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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1966-03-01 · 3 (Marzo, 1966) · p. Seite 12

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXVIII (1966)
Issue
3 (Marzo, 1966)
Date
1966-03-01
Page
Seite 12 (sequence 12)
Language
German
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12 BOLETIN INFORMATIVO MARZO 1966 MASADA—UN MAUSOLEO DE MARTIRES “Muramos sin dejamos esclavizar por nuestros enemigos, y abandonemos este mundo como hombres libres, acompañados por nuestras mujeres e hijos”. Así concluyó, según Josefo, Ira are^™a pronunciada por Eleazar Ben Yair, comandante de Masada, hace 1399 años; así cgmenzó la epopeya de Masada— ¿mito? ¿tal vez leyenda? Masada ejerce una intensa fascinación en arqueólogos y legos por igual. Era el más conocido de los parajes arqueológicos de Tierra Santa aún no excavados. Lo conocía la juventud de Israel, para lo cual se había convertido en lugar de peregrinación en memoria de la trágica y heroica muerte de sus 960 defensores judíos, que en el año 73 D. C. prefirieron sucumbir por mano propia antes que caer en poder del general romano Silva y convertirse, material y espiritualmente, en esclavos. Conocían también el lugar todos los estudiosos de las técnicas de asedio entre los romanos por hallarse en él campamentos y obras de asalto en notable estado de conservación. Lo conocían, asimismo, los entendidos en arqueología clásica, pues allí Herodes el Grande construyó entre los años 36-30 A.C. sus palacios, fortificaciones y almacenes —tan minuciosamente descritos por el historiador judío Josefo Flavio— convirtiendo aquel lugar en ciudadela inexpugnable y en plaza de refugio para el caso de un ataque por parte de la reina egipcia Cleopatra. Masada era conocida también por exploradores y viajeros que quedaban encantados por las descripciones de Josefo Flavio y admiraban esta roca impresionante que se alza en el desierto de Judea, frente al Mar Muerto, con sus acantilados abruptos y de difícil ascenso y de cuya cima se descubre un hermoso panorama hacia Moab y el Mar Muerto, al oriente,- el oasis de Ein Guedi, al norte,- los Montes de Hebrón y Belén al noroeste y las llanuras nabateas hacia el sur. Schulten, el erudito alemán, que realizó en 1932 un breve -estudio de la zona, se sintió impulsado a escribir: “Es de envidiar la labor del futuro explorador de la fortaleza, pues será variada e interesante y, además, el magnífico panorama constituye de por sí una recompensa”. En está envidiable situación me he encontrado a contar de octubre de 1963, y sólo puedo afirmar que Schulten se quedó corto en su apreciación. Con todo, la belleza del panorama, si bien constituye una recompensa, no habría bastado por sí sola para justificar los inmensos esfuerzos requeridos para organizar una excavación arqueológica en gran escala en Masada: fue menester traer agua de kilómetros de distancia,- acarrear víveres y material a través de terrenos desiertos e intransitables,- instalar una base cerca del campamento de Silva, debiendo contentarnos con un lugar inferior, ya que Silva había sido el primero en elegir y supo hacerlo bien,- movilizar un par de miles de voluntarios de veintiocho países (porque sólo el espíritu y el entusiasmo de los voluntarios permiten excavar y vivir durante meses bajo las severas condiciones climáticas que debíamos afrontar). En -efecto, es por estas razones que Masada, pese a ser tan conocida, nunca fue objeto de una expedición arqueológica en gran escala. Muchas investigaciones y exploraciones se efectuaron en Masada a partir de 1842, cuando el lugar fue identificado por primera vez por Robinson, hasta 1955, cuando los organismos arqueológicos israelíes realizaron algunos sondeos. Pero estos estudios, de alcance limitado, dejaron muchos interrogantes sin respuesta. Con voluntarios de ultramar, grupos de jóvenes israelíes y soldados israelíes, nos lanzamos cada mañana a las cinco al asalto de la enigmática roca. ¿Qué hemos descubierto? Nos satisface afirmar que los esfuerzos conjuntos de todos ellos han brindado hallazgos sumamente importantes, entre otros, documentos extremadamente valiosos en diversas formas, como textos bíblicos y pergaminos de la “Secta del Mar Muerto” que constituyen, por cierto, una de las grandes sorpresas de las excavaciones. Asimismo, hemos podido elucidar la naturaleza de la arquitectura, el arte y la estratigrafía de les edificios de Masada, desde los tiempos de Herodes hasta el período bizantino. Pero al observar los imponentes edificios de Herodes, nues¬ Evidencia de la lucha librada en Masada wmm. tra mente quedaba absorta en los míseros restos dejados por los zelotes: unos anaqueles, tabiques y una capa de ceniza. Ello fue lo que convirtió a Masada en símbolo del heroísmo judío, y no las magnas realizaciones de Herodes. En frases y láminas, trataremos de dar al lector una idea de los descubrimientos más importantes. El “palacio colgante” De los edificios construidos en la cima de Masada, que tiene forma de barca (600 x 300 m.) uno de los más intrigantes (para el arqueólogo) es aquel cuya ubicación describe Josefo Flavio —un tanto ambiguamente— en estos