Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXIV (1962)
- Issue
- 11 (Noviembre, 1962)
- Date
- 1962-11-01
- Page
- Seite 12 (sequence 12)
- Language
- German
- Belongs to
- journal issue
- OCR quality
- 76% known words query
- IRI
…/8553624-8558349-9194519--3666-8558639- Visual Library
- page viewer of the UB Frankfurt
OCR text
12 BOLETIN INFORMATIVO NOVIEMBRE 1962 WEIZMANN COMO JUDIO, COMO SIONISTA Y COMO HOMBRE SINTESIS DE CULTURA JUDIA Y CULTURA GENERAL Jamás puso en tela de juicio ni por un instante » el triunfo final del sionismo. El versículo de “La eternidad de Israel no defraudará" (I Samuel 15: 29) reflejaba para él una verdad elemental, tan correcta como una fórmula matemática. Herzi, su antecesor, también había sido un dirigente orgulloso y digno, más su orgullo era personal. El orgullo de Weizmann estaba profundamente arraigada' en el espíritu judío. Le confería una extraordinaria dignidad, causando gran impresión sobre los estadistas mundiales con los cuales entraba en contacto. Esta grandiosa herencia de siglos de historia y tradición judías se mezcló en su persona con el rico legado de la civilización occidental. Fue un gran hombre de ciencia. Hubiese podido llegar a ser sin duda uno de los químicos más grandes de nuestra época, de no haber prodigado la mayor parte de sus energías a la causa sionista. Weizmann absorbió y asimiló los ricos tesoros de las culturas rusa, alemana, francesa e inglesa. Ello explica su facilidad en el trato de gentes tan distintas en tantos países. Con un francés era francés, con un inglés, inglés, pero siempre y por encima de todo, Weizmann era un judío. El representó esta síntesis en forma más íntegra que cualquier otro dirigente en la historia del sionismo, más que Herzi y Nordau, que Pinsker y Ajad Haam, que Brandéis y Stephen Wise. NACIO SIONISTA El sionismo de Weizmann emanó directamente de su judaismo. Nació sionista. A menudo contaba cómo, a la edad de once o doce años, había escrito a su maestro en Motol expresando su fe en un estado judío. Su sionismo jamás fue meramente político. Para él, el sionismo era la suprema fusión y ejecución de las ideas y tradiciones más grandes de la historia judía. Le imponía la obligación de llevar a la práctica los valores de la civilización judaica fuñí diéndoles en el molde de un estado moderno. Las ense¬ ñanzas de los profetas y los mandatos de la Biblia eran para él parte no menos importante del sionismo que sus aspiraciones políticas. El aspiraba y creía no en un estado de judíos sino en un estado judío, proyectando hacia el futuro el gran acer vo moral del pasado. Profesaba una profunda fe en el poder de las ideas morales. Admitía que el poder político y físico pueden ser instrumentos indispensables para la ejecución de un ideal, más jamás admitió que estos instrumentos eran decisivos. Jamás admitió la moderna teoría política que la noble finalidad justifica los medios innobles. Sabía que métodos amorales destruyen los objetivos más morales. Para él, el sionismo era por encima de todo una manifestación de la facultad creadora del pueblo judío. Odiaba el Galut porque impedía a los judíos desarrollar plenamente sus capaci¬ (CONTINUACION DE LA PAG. 11) dades. Es por ello que jamás consideró al sionismo como una mera continuación del Galut dentro del marco de un estado judío. Ello explica su apego al trabajo judio, al pionerismo judío. Weiz-- mann vio en éstos una nueva forma de vida judía, una transformación de la vida del Ghetto en una nueva sociedad. Vislumbró un estado engrandecido por el más pleno desarrollo de las facultades creadoras que Dios confirió al pueblo judío, y guiado por los preceptos morales de los profetas judíos. El sionismo lo embebió por completo. Fue prácticamente indiferente a la mayor parte de los otros problemas írelativos a la vida judía en la Diáspora. Con la sinceridad caracteristifca de un genio, invirtió cada gramo de su energía y de su talento en esta suprema misión. Todo lo otro en su vida: su labor científica, sus relaciones sociales, sus innumerables y variadísimos intereses, giraban alrededor del sionismo. Es por esta razón que también el mundo lo identificaba alrededor del sionismo. Cuando tropezó con la oposición como líder sionista y se vio obligado, en determinado momento en su carrera, a renunciar a su cargo de Presidíente de la Organización Sionista Mundial, quedó desconcertado y atolondrado. No era que le afligía su derrota política o que creía que se había cometido una injusticia para con él. Sencillamente no podía comprender, pese a su sagacidad y su discerninimiento, cómo el movimien to era capaz de separarse de él, siquiera temporalmente. Weizmann era mucho más que el Presidente electo de la Organización Sionista Mundial. Tanto para sionistas como para no-sionistas, era la personificación del sionismo. El ser al mismo tiempo Presidente de la Organización Sionista Mundial, era cosa tan natural como las estaciones del año. No podía ser de otra manera. Hasta muchos de sus adversarios daban por sentado que la presidencia sería siempre suya. Weizmann llegó a tal altura de líder que muy pocos en la historia han alcanzado, menos aún por un período tan prolongado. Esta fue su bien merecida recompensa por haberse identificado tan plenamente con el movimiento que encabezó. EL HOMBRE Pero más grande todavía que Weizmann el sionista fue Jaim Weizman el hombre. Todos los que tuvieron