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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1954-06-01 · 6 (Junio, 1954) · p. Seite 14

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XVI (1954)
Issue
6 (Junio, 1954)
Date
1954-06-01
Page
Seite 14 (sequence 14)
Language
German
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14 BOLETIN INFORMATIVO Junio, 1954 —“Lo laalot’’ (no subir). Y cuando el “nehag” dice, está bien dicho. Se le obedece. Me quedé, pues, sola bajo la lluvia, esperando. El autobús recorrió un corto trecho, se detuvo y, con gran asombro de mi parte, oí que me llamaban: —Gveret, bói (venga, señora). El “nehag” estaba arrepentido de haber dejado “un alma judía’’ en la noche, bajo la lluvia. Quebró, el sistema de “Dan” y me redimió de la espera. Yo le estuve muy agradecida, no tanto por eso, como por el sentimiento especial de familiaridad judía que ningún chofer de autobús en el mundo había despertado en mí. En otra oportunidad vi subir a un autobús a una mujer con un niño. Este último, de unos cuatro años, lloraba desconsoladamente sin que la señora pudiera calmarlo. Entonces el “nehag” le dijo al niño: —Ya veo, que lo que quieres es hacer sonar la bocina. ¡Ven para acá! El llorón se tranquilizó en seguida. Se acercó al chofer e hizo sonar la bocina con tanto ímpetu, que todos los pasajeros se echaron a reír. En señal de amistad con el chofer, el chi"o lo “ayudó” todo el tiempo a gritar “lo laalot”. Esto es típico de Tel-Aviv. Tel-Aviv es gran ciudad en que, a la vez, se está en familia como en un pueblo. Te1-Aviv no anda a pie. como no sobran máquinas y los táxis son caros, se viaja mucho en bicicleta. Centeneres de ciclistas recorren las calles, jóvenes, mayores, hombres, mujeres y hasta niños. Con gran agilidad sortean los vehículos, y va.n y vienen como mariposas en medio del tránsito urbano. Teí-Aviv, en general, marcha sobre ruedas. El repartidor de leche no carea sus tachos a la espalda. Viaja en motorcicleta. El estruendo del motor se une al sonido de los tachos que cbielean de su ganchos, y así va visitando la clientela y vendiendo la leche. Más cerca de Jaffa, en medio del moderno movimiento de automóviles, hay quien viaja a caballo, y hasta se ven pasar carritos tirados por burros. Toda la ciudad puede tener anuro. pero el burro y su cochero, por lo general un judío sefardí o yemenita, andan despacho. El primitivo vehículo se desnlaza lentamente, como ensimismado. Si el mundo existe hace más de cinco mil años y, Dios mediante, seguirá existiendo ñor muchos más, ¿para qué apurarse? También esto es parte del mérito de Tel-Aviv. Dicen aue antes se veían camellos. Ya no se ven. Los judíos no adoptaron este medio de comunicación. Tel-Aviv es, en realidad, una ciudad europea, ñero de tanto en tanto la matiza un trozo de Oriente. Mercados con puestos de lona (es decir, cubiertos de toldos de lona); verduras, naranjas, cebollas, toda clase de hoja5, ocunan toda una calle. Como en el Eeast Side de Nueva York, y distinto sin embargo. Los vendedores son judíos orientales, de Marruecos, de Túnez. Se ocunan principalmente del comercio de verduras en el mercado. Están sentados ante sus “negocios con tanta tranauilidad, como si nada tuvieran aue ver con ellos. A menudo, cuando comienzan a sentir calor o tal vez aburrimiento, abandonan la vigilancia de los “business” y se van. Teniendo tiempo. , . . , Y en medio de este mercado semi-oriental, en el aue no auedan vendedores, se encuentran pastelerías surtidas de “plétzl” d Bialystok, tortitas azucaradas de Brest Litovsk, panes trenzados polacos, pan negro lituano. Se ocupan de esta rama del comercio los judíos achkenazim”. Gente del pueblo de Israel, de todos sus colores y lenguas, ccnstituven un “kibutz galuiot” en la pujante ciudad de las maravillas, Tel Aviv. La Ludia por una Casa EL FACTOR SOCIAL Pero la introducción de conocimientos —el cultivo de las facultades intelectualies— es tan sólo una parte de la tarea del educador en el kibutz. Pues el conocimiento es considerado como un servidor de la sociedad y no como un fin en sí. No se tiene la intención de producir profesores, depósitos de conocimientos y enciclopedias móviles. La meta es producir un aldeano culto que pueda pensar por sí mismo y utilizar sus conocimientos para enriquecer a toda la sociedad. La tarea esencial de la comunidad de niños es la de la educación social. Es por tal razón que los niños viven juntos, participan en las mutuas dificultades y logros, y por sobre todo, la propiedad de la comunidad de los niños es común. Por medio de la implantación del control comunal sobre la propiedad, en forma similar a la comunidad adulta. los niños desarrollan un sentido de responsabilidad