Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXVIII (1966)
- Issue
- 4 (Abril 1966)
- Date
- 1966-04-01
- Page
- Seite 17 (sequence 17)
- Language
- German
- Belongs to
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ABRIL 1966 BOLETIN INFOR M AT I V O 17 NO FUE EN VANO todo había pasado... ¡Pero, ahora verán!”. Caravanas fantasmagóricas cruzaban las calles de la ciudad. Con las manos en alto y los ojos llenos de espanto, los judíos eran arrastrados por el pavimento ante las exclamaciones injuriosas y la burla del populacho. Entre las filas se veían a mujeres enfermas —en camillas— y a hombres impedidos, apoyándose en muletas. Miembros de “Horog-Kereszt” col maban las calles. Brotaban figuras que sólo habíamos visto en las pinturas de Goya y Doré. .. Los primeros en reaccionar esta vez fueron los jovenes del ‘‘Dror”. Be disfrazaron con vestimentas de ‘‘Horog- Kereszt", y sacaoan a ia gente que se encerraDa con nave en sus domicilios para ponerlos luego a-salvo). Tamoién nosotros nos sumamos a la acción. Temamos en nuestro poder varios carnets de afiliación al partido fascista, y Josei Meir nabía conseguido, todavía antes, varias insignias y uniformes de “Horog-Kereszt”. Nuestros compañeros lucían un aspecto muy raro en esa ropa, pero no diferían gran cosa de los fascistas, cuyo atuendo era llamativo por sus colores chillones y el desaliño. En la ejecución de esas operaciones sucedió un imprevisto que casi se convierte en una tragedia. Efra —en uniforme de oíicial de caballería, con una insignia de “Horog-Kereszt” en el brazo— y Josef Meir, en ropa semimilitar y semicivil, buscaban a un compañero que, según los datos obtenidos, debía hallarse en una de las casas de la calle Nepszinhaz. Afuera había un alboroto descomunal: tanques y ca¬ ñones tomaron posición de combate, pues acababa de producirse un tiroteo. Los dos empuñando revólveres, entraron a la casa y revisaron. El buscado no estaba. Cuando salieron fueron vistos por dos jovencitos, ex vecinos de Efra, que los reconocieron. Efra refutó con ira y Josef trató de apartarlos, pero los mozalbetes no se conformaron: los siguieron sin perderles pisada y los delataron a otro uniformado de “Horog-Kereszt”, que montaba guardia armada en una esquina. El hombre los arrestó y llamó en su ayuda a un nuevo individuo para reforzar la vigilancia. Eran Zalel y Patio, dos miembros del “Dror”...! Y así el extraño grupo cruzó las calles: un oficial y un uniformado de “Horog-Kereszt” eran conducidos por dos jovenzuelos, que deseaban gozar de su aventura hasta el final... La procesión llegó a la Estación del Ferrocarril de Oeste. En ese momento se acercó en motocicleta, un oficial de las Fuerzas Motorizadas. Efra, cuyo rango era mayor, le hizo una seña para que se detuviera, intercambió varias palabras, se ubicó en el asiento posterior y desapareció con rapidez. Los tres restantes se dispersaron en direcciones distintas. . El cambio trágico del 15 de octubre no varió, empero, nuestro estilo de vida. Desde hacía mucho vivíamos en la clandestinidad y el fugaz alivio relativo no nos encandiló. A las pocas horas el mecanismo ya funcionaba normalmente. Pero la situación era distinta en la “Casa del Vidrio”. El cambio brusco significó un golpe rudo para los miembros directivos: la impotencia y el desconcierto habían hecho presa de ellos. Ahora nos pedían que les expidiéramos documentos y papeles! De pronto olvidaron que nos habían vedado, expresamente, guardar “material peligroso” en la Embajada...! Artur Weiss hasta llegó a pedirnos un revólver... El 21 de diciembre nos arrestaron a todos. Detectives de “Horog-Kereszt” buscaban judíos que se escondían; en vez de descubrir su paradero, dieron con nosotros. Se abalanzaron sobre nosotros— eran más en número y nos vimos perdidos. Nos revisaron los bolsillos, nos ataron y empezó el interrogatorio. Hasta medianoche nos dejaron soios. m ese lapso masticamos y engullimos los doc u m e ntos personales que ocultábamos entre las ropas. No podrían saber nuestros domicilios. Después de medianoche nos desvistieron e iniciaron un interrogatorio despiadado. Contra