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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1971-05-01 · 5 (Mayo, 1971) · p. Seite 6

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXXIII (1971)
Issue
5 (Mayo, 1971)
Date
1971-05-01
Page
Seite 6 (sequence 6)
Language
German
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6 BOLETIN INFORMATIVO MAYO 1971 PAZ E ,N MEDIO DE LA ( 3UE] ÎRA Por Sonia Deiiz Los niños del kibuiz Ashdod Yaakov cantan en el refugio durante un cañoneo. « Sí*lsi| ïï#St;SËÈ ::■ ''"i« $àm ‘MWm La tregua ha producido leves cambios en la fisonomía de Israel. Dejaron de publicarse las nóminas diarias de soldados muertos o heridos en acción. También disminuyeron los ataques terroristas, mientras que los saboteadores luchaban entre ellos y el gobierno jordano los diezmaba a todos. El semblante de Israel es más tranquilo. Pero su mente, su corazón y sus energías siguen impetuosos, acondicionados por la experiencia del pasado y anticipando cualquier contingencia que pueda deparar el futuro. En el Israel de hoy, la evidencia de la guerra se entremezcla con el testimonio de la paz. VESTIGIOS DE LA GUERRA Pero por doquier pueden verse los vestigios de la guerra. En los trenes, ómnibus, estaciones de ferrocarril y carreteras, los jóvenes soldados llevan sus armas automáticas “Uzi” colgadas del hombro. Uno se topa al viajar en ómnibus o en tren, con esos soldados que jamás se separan de sus armas, que en Israel no tienen la connotación negativa que se les asigna en otros países: no son armas del asesino, del francotirador, del fugitivo de la justicia, del criminal. Tienen una relación íntima con la vida, con el imperativo de abrir fuego antes de ser sorprendido, son un amigo protector. Los soldados reciben sus armas cuando se alistai^y se les indica que deben cuidarlas, limpiarlas y no perderlas de vista. Por ello se ve a militares comiendo o durmiendo siempre con las “Uzi” al alcance de la mano. Así como los soldados se consubstancian con sus armas, las jóvenes soldados se mezclan con sus compañeros masculinos. Las muchachas en el ejército —una visión que sorprende a muchos visitantes— se han hecho famosas con justa razón, por el trascendental papel que realizan al prestar, tanto en el cumplimiento de tareas específicas como para elevar la moral. Los civiles de Israel ■—sin armas ni uniformes— tienen sus propias normas de rutina y disciplina. A cada hora sintonizan la radio para escuchar las noticias. En la actualidad prestan atención a lo que ocurre en los tribunales o embajadas soviéticas, o en las Naciones Unidas. Antes del cese de fuego, las noticias se referían a los incidentes fronterizos, a niños sorprendidos por el cañoneo al correr a los refugios, al secuestro de guardianes, o daban cuenta de que el hijo del vecino había caído en el Canal de Suez. Todos tienen un hijo, un hermano, un marido o un primo en las Fuerzas de Defensa. Todos escuchan las noticias. Las mujeres cuyos hijos o maridos se encuentran en el Canal de Suez, no se limitan a escuchar. Se aferran virtualmente a los transistores para no perder ni una palabra. Su vida se. convierte en una mera pausa entre noticiosos. Si oyen que se registró un incidente a la orilla del Canal, se quedan en casa y aguardan el teléfono. Si su soldado está bien, no dejará de llamar. Si no, el ejército telefoneará... para expresar su pésame. Desde el amanecer hasta la noche no hay tranquilidad para esas mujeres. Son, en realidad, las amazonas de Israel. Cuando los jóvenes caen, el pesar trasciende el ámbito familiar y personal. Para los judíos, que viven con la historia más que cualquier otro pueblo, la pérdida adquiere carácter de duelo nacional y refleja una historia de tres guerras en 23 años. Israel es una familia de hermanos, y cada soldado es hijo de todos. Todo el país llora su muerte. Eh más de una reunión festiva, la noticia de la muerte de un soldado pone término al baile y a la risa. La velada se apaga y los convidados se marchan a la casa. IMPUESTOS Los vestigios de la guerra se expresan también en otros aspectos. La carga impositiva para cubrir el presupuesto de defensa de la nación, reduce a la mitad el salario mensual. Si se logra reunir el dinero, pese a todo, para emprender un viaje al extranjero, se debe abonar un elevado impuesto de viaje. Esa circunstancia impide a la mayoría de los israelíes de clase media abandonar el diminuto territorio de Israel. Los bebés y los niños en los kibulzim y localidades fronterizas comen, duermen, estudian y juegan en los refugios subterráneos, a los que los turistas atónitos llaman catacumbas judías. Los niños se adaptan a su existencia bajo tierra, pero los efectos marginales asoman de un modo imprevisto. Por ejemplo: un grupo de estos niños visitó a sus familiares en Tel Aviv y pidió