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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1961-08-01 · 8 (Agosto, 1961) · p. [Seite]

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXIII (1961)
Issue
8 (Agosto, 1961)
Date
1961-08-01
Page
[Seite] (sequence 15)
Language
German
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BOLETIN INFORMATIVO Agoi1961 15 .SEN ISRAEL Relato de Joseph Ay alón us esjs velar j sde m L por i illido ó 3l de fe lector nza cu 3eershs. ésta, i ntes d¡ asis 4 r judie 3ta. i* ar a k checití; de go.;al eroayer d¡ i Nuev¡ ■roquies entinoi ven en é al ella pe- Goliat' is tienradiolas ue usa- 1 mejoi t veces lonario Cadil-; como ios no el níaid. Pede ca- I como rrio de es ui orto. Y se ena vennpujar .as, demeo el cubierie Be- >ído a .ablantcercau vida vienen das de 'os codos de ¡cionay io 3 sino ÍO, «5 ñas y agrumoses de irritas y selyama pos... es de EN UN GHETTO de Polonia, Joseph Ayalón era un zapatero. Martillando suelas, cortando cuero, trabajaba como trabajó su píadre, y el padre de su padre, y el padre 'de su abuelo, etc. Sórdido era el taller, pesado el aire, y todo hediondo a cuero. Le quedaba en la boca el sabor de las puntillas que mantenía entre los labios apretados como entr-e un estuche. Callaba. Y soñaba en la tierra. La Biblia le contaba de los campos en donde espigaba Ruth,' de los cedros del Líbano. La Biblia era para JoSeph Ayalón un cuento de niños. Walt Disney. El rabí era un niño viejo. Le crecían, las barbas y seguía hablando de los campos de Ruth, de praderas inexistentes, de una tierra que dibujaba en el aire de la Sinagoga. Los tiempos fueron haciendo más estrecha la Si- E1 milagro de los bosques Nada me ha impresionad” tanto de cuanto he visto en Israel como unos veinte judíos que plantaban árboles para un bosque en el camino que va de Jerusalén hacia Beersheva. Era el mediodía y la furia del sol parecía reventar entre las peñas. Pasábamos por un lugar aún desierto, de ásperas cuestas retostadas. Sacar la mano por la ventanilla del automóvil era como meterla en tre llamas. Y vi a estos judíos, algunos de luengas bar bas, con un pañuelo amarrado a la cabeza, haciendo pidos en las rocas para sembrar les pinos de un bosque absurdo, como imaginado contra la realidad. Así han nacido todos los bosques de Israel. Estos veinte judíos, al menos, pueden decir que lo que están haciendo es lo que ya hicieron auiene'1 en trece años han llenado de manchas verdes el más árido rincón del planeta. Su tenacidad no es tan inusitada como la de los que al llegar no vieron en legua a la redonda ni la sombra de un solo árbol. 'Pero verlos con las picas quebrando las piedras, al rayo del sol, con sus caras que son las mismas de esos inmóviles viejos de color de cera que en las grandes ciudades, en los barrios hebreos parecen haber nacido sólo para ver cómo se' les va arrugando la piel sobre la frente, nos deja espantados. Ellos están buscando un verde perdido hace dos mil años, decididos a devolverle al aire que huele a piedra seca el aroma de las resinas perfumadas. En 1948 se habían plantado cinco millones dé árboles. En 1957, treinta millones. Hoy van en cincuenta. El plan ¡je perdido ... hace dos mil años para los próximos diez años es de cien millones más. Puede decirse que cuando se celebra un matrimonio de judíos ricos en cualquier lugar del mundo, nace hoy un bosque en Israel. El regalo de boda-- se hace en árboles. Quien compra un bono de cinco o diez árboles —cada árbol vale -cinco 'dólares—, pone en manos de la novia la lejana visión de los pinos que volverán a crecer en las tierras de la Biblia. Los veinte judíos que rompen las peñas al rayo del sol, pueden estar convirtiendo en realidad el bosque que se ha hecho en torno a la novia soñadora. En el viejo testamento estaba dicho: “Una tierra buena, una tierra de arroyos y manantiales que brotan en valles y montes, tierra de trigo y cebada, de sarmientos, higos y granadas, tierra