Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXXIII (1971)
- Issue
- 7 (Julio, 1971)
- Date
- 1971-07-01
- Page
- Seite 8 (sequence 8)
- Language
- German
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8 BOLETIN INFORMATIVO JULIO 1971 (A propósito de un ensayo de Leszek Kolakovski) Socialismo Humanista, Antisemitismo y Nacionalismo Judío Por Paul Warszawski BUENOS AIRES (OJI).— Mientras los ecos de la campaña antisemita en Polonia van siendo desplazados del recuerdo de la opinión pública —y conjuntamente con esos ecos se pierde en el horizonte el recuerdo de lo que fue esa milenaria comunidad, subsiste hoy, en minúscula medida, dentro de la ortodoxia comunista asfixiante— acaba de aparecer en traducción castellana un libro de ensayos de un eminente profesor marxista polaco: Leszek Kolakovski (1). Kolakovski hoy reside en los Estados Unidos. No es judío. De él se dijo que había sido uno de los “líderes ideológicos de la línea revisionista en los centros académicos” (Andrej Werblan, “Miesiecznik Literacki”, marzo de 1968). El libro en sí es un canto a lo que podríamos definir como el “socialismo humanista” y un ataque a los estereotipos tradicionalistas del stalinismo. Pero no nos interesa comentarlo en su totalidad, sino referirnos a uno de los ensayos que contiene, y que se titula “Los antisemitas”. El ensayo es breve (diez páginas), y el mismo autor aclara que no pretende sentar nuevos descubrimientos en su análisis. Como veremos, es tanto o más interesante por lo que implica o lisa y llanamente calla, que por lo que dice directamente. Las tesis de Kolakovski: Las tesis de Kolakovski son, en buena medida, simples y certeras: En primer término, se¬ ñala que la diferencia que existe entre las distintas clases de antisemitismo es sólo cuantitativa y no cualitativa. El “moderado antisemitismo oficial” de los años 20, abrió el camino en Polonia para que pudieran prosperar los posteriores confidentes de la Gestapo. Para Kolakovski, el antisemitismo no es una teoría, sino un comportamiento irracional, acrítico y estúpido. Por eso, lo contrario del antisemitismo no es una teoría racional, sino el “hábito del pensamiento racional”. Ello así, el antisemitismo en un medio para formar el símbolo social. “Casi siempre —dice— las consignas de la lucha contra los judíos van asociadas con otras que proporcionan el auténtico significado político de tal lucha”. La misión del antisemitismo consiste en crear un símbolo universal del mal, lo que él llama “un símbolo negativo abstracto”. Por eso, por ejemplo, se puede al mismo tiempo postular al judío como creador del capitalismo y del socialismo. Por eso es muy ventajoso presentar al “usurero judío” no como “usurero” sino como “judío”. Para el autor, el antisemitismo sólo puede ser obra de la reacción, y el sujeto principal del antisemitismo es lo que él llama “el populacho”, es decir un agregado inarticulado del personas que dan salida a la acumulación de la tensión social negativa que no tiene conciencia de sus causas. ¿Y dónde quedan los judíos? Sin embargo, en todo el análisis que Kolakovski dedica al antisemitismo, hay un gran ausente: El judío en concreto. ¿Quién es el judío? ¿Qué es el judaismo para el escritor polaco Kolokovski? “Una minoría indefensa”; “gentes hetereogéneas por sus costumbres, religión e idioma”, dice. Sin embargo, en ciertos párrafos parece implicar otra cosa muy distinta: “No existe ninguna forma de opresión nacional, ninguna forma de discriminación nacional o racial que no sea a la vez negación de la esencia del comunismo”, señala. Entonces parecería que si el antisemitismo es una forma de “discriminación nacional o racial” los judíos, —es decir los discriminados— son una “nación” o una “raza”. ¿O no? Aun cuando parezca extra¬ ño, de vez en vez, el análisis de Kolakovski tiene connotaciones boro jovianas, como cuando insinúa la existencia de lo que Bórojov llamó “procesos de competencia nacional”. Esta tímida apertura hacia lo que es un tema tabú en el análisis teórico comunista — que niega con énfasis la posibilidad de que los judíos constituyan una nacionalidad— por supuesto tiene, a pesar de su relativa audacia, un contrapeso tradicional y casi de rutina. Kolakovski