Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXIII (1961)
- Issue
- 9 (Septiembre, 1961)
- Date
- 1961-09-01
- Page
- Seite 17 (sequence 17)
- Language
- German
- Belongs to
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Septiembre 1961 BOLETIN INFORMATIVO 17 HACE MAS DE 100 ANOS YA VIVIAN JUDIOS ALEMANES EN CHILE En este Dieciocho de Septiembre quisiéramos hacer un poco de historia. No nos reteriremos a esta historia sesuda y grave que se brinda en los gruesos volúmenes escritos por doctos e ilustres historiadores, sino más bien a una historia anecdótica, risueña, una relación de hechos que casi siempre pasan desapercibidos y que, por decir verdad, carecen de trascendencia, salvo para nosotros, pues otorgan a nuestra inmigración un lustre de antigüedad que se extiende mucho más allá de los cincuenta años y pico de existencia de la Colectividad Israelita en Chile, según las fuentes oficiales. Sabemos, desde luego, y no queremos a t r i b uirnos primogenitura alguna, que nuestros correligionarios sefaraditas nos ganan en este sentido. Ellos han estado representados en el nais desde los albores de la conquista. Como fuente nos servirá un libro ameno e interesantísimo, publicado por “Editorial del Pacífico” y titulado “Andanzas de un alemán en Chile, 1851-1863”. Su autor, un alemán oriundo de Breslau, Paul Treutler, fue un aventurero a carta cabal y como tal encajaba a las mil maravillas en esta pequeña “California” que comenzó a surgir en el norte del país (Caldera, Copiapó, Coquimbo y Chañarcillo), alrededor de 1850, a raíz del descubrimiento de sus fabulosas riquezas mineras, que aún hoy son tema de leyendas asombrosas. Tal como lo dijimos anteriormente, Treutler fue un aventurero, uno de los tantos que en aquel entonces llegaron a estas regiones, atraídos por el espejismo de una riqueza fácil y rápida. Treutler llegó, trabajó, especuló, jugó; no hay nada que no hubiera hecho este hombre. Comenzó con nada, se encumbró, para después perder todo nuevamente. Y, lejos de sentirse derrotado, partió a buscar nuevos horizontes. Se dirigió del árido norte al inhóspito sur, que en aquel entonces vivía los primeros momentos de la colonización alemana,;iniciada por este preclaro estadista que fue Vicente Pérez Rosales. De todo ello nos habla en su libro, que está redactado con tal espontaneidad y — digámoslo claramente— desfachatez, que lo relatado en él debe ser auténtico. Cierto, Treutler no era un observador científico ni mucho menos. Tenía sus prejuicios y no era, al parecer, precisamente, un filosemita, pero no obstante ello, queda como una fuente histórica valiosa e interesante. La primera mención del encuentro de nuestro autor con judíos alemanes, la tenemos en la descripción de su viaje de Valparaíso'a Caldera, donde nos da cuenta que durante la travesía del mar “...jugaba al “Monte” con varios pasajeros, entre ellos un obeso hijo de Albión que murmuraba su goddamn ...; un francés, vestido en forma muy llamativa... un castellano viejo, jugando miles sin perder ni ganar... y dos comerciantes ambulantes hebreos de Alemania...”. Estos mismos los volvemos a encontrar más tarde, cuando Treutler cuenta, que mientras él permanecía en un hotel en Copiapó, “.. .habían robado a dos hebreos llegados de Alemania, alhajas por valor de veinte mil pesos, por lo cual el dueño del hotel, los pasajeros y mozos habían sido detenidos y llevados a la cárcel... pero, afortunadamente... apareció el jefe de Policía y después de examinar todo cuidadosamente, resultó que el robo había sido cometido por un norteamericano. Cuando le iban a colocar las esposas hizo secretamente a los hebreos el ofrecimiento de restituirles en forma integral las mercaderías, siempre que le consiguieran la libertad y cien pesos de viático; en caso contrario negaría todo y si se le condenaba a pesar de ello, permanecería tranquilamente en la cárcel, indemnizándose enseguida con los veinte mil pesos”. Además de estos y otros comerciantes a m b u 1 a ntes, deben de haber habido en esta época en la zona norte, judíos alemanes cuya situación era más holgada, pues Treutler, después de describir la vida en Copiapó y de haberse referido a la casa de préstamos y banco de don Agustín Edwards, continúa: “... lo que en gran escala hacía este caballero, lo realizaba mi compatriota David Lewingston en grado mucho menor, pero relativamente con el mismo éxito brillante. Este hebreo de Posen, llegó a Copiapó sin otros bienes que el talento comercial innato de su raza. Después de haber ganado un pequeño capital por medio del comercio ambulante, estableció una casa de prendas, que por supuesto rindió también sus frutos de oro, de modo que ya poseía una fortuna de cincuenta mil pesos, que probablemente iba a duplicarse en breve... ”. La suerte no acompañó a nuestro esforzado correligionario. Esto lo desprendemos de un capítulo posterior, en el cual Treutler se refiere a una crisis del mercado de cobre, a raíz de la cual él mismo perdió sus pertenencias mineras, y dice: “... que el ya anteriormente mencionado David Lewingston, de Posen, cuyo patrimonio .se había visto acrecentado de una manera fantástica y quien habia establecido magníficas fundiciones de cobre, quebró con un pasivo de 600.000 pesos y huyó a Argentina y de la misma manera fueron liquidadas varias otras fundiciones en Caldera”. Cuando Treutler se aburría en el Norte o sufría algún desengaño, se refugió en Valparaíso, donde se encontró con que numerosos socios del Club Alemán, eran jóvenes comerciantes. Una parte de ellos eran hebreos y muchos, masones. Funda- AMELUX 1M im ê Imm&A c er CL O CL IT O O' 3 LAVABLE e Inalterable al frío y calor Resistente y Elástica Iluminación homogénea Adaptación a millares de diseños jWí(ux La maravilla de I F/miwiEL/m S> "SODILEC", EDIFICIO FAMELÀ DAVILA 675 POR RECOLETA (Pasa a la Pág. 25)