Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXVII (1965)
- Issue
- 5 (Mayo, 1965)
- Date
- 1965-05-01
- Page
- Seite 16 (sequence 16)
- Language
- German
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16 BOLETIN INFORMATIVO MAYO 1965 y su Comunidad Judía Un escondrijo en Amsterdam Por GERMAN ARCINIEGAS Gibraltar Montreal (OJI).—El peñón de Gibraltar, llave del Imperio Británico en la boca del Mediterráneo, tiene en su largo historial episodios estrechamente ligados a trágicos capítulos de la persecución de los judíos. El peñón insacudible y hondamente arraigado simboliza nuestra obstinación y continuidad a la vista de los vientos tormentosos que en vano tratan de destruirlo. Durante la segunda guerra mundial, cuando las hordas asesinas del nazismo invadían Europa y aniquilaban a millones de judíos, la base de Gibraltar fue una barrera infranqueable contra el peligro de invasión nazi que amagaba a España y Portugal para cortarles el último camino a miles de refugiados judíos. Más de cuatro siglos antes miles de judíos huían pavorosos de esos dos países para quedar a salvo en Gibraltar de las persecuciones inquisitoriales y sus fogatas de carne humana. Algún tiempo se llevaban a cabo conversaciones sobre la posibilidad de convertir a Gibraltar en un territorio privilegiado para los “marranos” de España y Portugal que allá llegaban por derroteros secretos. Muchos de esos refugiados, confundidos con los moros, fueron pasados a cuchillo por los habitantes del peñón. Sin embargo, hubo quienes lograron salvarse hasta la invasión inglesa, después de la cual los “marranos” volvieron públicamente al judaismo. Hay actualmente en Gibraltar alrededor de mil judíos y éstos tienen una comunidad bien organizada. Cuentan con 4 sinagogas, de las que cada una representa un capítulo aparte de la historia judía. Desde el primer paseo por la calle principal de Gibraltar puede uno notar la gran aportación de los judíos al progreso del peñón y la influencia que ejercen hasta nuestros días. Pude ver, desde mi primera visita, una docena de casas comerciales, principalmente de importadores, en Main Street. En varias reconocí las alcancías del Keren Kayemet y de Reb Meír Ball Hanés, así como artículos de Bezalel de Israel. Me di cuenta de que casi todos los judíos del peñón hablan inglés y español, éste último al modo andaluz, pero el ladino les es enteramente desconocido a despecho de ser oriundo de los sefardíes. Hablan también un poco de hebreo. En la escuela religiosa, o Talmud, Torá, se enseña a los niños el hebreo de Israel. Los pequeños Estudiantes, bronceados de tez y ojos sonrientes, me recibieron con un entusiasta shalom. Son 60 en total, entre los cuales hay algunos no judíos. Se enseña en FERRELUZ Lámparas modernas rústicas y de estilo Merced 555 - Tel. 30475 S! la escuela judía no sólo el hebreo y cosas de judaismo, sino también materias generales del programa oficial, ya que el departamento de educación pública la supervisa y la sostiene. Me sorprendí al ver que el rabino de aquella comunidad, un joven llamado Josef Passifizzi, oriundo de Florencia y de antiquísima descendencia sefardita, hablaba un buen ídish de Lituania. Ello se debía, según me reveló, a que había estudiado en las academas talmúdicas de Inglaterra e Israel, en las que se inició no solamente en la sabiduría rabmica, sino también en la literatura ídish moderna y ahora es un lector de sus libros y periódicos. A la salida del templo me esperaba otra sorpresa: un joven barbudo y vestido al modo jasídico que me saludó y a quien tomaba por un emisario de alguna institución israelí, se me presentó como Iehudá Vidal Amahueli y resultó ser nativo de Gibraltar. Admitió que, en efecto, los emisarios judíos no faltan en el peñón. Llegan de todas partes, incluso de Marruecos, para que se les ayude a crear instituciones religiosas y sociales judías, o ayudar a una familia desamparada de refugiados. Gibraltar tiene un Alcalde judío, Sir Joshua Abraham Hasan, elegido ya para su 17 ejercicio. También es el jefe del consejo legislativo y además, un dirigente muy activo de la comunidad hebrea. Es vicepresidente de una de las cuatro sinagogas. Veterano condecorado de la guerra mundial, en 1957 fue declarado ‘Comandante del Imperio Británico” y en 1963 se le distinguió con el título de Lord. Fue elegido asimismo Primer Ministro de Gibraltar. La población está llena de nombres judíos en sus calles: Ben Zimrah, Eliahu Benoliel Passage, Zarafti