recuerda que “el racismo judío es tan absurdo, cruel y obtuso como el racismo antijudío y que la religión mosaica es tan ajena al pensamiento racional y está tan llena de prejuicios hacia él como la religión cristiana'.. ■Aá diablo con la complacencia: Mucho más valor se requería para poner con todas las letras, algo que Kolakovski asevera. “La lepra parasitaria del antisemitismo se resiste a la “jovial creatividad” de los propagandistas en el campo de la educación socialista. No desaparece porque se cierren los ojos”. “En la educación socialista —dice en otro párrafo— la lucha contra el prejuicio racial continuará siendo una tarea forzosa en tanto las sombras de ese prejuicio envenenen la vida colectiva”. Esas palabras hallaron su confirmación —¡y cómo!— en los sucesos de 1968-9. “Ponemos la cuestión del antisemitismo a la orden del día porque la existencia de foros antisemitas es hoy un secreto a voces”. Con el ensayo de Kolakovski, pues, sucede lo que con mucho de la mejor intencionada literatura marxista sobre los judíos, cuando sus autores no están imbuidos de un sentido nacional. Buena, excelente o magistral en el análisis de los procesos sociales que el antisemitismo enmascara, naufraga en la imprecisión con que la teoría marxista se conduce respecto del judío, cuando se trata de caracterizarlo en concreto, y no como mera víctima de persecuciones. La descripción del antisemitismo es vivida y articulada. La del judío, en cambio, sigue siendo estereotipada. No está de más preguntarse el motivo de ello. Por una parte, en el marxismo —como señala con mucho acierto Marcuse— una deficiencia teórica tiene efectos mucho más profundos y duraderos que en cualquier otra doctrina política, en razón del esquema conceptual y doctrinario en que el marxismo se mueve. Por la otra, es notorio que el marxismo tradicional no ha conseguido aprehender en términos teóricos la naturaleza nacional del judaismo. Pero —y esa es la pregunta que subsiste— ¿cuál es la razón por la cual incluso analistas tan lúcidos y valientes como Kolakovski, no consiguen aprehender esa naturaleza, o —cuando llegan a algún atisbo de ella en su análisis— se echan atrás en el mismo, temerosos de las consecuencias? Kolakovski no da respuesta a la pregunta. (1) Leszek Kolakovski: “El hombre sin alternativa”, Alianza Editorial, Madrid, 1970. Los ensayos oriyinales aparecieron entre 1956 y 1959. RECEPCION DE AVISOS BU PORTUGAL 810 S.I.T. DECA LTDA. 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SAN DIEGO 1817 — FONO 54188 — SANTIAGO FABRICA EN VALDIVIA: CALLE PICARTE 333 RESOLUCION SOBRE MEDIO ORIENTE OBTUVO VOTO CONJUNTO DE ARABES E ISRAELIES LUXEMBURGO (OJI).— Las delegaciones de Israel y Egipto votaron en conjunto una resolución en favor de una paz “justa y duradera” en el Medio Oriente, en la tercera asamblea plenaria de la Federación Mundial de Asociaciones pro Naciones Unidas realizada en Luxemburgo, en lo que muchos observadores mencionaron como la primer oportunidad en que se produce una coincidencia entre Israel y los países árabes respecto de la formulación de una resolución sobre esa área. La Federación se reúne aproximadamente cada dos años, e incluye ochenta países miembros. La delegación israelí estuvo presidida por el Prof. Benjamín Akzin, rector de la Universidad de Haifa (que es miem-; bro del Ejecutivo de la Federación), e integrada por la señora Edith Rojansky; Benjamín Jaffe, de la Agencia Judía; el Dr. Yoram Dinstein, de la Universidad de Tel Aviv y Elie Labouz, del movimiento universitario pro Naciones Unidas de Israel. La resolución, que se adoptó luego de un prolongado y acre debate, y que fue patrocinada por el ex viceministro de Relaciones Exteriores de Yugoeslavia y ex presidente de la Federación, Aleks Bebler, “llama a las partes en el conflicto y a todos los involucrados en él, a hacer cuanto esté a su alcance para crear una paz justa y duradera, basada en los principios de la resolución del Consejo de Seguridad; a observar las normas de la guerra y las reglas para el tratamiento de las poblaciones de los territorios ocupados, y a asegurar el respeto por el territorio de otros países y la seguridad de las comunicaciones internacionales”.