el privilegio de trabajar con él y de gozar de su proximidad, tenían pleno conocimiento de su grandeza humana. Lo que confiere grandeza a un hombre no son sus actos o sus realizaciones sino lo que es y lo que representa. Jaim Weizmann fue en esencia un artista, aún en su trabajo científico, e indiscutiblemente en su labor política. Su intelecto era su- Derado por su intuición. Hombres de ciencia nos han dicho que sus trabajos más importantes fueron producto no de la deducción lógica sino de la intuición. Ello también puede decirse de sus actos políticos. Fue un artista, dominado por!su talento y altamente sensible a la atmósfera. Necesitaba amigos, calor, simpatía. Era terriblemente temperamen-, tal, sabía odiar y amar, enfurecerse y perdonar. Jamás fue calculador, insidioso o intrigante. Era espontáneo, y a veces decía o hacía cosas que iban en contra de todo interés político y que habrían de ponerlo en aprietos. Se exponía a ataques, era imprudente en sus expresiones y desdeñaba soberanamente las intrigas de los políticos. Poseía el aplomo de un genio. Se negaba a hacer cosas que eran incompatibles con su carácter. Como todos los artistas, era un aristócrata; insistía en su derecho a emplear sus propios métodos y se negaba a amoldarse a la política de partidos o a veces envuelto en plataformas partidistas. No fue siempre hombre fácil de tratar. Uno debía adaptarse a su estado de ánimo. El artista en Weizmann explica su encanto único, al cual tantos se rindieron. Llegaba a comprender y a familiarizarse rápidamente con sus interlocutores. Este extraordinario talento suyo para tratar con gente explica la profunda impresión que causó a muchos de los grandes estadistas de nuestra época: Balfour, Lloyd George, Churchill, Roosevelt y tantos otros. No fue un orador en el sentido trillado de la palabra. Más los discursos de pocos de los líderes contemporáneos han dejado una impresión tan imperecedera. Como orador, era un artista. Podía desarmar por completo a un adversario con una expresión ingeniosa. Podía cautivar a un público con una frase. Más no era esta maestría, ni sus argumentos, ni su lógica, ni la forma en que pronunciaba su discurso lo que provocaba esta impresión imperecedera, sino el ser humano detrás del discurso. Los discursos en núblico eran para él un medio de imprimjr su. personalidad sobre el auditorio. Aún mucho después de haber olvidado uno sus palabras, quedaba presente la impresión del hombre q,ue las había pronunciado. Es por ello que estar con Weizmann era un placer tan grande. Una vez que uno era admitido a su círculo, uno se contagiaba de la vida y del calor que emanaban de este hombre y cargaban la atmósfera. Encontrarse con él, conversar con él, significaban cada vez una nueva experiencia. Para aquéllos que trabajaban con él, cada día era testigo de un nuevo drama y cada diálogo era una revelación. No comprendía mucho —ni tampoco tenía paciencia para ello— de trabajo de organización ni de las reglas o la rutina de una gran organización en funcionamiento. También esto último era característico de su personalidad artística. Cierta vez lo dijo: “Para Usted, cada día es un Génesis; para Usted el mundo es creado nuevamente cada día”. El haber dejado de tenerlo entre nosotros ha significado, pues, una grave pérdida. La vida es más insulsa y más triste sin él. Cada uno de nosotros percibe que su propia vida se ha vuelto más pobre desde que Weizmann nos dejara. En una perspectiva histórica, nuestro movimiento ha perdido no sólo su máximo dirigente en los últimos treinta años, sino que su muerte ha bajado el telón sobre un período colmado de sueños en la historia judía. Herzi fue el creador de la visión sionista, Weizmann el símbolo del sionismo práctico, del sionismo pionero en el pleno sentido de la palabra. El significado más profundo de una gran personalidad reside en su valor simbólico. La gran significación de un hombre no estriba en lo que ha hecho, ni tampoco en lo que ha sido, sino que en lo que su personalidad implica. Es en este sen tido que el hombre puede alcanzar la inmortalidad. Es como un símbolo de que puede seguir teniendo tanto valor para las generaciones venideras como lo tuvo para su propia generación. Mucho después que la imagen contemporánea de Jaim Weizmann haya desaparecido y haya sido olvidada —ya que habrán desaparecido también aquéllos que alternaron con él —continuará ejerciendo influencia como símbolo. Weizmann simboliza lo mejor del sionismo, como una gran idea moral que regeneró a un pueblo y lo independizó políticamente. Pero lo más importante es que representa la regeneración judía como factor creador. Israel, capeando dificultades, tribulaciones y sacudidas, no necesitará en los años venideros cosa más urgente que el símbolo de Weizmann como representante del sionismo creador y de las instituciones morales del ideal sionista. No hay cosa que podamos desearle a él y a nosotros más sinceramente que capitalizar, desde el punto de vista ¡histórico, sus implicaciones simbólicas, y emplear el símbolo de Weizmann como molde y ejemplo para la formación de las generaciones futuras. HANS GOSSELS Einziges Spezialgeschaeft fuer Autoradios und Autoantennen REPARATUREN Televisión, frecuencia modulada AV. ANTONIO VARAS 2597 — TELEFON 41754 El nuevo SIMBO UN PBODUCTO DE COLCHONES RECORD MEDIDAS ESPECIALES A PEDIDO OIMOS EN LAS MEJORES DEL RAMO LAS DALIAS 3249 (Macul)-Fono 499407