Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XVI (1954)
- Issue
- 11 (Noviembre, 1954)
- Date
- 1954-09-01
- Page
- Seite 14 (sequence 14)
- Language
- German
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14 BOLETIN INFORMATIVO Noviembre, 1954 A MI MADRE Por SILVIA ARON BERSTEIN. (10 años) Madrecita del alma querida, en mi pecho yo llevo una flor, no te importe el color que ella tenga porque, al fin tú eres madre, una flor. Tu cariño es mi bien madrecita y en mi vida tú. has sido y serás el refugio de todas las penas y la cuna de amor y verdad. Aunque amores yo tenga en la vida que me llenen de felicidad como el tuyo, jamás madre mía como el tuyo no habré de encontrar. León Pinsker Desde temprano, los niños aguardaban a Galia que debía volver al kibutz con sus padres Moshé y Golda que estaban en Sudamérica. En la flamante casa de los chicos todo estaba listo para recibir a Galia; aquí dormirá, aquí su lugar en la clase, su ropero, sus jueguetes, sus dibujos... Por fin llegó el día de su regreso al kibutz, de su reencuentro con los chiquillos. Galia no reconocerá el lugar, seguramente, dado los numerosos cambios ocurridos. Mirará sorprendida las nuevas casas, paseará entre la hierba y las flores, entre las viviendas y barracas nuevas, que reemplazan las que fueron destruidas. Durante tres años estuvo ausente Galia y no vió la terrible destrucción de la guerra; no vió al kibutz sitiado por los vecinos enemigos y los invasores egipcios. Galia supo lo ocurrido en la colonia, pues Moshe y Golda recibían noticias de] kibutz, y también ella recibía cartas de los niños. Pero no vió por sí misma como lucharon los compañeros del kibutz, y como cayeron; no escuchó el silbar de las balas ni el tronar de los cañones; ni los terribles bombardeos; no sintió el olor de los cadáveres de los animales del corral, las vacas, gallinas, pavos, palomas, liebres, el mono y el loro... que murieran por las bombas, o expiraron de hambre... Y que terrible era ese fétido olor de la muerte! Galia se figuró muchas veces esa noche terrible cuando evacuaron a Jos niños, a última hora casi, y hubo que llevarlos al oentro del país, donde un año entero aguardaron hasta poder regresar. Ahora, participará Galia otra vez en la vida infantil. En los días de fiesta subirá al Monto de los Defensores, junto con sus compañeritos, pues no hay celebración alguna sin la participación de los caídos. Ellos viven en los corazones, en las plantas, en el aire del kibutz... Galia escuchará la conversación de los niños con sus padres, que yacen allí en el monte. —Papito, hemos inaugurado una nueva casa para los niños... —Papito, te invitamos al cumpleaños... —Mira, papito, hoy pasamos al segundo grado... Arieh Lifschitz. —Papito, hemos creado un campo scóutico, en el monte, y pasaremos allí días y noches con trabajos, estudios y juegos. Nuestra bandera flameará sobre el mástil y la cuidaremos como cuadra a los niños de nuestra colonia, y te pedimos que estés con nosotros —¿oyes, papá?... Shalom, papito, shalom... Así, los niños del kibutz cuentan sus cuitas a sus padres caídos, cual si no estuvieran muertos, compartiendo con ellos sus alegrías y penas. Y nadie en el kibutz les olvida. .. * * » Frente al Monte de los Defensores se alza otra pequeña altura, donde se proyectaba antaño la alta y orgullosa torre de agua, hasta que los ca¬ ñones enemigos la abatieron y se desplomó a un costado. La torre no será movida de aquí; quedará como recuerdo permanente de aquellos días, frente a las tumbas de los caídos. Serán dos. Serán levantadas dos estatuas en esos montes, una del luchador y jefe de la rebelión del Ghetto de Varsovia. cuyo nombre lleva el kibutz, y la otra en recordación de los héroes que perdieron sus vidas defendiendo el kibutz, por la libertad de Israel; y sobre estos montes se cernirá siempre, como un ángel guardián, el espíritu de los desaparecidos y fortalecerá la mano creadorara. la mano ocupada en labrar y construir, la mano de los padres y de los hijos, la mano bendita por siempre jamás. Los niños salieron al camino principal, para esperar a Galia, y aguzaron la vista en demanda del coche que la traería junto con sus padres, desde el puerto de Haifa. Y no sólo a ellos esperaban. También a los monitos y al papagayo