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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1962-11-01 · 11 (Noviembre, 1962) · p. Seite 11

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXIV (1962)
Issue
11 (Noviembre, 1962)
Date
1962-11-01
Page
Seite 11 (sequence 11)
Language
German
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NOVIEMBRE 1962 BOLETIN INFORMATIVO 11 En el 10.o Aniversario de su Muerte Dr. Nakum Goldmann: WEIZMANN COMO JUDIO, COMO SIONISTA Y COMO HOMBRE mmi illlllli lili Prof. Chaim Weizmann Estamos aún demasiado próximos a su persona viviente como para poder trazar un cuadro de la personalidad y del genio del Dr. Weizmann en todas sus dimensiones. El fue tal vez la síntesis más perfecta de nuestra época de los dos grandes centros culturales que han forjado al judaismo contemporáneo: Europa Oriental y Europa Occidental. Ningún otro líder judío de nuestros días ha combinado en forma tan extraordinaria el espíritu judío de Europa Oriental con la cultura de Europa Occidental. Weizmann estaba profundamente arraigado en la vida y en la tradición de Europa Oriental. Motol, donde nació, y Pinsk, donde se educó, fueron factores básicos de su personalidad. La tradición judía y la civilización hebrea estaban ampliamente atesoradas en su mente y en su corazón. Amaba profundamente el idish, y sus expresiones más brillantes fueron pronunciadas en este idioma. Cuando se emocionaba, pasaba al idish para expresar sus sentimientos. APEGO A LA TRADICION JUDIA No era un judío tradicional en el sentido religioso, pero profesaba el respeto más profundo por la tradición judía en todas sus manifestaciones. Se cuenta de él que en los días del “blitz” sobre Londres llevaba consigo al refugio la Biblia y la leía durante horas. Esta actitud reflejaba su profundo apego espiritual a la tradición judía. La calidad y los hábitos de su intelecto fueron típicamente judíos. La suya era una mente .principalmente analítica, habituada a pensar en la antitésis, una mente ágil. Fue un “jarif”, para emplear el término acu¬ ñado por los antiguos sabios hebreos. Era extraordinariamente brillante en cualquier discusión o argumentación. Era capaz de eliminar a adversarios políticos con la mera fuerza de su lógica. Su humor y su chispa también eran típicamente judíos. Poseía aquella propensión a la ironía característica de tantas grandes mentes judias, reflejo del acervo almacenado de un pueblo antiguo demasiado sagaz como para quedar impresionado por la gloria pasajera. Poseía también aquella combinación única de escepticismo y profunda fe tan típica de los judíos como nación, escepticismo frente a los poderes ilusorios que desaparecen de la noche al día, fe indoblegable de Jos valores eternos. Mientras alternaba con los así llamados grandes y célebres del mundo abogando la causa del sionismo, se conducía con orgullo y sin amedrentarse de sus títulos y rangos, pues ¿no era él acaso el portavoz de un pueblo que se había codeauo con naciones poderosas, que había presenciado el derrumbe de imperios y sicu» testigo de emperadores que surgieron en la gloria y se desmoronaron en el polvo? (Pasa a la Pág. 12) Kurt Blumenfeld: REFLEXIONES SOBRE IL SIONISMO DE WEIZMANN A fin de ser justiciero para con Weizmann, uno debe revelar el secreto de su naturaleza compleja, que se reflejó en su habilidad para atraer a la gente a sí y en su efecto sobre los poderes políticos, espirituales y humanos. Los elementos que sabemos que formaron su alma y su espíritu son un embrollo difícil de desenredar. Y no debe olvidarse que uno puede fácilmente extraviarse cuando pinta un cuadro completo, en el cual todo está en armonía. La vida del hombre, y no sólo la de grandes personalidades, jamás puede ser examinada en su integridad. Tan sólo es posible “leerla de una mirada” en un momento dichoso, para dudar el próximo minuto si uno ha leído correctamente. En conversaciones íntimas, y a veces públicas, sobre su propio sionismo, Weizmann gustaba explicarse y explicar el secreto de su afecto. Cierta vez dijo: “Soy un ni¬ ño del'i'Jéder! de Rusia’. Más tarde: “Soy un judio lituano, y el sionismo es un m o v imiento j udío-lituano”. Cuando se le preguntó una vez, mientras vivía en Inglaterra, de dónde tenía la certeza de que el pueblo judío lo consideraba su representante, respondió: “Sé desde mi juventud que en Pinsk las calles están pavimentadas con Weizmanns, y los recuerdos vividos de la juventud jamás lo traicionan a uno”.. Weizmann, que tenía alma de artista, también incursionó en el mundo de la política. En cualquier oportunidad en que se diferenciaban entre un político y un estadista, decía: “Estas son sofisterías filológicas. Nosotros sólo podemos ser políticos. Uno es un político; si uno fue un estadista, tal vez;la posteridad lo habrá de saber —si es que uno no hizo errores”. En ciertas épocas le gustaba que lo llamasen un “político realista”. Sin embargo, jamás profesó una “política realista”, y yo siempre tuve la impresión de que sus ideas no armonizaban con su naturaleza. Como todo político, era un audaz, y tenía aversión por cualquier sistema, en especial un sistema rígido. Le gustaba aparecer como judío lituano, Pero a menudo