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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1953-09-01 · 9 (Septiembre, 1953) · p. [Seite]

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XV (1953)
Issue
9 (Septiembre, 1953)
Date
1953-09-01
Page
[Seite] (sequence 14)
Language
German
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Septiembre, 1953 “LA VOZ INFANTIL” Tishre, 5714 EL SECRETO DE LOS TRES El aviso colocado sobre el tablero de noticias de la Escuela Hatikvá extrañó A todos los niños de la colonia. N unca en la historia de la escuela se había hecho algo semejante. Decía simplemente: “Por la presente nota quedan Uds. invitados con sus laminas a una ceremonia en la cual se entregarán premios a los alumnos que sobresalieron por su traoajo en favor del Keren Kaiemet Leisrael. Da ceremonia tendrá lugar ante de los examenes de graduación, el día martes, a las 18 horas en ei salón de Actos”. Toda ciase de rumores se propagó por el colegio como reguero de poivora. Quizás Uri Kurl iba a reciDir un premio por su donación ai K.K.L. de L. I.. 10.5UU. ¿Pero por algo asi harían tanto ruido? Se corría también el rumor de que a Riña, la pelirroja, se le adjudicarla una distinción por las tres blusas bordadas que habla confeccionado. Cincuenta árboles fueron plantados con los ingresos producidos por las mismas. Los alumnos de sexto grado se imaginaban que aquellos que “sobresalieron” no eran otros que Shmulik y Rocha, quienes habían comenzado un nuevo proyecto en ía colonia. Hablan reunido botellas usadas en beneficio del K.K.L. ¿Pero cuántas botellas consiguieron realmente? Estas eran solamente algunas de las soluciones del gran enigma. Para el martes a las 18 horas todos estaban tan excitados que el Salón de Actos estaba lleno hasta el tope, y algunos hasta tuvieron que quedarse de pie. Completo silencio reinó en la Sala cuando Carmel, el Director, se levantó de su asiento para iniciar la reunión. A su lado estaban sentados Guilead, Presidente del Consejo; Avivi, maestro de la clase que se graduaba, y Taburi, representante de la Oficina Central del K.K.L., quien viniera especialmente desde la lejana Jerusalén. Carmel aclaró parcialmente la cuestión en sus palabras de apertura, logrando con ello aumentar aún más la tensión. —Queridos alumnos y respetables padres — comenzó. — Nos hemos congregado hoy para una corta y modesta ceremonia que se efectúa para señalar una gran empresa. El nombre de la empresa: trabajo en bien de la nación. Los trabajadores en la tal empresa (y aquí hizo una pausa y, todos contuvieron la respiración): Uri, Shimshon y Dalia. Les ruego que tengan a bien acercarse a la plataforma. Estruendosos aplausos saludaron a los mencionados estudiantes de octavo grado. Los tres vestían camisas blancas. Sus rostros estaban serios, y estaban evidentemente emocionados. Estos eran, por lo tanto, los héroes del día. Pero el enigma aún no estaba totalmente aclarado. ¿Qué habían hecho ellos? ¿Cómo habían logrado merecer el título de “trabajadores en bien de la nación”? Carmel se limitó a unas pocas observaciones breves (esto era extraño, todos pensaban, puesto que generalmente él hablaba mucho), pero no reveló el secreto. En cambio, presentó al representante del K.K.L., señor Taburi. Ahora, creían todos, vendrían los detalles. ¡Más no! También él se expresó en forma sucinta. Permútaseme en la oportunidad hacer entrega de tres certificados a estos jóvenes y a esta señorita. Los certificados comprueban que ellos han sido inscritos en el Libro de Oro del K.K.L., por el Consejo de Directores. Extrajo de su portafolio los hermosos diplomas impresos sobre pergamino. —Sólo una cosa quisiera decirles a Uri, Shimshon y Dalia: esta es la primera vez que el Consejo del K.K.L. confiere semejante honor a personas tan jóvenes como Uds. Hemos dejado de lado la tradición por esta vez, sin embargo, teniendo en cuenta vuestra acción y vuestra