. Cualquier imprudencia sería capaz de acarrear la desgracia del ghetto entero. Witka Kempner sale del ghetto. Su oscura melena de judía es ahora rubia: cabellos “arios”. Parte al trabajo de madrugada, con un grupo de judíos. En la calle se aparta de los otros y se aleja: se quita el distintivo amarillo de la oarte superior de la blusa y de la espalda, y asciende presurosa a la acera. Ahora es aria y puede recorrer la ciudad. Se le encomendó averiguar cuál es el lugar más apropiado para la comisión del sabotaje. Se dirige a las afueras, a un paraje donde pasa la vía férrea de Nueva Vileika. Witka “pasea” a lo largo de las vías,- debe prestar atención a los detalles más pequeños, pues la operación se llevará a efecto de noche. Los alemanes vigilan. Prohíben a los civiles recorrer las proximidades del lugar. Detienen a Witka. Quiere explicar —su mirada es de asombro— que se dirige a la aldea de las inmediaciones y que trató de acortar camino. Que no tenía noticias de la prohibición. Los guardianes la observan con desconfianza: en el rostro de esa joven se refleja cierta inocencia y acaso miedo. Le dicen; Vuélvete ahora por donde viniste, toma el otro sendero para llegar a la aldea,- si te apareces de nuevo te arrestaremos. Witka se aparta y al rato se aparece en ptro lado, donde nadie monta guardia. Es imprescindible que mire detenidamente la vía férrea. El plan, en buena medida, depende del resultado de sus observaciones, de su talento descriptivo y de sus conclusiones prácticas. (Pasa a la pág. 17) tos falsos. Hasta un par de días atrás las citas y entrevistas en la ciudad —las llamadas “Bolsas”— tenían aún magnitudes alarmantes. Decenas de personas se congregaban en cada “Bolsa”, rodeaban a Efra Taichmann (Agmón) y lo agobiaban a preguntas y pedidos. Poco después de la partida del primer transporte debía salir el segundo, y se iniciaron sin pérdida de tiempo los preparativos pertinentes. Pero cuando se supo que no había llegado a España, como se planeara, sino a Bergen Belsen, los preparativos quedaron en suspenso. En esos momentos, precisamente, reapareció Moshé Krauss, el director de la “Oficina de Artzisrlei”, en Budapest. Kraus había desaparecido el 19 de marzo, el día en que los alemanes entraron en Budapest; tiempo más tarde supimos que se había asilado en la Embajada suiza, la misma que representaba en Budapest —en la época de ocupación los intereses de varios países en guerra con Hungría, por ejemplo, Inglaterra, Estados Unidos, Yugoslavia, etc. De esta manera estuvo en contacto con la sección de “Intereses Extranjeros” y con el andar del tiempo ideó un plan original: la Embajada suiza también representaba a Gran Bretaña y, por lo tanto, podía proteger a los titulares de permisos de inmigración a Palestina y les estaba permitido organizar su emigración. El Cónsul suizo que encabezaba la Sección — el señor K. Luz— conocía bien Eretz Israel, donde cumnliera funciones consulares durante varios años, y aprobó el plan sin reticencias. Así nació “nuestra Embajada”, que ostentaba el nombre oficial de “Embajada de Helvecia, Representación de los Intereses Extranjeros, Departamento de Inmigración”, calle Vadász 29. Todos los trámites relacionados con las migraciones se cumplían en la lujosa “Casa del Vidrio”, que Arthur Weiss, el dueño de un gran negocio de vidrios, facilitó para el plan. El edificio se transformó, por lo tanto, en nuestra nueva “Oficina Artzisraelí”, aunque de actividad algo distinta. De pronto aparecieron rostros nuevos, que no pertenecían, por cierto, a adherentes de la Organización Sionista. El propietario de la casa, en persona, actuó como director administrativo de la Oficina. En un principio no le asignamos importancia a nada de eso, pero con el tiempo esa gente nos causó bastante dolores de cabeza. Los desacuerdos en la “Casa del Vidrio” Cierto día el “Magyar szó” publicó un virulento ataque contra la inmunidad del edificio de la Embajada suiza en la calle Vadász. El artículo iba dirigido por una parte contra el propietario, que al amparo del emblema de Helvecia había salvado presuntamente su patrimonio, y por el otro denunciaba una actividad sospechosa en su interior. Los miembros directivos de la institución esgrimieron ese artículo para amenazarnos. El ataque del diario no nos asustó demasiado: sabíamos que el funcionamiento de la Embajada no dependía de que unos cuantos jóvenes ilegales rondasen en su interior. Teníamos la certeza de que si los húngaros la toleraban, tendrían sus razones. Sin embargo nos empezamos a conducir