Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXVI (1964)
- Issue
- 8 (Agosto, 1964)
- Date
- 1964-08-01
- Page
- [Seite] (sequence 24)
- Language
- German
- Belongs to
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BOLETIN INFORMATIVO AGOSTO 1964 22 MEDIO SIGLO DE INQUIETUD Hace ahora cincuenta años que sonaron aquellos fatídicos disparos, que en forma brutal y repentina despertaron a los países de la tierra de la somnolencia trágica en que los había sumido el progreso técnico y económico. Con ellos inicióse el derrumbe de un orgulloso edificio, cuyas bases habían sido carcomidas por la acción inexorable de los eventos históricos. Bajo sus ruinas quedaron sepultados millones de seres, desaparecieron ideas y conceptos, que de la noche a la mañana probaron carecer de fuerza vital. Hasta entonces, occidente había sido el centro del mundo, o más bien, lo había sido aquella parte de occidente que, cegada por un vertiginoso avance material, no se había dado cuenta que su orgullosa Torre de IBabel estaba a punto de caer. darse cuenta, a lo menos someramente, de lo que era este período que, para muchos de nosotros ha sido una experiencia horripilante, vivida en carne propia. OBERTURA TRAGICA 1914 —“Marlborough sen va t’en guerre”— el carrusel de la muerte comenzaba lentamente a girar en su ronda fatal. La realidad, repentinamente, había dejado de existir para los pueblos de Europa. Vivían embrujados por quimeras heroicas. La juventud que entusiastamente había acudido a reconocer cuartel, se forjaba ilusiones sobre una campaña rápida y gloriosa y soñaba Cuando después del sangriento prologo de 1914-1918 se levantó nuevamente el telón, la humanidad presenció pasmada un cuadro de desolación y de ruinas, vió que había desaparecido el barniz civilizador y que el hambre había vuelto a ser el lobo del hombre. Desde aquellos años hasta nuestros días, el universo no ha Conocido la paz. Ha muerto iel mundo de ayer y el hombre de mañana, todavía no 'aparece sobre el escenario. Asistimos al nacimiento de una nueva época y aún no sabemos, qué es lo que la va a distinguir de las que la precedieron. Si en tiempos nasados. las la curiosidad ajena, llegaron a sobreponerse a las capas protectoras de la individualidad, para convertirse en patrimonio común. Desaparecieron las barreras de las costumbres y de las castas. La gente sentía que tenía algo en común, que debian convivir los unos con los otros, demostrar compasión y unión de sus corazones”- Los que, por encima del fragor de la batalla vieron el sufrimiento, aquellos que atisbaron el fin inevitable a que conduciría la masacre, podían ser contados con los dedos de una mano. Eran figuras preclaras que hicieron frente a las calumnias y a las injurias, por servir la causa de la confraternidad humana. Figuraban entre ellos escritores de renombre, tales como Romain Rolland y Stefan Zweig, el que hace memoria de lesos d|í as en su “Mundo de Ayer”. “Romain Rolland no había olvidado el deber del artista de (manifestar sus convicciones aun contra Agosto de 1914 — En los países de Europa se proclama la movilización general. con cargas de caballería bajo la oposición de su país y el sol brillante del mediodía, hasta contra la indignación mientras que, a lo lejos, sode todo el mundo beligerannara música guerrera de cíate. En el mismo otoño de riñes y tambores. 1914, cuando la mayoría de Por las calles de Berlín, de los escritores gritaban a cual Londres, de París, de San Pemás fuerte su odio, vociferatersburgo, los reclutas se diban y se ladraban unos a rigían cantando al matadero, otros, el había escrito su meahogados bajo un mar de fiomorable profesión de fe “Au res que les lanzaba una muídessus de la melée”, donde titud enloquecida. combatía el encono espiri- Pocas semanas eran sufi- . tual entre las naciones”, cientes para echar por tierra poco a poco, el hambre y todas estas bellas ilusiones, la miseria comenzaban a El hedor de la muerte, la posentar sus reales entre los dredumbre que afloraba pbr mismos pueblos que, no hace doquier, la destrucción abmucho se habían creído los conflagraciones habían sido surda, hicieron que se desvaportadores de la antorcha de necieran las últimas ilusiola civilización. En el frente, nes. el coraje individual cesó de Mientras se desangraba la ser un factor de consideraflor de la juventud europea, ción, para dejar lugar a la surgían voces en todos los competencia del poder mate- ámbitos, que pretendieron rial. Las batallas ya no fueaprovecharse de la calamiron decididas por el arrojo dad para el engrandecimiende los contrincantes, sino to de sus respectivas patrias, por las masas de gases veneuna condigna evolución mo- Las palabras que reproducinosos, los tanques, la artilleral, ha hecho, que las visiomos aquí, son casualmente ría pesada, 'que cada bando de un alemán, del profesor podía movilizar. Al deshu- Delbrueck. Pero ellas repremanizarse la guerra, se per sen tan una actitud mental común a la época y en su lugar (podríamos haber colocado fácilmente centenares de citas similares, emitidos por nacionales de Francia, de Inglaterra o de Rusia: “Somos los vencedores. Todo el pueblo alemán com fenómenos aislados, afectan do solamente a sectores relativamente reducidos, nuestra era tiene el triste privilegio de ser la primera en que la humanidad inda, se encuentra atrincherada en el campo de batalla El inusitado progreso técnico, sin nes apocalípticas palidezcan ante la realidad. Lo más inverosímil ha llegado a ser aceptado como ocurrencia cotidiana. la confianza ha cedido su lugar a la desesperación la convicción a la confusión y el orden