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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1954-01-01 · 1 (Enero, 1954) · p. Seite 11

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XVI (1954)
Issue
1 (Enero, 1954)
Date
1954-01-01
Page
Seite 11 (sequence 11)
Language
German
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Enero, 1954 BOLETIN INFORMATIVO 11 PAGINA DE LA JUVENTUD 9 companeross Amigos: Ha sido verdaderamente un placer para mi, el abrir vuestras cartas recibidas en nuestra redacción, conteniendo sugestiones para un nombre adecuado para la “Página sin nombre”. Pero la decisión no se puede tomar de golpe. Preferimos esperar todavía un poquito, pues más vale estar por un corto lapso sin nombre que recibir al fin las críticas por uno inadecuado al fin que perseguimos. ¿Y cómo les pareció nuestra primera edición? Seguramente dirán Uds. que han visto cosas mejores. No importa y no queremos vanagloriarnos por nada, pero según un dicho: Es mejor hacer algo mal que no emprender nada. Aunque muchos no estarán de acuerdo con esta teoría, se la recomiendo a todas aquellas personas que se dejan dominar por el miedo al fracaso imaginario. Debido al período de vacaciones que se acerca, hemos decidido postergar la aparición del próximo número hasta marzo. Sin embargo, no veríamos con malos ojos vuestras sugestiones, que saldrán naturalmente mucho más brillantes después de un agradable descanso, para el cual les deseo a todos mucha felicidad. Pueden dirigirse a la Casilla 2487 de la S. C. I. Bne. Jisroel, Sección Boletín Informativo. YITZJAK NOS ESCRIBEN: EL AUTOR DE "PALMALJNIK" Uri Avneri es un joven veterano que escribe con una amargura que recuerda la de Norman Mailer o James Jones. Odia la vida militar, aunque siente nostalgia por los días del ejército clandestino de la Haganá. Para quienes lucharon en la Haganá y más tarde en el ejército de Israel, este sentimiento nostálgico h a y u yamim — —“aquéllos fueron los días”— es comprensible. Pero la mayoría de ellos se ha reconciliado con el hecho de que un Estado origina muchos males, uno de los cuales es una máquina disciplinada que se llama ejército. Para Uri Avneri y para muchos otros sabras, la camaradería de los gloriosos días de la clandestinidad era un ejemplo de Israel para el mundo. E'te ideal fué destruido por el fenómeno estatal. Estos sabras se criaron para cumplir una misión y cuando terminaron de desempe¬ ñar su papel descubrieren que en realidad a nadie le importaba. En esta situación surgió un cierto sentimiento de autocompasión en Avneri, sentimiento que se hace evidente en muchos de sus escritos. En los “Zorros de Sansón”, su primer libro, el lector se sobrecoge por la sinceridad y el talento periodístico del autor. Ya se comienza a notar la autocompasión en esta obra. Es justamente este sentimiento el que repele al final al lector. Avneri es uno de los muchos que sienten así en Israel; sólo que lo sabe expresar en palabras. Uri Avneri, aunque nacido en Alemania y llegado a Israel a los 8 años, pertenece a la juventud sabra. Perteneció por un tiempo a la Irgun Zvai Leumi, que abandonó luego por disidencias ideológicas; en 1946 colaboré en la fundación del movimiento “La joven Eretz Israel”, que propiciaba una nueva cultura hebrea en oposición a la vieja cultura judía de la diáspora, En 1947, publicó un folleto “Guerra c paz en las tierras semíticas”. Al estallar la guerra de independencia se alistó en la infantería del Ejército de Defensa y sirvió en la célebre brigada “Guivatí”. Escribió mientras tanto sus impresiones del frente, que aparecieron en periódicas locales y dei exterior. En diciembre de 1948 recibió heridas graves que determinaron su licénciamiento de las filas. Su libro “Los Zorros de Sansón”; en