y sociedad. Pero cada uno manifiesta su sensación social en una manera individual. El educador, tiene, pues, la misión de alentar y desarrollar todos los rasgos de personalidad positivos y particulares de cada niño y conducirlos hacia la meta común. El molde natural para el niño no es entonces la "cla- EN LA REPUBLICA se” sino el grupo. Puesto que la palabra “clase” expresa solamente la etapa de desarrollo académico, mientras que el gruño representa un núcleo social de una naturaleza aue lo abarca todo. Este núcleo social considera la adopción de una actitud común hacia el ronero comunal, la responsabilidad común de mantener limpios y ordenados los edificios en aue se alojan sus miembros, salir a pasear o cualauiera otra iniciativa aue esté ligada con un proyecto especial en aue está trabajando el gruño, como algo tan importante como los conocimientos acumulados en el curso de una lección formal. LOS NIÑOS Y EL TRABAJO UVl hlecho interesante' es aue los niños se dedican a trabajos físicos desde una edad muy temprana. La comunidad de niños posee su propia granja. A medida aue los niños crecen, se aumenta el número de horas dedicado a trabajar en la grania. En los arunos de mavor edad, sin embarro, se establece el primer contacto con la granja del kibutz mismo. Así los niños más maduros trabajan con los adultos varias horas ñor día. El propósito es múltiple. Primero: se tiene la intención de preparar al futu- Antes del primer combate decisivo, que procedió a la liberación de la ciudad de Tzfat, me llamó el comandante del regimiento y me dijo: —Tu pelotón tiene la misión de conquistar el edificio de la escuela profesional y abrir el camino al regimiento. ¡Manos a la obra! Yo sabía que la escuela que debíamos conquistar estaba bien fortificada. En un principio, el ediñcio se hallaba en nuestras manos, pero los árabes le conquistaron haciendo rodar hasta la casa barriles con explosivos. Estábamos envueltos en la mayor obscuridad. El silencio era total, sólo de vez en vez estallaba algún disparo. Después de un fuerte ataque con bembas de mano y morteros de campaña, logramos exulsar a los árabes y apoderarnos del lugar. En el ímpetu de la lucha, conseguimos apoderarnos de algunas casas de los alrededores que servían a los árabes de posiciones fortificadas. Valiéndome de nuestro sistema de telegrafía sin hilo comuniqué al comandante del batallón detalles de la operación y éste me contestó: —Deja también algo que conquistar a otros. De acuerdo con nuestros planes, todo el batallón tenía que venir tras nuestro hasta el edificio de la escuela, irrumpir desde allí, y conquistar la ciudad. AZgo se aprende El papá y la mamá van con Moishe por la calle principal de Tel Aviv. Moishe, de 5 años, pregunta: —Papá, ¿qué quiere decir Leitraot? —Pues, hijo mío, en este momento no me acuerdo. Siguen andando y al poco rato el niño pregunta. —Oye paoá, ¿qué quiere decir Boker Tov? —Si te he de decir la verdad, hijo no lo sé. Continúan andando y el ni¬ ño pregunta de nuevo: —¿Qué quiere decir Rehov? Interviene la madre: Vamos, Moishe cállate y no preguntes más cosas, estás mareando a tu padre. Déjalo mujer, contesta éste, no ves que así aprende el chico! -- ro adulto oara la vida de aldeano. Segundo: el sentido de la responsabilidad comunal especial que es necesaria desde el punto de vista social. Tercero; el desarrollo individual se manifiesta y es cultivado dando al niño que crece la posibilidad de especializarse, esDecialización que está determinada por la diversidad de ocupaciones esenciales para una comunidad como et kibutz. Cuarto; se considera que la mejor educación es áauella que combina lo teórico con lo práctico. Así, oor ej emolo, el niño del kibutz aprende ciencias naturales no sólo por medio de la preparación y la clasificación de plantas y hoias desecadas, etc., sino cultivándolas. El niño aprende más bioiosría observando la vida animal aue lo rodea que leyendo libros sobre la materia. Por otra narte. lo que observa a su alrededor es corroborado por los libros. Pero ocurrió un inconveniente inesperado, no llegó el batallón y mientras tanto alumbró el alba. Recibí órdenes del Cuartel General del batallón de permanecer en el edificio todo el día, pues de noche tenía que llegar el batallón para intentar una penetración sorpresiva por otro lado de la ciudad. Eramos treinta, y entre ellos siete heridos. Los árabes nos habían cercado y disparaban sin tregua. Cada balazo contra las paredes de la casa levantaba una gran polvareda. También nosotros disparábamos, pero nuestras municiones se iban agotando. En aquel momento me comunicaron que el muchacho que se hallaba en el puesto de observación había caído. Me pesó sobremanera esta pérdida. Fué