a la anarquía. Medio siglo atrás, el hombre se creía dueño y se¬ ñor de este ‘‘mejor de los dió una batalla más de la civilización. LA DECLARACION BALFOUR Durante todo este tiempo, el pueblo judío, dividido entre ambos bandos, había - - . contribuido con generosa mundos”. Hoy yace abatido parte el sentimiento, que una porción de sangre al esfuer- ’ coalición envidiosa y vengaz0 bélico de las naciones. En tiva intento primeramente todos ios ejércitos luchaban estrangularnos, para asaltarjos hijos de Israel. Llegó el nos después; es fuerza que añ0 1917 Los aliados se en- . aprovechemos la victoria miton traban en situación difídía crece el ejército de aquelitar para asentar nuestro fucj] Rusia estaba crujiendo líos que, llámense pioneros, turo sobre bases sólidas que, bajo los golpes de los ejéreicomo mínimum, quedemos tos alemanes y austro-húnen igualdad de condiciones garos. Los Estados Unidos con las demás potencias aún no decidían si entrar o mundiales” no a ja contienda. En ambos Eran los años del apogeo países vivía un número apredel “sentimiento nacional”, ciable de judíos. Había que tal como lo describe Arnold darles algo que le animara Zweig 'en su novela “Junge bien a proseguir la lucha, Frau 1914”: bien a volcar sus simpatías “En aquellos días, los homhacia la causa de los aliados, bres y mujeres de Alemania Era el momento propicio pase sentían elevados y unidos ra que se hiciera realidad por la vivencia común de los una ambición largamente sucesos heroicos de la camacariciada por el movimiento paña. La alegría y la aflicsionista. El profesor Weizción, generalmente vedadas a rnann, cerebro privilegiado, entre las ruinas de lo que creía inamovible. Mas, no todo es desolación. Del dolor surge lentamente una nueva esperanza; día a jalutzim, sacerdotes obreros, miembros del Cuerpo de Paz, o tengan ellos cualesquiera otra denominación, son los llamados a construir una casa nueva para la humanidad, a fin de que volvamos de la noche negra a la luz de la esperanza. A continuación trataremos de evocar literal y pictóricamente, el espíritu de estos cincuenta años. La selección por fuerza tiene que ser parcial e inadecuada, pero confiamos en que el lector podrá Por Hans Si ^-1 Profesor Chaim Weiztnann, padre de la Declaración Balfour y primer presidente de Medinat Israel. que había puesto todo su Inmenso saber al servicio de la causa aliada, surgió como figura líder del judaismo, al (reclamar de la Inglaterra agradecida, no una compensación .personal, sino una esperanza para su pueblo. Obtuvo la “Declaración Baifour”, que dice en sus acápites más importantes: “El gobierno 5e S. M., ve con simpatía el establecimiento de un Hogar Nacional Judío en Palestina y cooperará en la medida de sus fuerzas a que este objetivo sea logrado”. EL DERRUMBE Este mismo año cayó el imperio zarista. A la revolución democrática, pronto si guió un nuevo golpe, efectuado esta vez por una minoría audaz, militante y bien organizada, la fracción bolchevique. Ellos luego dieron cuenta de su triunfo al mundo: “Hasta que se reúna la Asamblea Constituyente, se ha formado un gobierno provisorio de obreros y campesinos, que será llamado el “Consejo de los Comisarios del Pueblo”. La administración de las diferentes ramas de la actividad estatal estará confiada a comisiones, cuya composición será reglamentada de tal modo, que asegurará se ponga en práctica el programa del Congreso, en colaboración estrecha con las organizaciones de hombres y mujeres trabajadoras, de marinos. soldados, campesinos y funcionarios”. Imposibilitado de proseguir la guerra y con la esperanza secreta de poder extender el ímpetu revolucionario a los demás pueblos beligerantes, el Soviet hizo, a fines de noviembre, un llamado a los países en guerra para suspender las hostilidades, terminando ellos al mismo tiempo, la prosecución de las acciones bélicas: “El gobierno de obreros y campesinos, surgido a raíz de la revolución del 6 y del 7 de noviembre y basado en los Soviets de delegados de soldados y campesinos, propone a los pueblos beligérantes y a sus respectivos gobiernos, la iniciación inmediata de negociaciones para una paz justa v democrática”, Alemania y Austro-Hungría cedieron a la petición soviética y, después de largas negociaciones, se firmó la paz de Brest-Litowsk, estampando sus firmas lado al lado los representantes de ta más rancia aristócrácia y los personeros de la victoriosa rebelión bolchevique. _ A pesar de estas victorias, para Alemania y sus aliados la suerte estaba echada. Se hallaban agotados, mientras que de allende los mares comenzaban a llegar tropas norteamericanas, Los EE. UU. habían entrado en la guerra y enviaron a lo más granado de su juventud, dispuesta a “salvar al mundo para la democracia” y decidida a pagar una deuda de gratitud para con Francia. Su comandante en jefe, el general Pershing, lo resumió en una frase que se hizo famosa: “Lafayette, \ hénos aquí”. _ La guerra con los EE. UU. era el golpe de gracia para las potencias centroeuropeas. Habrían quizás podido mantenerse durante algún tiempo más contra Francia e Inglaterra, tan desangradas como ellos, pero luchar contra las masas enormes de hombres que cruzaban el océano, era demasiado. Ya se perfilaba la derrota militar, tanto más, cuando encontró eco inesperado en las masas hambrientas y desesperadas de Alema y Austro-Hungría, la perspectiva de un mundo libre y democrático, esbozada por el entonces Presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson. Mucho se habló en aquel entonces de la “autodeterminación (de los [pueblos”. lo que tocó una cuer- (Pasa a la Pág. 23)