ivrit “Bisdot Pleschet”, alcanzó en Israel seis ediciones consecutivas. En 1950 Avneri publicó su segundo libro, “La otra, faz de la medalla”, que suscitó fuer, tes polémicas en la prensa y en el público. Tiene además una nutrida producción periodística: colaboró :de«de muy joven en revistas v diarios, y en abril de 1950 fundó con un gruño de exoombatiertes el semanario“ Hao- )am Hazé”. del que es redactor principal. SALUDOS A, LA PAGINA JUVENIL Ultimamente se ha visto reforzado el interés de la jtt. ventud de nuestro sector en su organización y agrupación. Un reflejo más de esta intensificación de la labor en pro de nuestra juventud nos pa-! rece la edición de una propia página de nuestro Boletín Informativo, que se dedica. j rá a sus problemas y preo-j eupaciones. Esta página pa-! ra la juvenud adolescente es una demostración más, del hondo interés que nuestra; S. C. I. B’ne Jisroel, tiene; por sus hijos e hijas. En el curso de los años ha crecido una nueva generación que ya no domina el idioma de sus padres, sino del pais en que vive. Hasta hace poco, nues, tro Boletín Informativo, con preferencia, se ha dirigido hacia los padres. Por primera vez con la “Voz Infantil”, dedicada a nuestros niños y ni. ñas, hemos empezado a tomar en consideración la fu. tura generación de nuestra comunidad. Con la aparición de la página juvenil, extendemos el campo de nuestro Boletín Informativo hacia la juventud adolescente con la expresa voluntad de darles una posibilidad de expresión de su propia vida. Nuestros mejores desees acompañan esta página, esperando que nuestra juventud no encon. trará sólo en ella, la fiel expresión de sus problemas e intereses personales y contribuciones. haciendo de ella, un digno reflejo de la honda conciencia judía y humana de nuestra juventud. Loewenstein íIIIP mm mm CONTIENDA DE AMOR de ISRAEL ZANGWILL “Cuentos del Ghetto” Cuando Elias Goldenberg, primer cortador de Beicovitch, se comprimetió con Fanny Fersht, la más benita de las maquinistas, el ghetto entero benaijo el noviazgo, excepto Sugarman el schadjon (a quien los noviazgos por amor exa graban), y los parientes de Goldenberg (que consideraban a Fanny voluble y afecta a las galas). —Tu Fanny fué modelada para mujer de rico, —porfiaba la tía de Goldenberg, meneando su piadosa peluca. —El que se case con Fanny será rico —replicaba Elias. —Empeña tu pellejo, pero hazte de una novia, —citó la vieja señora, con toda ferocidad. En cuanto al desairado casamentero, refunfuñaba casi como si fuera un pariente. —Pero es que yo no quería un casamiento tramitado, prote?taba Elias. —También te podía haber conseguido un casamiento de amor, —sostenía Sugarman indignado. Pero Elias se sentía muy feliz con su propia combinación, porque la mirada de Fanny era capaz de derretir a cualquiera, y ei roce de su piel, arrobador. Para ornar esa suave y cálida mano con un anillo, «1 sueldo de un mes no le había parecido desproporcionado; y Fanny hacía relucir el brillante de un modo encantador. Iluminaba el sombrío taller con su signo de felicidad. Hasta Belcovitch, inclinado sobre su nlancha, se abstenía a veces de reprochar a Fanny su chachara. El curso del sincero amor parecía enderezar directamente hacia el palio nupcial —Fanny ya había confeccionado el manto ritual nara el novio— cuando de pronto estalló una tormenta. Al principio, la nube no fué más grande que una mano de hombre: en verdad, era una mano de hombre. Elias alcanzó a ver cómo buscaba a tientas la de Fanny, en el obscuro espacio que separaba las dos máquinas. Mientras los dedos de Fanny iban a su encuentro —su otra mano seguía guiando la tela bajo la aguja palpitante—, Elias sintió que la aguja desgarraba su corazón, de arriba abajo, cada vez más hondo. El mismísimo dedo sobre