cada uno aplicaban argumentos especiales. A Miki Langer le rompieron una cachiporra en la espalda, porque “los judíos de Eslovaquia le habían facilitado mil aviones a Benes”. A Faigi lo arrojaron como bolsa al pasillo, por haber dicho que su padre fundó el “Partido Húngaro” local en la ciudad eslovena de Ersek- Ujvar. A mí me golpearon porque admití haber cursado un colegio secundario. A Miki Langer lo arrastraron a la pieza adyacente y allí lo martirizaron hasta la madrugada. Lo desnudaron por completo para poder golpearle en las partes más sensibles del cuerpo. Por su crueldad sobresalían unos mozalbetes, de 14 ó 15 años de edad: querían lucirse ante los mayores y cuanto más gritaba la víctima, tanto más sádicos se mostraban en la tortura. 'Yo era el más joven y quizá por ello salí relativamente ileso del “interrogatorio”. Sólo me preguntaban qué relaciones manteníamos con la imprenta comunista cuyas tarjetas obraban en mi poder y dónde funcionaba. A las 7, los verdugos se sintieron cansados. Nos dejaron sentar y nos exhibieron como un hallazgo único ante los jerarcas del partido que a esa hora llegaban a la sede. Miki había sufrido espantosamente. Su cuerpo era una herida sangrante. La cabeza y la cara hinchada, la piel violácea, los ojos inundados de sangre... Permanecía inmóvil en una silla, agotado; de pronto cayó al suelo. Eran las 11 . Quisimos levantarlo, trajimos agua, le hicimos masajes, probamos la respiración artificial... ¡Fue en vano! Su pulso se detenía, los quejidos se apagaban. El corazón dejó de latir. Le aplicaron varios puntapiés, pues no creían que había muerto. A la tarde vinieron detectives expertos, de la Policía Central, y quisieron arrancarnos confesiones. Por último nos introdujeron en un automóvil y rodeados por g u a r d ianes armados nos transportaron a la prisión militar de Margit Koerút. El 24 de diciembre se inició el asalto ruso a Budapest. Ese día todos los elementos armados abandonaron el Tribunal Militar y sólo quedaron los guardianes de la cárcel. Pero los bravucones volvieron pronto: pues les habían cortado la retirada y no podían huir. Separaron a los presos en dos grupos: de un lado los judíos, del otro los cristianos. Estos fueron sacados del edificio y nosotros esperábamos que también nos llevasen al cadalso o nos acribilaran a balazos ahí mismo. Pero no nos tocaron. Ni ese día ni al siguiente, el 25 de diciembre. Conversamos con los guardianes, les ofrecimos dinero —¡millones!— si nos dejaban marchar. No necesitaban dinero, sólo querían papeles! En especial, papeles para partir al extranjero, una garantía de que no los pasaría nada malo al concluir la guerra. A esa altura de los hechos, empero, no nos quedaba nada de ese tipo. Planeamos una fuga para la noche siguiente, preparamos escalas con perchas y sábanas, pero todos los planes quedaron en la nada. ~Nos hicieron formar en el patio de la cárcel. Un oficial del Comando de la ciudad pasó lista. Había llegado la hora postrera y la mirada de los carceleros lo confirmaba. Oímos nombres que nos eran í a m i liares. Pero también otros que no estaban con nosotros: tal el caso de Mark Gut. El que confeccionó la lista no debía saber quiénes se hallaban confinado en el presidio, sino que quizá pensaba encontrarlos. De pronto pronunciaron el nombre de Rafusz Tibor. Había sido mi apodo en el último domicilio', con Pil. Nadie, excepto Pil, lo sabía. En la calle usaba el nombre de Parkasz Tibor y cuando nos atraparon rompí mi documento con el nombre de Rafusz, para no delatar ni el lugar ni a Pil. Adiviné que en la confección de esa lista que se estaba leyendo tenían algo que ver nuestros compañeros. Decidí presentarme. Me adelanté unos pasos y me puse en fila. Los demás, al verme, hicieron otro tanto. Los carceleros miraban extrañados nuestro proceder. Marchamos por las calles desiertas de Buda, custodiados por una fuerte guardia armada. El oficial iba a nuestro lado y su rostro reflejaba una avidez criminal: desempeñaba el papel a las mil maravillas... Cuando cruzamos el Lánc-Hid, el Puente de las Cadenas, nos encaminamos hacia la calle