de Olivia y miel, una tierra en que comerás pan sin escasez. .. ” Se plantan bosques cuando una nueva criatura viene al mundo, para recordar la memoria de la madre o del hijo, o porque los judíos de Buenos Airés quieren hacer simbólicamente un acto de presencia y “suscriben” el bosque José de San Martín. Para descanso de los turistas, en un “belvedere”, en una “bellavista”, en el recodo de un camino, se hacen terrazas donde se detiene el automóvil y hay asientos y mesas rústicas para merendar y un puesto en donde se invita al viajero a dejar un recuerdo: plante usted mismo su árbol, lo planta y establece un punto de contacto que lo hace sentir partícipe de los bosques que están cubriendo los peñascos. Lo primero ha sido ordenar las piedras, hacer con ellas muros de contención, terrazas. En las terrazas, los árboles contienen las erosiones. Las cuestas duras y calvas se visten así de arandelas de piedra. Luego, son ruedos de pinos,' olivares. En el desierto del Neguev los árboles contienen las arenas movedizas. Ya los eucaliptos están aprovechándose para la industria del papel; los algarrobos, para el forraje del ganado; los pinos y cipreses, para las construcciones. Donde hoy están los veinte judíos con _las picas rompiendo las peñas, .a la vuelta de diez años podrán los novios que se casaron ayer en Nueva York, sentarse a. merendar bajo la sombra que ellos mismos le dieron a un cierto lugar de su patria ilusión.- nagoga y más cerrado el sórdido taller del zapatero. Ahora sí que llegaba el tiempo de las lamentaciones. Se hablaba de exterminar definitivamente a los judíos, y comenzaban las matanzas. Joseph Ayalón se fugó. ¿Cómo? No - lo he preguntado. Sería por entre los alambres de espinas, con angustia en el alma, fugándose como rata (azotado... Pero llegó a Palestina. Y hace 27 años está en el Kibutz Ayelet Hashahar, que quiere decir la Corza del Alba, la estrella de la mañana. Uno de los Kibutz viejos, que tiene ya 42 años de vida. Joseph llegó a lo que llegan todos: a limpiar el establo, a ordeñar las vacas, acuidar gallinas, a sembrar en la huerta. .He conocido a Joseph Ayalón por isimple casualidad). La casualidad me abrió una de las ventanas secretas del Kibutz de la Corza del Alba. Tiene el Kibutz de la Corza del Alba unas cuantas habitaciones para huéspedes. Se ¡pueden así pasar unas horas o unos ¿lías siguiendo la vida de estos trabajadores de cuyas manos ha salido la república de Israel. Con quienes viven en el Kibutz, nos sentamos a la mesa. Nos servía un hombre fino, inteligente: el que estaba de turno atendiendo al comedor. Por turno, cada miembro del Kibutz sirve en los oficios más humildes: un día limpia los baños; otro día barre elv establo... Cuando Ben Gurión se retiró una vez del gobierno, volvió al Kibutz de donde había salido, y un día limpió los ba¬ ños, y otro barrió el establo. Así lo hacen en el Kibutz de la Corza del Alba quienes fueron profesores en Heidelberg, quienes fueron zapateros en Varsovia. Quien nos ha servido esta vez a la mesa es un teniente coronel del ejército de Israel. Lo he sabido por casualidad. Quien llega a teniente coronel en esta república es un hombre que ha ascendido por grados que se marcan en las batallas más bravas que haya (conocido la historia de las guerras. El teniente coronel nos acompaña hasta la puerta, nos pregunta si hemos estado bien servidos, y torna a retirar los platos. Visité hace cinco años el Kibutz, y lo encuentro transformado. Las pobres habitaciones de entonces se han convertido, por obra de loc trabajadores de esta célula de un comunismo ideal, en pequeños apartamientos donde ya hay baños privados y cada cual tiene su biblioteca. Hay ochocientos miembros en el Kibutz, y 300 son niños. Los campos cultivados se extienden en cosa de 500 h° táreas. Se ven como una mancha de esmeralda desde los cerros vecin s. Los árboles frutales, en filas perfectas, las cortinas de pinos que, como me decía un ladino, un sefardita, “cortan