Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XVII (1955)
- Issue
- 5 (Mayo, 1955)
- Date
- 1955-05-01
- Page
- Seite 12 (sequence 12)
- Language
- German
- Belongs to
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Mayo, 1656 LA TIERRA PREÑADA del otro número) ESCRIBIENDO U TORO Desde el mar llegó una brisa suave, que jugueteo sobre los rostros fatigados y los refrescó. En lontananza veíanse los picos negruzcos de con los montes de Juda. Echados cada, uno a la entrada de su carpa, estaban sumidos en meditaciones, pensaban sobre su futuro y su pasado al mismo tiempo. En algunos ros tros se había extendido ya la calma, en tanto que. otos smr\ seguían ceñudos, tensos. -^¡H°y! muchachos, permitidme pasar la noche con ustedes. Uno a uno fueron arranca: Natán tomo (Conclusión del otro partió, y, al llegar Junto a la,oídeid.»Ja moza dormida, freno de su, cida^ ¡La tierra se pr^ blEÍ tractor bramó y, junto ^¿¿se^nte^ía^uérza del varrorizada°de “ KrSffsus'batt^s pier-l Hizo girar el tractor y,^ riv i„T,*n al tractor rugiente. ~T movieron sus labios — ¿Qne Pasa? ¿Quién...? —¡He, he! Soy yo..nn ángel del cielo. Me envío Dios ahora. Es el mejor momento^ como tractorista. Síiigo a ard de noche. No hay sol, no hay moscas, sólo la luna frese. ¿Quieres? Es un baño de dos ae su sopor, wa-an di yen, hija mía. un fusil y se Quedo plantado da te * «r su r.cSpuesta, se sobre sus piernas cortas y se PaUnaaS figura esbelta surgió del crepúsculo. Cuando terminó de acercarse vieron barbita y los pa?:taloitte s aP gostos, viejísimos, del recier - rhaaado. Movía alegremente la | J -ppppn.og y —¿De dónde es us —De ahí no más. ¿Veis esa torre de agua blanca? Es nuestro kibutz. Sólo que no quiero caminar más, y el último autobús ya pasó. Es una buena caminata para un sexagenario como yo. Pensé quedarme en pleno campo. Y de pronto, veo carpas. Ayer no estaban. ¿Se instalaron hoy? —Hoy. —¿Y bien? N a44n__h.iiw.JiR., movimento Una sonrisa suave asomó a la barbilla del visitante. Quitóse un paquetito que llevaba al hombro y rió alegremente. —¿Ustedes creen que yo no quise hacer lo mismo? ¡Oh, oh! Treinta y cinco años hace que estoy en el país, en el kibutz. Durante diez años quise regresar. Había sido estudiante. Viejos “pecadülos”... ¡No importa! ¡Qué lo deseen! ¿Quiénes son los que lo desean? —Más que nadie ésta —res. pondió haciendo un gesto en dirección a la durmiente. —Ah-há! — se acercó el viejecito a la moza, sentóse junto a ella y echó una mirada a su número. Un instante-estuvo sumido en sus pensamientos, miró en torno y se puso de pie. —Aal-laaa! — pegó un rugido contra la noche y toda Eretz Israel le contestó contenta y dispuesta: —¡A-a-a-a!... El grupo se quedó mirándolo indeciso e inmóvil. Pareciera que el extraño visitante no estuviera en sus cabales Pero el viejecito ya se pasea ba entre los enseres acumulados, con Natán a su vera Se detuvo junto a un tractor lo rodeó varias veces, levantó la cubierta del motor y echándose los anteojos a la frente miró con un ojo al interior, volvió a colocar ios tornillos y, con rápido movimiento, trepó al tractor, empezó a manipular diligente e, inmediatamente, se llenó el aire del poderoso atronar de la máquina. Asustadas se sacudieron las carpas y la tierra toda se estremeció. Todo el grupo estaba ya de pie, transido de curiosidad, pero el vi’jo no les hizo caso. El tractor pegó un salto, sacudió un cajón y éste se abrió sin más La gente en torno reía. El incíinóeSy'Ír levantó en vilo, quejándose de su P^ada cade „a la sentó junto a si y ae IfzhobS’ la1 tierra°onduiada". — -ars srssi .£ *-H^ÓTTlfl IQ bien*. ** i esa pero Lél’flliniüMí pít&SlS. se, terrón a terrón. La luna corría presurosa tras el arado, lamía la fresca negrlura y se meccía con las dos personas. Un trecho corrió Natán tras ellos, lanzaba gritos de prevención. El tractor era com. pletamente nuevo y aún no estaba preparado para el trabajo. Pero el ruido lo ensordeció todo. La negra franja hacía eses, se internó en el —¡Ial-la! ¿Vas esta negrura? — chilló el viejo junto al la reja levantada,., llego corriendo en dirección a las SSdS.En el ardía el fuego y la gente, en torno, miraba en silencio a los que regresaban. _Y ahora, ¿a cenar. —No-tenemos mas que pan y ensalada... —dijo Rivca avergonzada. . El tremolo ante; ella.sui ba bita, y los anteojos brillaron 3U^¡UMo! Traten de arar durante la noche y luego arranquen los tomates, pemdaS algunas verán cebollanas femando todo S^eXmatutino Siéntense sobre la tio^ra A ETjay ler11 ~^a.dí> compararst- Penosamente masteana duro pan, que sacó del bolsllo, la mirada perdida en el infinito. —Ahí hay una torre —musitó en sordina—Treinta y cinco años viví ahí, y ahí he de morir, con la misma calca con que ahora como este pan. La muchacha se sonó_ ruidosamente le nariz, dejó escaciano