Passage, etc. Los judíos de la localidad también mantienen estrechos contactos con Israel y oyen con claridad la radio "Kol Israel”. Pasan por allí numerosas naves israelíes que les traen las últimas novedades. Todos los negocios judíos están cerrados los sábados y el teatro no funciona desde el viernes en la noche por ser judíos la mayoría de sus favorecedores. ¿Cuándo llegaron a Gibraltar los primeros judíos? Según algunas fuentes, estuvieron allí mucho antes de la dominación británica y antes aún de la expulsión de España, cuando el peñón estaba en manos de los moros. En 1704 los ingleses ocuparon Gibraltar y en 1713 se firmó el pacto de Utrecht convirtiendo a Gibraltar en una base británica. La décima cláusula del convenio establese que no debe permitirse el ingreso de moros o judíos a Gibraltar, pero según el historiador Ayala, esta cláusula no fue observada por los ingleses, los cuales reconocieron los derechos de la comunidad judía. Cuando los colonos británicos querían comprar material de construcción del sultán de Marruecos, éste les impuso la condición de permitirse a sus súbditos, por Jacob Beller moros y judíos, ir a Gibraltar a vender sus mercaderías. Esto fue autorizado a condición, primero, de que estuvieran un máximo de 30 días. Un Moisés ben Hatar llevó las negociaciones correspondientes en nombre del sultán y sus descendientes todavía viven en el peñón. Ayala ataca a los judíos por haber abusado de la autorización temporal permaneciendo en el peñón para apoderarse de sus negocios y dominar la vida, al grado de osar titular "rey” a uno de sus dirigentes más capacitados. Lo cierto es, según el historiador judío Zarafti, que entre los judíos de Gibraltar se conservaba aún el título de Rosh Galuta (“Jefe de la diáspora”) y el comentarista hispano lo confundió con “rey”, particularmente porque la personalidad en cuestión^ yehuda BenaiLiel, 'era tan popular y tan apreciada, que el cardenal Perreti, ayudante del Papa Pío IX, y el sultán de Marruecos lo llamaban “el rey de Gibraltar”. A medida que crecía el influjo de los ingleses iba desvaneciéndose en Gibraltar el de los españoles. Todavía perseguidos por la Inquisición, llegaban cada vez más judíos y “marranos”. En 1776 había en toda la zona tres mil almas y la tercera parte eran judíos. Constituían una co- ‘munidad honesta, trabajadora y digna, la cual vivía de acuerdo con sus tradiciones y sus leyes propias. En 1843 había un periódico llamado “Crónica Israelita”, en ladino, que daba fe de la excelente organización religiosa y social de la comunidad y de sus institucines filantrópicas y tradicionales. Se impuso entonces una tasa especial sobre las lápidas de los sepulcros ricos para sostener la beneficencia pública y otras sociedades que aún existen hasta hoy día. [Mas a pesar del resentimiento con España, en vista de la expulsión de 1492, los judíos de Gibraltar se mostraron magnánimos con ella cuando Francia la atacó y numerosos personajes de su nobleza se refugiaron en el peñón El general inglés Wellington organizó un ejército para acudir en ayuda de los españoles, y los judíos de Gibraltar se destacaron en la campaña de asistencia para él ejército contribuyendo para la causa grandes cantidades de dinero y víveres. Un solo judío D. Aarón Raduza, contribuyó con 20.000 libras y muchos abastecimientos para los hombres aue se hallaban bajo las órdenes del general Ballesteros, hecho por el que éste elogió al benefactor. Las casas judías abrían hospitalariamente sus puertas para los nobles de la patria de sus antepasados expulsados. Y es que los judíos creían en su hermosa tradición de ayudar al enemigo caído. Hicieron gala de igual nobleza cuando los moros derrotaron a los ejércitos portugueses y vendieron de esclavos a sus oficiales en casas judías. Los Judíos los pusieron en libertad y los regresaron a su patria. No todo fue gloria y bienestar en la vida de los judíos de Gibraltar. Hay muchos episodios' de tragedia y martirio. Así. en 1780 los es- Son pocas las personas que quieren visitar hoy, en Amsterdam, la casa de Rembrandt. Lo que a todos atrae es la del escondrijo. La casa en sí es tan insignificante que, si no tuviera la historia que tiene, sería la última que nadie pensara en visitar. Es la casa anónima, la del burgués de abajo, la que se pierde en el desierto de las cosas iguales. Al menos, al otro lado del canal están las casas rojas, donde las muchachas de alquiler se exhiben en las ventanas. De este