que habrían de traer consigo. Porque. Moshé, el padre de Galia, salió a un país lejano, y tanto él, como Golda y también Galia, prometieron traer, de regreso, una pareja de monos, y un papagayo. Así se enriquecería el rincón de los animalitos y los niños del kibutz y de los alrededores vendrían a verlos y exclamarían: “Qué lindos animales con tan simpáticos monitos y un loro tan vistoso”. Y volverán a divertirse, co- La influencia de Pinsker no constituyó un factor en la fundación de Petaj Tikva y Rischon Letzion, nuestras primeras colonias, o en el trabajo de los biluim, nuestros notables pioneros; Herzl, cuando escribió su opúsculo histórico “El Estado Judío”, no sabía nada sobre él. Y, sin embargo, cuán exactas fueron las palabras de Usischkin durante el traslado de los restos de Pinsker a la Cueva de Nicanor, sobre el Monte Seopus, en Jerusalem: “Sigamos el camino que nos enseñó Pinsker, bajo la bandera que izó Herzl”. Pinsker era un verdadero idealista. Permaneció soltero toda su vida y se dió enteramente al trabajo en favor del pueblo. Apareció ante la opinión pública cuando la asimilación estaba en su mayor auge entre la intelectualidad judía de Rusia. Pinsker fué uno de los pilares de este movimiento en Odessa, donde vivió. Como maestro, periodista, médico y publicista, se orientó hacia la asimilación —hasta que fué despertado por el sonido de los pogroms, para una nueva concepción de que está camino de “redención” era sólo la degradación para un viejo pueblo como Israel. Tuvo el mo lo hacían antes de la destrucción del kibutz, viendo al monito saltar en su jaula, sobre el columpio, o cascar nueces, o contemplarse en un pedazo 'de espejo, brincando y haciendo piruetas; otra vez escucharán los niños el simpático parloteo del loro, y admirarán su vistoso plumaje, amarillo, rojo y ceniciento, y sus ojos, como perlitas brillantes. El sol llegaba a su ocaso, y las nubes otoñales tocadas por los últimos rayos, ostentaban sus efímeras galas..., ya rojo violácea, ya celeste, ya rosa..., y una brisa fresca jugueteaba con las espigas y los árboles, en su carrera hacia las montañas. Los chiquillos temblaban por el frío y silenciosamente consultaban, sus corazones: —Galia. ¿dónde está Galia? ¿No vendrá? Ya cae la noche. .. quizá se detuvieron en el puerto, y recién mañana podremos verla... Volvieron todos a la colonia. Pero, de pronto el ruido de un coche y la luz de los faroles anunciaron la llegada. “¡Llegaron! ¡Por fin, llegaron!” Hubo interminables abrazos, al lado del comedor, y los ojos brillaban humedecidos por lágrimas de alegría. De una casa blanca, iluminada por el resplandor de la luna, irrumnieron más oeaue- ñuelos, gritando: “Shalom, Galia, Shalom. He aquí nuestro campamento, sobre la loma! Después de.la cena prenderemos una hoguera. Y, ¿dónde están los monos? ¿Qué es del loro?” Galia calló un rato. Aparecía algo extraña con sus cabellos revueltos, rostro pálido y ojos cansados y vestida según la costumbre de algún lejano país. —Bien, vamos a la lomita —dijo—. También papá y mamá. Los monitos y el loro no llegaron; murieron en el camino los pobrecitos. coraje de romper con su pasado y emprendió un curso completamente nuevo —era ya un hombre anciano y enfermo— que iniciaría un nuevo capítulo en su vida. Mostró entonces su grandeza de espíritu. Fué sólo durante diez años que pudo trabajar para Sion. Su devoción no sabía de limites. El. también, como Herzl, aspiraba al comienzo hacia alguna solución territorial y política del problema judio, que no debía ser necesariamente la tierra de Israel. Pero cuando descendió de la teoría a la práctica comenzó a trabajar por Eretz Israel y se unió al movimiento de Jibat Sion de su tiempo. Como Herzl, quería unir a los judíos de la Europa oriental y occidental en la labor para revivir la nación, pero en esto fracasó. Y sus esfuerzos para influir sobre la clase superior y los “millonarios” judíos a favor de Sion también fallaron,, como los que realizaba Herzl. Era un hombre de espíritu refinado, más que un luchador, y sufrió mucho a causa de las querellas internas y de los choques personales entre los dirigentes del movimiento, de la competencia entre las agrupaciones, de la po¬ Cada año, al finalizar las clases, los chicos levantan un