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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1973-09-01 · 9 (Noviembre, 1973) · p. Seite 15

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXXV (1973)
Issue
9 (Noviembre, 1973)
Date
1973-09-01
Page
Seite 15 (sequence 15)
Language
German
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SEPTIEMBRE 1973 15 Sí 'ZCiíutb <ie UtdutltiaiiMt, por JAIM SCHÄCHTER La rápida industrialización de los kibutzim de Israel es una secuela del desarrollo de la economía kibutziana en general. Esto demuestra un rápido desarrollo, gran elasticidad y grado sorprendente de adaptación a los nuevos procesos y métodos de producción. Sin embargo la confianza excesiva en la prosperidad económica actual, constituye un aspecto menos encomiable, tanto en lo que se refiere a la elección y desarrollo de las empresas como a la extremada autoconfianza respecto a inversiones y al standard profesional. Pese a todo esto, el kibutz se ha convertido en una “aldea agrícola-industrial” y sigue adelante aunque no siempre en dirección precisa. Durante el año 1972, la venta de productos de precio fijo se elevó en un 26% aproximadamente, y el número de empresas en un 20%. Esta tasa de desarrollo es altísima, y sobrepasa con creces la acelerada tasa de expansión de la industria israelí en general. En el sentido más amplio, la industria del kibutz comprende a empresas regionales y la producción en varias ramas auxiliares llegando a totalizar más del 8% de la producción industrial nacional. Sólo en las 232 empresas que están afiliadas a la “Unión Industrial Kibutziana”, emplea más de diez mil personas, de las cuales más de la mitad son asalariados. En 1972, el número de obreros se elevó en 1.650 personas o sea a un 18%, lo que representa una expansión única en su género. Desarrollo asombroso En realidad el kibutz nunca se limitó a la “industria agrícola”, como ocurre en otros países con empresas conectadas con la agricultura. La amplia gama de producción en los kibutzim fue posibilitada de algún modo por las cortas distancias a los principales mercados y además también por el atraso general de la industria israelí, la mayor parte de cuyas empresas son pequeñas —en todo caso mucho más pequeñas que las de los kibutzim. Al mismo tiempo se registra la creciente tendencia a concentrarse en determinadas ramas de producción, y mayormente en: metalurgia, material plástico y caucho, electricidad y electrónica, que representan en conjunto a 106 empresas o sea aproximadamente el 60% del total. Más aún, de las 40 empresas que se establecieron en 1972, 24 pertenecen a esas tres ramas. Las ramas de electricidad y electrónica que son bastantes nuevas y relativamente pequeñas, totalizan el^ 4% aproximadamente de lasr ventas totales. Las ramas metalúrgica y de plásticos, porf m.m * Aldea agrícola cooperativa se de plásticos en ejemplo, comparten las ventas con dos ramas “veteranas” —carpintería y alimentación— con un número de empresas relativamente reducido, pero que cubre un amplio campo. Estas cuatro ramas representan aproximadamente el 80% de las ventas totales de las empresas kibutzianas. Las inversiones y la plusvalía Esta comparación nos lleva a extraer conclusiones muy interesantes. Primero, muestra que las inversiones relativamente bajas en un período mayor de cinco años producen un aumento considerable en el valor de las ventas. Asimismo, las inversiones en un período mayor de cinco años no llegan a igualar el valor de las ventas del año 1972. Esta proporción entre las inversiones y la plusvalía se considera como muy buena en todo el mundo, aunque debe tenerse en cuenta que el alza inflacionaria de los precios contribuyó grandemente a la rentabilidad de las inversiones. Otro rasgo notable lo constituyen las diferencias considerables obtenidas en las diferentes ramas de la industria. En la industria química por ejemplo, sólo el 5% del monto de las ventas del año 1972 habla sido invertido durante un período de cinco años, mientras que en minería fue mucho más, el 81%. Productividad El hecho de que la cantidad invertida resulta desproporcionada al alza de las ventas por mano de obra, es de gran interés, y constituye lo que 11a- ■mamos productividad. El alza jmayor en la producción total convierte en industria: fábrica el Kibutz Ogen. se registró en la industria en la que menos se invirtió •—la química, mientras que en minería donde las inversiones fueron enormes, ni siquiera