términos. “Allí también construyó un palacio, en la ladera occidental, bajo el muro de la cresta, inclinado hacia el norte”. Este palacio, descrito por Josefo en todos sus detalles y su esplendor, se solía identificar en el pasado con el gran edificio construido en el centro mismo de la parte occidental de la meseta. Sin embargo, no concordaba el mismo con la descripción de Josefo Flavio, ya que se hallaba dentro de las murallas, no se inclinaba “hacia el norte” y carecía de otros rasgos —especialmente la adornada escalera abierta en la roca que comunica entre el piso alto y el bajo— mencionados por el historiador del siglo í A.C. Gracias a jóvenes exploradores aficionados de diversos kibutzim de Israel, fue identificado correctamente el palacio descrito por Josefo en la escarpadura septentrional de la roca, bajo el muro fortificado que rodea la cima de Masada. Ahora, después de haber sido excavado completamente por nosotros, este “palacio colgante” de tres pisos puede ser calificado más bien de “palacio-villa” de Herodes. Fue construido en el borde mismo del precipicio— a unos 300 ms. sobre el nivel del Mar Muerto— y es el único lugar de Masada que disfruta constantemente tanto de sombra como de abrigo contra los vientos abrasadores del desierto. La residencia se hallaba en la terraza superior y consistía en muy pocas habitaciones adornadas con simples mosaicos en blanco y negro y pinturas murales. Tenia, además, una magnífica columnata semicircular. La terraza central, dedicada al descanso y esparcimiento, constaba de un pabellón y una columnata circulares. La terraza inferior constituía el plato fuerte de la villa y es la que se ha conservado mejor, con sus frescos polícromos que adornaban la doble columnata construida alrededor del gran patio. Los frescos, que son un ingenuo intento de imitar mármol y piedras preciosas, fueron ejecutados de acuerdo a la mejor tradición del estilo imperante en aquellos tiempos en todo el Imperio Romano. El “palacio-villa” estaba completamente recubierto por una gruesa capa de cenizas. Entre los escombros y la ceniza de la terraza inferior encontramos un macabro testimonio de la suerte de los defensores judíos: monedas Por Prof. I&ael Yadin ... - -?> Masada — La colina en la desolación de la rebelión judía contra los romanos, una carta en arameo, un manto, flechas, centenas de láminas de armadura plateadas. Entre todo ello yacían los esqueletos de un hombre, una mujer y un muchacho. Oscuras trenzas castañas estaban aún adheridas al cráneo de la mujer. En las cercanías se hallaban sus sandalias. “... y el único hombre que sobrevivió hasta el final revisó primeramente las cerradas filas de muertos, en caso de que entre esa matanza hubiese alguno que todavía necesitara su ayuda,- entonces, al cerciorarse de que todos habían perecido, prendió fuego al palacio y reuniendo todas sus fuerzas hincó su espada en su cuerpo y cayo muerto al lado de su familia”. —(josefo). Los almacenes Contiguo al palacio colgante, por la parte sur, se encuentran las ruinas de un gran complejo de edificios compuestos por largas y angostas salas. Estos eran los famosos almacenes construidos por Herodes, según testimonia Josefo Flavio. Encontramos los pisos cubiertos por gruesas capas de escombros, compuestos en su mayoría de piedras procedentes de los muros y techos que se derrumbaron al incendiarlos los zelotes antes de suicidarse. Resolvimos limpiar los escombros antes de excavar, haciendo uso de una técnica original. Utilizamos las piedras para restaurar los muros y sólo entonces procedimos a excavar la tierra y las cenizas acumuladas hasta una altura de casi dos metros. Hasta ¡ahora hemos reconstruido y excavado en esta forma siete almacenes, y los hallazgos han sido muy instructivos. Encontramos centenas de jarros que contenían restos de provisiones, siendocada tipo de alimento almacenado en una sala distinta. Algunos de los jarros eran de tiempos de Herodes,- pero fueron también utilizados por los defensores judíos que volvieron a llenarlos y les pusieron membretes indicando su contenido en hebreo y arameo. Estas breves inscripciones son de suma importancia, para la historia de la paleografía hebrea, ya que datan con absoluta certeza de los años 66-73 A.C. Pero además, estas inscripciones nos ense¬ ñaron también algo sobre la vida de los defensores. Algunas de ellas indican que el contenido de esos jarros se destinaba a diezmos designados para los levitas y sacerdotes, demostrando así cuán escrupulosamente observaban los zelotes las leyes mosaicas aun en las difíciles condiciones imperantes en Masada. Un baño público Fue una gran sorpresa descubrir cerca de los almacenes un baño público, del tipo romano, uno de los más grandes de su género descubiertos hasta la fecha en esta parte del mundo y, sin lugar a dudas, el mejor conservado, con todas sus instalaciones y profusos ¡adornos. Las paredes de las salas de baño calientes, tibios y fríos estaban cubiertas de frescos, y los pisos eran de hermosos azulejos. El palacio occidental Este es el edificio de la parte occidental que, según mencioné anteriormente, se (Pasa a la Pág. 15)

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