Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXXIV (1972)
- Issue
- 6 (6.1972)
- Date
- 1972-06-01
- Page
- Seite 7 (sequence 7)
- Language
- German
- Belongs to
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JUNIO 1972 7 En el quinto aniversario de la Guerra de los Seis Días evocamos algunos aspectos de la heroica lucha por la Ciudad Santa. LA BATALLA de Tanques israelíes entran en Jerusalén (5-6-67). '^■VíV «s»; La lucha comenzó en Jerusalén a las 11 de la mañana, tres horas antes que en Sinaí. Comenzó como una guerra do fusiles, ametralladoras y morteros en la ciudad, luego so transformó en una lucha do tanques y artillería en todo el territorio jordano del lado occidental del río Jordán, a medida qne las tropas judías avanzaban sobre las posiciones árabes. El bombardeo con morteros y artillería desde el sector jordano era muy intenso. Ninguna parte de la ciudad escapó a las bombas. Más de 600 edificios en el sector israelí fueron alcanzados. Las bombas llegaron hasta la proximidad de la residencia del primer ministro Levi Eshkol. Los ventanales del Museo de Israel volaron por la onda expansiva de las bombas que caían a su alrededor. Entre los primeros alcanzados, figura la iglesia de la Dormición, al sudoeste de la ciudad vieja, donde se supone que ocurrió la escena de la Ultima Cena. Una granada hizo un agujero en la cúpula de la iglesia. Mientras el bombardeo continuaba, a la 1,30 de la tarde las tropas jordanas avanzaron por la zona desmilitarizada controlada por las Naciones Unidas. Los árabes ocuparon la llamada Casa de Gobierno, sede de la Comisión de Supervisión de la Tregua de la UN, ubicada al sur de la ciudad vieja, en lo que se llama Monte del Consejo del Mal. Algunos rumores, que luego se demostró eran falsos, indicaban que hablan sido alcanzados por las bombas la Universidad Hebrea y el Museo, situados en el Monte Scopus. En realidad, ese enclave judío dentro del sector jordano fue rápidamente ocupado por tropas árabes sin que sufrieran daño alguno. Visto desde el sector jordano, parecía que todo el sector israeli había sido alcanzado. Be lo veía envuelto en nubes de humo. Las calles en el sector árabe estaban desiertas. La puerta del Mandelbaum, única comunicación entre las dos partes de la ciudad, había sido clausurada. La zona que la rodeaba había sido seriamente destruida. Un general egipcio, Abdel Moneim Riad, arribó para hacerse cargo de las operaciones militares árabes, tai como había sido previsto en el pacto de defensa mutua firmado una semana antes entre Nasser y el rey Jussein. El rey se dirigió a su pueblo a través de la radio jordana: “Esta es la batalla del destino. Estamos al comienzo de una batalla decisiva que esperamos concluya con la victoria. O viviremos con honor o moriremos con honor”. Un ciudadano israelí que no corría a los refugios ese primer día de la guerra fue el alcalde de Jerusalén, Theodor Kollek. En su automóvil verde, con la bandera flameando en la ventanilla derecha, Kollek visitó prácticamente todos los sectores de la ciudad para comprobar el daño producido, confortar a los asustados y alentar a todo el mundo. Una vez su conductor vaciló antes de cruzar un espacio abierto sometido al bombardeo. “Adelante —ordenó Kollek—. Si nuestra hora llegó, entonces llegó.” Su coche solo fue alcanzado una vez. Una bala atravesó el baúl trasero. El amanecer del martes, segundo día de la guerra, encontró a dos columnas blindadas israelíes avanzando en lo que era una clásica maniobra envolvente para cerrar con pinzas una ciudad. Una se movió hacia el este alrededor de la parte norte de la Ciudad Vieja y hacia el monte Scopus, que domina Jerusalén. La otra se movió hacia el sur de la Ciudad Vieja amurallada, hacia el sector jordano, peleando colina por colina. A pesar de la cobertura aerea israeli, que descargaba sus bombas sobre las defensas jordanas, la resistencia árabe era muy dura. Las colinas debieron ser tomadas una a una. Muy a. menudo esto requirió una peligrosa lucha casa por casa. Cuando todo pasó, un sargento israelí recordaba: “Entras a una habitación, y esa lleva a otra habitación. Encuentras unos escalones que llevan aún a otra habitación, o escaleras que, hacia abajo, llevan a una cuarta habitación. Y así en forma interminable. En cualquier lugar de esta confusión, un escuadrón suicida de francotiradores, puede hacer una carnicería. Algunos de ellos habían tirado sus uniformes, para ponerse pijamas”. El asalto final para conquistar la Ciudad Vieja comenzó durante el amanecer del miércoles. La artillería empezó bombardeando el sector aún en manos de los árabes. Los soldados israelíes, apretujándose en autobuses civiles de color azul, se dirigían hacia el sur. en dirección del Monte de