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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1972-03-01 · 3 (3.1972) · p. Seite 5

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXXIV (1972)
Issue
3 (3.1972)
Date
1972-03-01
Page
Seite 5 (sequence 5)
Language
German
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MARZO 1972 BOLETIN INFORMATIVO 5 El Talmud en Versión Popular Nuestra Memoria Común Una Obra trascendente del Rabino Adin Steinsalz Martín Buber La única gran expresión de la actividad literaria hebrea que ha seguido siendo a lo largo de los siglos un bien casi puramente judío es el Talmud. Por más que la Biblia pueda ser un libro judío más fundamental, ha llegado a integrar la cultura general dei mundo y no se considera hoy como algo específicamente judío. Por otra parte, el' Talmud, dado su carácter tan judío, se ha transformado en general en un centro de interés dondequiera ha habido alguna renovación de la vitalidad espiritual judía. Por eso, no sorprende el que, desde la creación del Estado de Israel, haya habido un creciente deseo de leer y comprender el Talmud, tanto en Israel como en el extranjero. Desde luego, el problema ha sido cómo hacer de él un libro más popular, cómo llevarlo hasta un público más amplio, ya que sus dificultades técnicas, hasta para quien lee con fluidez el hebreo, son muchas. En las últimas dácadas se han hecho varias tentativas de presentar ediciones “populares” del Talmud, pero ninguna de ellas ha tenido verdadero éxito ni ha sido puesta al alcance del público más que en unos pocos opúsculos aislados. No sería exagerado decir que el monumental proyecto emprendido por el rabino Adin Steinsalz, la más reciente de esas tentativas, es, con mucho, él de mayor éxito (los volúmenes que se estudian son el segundo y el tercero). Aunque, oficialmente, se trata del proyecto del Instituto de Publicaciones Talmúdicas de Israel, es, casi por completo, el proyecto de un solo hombre. El rabino Steinsalz articuló el texto (tarea poco envidiable en cuanto se refiere al arameo babilónico), y ha puntuado el texto, así como los comentarios de Rashi y Tosafot que van en cada página y ha escrito un comentario totalmente nuevo, en hebreo moderno, minucioso en su detalle y acompañado por instrucciones, síntesis y cuadros. También hay índices detallados —con temas, nombres, etcétera— al final de cada opúsculo, así como ilustraciones de los realia de la época, la flora y la fauna. En estos últimos sectores, el rabino Steinsalz ha reclutado la ayuda de expertos. Las referencias botánicas, por ejemplo, están bajo la responsabilidad del Dr. Mordejai Weichselfish, de la Universidad Hebrea (donde el propio rabino Steinsalz se doctoró en ciencias) y parecen del más alto calibre. El formato y varias mejoras menores concurren a hacer de esta edición del Talmud algo insólito. El hecho de que este enorme proyecto haya podido llevarse a cabo es algo así como un milagro más del Israel de hoy. Aquí, no estaría demás decir que el mismo ha recibido estímulo y ayuda del presidente Shazar y del ex preael Talmud, parece faltar una especie de resumen literario. El Talmud es, esencialmente, literatura —gran literatura de un carácter muy especial— y un estudio de las fuentes, la evolución, la estructura, etcétera, habrían ayudado a mostrar esto y, al propio tiempo, habrían acrecentado su comprensión. Sin embargo, con toda justicia, hay que admitir que esto es casi pedirle demasiado a una edición popular (en el sentido amplío de la palabra, porque se trata de una edición de alto nivel erudito) del Talmud, especialmente cuando hoy sólo hay un pequeño grupo de gente calificada para analizar su carácter literario. Demás está decir que cada uno de los tomos sucesivos mejora al anterior. El primero, Tratado del Berachot (nueve capítulos), en todo sentido una tentativa realmente exitosa, fue en cierto modo un experimento y dejó terreno para una mejora. Se tomaron a pecho las críticas que se le hicieron y el segundo y tercer tomos, que constituyeron el Tratado del Shabbat, completo, de 24 capítulos, dan señales de esta .mejora. El ritmo de publicación es casi increíble, sobre todo si se tiene en cuenta que todo descansó sobre los hombros de un solo hombre. El Berachot apareció en 1967, el segundo un año después y el tercero un año después del segundo, y el cuarto, Tratado del Eruvin, está a punto de aparecer. Con esta velocidad, se puede confiar en ver el Talmud Babilónico completo en esta edición dentro de poco más de una década. Sin embargo, a pesar de todas las excelentes y novedosas ("Mundo Israelita", Buenos características de esta edición AIRES) . Estudiando el Talmud sidente Knesset Kadish Luz (influido, en parte, por las fuertes vinculaciones con el movimiento jasídico Habad con el cual identifica el rabino Steinsalz) y especialmente del difunto primer ministro Levi Eshkol, a quien está dedicado el tercer tomo. Una característica muy destacada de esta edición del Talmud son las introducciones generales a los opúsculos aislados, así como las introducciones y sumarios, más breves, de cada capítulo, en las cuales suele asomar una nota filosófica, destinadas quizás a hacerle comprender al hombre moderno ciertas cosas que podrían parecerle abstrusas. PASAJE MATTE 