éste el más pesado de los momentos de toda la resistencia y la lucha de 24 horas. Yendo de un lado a otro me repetía en forma automática: ¡No hay más remedio, tenemos que mantenernos! Al rato me comunicaron que habían caído otros dos. La mayoría estaban heridos, y las municiones se iban concluyendo con excesiva rapidez. Del puesto de observación comunicaron que la cadena árabe se iba estrechando y acercando y nosotros nos hallábamos totalmente desconectados del batallón: ninguna ayuda podría llegarnos ya. Por un momento decayó el ánimo de los combatientes. Los heridos se hallaban tendidos en el suelo y sufrían en silencio, se retorcían de dolor, sin que pudiésemos prestarles ninguna ayuda. A ratos me acercaba a ellos para distraerlos. —¿Cómo haremos para huir una vez que se nos terminen las balas? — me preguntaron. —Ellos huirán, no nosotros, les contestaba seguro e impasible. Luego me comunicaron que el aparato de transmisión había dejado de funcionar. Comenzamos a comunicarnos con el batallón mediante el semáforo. Dos subieron al tejado, y fueron alcanzados por las balas enemigas. No había ninguna posibilidad de ponernos en contacto con el Cuartel General por medio del semáforo y no tuve más remedio que enviar a dos mensajeros para que atravesasen las líneas enemigas, llegasen al batallón, nara ponerlos al tanto de nuestra situación y traernos un nuevo aparato de transmisión. Estábamos rodeados por todas partes: sólo por la carretera podíamos oasar, pero ésta se hallaba enteramente bajo el fuego ininterrumpido del enemigo. Yo sabía que mandaba a estos dos muchachos hacia una muerte casi segura, pero no había más remedio. Los muchachos lograron llegar a su destino y regresar con el aparato, y hasta un poco de agua para los heridos. Mientras tanto, eran las doce y los árabes iniciaron un ataque concentrado. Era verano y los pinos de los contornos olían a primavera, y hasta los pájaros cantaban y silbaban con alegría, en los momentos en aue se aquietaba el tiroteo. Pero dentro de la casa seguía siempre la nube de polvo y humo. De repente, un muchacho gritó: —¡Ya están aquí! Un árabe logró acercarse y echar una granada dentro de la casa, pero por suerte, éste cayó en el corredor, dentro de un pozo. En seguida pusimos en acción la ametralladora con fuego intenso, haciendo retroceder a los atacantes. __ Silencio. Todos nos hablamos tendido. El vernos impotentes nos desorientó. Veíamos a los árabes agruparse para lanzar un nuevo ataque. Comprendí que había llegado la hora decisiva. Agarré el aparato de transmisión y pedí del Cuartel General morteros de campaña para cuando los árabes reiniciasen el ataque. A las cuatro de la tarde, empezó el segundo ataque. Dejamos que los árabes se acercasen hasta la puerta de la casa y entonces los recibimos con granadas. También los morteros de campaña del batallón entraren en acción y entonces los árabes retrocedieron . Nuestra alegría fué prematura. Por la tarde, cuando obscureció, volvieron a concentrarse los árabes y del Cuartel General del batallón, recibí la orden de retroceder. Pero yo decidí mantenerme en la posición, mientras no pudiese sacar a los heridos. —Preocúpate por que la ametralladora que tienes no caiga en manos enemigas, me habían ordenado desde el Cuartel. —¿Cómo? —¡Actúa de acuerdo con las instrucciones que recibes! —me respondieron. Y comenzó la retirada. La ametralladora y los soldados a su cargo alcanzaron a llegar a su destino. Me disponía a sacar a los muchachos. El enemigo no nos dió tregua. Disparaba sin cesar y por fin, inició el tercer ataque. Concentré todas las municiones que nos quedaban aún y las puse en manos del pelotón encargado de cubrir nuestra retirada. Alzamos los cadáveres de los caídos, que por cierto estaban muy pesados, y con los heridos a cuesta iniciamos nuestra retirada hacia las posiciones del batallón, bajo el fuego enemigo. En aquel momento, en pleno ataque, se nos envió un pelotón de dinamiteros. Ellos pentraron en el edificio que acabábamos de abandonar y colocaron en él una enorme bemba eléctrica. Los árabes, que nos habían visto huir, irrumpieron con gritos de alegría dentro de la casa vacía. Y cuando penetraron en la casa, pusimos en acción la bomba. La casa explotó con un tremendo estallido, destrozó y enterró bajo sus escombros a los alegres soldados enemigos. Así fué como fracasó nuestro primer ataque de liberación de Azfat. Claro está que no fué el único fracaso en la guerra de liberación, pero, no importa, mucho hemos aprendido también de nuestros fracasos. Días más tarde, cuando el Palmaj cumplía sus siete años de vida, entregamos a Israel la ciudad de Tzfat liberada. Zerubabel Guilead

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