se cuestionó si él amaba en realidad la judeidad lituana y la judeidad rusa en su totalidad, y la judeidad de Europa Oriental en general. Su sistema incluía evidentemente ¡una profunda aversión por la vida judía como en aquel entonces. Elemento decisivo en su sionismo fue no sólo el repudio de una judeidad “ghetteizada” sino también la enérgica crítica a la Organización Sionista. En los estudios sobre Weizmann se suele decir que personifica una síntesis éntre el sionismo ruso y el mundo inglés. En mi opinión, una síntesis química de esta naturaleza jamás se produjo. Weizmann vivía invariablemente en nivele® distintos. En sus discursos era a veces el abnegado líder de las masas, pero a veces me parecía como si hubiese sido aplastado por el mundo británico y por el carácter inglés, no sólo desde el punto de vista político sino también ideológicamente. Lo mismo ocurrió con todos los judíos que permanecieron fieles a su origen oriental, y quienes en Inglaterra, Norteamérica o Francia se integraron a una civilización en la cual jamás se presentó el problema de la identificación judía. Una relación mutua creadora entre el origen judío y la cultura europea existió únicamente en Europa Central, donde los judíos alternaban en una atmósfera espiritual en la que no sólo recibían sino también daban. Para explicarme mencionaré tan sólo a Moisés Hess y Herzl, Heinrich Heine y Offenbach, Lasalle y Marx, Simmel, Freud y Karl Kraus. Personalidades destacadas en el mundo de las ciencias naturales, que estaban íntimamente con Weizmann, no juegan' papel alguno en la representación de este proceso espiritual. Es característico que en su mesa de trabajo no se hallaba sino los retratos de Haber y de Willstaetter. No existía relación alguna de esta índole con personalidades del mundo de las artes y las letras. Fue la suerte de Weizmann que Este y Oeste no se fundieran en él. Así pudo contemplar, como con una mente de Jano, tanto un mundo como el otro. Su influencia era igualmente poderosa en todo lugar del mundo en que actuaba. Nadie ha movido tanta gente como Weizmann y no hay nadie que haya quedado tan grabado en las memorias imperecedoras de los hombres que solicitó como él. Poseía cierto poder mágico. No puedo decir exactamente de qué se trataba pero sólo sé que no abrumaba y no volvía a abrumar, si bien yo sabía de antemano cada palabra que Weizmann iba a pronunciar en un momento en que deseaba surtir efecto. Si una frase daba en la tecla, la empleaba repetidas veces, siempre con leves variaciones, y siempre daba la impresión de volver a sentir y a vivir sus palabras. Recuerdo una reunión en Berlín en la que dijo: “He sido testigo del destino judío en tal manera que he experimentado todos sus dolores”. Palabras sencillas, pero cada uno de los presentes estaba bajo el impacto de las palabras “he experimentado todos sus dolores”. En una sola frase era posible percibir todos los acontecimientos de un largo período. Durante la guerra estuve presente en una pequeña más importante reunión, efectuada en los Estados Unidos con la participación de personas a las que jamás se había llegado antes. Presidía la reunión el Gobernador Lehmann. Políticos astutos interrogaron a Weizmann sobre las dificultades en Palestina, que en aquel ^entonces no eran fáciles dé~explicar. Uno de los destacados huéspedes opinó que Palestina era un tanto reducida como para representar la respuesta al problema judío. “Pero Palestina es capaz de absorber a más judíos que los Estados Unidos”, respondió Weizmann. “Desde que el Presidente norteamericano autorizó el ingreso de 1.000 refugiados a los Estados Unidos, toda la prensa norteamericana viene preguntando cómo habrán de absorberse estas 1.000 personas, y los Estados Unidos son todo un continente. Palestina absorberá a todo número de judíos que quieran venir”. “Cómo puede darse respuesta a la pregunta de la capacidad de absorción?”, inquirió uno de ellos. “No entiendo de estadística,”, dijo Weizmann. “Los expertos sabrán la respuesta”. El gobernador Lehmann, que no estaba satisfecho con esta respuesta, insistió: “Nos gustaría saber algo concreto. ¿Cuántos judíos podrán encontrar lugar en aquel pequeño país?” “Siempre hay suficiente lugar en la casa de una madre”, contestó Weizmann, y lo dijo de una manera que aún repica en mis oídos, y sé que otros de los presentes experimentaron lo mismo. Todo lo que dice pierde efecto cuando es impreso. Cuando escribió un brillante ensayo sobre Jaurès en el “Palais Bourbon”, Herlz trató por primera vez de transmitir el efecto de un famoso discurso de Jaurès. En aquel discurso, Jaurès se expresó contra la deportación de criminales a la Isla del Diablo, diciendo que podía tolerar la idea de tal deportación sólo si además del criminal común el barco llevaba también a capitalistas fraudulentos de las costas de Francia al infierno de Cayenne. Herzl escribe: “Puedo describir el efecto de este discurso sólo con una sola palabra: uno veía al barco”. Cualquiera que trate de describir el impacto de las palabras de Weizmann llegará a la misma conclusión. En grandes momentos había en sus palabras un poder mágico. (Pasa a la Pág. 18)

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