devoción, diligencia, lealtad y habilidad, consagradas a la idea de redimir el suelo. Taburi finalizó dándoles sus certificados a los tres y estrechando sus manos. El auditorio estaba aún en tinieblas. .. En septiembre, inmediatamente después de comenzado el año escolar, es decir nueve meses antes de los exámenes de graduación, el octavo grado había emprendido una caminata. La clase había sido dividida en cuatro grupos de diez personas cada uno. Cada grupo caminaba en una sola hilera. Estaban todos de buen humor aquella mañana, y el canto era animado. Al final del último grupo iba Dalia, quien amaba las flores. Delante suyo estaba Uri, el deportista, y antes que él se hallaba Shímshon, muchacho fornido y silencioso. Los tres eran buenos amigos. Caminaban alegremente en perfecto orden hasta que... hasta que Dalia vió una hermosa flor roja que crecía en la grieta de una peña. A pesar de la rígida disposición de que nadie debía salir de su grupo, Dalia no pudo resistir la tentación y quedamente se apartó de su fila, esperando ivolver inmediatamente con las flores. Sus intenciones eran buenas, pero la peña estaba más lejos de lo que había creído, y cuando llegó a ella el grupo ya estaba lejos. Uri y Shimshon eran los únicos que sabían que ella se había ido. Algunos minutos más tarde, al ver que ella no regre* saba, también los dos muchachos abandonaron la fila para ir en su busca. Cuando «e acercaron a la peña vieron a Dalia y a la flor a sus pies. Tenía fija la mirada en el pequeño valle que viera desde la parte superior de la peña. Al ver que ella tenía, clavada la vista en algo, también ellos miraron en esa dirección. Lo que vieron fué un valle rocoso, tierra reseca y cardos, en cuyo centro había un cartel que decía: “Tierra del K.K.L.’’. En eso estaban, cuando una idea brotó simultáneamente en los corazones de todos ellos. Dalia fué la primera en hablar: —Debemos hacer algo con esta tierra. Deberían plantarse flores, y verdura y árboles. Uri agregó: —Está apenas a 20 minutos de la colonia, y yo les aseguro que muy pocas personas saben de este lugar. Regresaron de prisa al grupo, pero su atención estaba puesta sobre una sola cosa —hacer florecer el valle. Cuando regresaron a la colonia sentaron cuidadosamente los planes. Todo el asunto sería un secreto. Cada tarde durante el período de descanso irían con herra. mientas prestadas a trabajar en el valle, “nuestro valle”, como ellos lo llamaban. Durante las lluvias invernales trabajaran, emparejando la tierra, quitando piedras, formando terrazas. Cada minuto que disponían para salir de la colonia sin atraer demasiado la atención, se dirigían a su valle a trabajar. Alrededor de un mes antes de la finalización del año lectivo, entraron a la oficina local del K.K.L., y anunciaron simplemente: —Hemos redimido 100 dúnames de tierra. En un principio el director creyó que ellos estaban bromeando, pero al ver que permanecían serios, les solicitó que explicaran aseveración tan extraordinaria. Le relataron todo desde el comienzo. Pero aún entonces no les creyó. —Imposible — dijo—. Esto, debo verlo yo con mis propios ojos. Y ciertamente lo vió. Así mismo lo halló difícil de concebir. Las peñas habían desaparecido. En su lugar comenzaban a crecer retoños de árboles y jardines llenos de legumbres y flores. Los tres pidieron que su secreto fuera guardado hasta que brotaran las primeras flores. Esta fué la narración que Uri tuvo el privilegio de con. tar en la ceremonia. Terminó diciendo: —Ahora florecen allí lirios y rosas, y germinan repollos y cebollas. El año que viene quizás hallaremos otro valle. Por un momento, al fina¬ Danzas en Dalia Cada pueblo cuenta con su idioma y sus bailes populares, *us danzas peculiares, típicas, características. El baile popular es la expresión nacional de un pueblo, cuyos signos son el ritmo y el movimiento. Por este medio, un pueblo expresa sus sentimientos, emociones, dolores y