vieron desatados... sus paquetes Herzl: “Unta Bandera 33 ¿Qué es una bandera? ¿Un mástil con un trapo? No, señor mío, una bandera es algo más elevado. Bajo una bandera se conduce a los seres humanos al lugar que se desee, incluso a la tierra prometida. Nuestro deseo es, al fin y al cabo, vivir como hombres libres sobre nuestra propia tierra y morir en paz en nuestra patria. D iez Dias de Majane Ivria Cien Sorpresas Inolvidables Mis pensamientos eran un mar de torbellinos a la partida. ¿Lograría ambientarme en aquel grupo heterogéneo, el cual no conocía a nadie en forma más. íntima? ¡Tantas caras a las que veía por vez primera! ¿Existirían siempre las tensiones que producen las diferentes capacidades y tendencias individual es? Aquellos rostros estirados, ¿desplegarían su máscara en una sonrisa franca? Secretamente anhelaba que un ambiente llano y sin artificios y una amistad sincera nos uniera con lazos firmes. Las canciones, que comenzaron a ser generales, fueron un signo de buen augurio; ellas se agigantaron a la vista de nuestra meta. Allí iba a comenzar nuestra vida en común. Para hermosear el campamento nos unimos en un primer y común esfuerzo. Desde ese momento un sutil velo de convivencia comenzó a enlazarnos y se hizo más consistente en el desarrollo de cada una de las tantas actividades desplegadas con alegría y entusiasmo. Cada nuevo día era una inmensa caja de sorpresas: Sijot de diversos temas dieron la nota cultural a nuestra Majané. Hábilmente expuestas por nuestros jave. rim lograron capturar el interés general. Se organizaron foros, test y un juicio que nos permitieron ser tolerantes Cuenta la leyenda que una enorme ballena se tragó a Ioná el profeta y ásí viajó Ioná por las profundidades del Mar Rojo. “Y los dos ojos azules de la ballena servían de ventanas a Ioná. Una perla colgada en las entrañas del pez reflejaba la intensa luz del sol de mediodía y así _r- « mar, “’"Vvío"ios senderos del Mar Rojo por donde pasaron los hijos de Israel”. con nuestros compañeros y poder respetar sus opiniones y sentimientos individuales. Además tuvimos hermosas tardes de playa, en que nos sumergíamos felices en un mar tranquilo, cuyas olas acariciaron, en cierta ocasión y en forma muy especial, a uno de nuestros javerim. Huellas imperdurables dejó en nuestra alma la belleza, esa fuente inagotable de felicidad. La descubrimos en un amanecer azul, cuando el sol lanzaba sus primeros destellos sobre la tierra dormida; cuando el astro rey se ocupaba en el océano dejando huellas de sangre en el horizonte; la descubrimos en las noches de luna con un cielo cuajado de estrellas, y en el alma de nuestros javerim, que con sus diferentes y peculiares cualidades, formaban el complemento ansiado de nuestros propios seres. En fin, hallamos la belleza donde nuestros ojos quisiesen descubrir su morada. Noche, mar, cielo, la naturaleza toda se daba la mano para enseñarnos sus maravillas. Alrededor de la ardiente fogata, que entibiaba aún más nuestro cálido ambiente, nos unía algo mágico, algo que se debía seguramente a la hermosa luna y las estrellas allá arriba, a la fogata con sus juguetonas lenguas de fuego, y a la amistad que nos ligaba con sus imponderables vínculos. Al contemplar los leños chispeantes, pensaba en lo maravilloso de la vida sencilla y sin prejuicios, donde se destaca cada cual tai como es, con las virtudes y defectos propios de los seres huma- | nos. Las virtudes las admira, mos y los defectos los vemos con benevolencia y los aceptamos apreciando a todos y a cada uno en particular. Las canciones israelíes to. maban sus más bellos matices con las suaves notas de un acordeón. De cuando en cuando una flauta dejaba escapar sus lánguidos sonidos, llenando nuestra alma de paz y gozo infinito. Ahora, en medio del bullicio de la ciudad, nos habremos separado los unos de los otros, para tan sólo reanudar nuestra amistad una vez por se. mana. Pero siempre cada cual aportará un grano de arena a este movimiento, que le brindó la realización de un campamento, en el cual nació la seguridad de saber que aún hay entre nuestra juventud un núcleo vigiroso y esperanzado, que desea convivir en un ambiente sano; que en el mundo existen almas semejantes en las que podemos depositar todos nuestros escondidos anhelos sih que sus rostros nos devuelvan una sonrisa burlona; que hay gente que se funde con lo inmenso de la naturaleza y que se sublima con la apreciación exacta de las pequeñas gran, des 'cosas que nos rodean. Y, aunque las inclemencias del tiempo vayan enfriando estos sentimientos, ellos renacerán con la primavera, cuando se anuncie una nueva Majané y nuestras mentes se Invadan de anécdotas dichosás y mil y un recuerdo de aquellos dulces instantes iáos. SARA WAINAPEL Primer premio concurso 11. terario Majané IVRIA 1956. ■»