960 39 6104 PASAJE MATTE LOCAL 302 3 2215 MONEDA 915 38 0537 ESTADO 337 LOCAL 17 38 4492 SAN ANTONIO 218 39 1336 AHUMADA 343 3 1281 ADMINISTRACION: ESTADO 325 OF. 203 39 8309 FABRICA DE PASTELES Reí ojería Star RUDI REINBERG RELOJERO AHUMADA 312 TELEFONO 65505 LOCAL 28 PASAJE AGUSTIN EDWARDS SANTIAGO Nosotros los judíos somos una comunidad basada en la memoria. Una memoria colectiva nos ha mantenido unidos y nos ha permitido sobrevivir. Esto no significa que hayamos basado nuestra vida en un período determinado del pasado, ni siquiera en el más sublime de los pasados; sólo quere decir que una generación tras otra transmitió esta memoria; acumulativa (puesto que en ella encontraron cabida cada vez nuevos destinos y una nueva vida emocional), cuya realización se efectuó de un modo que podríamos llamar orgánico. Esta memoria en expansión no sólo constituyó una motivación espiritual; fue una fuerza que sostuvo, alimentó y avivó la existencia judía misma. Yo diría aún que esta memoria se realizó biológicamente pues en su vigor la substancia judía se renovó. Para evitar malas interpretaciones, debemos aclarar dos puntos. En primer lugar no nos referimos aquí a la conciencia histórica, la cual es común a todas las naciones. Esta conciencia es una de las manifestaciones de la vida espiritual de toda nación. Empero, la vida espiritual de los judíos es parte esencial de su memoria. La conciencia universal de la historia es un reflejo de la historia, una imagen cuyos contornos y colorido se enriquecen en épocas de incertidumbre, encendiendo con entusiasmo a la generación contemporánea. En años de prosperidad, sin embargo, empalidece y, aún cuando no pierde vitalidad, corre el peligro de llegar a ser considerada como algo “romántico” y fuera de época. En nuestro caso, la potencia característica de nuestra memoria judía colectiva constituye el origen mismo de nuestra historia característica. Porque el corazón de esta historia no consiste en una secuencia de sucesos objetivos sino en una serie de actitudes esenciales frente a tales sucesos, y estas actitudes son producto de una memoria colectiva. En segundo lugar, y esto es un corolario de lo antedicho, no se trata aquí de una mirada sentimental hacia atrás ni de nostalgia por el pasado, sino de una real conexión entre generaciones. Hijos y nietos llevan en sus huesos la memoria de sus padres y antepasados. Tal recuerdo, sin embargo, no comienza ni se desarrolla mística y espontáneamente; es la respuesta a una fuerza que despierta y se revela. Esta fuerza es la pasión de transmisión encendida en nuestros hijos al convertirse a su vez en padres. Tenían que “recordar” a otros aquéllo que les fuera recordado, agregando las experiencias de sus propias vidas. Nunca hubo un am barelz tan sin esperanzas que no pudiese enseñar a sus hijos lo acontecido. El Séder de Pésaj es la comprobación más impresionante. Todo hombre, al establecer su propio hogar, sabía como dirigir el Séder, y con verdadero fervor. Mucho ha desaparecido* de la vida judía en los últimos ciento cincuenta años, pero nada es más ominoso que la desaparición de la memoria colectiva y la pasión por transmitir esta herencia espiritual a las nuevas generaciones. Todos los esfuerzos por reemplazar esta fuerza vital con substitutos morales o formales han resultado inadecuados y lo serán cada vez más. Empero, más engañoso que estos esfuerzos fue la idea de prescindir completamente de esta fuerza con el fin de iniciar, sin rérnoras, un nuevo comienzo, en Palestina preferentemente. ¡Por qué adherirse a una comunidad basada en la memoria cuando es posible vivir como cualquier otra nación! Es que no podemos constituir una nación como cualquier otra pues el mismo magnetismo de Palestina y su poder para despertar el espíritu de sacrificio no se deben sino a nuestra memoria orgánica. La generación actualmente en formación, así como las venideras, harán comprender al yishuv (comunidad judía en Israel) que no es posible establecer una nueva continuidad sin revivir bajo otra forma el antiquísimo vínculo de la memoria. En cuanto a la diáspora, ésta se desintegrará si la unión entre generaciones no se renueva, si el vínculo orgánico con “ísrael” no se realiza una vez más, si las palabras de la Hagadá de Pesaj: "Todos nosotros hemos salido de Egipto", no dejan de ser una mera frase, restituyéndoles su autenticidad. ¿Cómo puede llevarse a cabo todo esto? Aquéllo que los padres no transmiten a sus hijos, éstos deben obtenerlo como mejor puedan: estudiando. En tiempos pasados sólo debíamos estudiar la Ley Oral. Todo lo demás nos era transmitido y revelado sin ningún esfuerzo especial. Lo que antes constituyó parte esencial de nuestra formación: nuestro idioma, las Escrituras, nuestra historia, hoy debe ser incluido en la educación como ramos de crucial importancia. La pasión de transmisión sólo puede ser reemplazada por la pasión al estudio, la pasión de los padres únicamente por la de los hijos, quienes deberán esforzarse sin descanso por recuperar el acceso a nuestro tesoro ancestral y así restablecer el vínculo de la memoria que une a la comunidad. Haya muchos o pocos de tales hijos, ellos constituirán un comienzo. SAN ANTONIQ 1P F0N0 3I2Ä SAN MAGO

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