alegrías. También nuestros antepasados, cuando habitaron su suelo patrio, contaron con bailes propios. Cuando los soldados regresaban del campo de batalla, las hijas de Israel les salían al encuentro bailando al son de panderetas. Así fueron recibidos Shaúl y David al retornar victoriosos de sus luchas contra los filisteos. Así salió la desdichada hija de Iftaj a recibir a su padre y así también. David, cuando se echó a bailar ante el Arca de la Alianza. También los labradores bailaron siempre en momentos de la cosecha y de la siega. Cuando fuimos desterrados y segregados de nuestro suelo, se interrumpieron los bailes de Israel. Más ahora, que el pueblo regresa a su patria y éste vuelve a ponerse en contacto directo con la naturaleza, sus hijos sienten la necesidad de bailar. Así renace el baile popular en Israel. En días de la primera concentración en “Dalia”, que tuvo lugar en 1944, las danzas allí consagradas se esparcieron por el país con suma rapidez y hoy no existe poblado en el que no se bailen. En el día de la Independencia, miles de estrados se alzaron en ciudades y aldeas sobre el césped y plazas y el pueblo entero salió a bailar. Las concentraciones territoriales de bailes populares en “Dalia” tienen el propósito de fomentar y desarrollar el baile popular para difundirlo en todas las capas sociales del “ishuv”. Este acontecimiento cultural-popular, ha exigido centenares de años a todos los pueblos del mundo, pues lizar Uri sus palabras, el público permaneció en completo suspenso. Luego, orgullosos de los tres niños de la colonia, estallaron en ovaciones y aplausos. El más emocionado de todos, quizás, aunque no había pronunciado palabra, era Avivi, el maestro, quien había inculcado a los niños el amor por la tierra y su deber de redimirla. A. D. es una resultante, una síntesis. Nosotros deseamos acelerar ese proceso. Y en efecto, es maravilloso el hecho de que, en el breve espacio de siete años contemos ya con 70 bailes originales israelíes. En su mayoría ellos fueron concebidos por la colonización hebrea con motivo de las fiestas de la naturaleza. Parte de ellos servirá, sin lugar a dudas, de base a las generaciones venideras, al transformarse en el baile típico popular. Un viejo refrán dice: “Todos los caminos conducen a Roma”. Durante los festejos del 19 de Av, todos los caminos del país conducían a “Dalia”. Caravanas interminables de vehículos llenaron las carreteras convergiendo a un solo lugar: “Dalia”. En ómnibus, camiones, carros, automóviles, motocicletas fueron transportados los 60,000 espectadores que llenaron el anfiteatro natural de ese kibutz. Imaginemos una enorme pendiente cubierta en su totalidad de cabezas humanas. Este era el aspecto del anfiteatro de “Dalia”. Jamás se conoció en Israel concentración de tal naturaleza. Abajo, en el llano, se' alzaba una tribuna en la que fueron apareciendo los conjuntos, ante el asombro creciente de los espectadores. Abrieron el acto diez bailarines de “Dalia” que intervinieron en la escena coreográfica: “Kibutz Galuiot”, luego sobre la ladera aparecieron portadores de antorchas, que venían de cinco lugares —los cinco continentes—, para terminar en una gigantesca menorá de fuego: la llama simbólica de la Medina. (Conclusión de “Suca”) a una se fueron retirando. ¿Irían a buscarse otra suca? A nuestra vez, habíamos empezado a asear y adornar nuestra suca. Al principio, esparcimos por el suelo una capa de arena rojiza, muy fina. Luego pedimos prestadas a los vecinos tres alfombras que colgamos en las paredes. Terminada esta tarea, entramos colchas, cubrecamas, y todo lo que nos venía a mano: manteles, sámanas, servilletas y hasta pañuelos de bolsillo. Al final trajimos me. sas, sillas, candelabros y velas, fuentes y platos, y los demás utensilios de mesa, como ser cucharas, tenedores cuchillos y todo lo que hacía falta. Así inició la fiesta.

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