lado, es el mundo cualquiera. La casa, estrecha como todas, con el espacio indispensable para una oficina y una escalera de buque que da acceso a los pisos altos. Cientos de miles de casas como esta alojan a los pequeños burgueses de Amsterdam. Cuando la guerra, eran cientos de miles de casas silenciosas. En cada una habitaba el miedo. Por la calle pasaban los soldados alemanes. De cuando en cuando, por el cielo, los aviones. Se oían los derrumbamientos. Espiando desde arriba, se alcanzaban a ver pasar los tranvías, mujeres en bicicleta muy cerca, se oían las campanas de un carillón. No se oía correr el agua del canal, que no corría..._ Y así, semanas, meses, años. Desde la casa cualquiera. En la casa estaba instalado un negocio. Un negocio tan común que ni siquiera lo vigilaban. Las cosas han cambiado muy poco. Entramos, como siempre se ha entrado, por la puerta angosta. Subimos por la escalera como si fuéramos a un gallinero. Siempre es así. En el segundo piso hay dos cuartos que eran los almacenes, los depósitos. Luego un pepañoles aracaron la ciudad obligando a sus habitantes a huir a los montes para abrigarse del fuego del enemigo. Entonces fueron los soldados ingleses los que saquearon las casas judías, dispuestos para celebrar la gran festividad de Pascua. Un joven, Menajem Melul, arriesgó su vida para rescatar de los escombros de las calles un sin fin de libros religiosos, rollos sagrados y otras cosas judías qu se llevó a Londres y devolvió más tarde a la comunidad de Gibraltar. En 1849 el gobernador general, Sir Richard Garner, hizo castigar a los judíos por el mal manejo de los departamentos oficiales que estaban en manos de no judíos. En vísperas del Día del Perdón la policía prohibió encender velas, ya que en un caso las velas sabáticas habían ocasionado un incendio. Se aprehendió a un judio que desobedeció la orden arbitraria y el gobernador acusó a toda la comunidad de haber hecho causa común con los enemigos del imperio que querían incendiar la importante base británica No comprendía el funcionario hasta que grado pedía llegar el fervor religioso de un judío, que nrefería poner en peligro su libertad personal a no cumplir enn nra tradición sagrada. (De Folk un Velt” por OJI). queño espacio, ancho como un corredor, con un anaquel al fondo. Para los archivos. Sé ve que ei negocio era en pequeño, pues, con veinte libros de correspondencia bastaba para tener toda la historia de los clientes. Sobre el estante, clavado a la pared, un mapa. De esos mapas inútiles que se tienen a manera de ilustración ocasional. El estante, sin embargo, se ha convertido hoy en la huerta que da acceso a la historia. A toda la historia de una época. Porque es un estante que gira, y al girar se entra al escondrijo. En dos años, en los dos años en que más vigilada estuvo Holanda por la más implacable de las policías, no hubo agente de la Gestapo a quien se le hubiera ocurrido hacer girar el mueble. Sólo el 4 de agosto de 1944 se descubrió el secreto. Ese día llegaron los que mandaban. Crujieron las escaleras bajo las botas alemanas. Bruscamente se hizo girar el anaquel que hasta ese día había girado como sobre goznes de seda. Y ante los ojos atónitos de los policías se vio un grande espacio: tres habitaciones, un granero, un servicio sanitario, ¡todo escondido! Las siete personas sorprendidas quedaron mudas. A empellones salieron del escondrijo. Fueron a dar a los campos de concentración. Con la punta de las botas, con las bayonetas, a patadas, a cuchilladas, se revolvieron trapos, muebles, papeles, camas. De todo no quedó sino un montón de basura. De la basura, tiempo después, dos manos amigas sacaron unos cuadernos manuscritos: los ejercicios de una niña. ¡Era el diario de Ana Frank! Hoy se suoe de nuevo la escalera recogiendo el ruido de los pasos. ¡Como en el 42! Be hace girar en silencio el anaquel, se entra al escondrijo. A la catacumba. Se ven pegadas en el muro las mismas láminas que Ana pegó cuando llegaron en fuga. Por la ventana que estuvo velada por dos años, se ven las mismas calles, ios mismos techos, la misma torre. Lo que a veces, en la noche, apagadas las luces, veían los siete judíos desde su ratonera. Y otra vez se hace un silencio inmenso en torno. Silencio de pasmo. De terror ante la barbarie que de tiempo en tiempo sale de las entrañas de la tierra para espantar a los simples seres humanos indefensos. AMSTERDAM, abril de 1965 (De “El Mercurio” de Valparaíso). Moneda 1032