el cual lucíase la sertija que tanto le había costado, descansaba gratis en esa zarpa ajena. ¡Desvergonzada bribona! Ah, sus parientes tenían razón. Cerró furiosamente las tijeras, cual quijada de dragón. —Fanny, ¿qué estás haciendo? —balbuceó en idisch. El rostro de Fanny se encendió; sus dedos culpables se retiraron. —Creí que estabas del otro lado, —exhalaron sus labios. Elias resopló incrédulamente. Tan pronto como Sugarman tuvo noticia de la ruptura del noviazgo, voló a casa de Elias, mientras su pa¬ ñuelo azul ondeaba desde los faldones de su levita. —Si hubieses venido a mí —se jactaba— te habría conseguido un artículo de más Confianza. Sin embargo, el Cielo te ha concedido una segunda vuelta. Un muchacho con un sueldo sólido como el tuyo puede aspirar haria a la hija de un verdulero. —No quiero volver a poner los ojos en mujer alguna —gruñó Elias. —Schtuss —repuso el casamentero—. Tres días después de Yom - Kipur viene la Fiesta de las Cabañas. El Todopoderoso, bendito sea, que creó la luz y la obscuridad, ha hecho mujeres obedientes a la par que mujerzuelas ávida de placer. —Y se sonó enfáticamente las narices en su pañuelo. —Sí, pero no me quiere devolver el anillo, —lamentóse Elias. —¿Qué? —barbotó Sugarman—, Entonces se considera aún comprometida contigo. —De ninguna manera. Se me ríe en!a cara. —¿Y te ha devuelto tu palabra? —Mi palabra, sí; mi anillo, no. —¿Pero con qué fundamento? —Dice que se lo regalé. Sugarman chasqueó la lengua. ¡Tututu! Mejor habría sido seguir la vieja costum- En la foto vemos la Kneset (Parlamento de Israel) Hace exactamente cinco años que existe esta institución democrática. Los principales partidos representados son: MAPAI (Laboristas), MAPAS (Socialistas de Izquierda), KLALIM (Centro), MIS RAJI (Religiosos) y JERUT (Revisionistas) bre, y que fuese el hombre, y no la mujer, quien usara el anillo de compromiso. —En el taller —siguió diciendo Elias, compungido—, lo hace brillar ante mis ojos. Todo el mundo se mofa. ¡Oh, esa Jezabel! —Yo la demandaría. —Sólo serviría para hacerme gastar más dinero. ¿No es cierto, acaso, que le regalé ia sortija? Sugarman se enjugó la frente. Su vasta experiencia le fallaba. Ninguna joven habíase negado nunca a devolver el anillo a un cliente suyo. Más bien lo había arrojado a los dientes postizos del cortejante. —Eso es lo qie resulta de vuestros casamientos de amor, —exclamó con firmeza—. La próxima vez habrá que hacer un contrato en forma. —¡La próxima vezl —repitió—. ¿Pero cómo voy a poder comprar otro anillo? ¡Fanny me arruinó a fuerza de tazas de chocolate y de nlateas en el Pavilion Theatre! —Yo rebajaría mis honorarios, —repuso vivazmente Sugerman. Elias se encogió de hombros. “Sí me trae usted de vuelta el anillo”. —Yo no proveo anillos vlelos sino doncellas nuevas —le hizo notar Sugarman, altanero—. No obstante, tratándose de un cliente... Y a tiempo que gritaba: “Cinco Dor ciento sobre la hija del verdulero”, escaoó presuroso antes de que Elias hubiese tenido tiempo de oponerse al negocio. Después de endosarse el chaleco de foca Dara intimidar a los Fersht, Sugarman se puso en camino v trepó ¡as sombrías escaleras de la vivienda de aquéllos. Su elegancia quedó desperdiciada pn cuanto a la familia, pues Fanny misma le abrió la puerta. —La paz sea con usted —exclamó—. He venido de parte de Elias Goldenberg. —Es inútil. No ouiero rada con él—. Y cerraba ya la nuerta. Su mala interpretación, voluntaria o no. dió ñor el suelo con todos los argumentos preparados por Sugarman. “No es que la quiera a usted, quiere su anillo”, dijo rápidamente. Con toda desfachatez, Fannv se mi^o un dedo sobre la nariz. Relucía burlonamente en él la piedra preciosa. Luego se alejó riendo.

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