se registró un aumento promedio en la productividad. Entre las industrias de mayor producción, se destacaron la industria de la alimentación y la del plástico por su aumento en la producción total, mientras que en minería y carpintería el crecimiento fue muy modesto —sólo de un 2 a un 3% anual. También en la distribución de ventas se nota una concentración progresiva. Hace cinco años, en un total de 164 empresas, 40 vendieron por un valor de un millón de libras de producción anual, totalizando sólo el 4% de las ventas’ totales, mientras que 15 empresas vendieron por más de 5 millones de libras, totalizando el 60% de las ventas totales. En 1972, ya había alrededor de 18 de esas empresas, cuya participación en el total de ventas totalizó un 71%. Es cierto que se debe tomar en cuenta el hecho que el número de “empresas chicas” es idéntico al de las que se establecieron ese año, y se debe aceptar que su escaso movimiento comercial se debió a que estaban en sus comienzos. A pesar de lo que generalmente se cree, las industrias en los kibutzim no son producto de los últimos años. Las plantas industriales que se establecieron antes de 1950, son las más grandes generalmente. Estas empresas tienen un promedio de ventas por ejercicio de alrededor de 8 millones de libras, y aproximadamente cien trabajadores cada una. Las empresas que se fundaron alrededor del año 1950, sólo en un 50% alcanzaron la envergadura de las empresas veteranas, tanto en lo que se refiere a ventas como el número de trabajadores. De lo que surge que cuanto más nueva es la empresa más chica es, y que aún en los kibutzim se requiere un período de más de diez años para alcanzar pleno desarrollo y consolidación. Mano de obra asalariada Todo esto nos conduce a la cuestión de la mano de obra asalariada en los kibutzim. En 1972, la mano de obra asalariada continuó totalizando el 50% de la mano de obra en los establecimientos industriales. Comparado con el crecimiento absoluto, se puede considerar en cierta medida como un logro, pero en la misma medida demuestra un fracaso en los esfuerzos por tratar de reducir el factor asalariado en el trabajo. Este se concentra generalmente en un número relativamente pequeño de empresas. En carpintería, minería e industria de la alimentación de dos tercios a tres cuartos de los trabajadores son asalariados. Por otra parte, en la industria del plástico, en electricidad y electrónioa, del 80 al 100% de los trabajadores son no asalariados. El porcentaje de mano de obra asalariada varía considerablemente de acuerdo a los distintos movimientos, lo que demuestra una clara influencia ideológica. El porcentaje do mano de obra propia de los kibutzim que pertenecen al Kibutz Artzi (Mapam) alcanza el 80%, le sigue el Kibutz Hameujad con el 69% y el. Ijud Akibutzim con sólo el 27%, porcentaje aun menor que en los moshavim donde es del 36%. Frente a peligros y desafíos Estos logros de las industrias de los kibutzim no deben ocultar los grandes desafíos y peligros, que deben enfrentar a corto y largo plazo. Hay todavía atraso en las exportaciones, y la economía de los kibutzim tiene que resolver cómo mantener el crecimiento industrial en consonancia con el conocimiento y el entrenamiento profesional de que disponen. Esto requiere atención urgente. La duración de las actuales condiciones económicas es otra cuestión que demanda atención inmediata. Debemos tener en cuenta el siguiente axioma económico: un periodo de alza inflacionaria es seguido siempre por un serio receso, lo que ocurrirá tarde o temprano. Recordemos que en épocas de crisis económicas la situación del kibutz es completamente distinta a la de las empresas privadas que pueden o despedir a los trabajadores o cerrar temporariamente. Dicha eventualidad puede crear problemas serios en el kibutz. Del mismo modo la relación entre agricultura e industria dentro del kibutz debe ser contemplada desde este ángulo. Habrá aún más problemas en el futuro. Todavía no está muy claro cuáles son las empresas industriales más adecuadas a la economía del kibutz, ya que tienen que equilibrar las habilidades, los deseos y las necesidades de sus miembros. La presente prosperidad económica no debe crear la falsa impresión de que ella facilitará la solución de todos estos problemas del movimiento kibutziano. iza D e p a c h o de anteojos, artículos ópticos y fotográficos, re- íonUfw***"' **~~0~m* FOTO velado de películas. 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