el aliento”. El ordenado crecer de los viñedos. Los po-' bres judíos han acariciado las piedras, y la tierra ha hallado los verdes perdidos (Pasa a la Pág. 18) Sencillez y dignidad El Presidente Ben-Zvi HÜÉ ■¡¡■I mm ■máM mM itwííí: WM El Presidente de la República de Israel es un profesor de 77 años. Pasa más horas de trabajo en la Universidad que en la casa de gobierno Se llama Izhak Ben-Zvi. Es. con Ben Gurion, de los veteranos en la lucha sionista Fue de los fundadores, hace cincuenta y seis años, de la organización sionista en Rusia y de la primera escuela de bachillerato en Jerusalén. Estudió primero en Kiev, lue- 'go en Estambul. iCon Ben Gurión inició hace cuarenta y seis años en Estados Unidos ^1 Hechalutz que propugnaba por la colonización he 'brea de Palestina. Es un luchador, un periodista. Fundó el movimiento sindical v el partido socialista, pero escribe libros como “El Libro de los Samaritanos”. Lo elemental en Israel, y lo más extraño, es repasar el origen de los Ministros, de los funcionarios. El Presidente Ben-Zvi nació en Ukrania: Ben Gurión, en Polonia; el Rector de la Universidad, Bachi, en Roma. El Vicerrector de la Universidad es centroamericano; nació en El; Salvador. 'El jefe del departamento latinoamericano en el -Ministerio de Relaciones,;antiguo Embajador en Grecia, nació en Santiago de Chile. Se conversa con el Ministro de Finanzas, y se oye el acento de un lituano; Golda Meir, la mujer que está al frente del Ministerio de Relaciones, habla el inglés que aprendió en Milwaukee; Abba Eban, Ministro de Educación, el de su Universidad: Cambridge. El Ministro del Interior, Shapiro, viene de Berlín. El presidente de la Corte, Oshan, de Londres. Una reunión de Gabinete es el consejo de una sociedad de naciones en donde gentes venidas de todas partes se juntan para conversar sobre una república que inventaron sacándola de tradiciones de hace dos mil años. Con el Presidente Ben- Zvi he conversado primero en la casa presidencial, que es la suya propia. Cuando le eligieron Presidente, dijo: “Acepto agradecido, pero no me van a mover de mi casa”. La impresión que se recibe es la de llegar a donde un padre de familia, acoge con sencillez y dignidad, con decencia, con decoro, sin lo” palacios del gran mundo oficial. Por esto no es grande la transición cuando se conversa con él en la Universidad. El Presidente tiene tanto orgullo de su república como de ese instituto en donde se estudian las lenguas que durante los siglos de 1diáspora mantuvieron unidas a las gentes de su raza. Una de esas lenguas es el ladino, o sefardí. Ese español arcaico que se oye hablar en Londres, en Salónica, en Estambul, en Rumania, en el Estado americano de Washington, en Jerusalén. El Presidente me lleva a ver los ficheros donde se está trabajando en el gran diccionario sefardí. Se han reunido las colecciones de diarios publicados en Europa, en Asia y en América en esta lengua que viene a revelarnos voces 'poéticas perdidas de (siglos en nuestro castellano. Ya se ,ha editado lun cancionero con poesías maravillosas d°l siglo XV que se olvidaron en España y se siguep^cantando en los hogares dé los judíos desterrados de Sevilla. Esos judíos, como han guardado desde 1492 la llave de su casa, han conservado, con la poesía la música de la España que ¿fue su hogar. Millares de libros, de manuscritos, de periódicos, toda una discoteca se han coleccionado esta vez sí con avaro celo. El sefardí, como el yidish, son lenguas que, al menos en Israel, van a desaparecer. Hoy, los niños de familias que por cinco siglos han hablado su ladino, se inician en el hebreo y no tienen ya por qué seguir usando esos idiomas un poco clandestinos y misteriosos, que dentro de las naciones más diversas les permitía entenderse entre ellos sin ser entendidos poi las .otros. Un viejo poema castellano les mantenía el espíritu así estuvieran acosa- (Pasa a la Pág. 18)

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