los Olivos, mientras otras tropas atacaban a los jordanos que aún ofrecían cierta resistencia en las laderas del monte Scopus . En la mañana del miércoles, los israelíes no sabían qué habrían de encontrar en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Se les ordenó no utilizar armamento pesado, para preservar los monumentos sagrados. Cuando amaneció, una unidad israelí, dirigida por un coronel sobre un camión oruga blindado, pasó por la puerta de Mandelbaum y se encaminó rápidamente hacia el sudoeste. Dejando ese camino, y atravesando la puerta de San Esteban, continuó la unidad israelí. Finalmente, ya en la Ciudad Vieja, atravesó rápidamente la via D olorosa, por la cual Cristo arrastró la cruz en su camino al Calvario. La calle estaba bordeada por árboles de eucaliptos y alambre de púas. A las 10 de la mañana la columna alcanzó la gigantesca mezquita de Ornar, donde los soldados israelíes izaron la bandera de la Estrella de David sobre la cúspide oro brillante y las azules paredes de mosaicos. Estaban en la pequeña plaza de piedra, frente al Muro de los Lamentos, sagrada para los judíos durante siglos. “Casi no había lucha —dijo el coronel que comandó la columna—. Algunos francotiradores, pero eso no era nada después de las batallas de los dos últimos días”. Cinco minutos después de haber llegado la columna, una delegación compuesta por el gobernador árabe, un kadí (juez religioso musulmán) y otros funcionarios se dirigieron hacia los israelíes y prometieron que no habría más tiros. Apenas la zona del muro fue asegurada, el primer ministro israelí Eshkol y el ministro de defensa Dayán, llegaron para unirse a los soldados en él primer servicio religioso ante el Muro de los Lamentos, oficiado por el rabino Shlomó Goren, capellán de las fuerzas armadas israelíes. No es muy musical, pero el sonido del shofar tenía una belleza de siglos esa mañana. El sonido gutural de ese cuerno era el eco de esas piedras milenarias del Muro de los Lamentos. “Alabad al Señor —entonó el rabino Shlomó Goren—. Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre de Dios. Confiad en el Dios de Israel, porque El es tu fuerza y tu refugio. Ha escuchado tus súplicas. El es tu salvación. Agradeced al Señor porque El es bondadoso y su misericordia es eterna.” Pestañeando a través de sus anteojos, su canosa barba temblando por la emoción, el capellán jefe de las fuerzas armadas de Israel declaró: “Hemos tomado la ciudad de Dios. Estamos entrando en la era mesiánica del pueblo judío. Y prometo al mundo cristiano que somos responsables, y asumimos la responsabilidad, del cuidado de los lugares sagrados de tedas las religiones que aquí se encuentran. A todos los pueblos, lo prometo, cuidaremos estos lugares”. La alegría entre los judíos de Israel fue increíble. Abandonaron los refugios para contemplar a los soldados. Lloraban de alegría y de triunfo. Las multitudes gritaban en la Plaza del Sábado cuando pasaban los soldados que habían liberado el Muro de los Lamentos. Los viejos, profundamente ortodoxos, también saludaban, pero no ocultaban su embarazo, ya estaban saludando a quienes tantas veces acusaron de falta de fé religiosa. Los estudiantes de la Ieshivá gritaban con verdadero salvajismo, porque por una vez podían unirse de corazón a una celebración general. Robert J. Donovan (“La Guerra de los Seis Días”) Eli rabino jefe de las Fuerzas Armadas de Israel, brigadier Shlomó Goren, es abrazado por los soldados al ser recuperado el Muro occidental del Segundo Tempo (7-667). •'-fr’-yy. CITACION Por la presente cito a los socios Cooperadores del Comité Israelita de Socorros “CISROCO” a la Asamblea General Ordinaria que tendrá lugar el día Domingo, 30 de Julio de 1972 a las 10 horas en primera citación en el local de Av. Portugal 810, de esta ciudad, de acuerdo a los Estatutos aprobados por el Supremo Gobierno. TABLA: 1) Memoria de Administración 2) Informe de Tesorería 3) Varios El quorum para sesionar es el 20% de los socios, y si este quorum no se reuniera a la hora fijada, la Asamblea sesionarla con el número de socios que asista una hora más tarde, o sea a las 11 horas, A.M., en el mismo lugar (Art. 18 de los Estatutos). Comunico a Ud. que un ejemplar de los estatutos está desde hoy a su disposición en la oficina del Comité Israelita de Socorros “CISROCO” en la Av. Portugal 810, diariamente de 10 a 11 hóras. Encarecemos su asistencia a la Junta General. Santiago, 10 de Junio de 1972. Comité Israelita de Socorros “CISROCO” El Presidente del Adolfo Ebstein NECESITAMOS PERSONA DE CONFIANZA con conocimientos de contabilidad y caja para desempeñarse en nuestro Hogar de Ancianos. Tratar personalmente en Portugal 810, 2° piso, previo aviso telefónico al 224 007. CISROCO