con mayores prec a u c i o n es, especialmente cuando comprobamos que varios detectives acechaban el lugar y se interesaban en especial por nosotros. Cambiamos nuestros nombres en las charlas cotidianas y también en la libreta telefónica interna. Más peligrosos que los detectives, eran varios delatores judíos que venían a cada rato y nos hacían objeto de extorsiones. Buscamos darle una forma razonable a nuestra presencia en el edificio y para ello creamos un “Departamento de Emigración Juvenil”. Conseguimos una oficina para el “Hejalutz” y nos organizamos debidamente. Tuvimos que comprometernos ante los miembros directivos de la Institución, a no guardar armas, a no repartir documentos ni a entregar dinero, pero en ningún momento nos pasó por la mente cumplir esas promesas... Aliviados de la carga de la “Excursión” pudimos dedicarnos a otras tareas. Nuestro principal cometido en ese entonces consistía en lograr la libertad de los confinados en campos de concentración, o en calabozos. Con el tiempo empezamos a aprovechar distintas relaciones. El clima político general se compuso y descubrimos policías y empleados “con los que se podía hablar”. Mimis (Itzjak Herbst) asumió la dirección de esa tarea. Uno tras otro, fueron liberados los cautivos de Mosony-Magyarovar y Kistarcsa, de la cárcel de la ciudad y de otros calabozos. El único presidio al que no teníamos acceso todavía era el de la calle principal... 15 de octubre de 1944 Repentinamente el Regente Horthy ordenó una serie de facilidades e incluso eximió a ciertas personas de la obligación de ostentar el distintivo amarillo. Salí a recorre las calles. Ingenuamente pensé que el comunicado de Horthy causaría alguna conmoción. Pero Budapest no reaccionó ni en ese momento y los transeúntes seguían su camino como si nadie supiese nada. La gente parecía desconsolada, asustada y nerviosa. Tomamos asiento en un restaurante y oímos disparos que provenían de la dirección del “Royal Hotel”; la ráfaga dejó limpia de gente a la calle en un santiamén. Tanques alemanes pasaron por las calles aplastando el pavimento con un ruido ensordecedor. Después de almorzar fuimos a las instalaciones de la Cruz Roja Internacional, en la calle Marlig, Todavía no teníamos la menor idea de lo que pasaba y la radio sólo transmitía el comunicado de Horthy. Nos separamos para buscar noticias en fuentes distintas y nos dimos cita para la noche. Pasamos al lado de un grupo de judíos en la ca^ lie Kaiser Wilhelm. Con expresión de júbilo procedieron a quitarse el distintivo ^amarillo de las vestimentas. No compartimos su alegría e intuimos que todavía nos esperaban días difíciles. De pronto la radio comenzó a transmitir en alemán. Haba caído la noche y en las calles no se veía un alma. La tensión anidó en la ciudad. La radio llamó al general Vargafi a presentarse de inmediato en. Budapest. Era uno de los líderes de “Horog-Kereszt” (Cruz de Flechas) una organización de fase istas depravados. Los parlantes atronaban el espacio con marchas militares alemanas y húngaras. En el diario vespertino leimos el comunicado de Horthy, más la radio ya difundía el desmentido del Jefe de Estado Mayor. Pronto escuchamos varias declaraciones que explicaban el cambio de situación. Esa noche no se durmió gran cosa; a la madrugada me despertaron los ca¬ ñonazos junto al Palacio de la Regencia. Las andanadas desvanecieron definitivamente las últimas ilusiones y esperanzas: el ejército húngaro no apoyaba a Horthy. En momentos históricos suele pasar que la gente que vive los acontecimientos—en el escenario donde se producen— sabe menos de lo que ocurre que las agencias noticiosas en los confines del mundo. Por lo tanto, no nos despegamos del aparato receptor, pero “La Voz de Londres” no mencionó una palabra de lo que acaecía en Budapest. Sólo informó de la caída de Petsamo, en Finlandia. El comunicado de Horthy se transmitió en Londres recién en la noche, cuando los matutinos de Budapest ya habían publicado la declaración del nuevo Jefe de Gobierno, el líder de las hordas de “Horog-Kereszt”: Szalassy. La danza macabra Se desató una horrenda ola de terror. Parecía que al nuevo gobierno sólo le inquietaba la cuestión judía. Las facilidades concedidas por Horthy en los últimos tiempos fueron anuladas de un plumazo. Se secuestraba impunemente a judíos, se les sacaba de sus domicilios y nadie sabía para qué ni a dónde se les llevaba. Las hordas vociferaban: “Ya se quitaron los distintivos amarillos, ya creían que

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