Wekerle... (A VOLADURA DEL TREN... En la vecindad de ese paraje trabajan judíos,- el lugar no es aconsejable... Los ¡puestos de guardia están demasiado próximos entre sí..., ... Aquí no son j udíos los que trabajan ni es muy pertinaz la vigilancia, pero un vasto -baldío circunda al sitio y lo vuelve impropio para ocultarse o para emprender la, retirada... Lo lógico sería el atentado en la vecindad de un bos que. Más aún: sería conveniente una ladera ¡pronunciadamente abrupta. Y continúan las exploraciones. Tres mañanas consecutivas sale Witka del ghetto y vuelve de noche: fatigada, exhausta después de rondar durante una jornada entera. (La joven —siempre pletórica de euforia y regocijo— se tornó seria, mustia, callada, la mirada hundida solamente en sus propias cavilaciones. La responsabilidad por la operación la embarga por completo. El 8 de julio, cuando el sol asoma, cruzan la puerta del ghetto Witka, Isie Maskovicz y Moshé Brause llevan consigo el cañuto escondido. Se les mandó volar un tren alemán, 7 kilómetros al sureste de Vilna. La operación se •efectuará de noche. A ¡la madrugada siguiente deberán volver al ghetto y marchar al trabajo como de costumbre, sin que nadie repare en su ausencia. El día no termina nunca. La noche es de insomnio, expectativa e inquietud. Los pocos que estamos en el secreto acompañamos con el pensamiento a quienes en esos momentos deben llevar a efecto la misión, a los que quizás nunca volvamos a ver ... Al amanecer llegó Witka al ghetto,- agitada, los pies lastimados y sangrantes, pero el rostor radiante de júbiio. El explosivo había sido colocado. Nadie los descubrió. La ansiedad no tiene límite. Esperamos noticias de la ¡ciudad, los primeros ecos y los resultados. Desde hace mucho no sabíamos de tanta impaciencia. ¡Witka no puede dominarse, en ella se operó un cambio notable. Esa noche vió muy cér ca a la muerte,- se premunió de arrojo, su rostro resplandeció por la nueva ansiedad, en sus ojos ardió un brilló singmar. —¿Qué pensó —le pregunté— durante »esa larga noche en el bosque? —Sólo me importaba (cumplir el cometido —contesto— y no caer viva en sus manos. Sobre todo me afligía no llevar cianuro conmigo. A las tres de la tarde se recibió la noticia: Una violenta explosión ¡El tren ¡había voladol Los judíos que volvían del trabajo, relataban: —En las inmediaciones de Nueva Vileika, una mina voló el ¡tren alemán. Fueron destruidos la locomotora y los va gones con municiones. El pánico y el desconcierto cunden entre los alemanes. Es el primer sabotaje de esa naturaleza en las inmediaciones ide Vilna, en una zona donde se estacionan muchas unidades de combate. Los alemanes refuerzan la guardia a lo largo de la vía férrea. Arrestan a trescientos campesinos de las aldeas adyacentes. Los polacos suponen que ¡sus propios guerrilleros --que ya habrían llegado a la región— cometieron el atentado. Con vanidad, le hablan a los judíos. —¿Se dan cuenta? ¡Son guerrilleros polacos! Lo hicieron en las propias barbas de los alemanes, ¡no les temen... En la estación ferroviaria trabajan tanto polacos como judíos y los teutones extremaron las pesquisas. Los polacos fueron objeto de interrogatorios agotadores. A los judíos se los eludió. Nq les preguntaron, no se sospechaba de ellos. Los alemanes estaban convencidos de que los judíos no tenían parte en el suceso. El ghetto, subyugado desde hacía tiempo, se había rendido sin lucha. Sólo albergaba esclavos. Eran tan débiles que ni siquiera osarían odiar o vengarse. No, los alemanes no sospechaban de los judíos; un acto de esa naturaleza sólo podía ser obra de hombres libres. Para nosotros fue el día más ¡feliz en el ghetto. Aún recuerdo los rostros radiantes y sonrientes de los compañeros Esos rostros que desde hacía tanto no sabían ¡de una sonrisa... Todavía acude a mi memoria el clamor jubiloso en las callejuelas del ghetto,- ese júbilo que asombró a los transeúntes, los hizo encoger de hombros y opinar perplejos; —¡Locos, se han vuelto rematadamente locos.... En homenaje al Aniversario del Estado de Israel TEXTILES RACHMUTH S. A. C. 1. Fábrica de Tejidos Finos CURICO 208