campamento scóutico para la fiesta de Sucot. Allí pasan el día y también duermen; con sana alegría disponen de sus horas, organizan los juegos izan la bandera y montan guardia. Ya debían levantar el campamento, pero, en honor a Galiji resolvieron prolongarlo un día más. Todos los niños de la escuela acudieron a la recepción de Galia, toda la gente menuda,- como también compa¬ ñeros adultos. Entre los eucaliptos se sentaron en círculo, rodeando la clásica hoguera, que encendía sus rostros y calentaba sus corazones. Galia, sentada ál lado de la mamá, acompañaba en voz baja las canciones de sus compañeros, y su mirada se fijaba en las llamas. Cada vez, alguien traía un leño para alimentar el fuego, miraba rápidamente a Galia, y volvía a sentarse. Y Galia, sumida en sus pensamientos: “¿Por qué habrán muerto los monitos y el loro? ¿Por qué no logró cruzar el gran mar?” De pronto, alguien se dirige a Moshé, el padre de Galia pidiéndole que cuente a los niños sobre el largo viaje que hicieron, y también sobre lo sucedido a la pareja de monitos y al loro. Galia, no obstante haber vivido todos esos momentos, prestó atención deseando escuchar junto con los demás, el relato de boca de su padre. Moshé. parado próximo a la hoguera, narraba a los niños sabrosos relatos sobre países lejanos, amplísimos y generosos, campos inmensos, y hombres de numerosas razas que habitan las maravillosas tierras de América del Sur. Contaba de los niños en la Argentina, Brasil, Chile de cómo viven, estudian y trabajan. Por SCHALOM BEN BARUCH breza de la labor que se cumplía y dé los disturbios en Eretz Israel misma. Sus sufrimientos a c e 1 e r aron su muerte. Agobiado, desesperado y decepcionado, falleció a la edad de setenta años, en noviembre de 1891. Cuando el joven Usischkin lo visitó, poco antes de su muerte, y lo consoló con las palabras: “Habrá otro generación, gente nueva” —Pinsker le contestó, con voz temblorosa: “Yo nunca veré esa nueva generación. Mi bendición para vosotros, la joven generación,’ es que tengáis el privilegio de verla”. La grandeza principal de Pinsker en la historia sionista radica en su folleto “Autoemancipación”, que no tiene paralelo en la literatura de nuestro renacimiento por su originalidad y la profundidad de su pensamiento. Se distingue por su belleza de expresión, por su concisión y lúcida fraseología, por su fuerte emoción y gran elocuencia profética. Unía en sí mismo vibrante emoción y sagaz comprensión, gran amor por Israel y un noble anhelo de salvar y redimir a la pisoteada y abatida nación. “Autoemancipación” significa auto-liberación o. como dice el autor al final de su obra, dirigiéndose a sus hermanos en Israel: “Salváos vosotros mismos y Dios os salvará”. —“En cuanto a los monitos y el loro, tuvieron muy mala suerte en el barco: no tuvieron fuerzas para llegar a nuestras costas. Las tormentas marinas se llevaron la alegría de los monitos; no probaban bocado en mucho tiempo. Permanecían tendidos en sus jaulas entristecidos, hasta que expiraron, uno tras otro. Y el pobre lorito pereció en la misma forma. Todos los pasajeros se conmovieron cuando arrojaron los cuerpos al profundo océano, y más que todos Galia, y con ella, Golda y yo. Recordamos entonces a los otros animales que encontraron su muerte en nuestra colonia, por el fuego enemigo”. “Así como nos esforzamos en levantar nuestro kibutz, mediante el trabajo en el campo o en las casas, también nos esforzaremos por la granja de los niños y por revivir el rincón de los animalitos, para la alegría de todos”! Moshé se sentó entre los niños, y todos callaron. Detrás del monte, la luz de la torre se proyectaba sobre los campos fronterizos, vigilando que no haya merodeadores, que nadie se arrastre para robar en la granja. Estaban tristes los niños, tras escuchar la historia de los monitos y del loro, que quedaron allí en >el mar. Aquí y allá se escuchaba algún suspiro, como expresión de dolor, y sus pensamientos volaban lejos, muy lejos, hacia el escenario del relato. Se dispersaron los niños, y ya en sus lechos, no cesaron de pensar en eso. Y Galia, sobre todo, no hallaba consuelo y se preguntaba: “¿Por qué? ¿Por qué murieron los monitos; por qué no pudo el lorito soportar el viaje a través del gran mar?” (Selecciones de ISRAEL).