dormir en el sótano, porque “es más seguro y... además estamos acostumbrados”. Les era realmente imposible dormir en una cama común. VESTIGIOS DE LA PAZ Sin embargo, entre esas inumerables evidencias de guerra, aparecen cuantiosos testimonios de paz. Por doquier las salas de conciertos, teatros y cines, están colmadas los fines de semana. Florecen los restaurantes, comercios, confiterías y salas de bailes, y la cocina israelí (que no es forzosamente idéntica a la judía) ha llegado a ser una de las más variadas y deliciosas del mundo enriquecida por el menú de inmigrantes llegados de todos los confines del globo. Las escuelas no pueden estar más concurridas, y si bien el minúsculo país ya tiene cinco universidades que ofrecen una amplia gama de campos de especialización, se precisa otros establecimientos de altos estudios, que ya se planean. Además, se mantienen a un ritmo muy acelerado las investigaciones en materia pedagógica, con el propósito de llevar a cabo proyectos educativos destinados a elevar el nivel cultural de los judíos orientales. Estos son los rasgos externos de la fisonomía de Israel. Son igualmente interesantes y paradójicos los signos y repercusiones de esta coexistencia de la paz y la guerra. Israel, un país creado como resultado de un sueño, plasmado por dirigentes que ante todo eran humanistas, artistas e intelectuales, influenciados por la mentalidad del pasado de ser siempre la “víctima expiatoria”, este mismo Israel ha aprendido a sobrevivir. De manera que los intelectuales y los artistas se convirtieron en campesinos. Sastres, contables y violinistas judíos ingresaron al ejército y, en el transcurso de los años y después de tres guerras, se convirtieron en la fuerza combatiente más poderosa del Medio Oriente... con soldados y pilotos que se cuentan entre los mejores del mundo. Israel, con sus escasos recursos naturales, descubrió un recurso nuevo: el de la mente, y hace pleno uso del mismo, tanto para consumo interno como para la exportación. SOLDADOS - HUMANISTAS El fenómeno que constituye el soldado esencialmente humanista, abúnda en Israel. Los militares israelíes —soldados rasos o generales— tienen poco en común con los del resto del mundo. Los generales pueden ser arquitectos, pintores o violinistas. En sus ratos de ocio y entre las batallas, participan en excavaciones arqueológicas* cuidan jardines, escuchan conciertos y no dejan de irritar a sus esposas e hijos con su insaciable curiosidad y deseo de entrometerse en todo. LOS RESERVISTAS La vida doble que lleva el varón israelí parece incluso más dicótoma, al menos hasta la edad de 55 años, cuando ya no debe cumplir el servicio de reservista. Hasta esa edad dedica por lo menos tres semanas por año —o un máximo de tres meses— al ejército, a la fuerza aérea o a la marina. Todos lo hacen... No hay manera de evadirlo. Esta circunstancia puede ocasionar penas, disloca la modalidad de la vida y a veces los reservistas caen en operaciones o en batallas junto a los soldados regulares. Al servicio de reservistas se lo llama “miluím”..., que significa algo adicional, complementario, y es uno de los aspectos más conmovedores y paradójicos de este país paradójico y conmovedor. Cuando llega el momento de “miluím”, el abogado cierra su expediente, el ingeniero sus planes, el violinista su instrumento musical, el contable sus libros. Preparan sus prendas militares y van a donde se los espera. El abogado acaso sea paracaidista, el ingeniero un tanquista, el contable, artillero y el violinista se dirigirá a una colonia fronteriza en donde montará guardia de noche. Van al Canal de Suez y a la Meseta de Golán y, antes del cese del fuego, los acompañaba la angustiosa preocupación de sus esposas y familiares. Cuando consiguen licencia por una noche, no pierden un instante y regresan a su casa, se quitan el uniforme, se dan una ducha, visten ropas civiles y son nuevamente sencillos ciudadanos, hombres con vidas y preocupaciones privadas, que se inquietan más por un negocio perdido o por las lágrimas de un niño, que por la incursión realizada ayer contra una base terrorista. La incursión era una obligación, como todo el servicio de “miluím”... Una obligación ineludible. Cuando la cumplen y se quitan los uniformes, vuelven a su estado natural, humano, a las lágrimas del niño que quieren convertir en una risa alegre... NO SERA OTRA ESPARTA Los visitantes que miran pero no ven, alegan que el país se torna una Esparta, que debe serlo forzosamente pues el dinero, la energía y todo el dinamismo se dedican a la defensa. Jaim Topol, el principal actor de Israel y protagonista de la versión cinematográfica de “El Violinista”, afirma: “Primero debemos sobrevivir, luego crearemos”. No obstante, Topol no renunció a su actividad creadora: es artista y productor de teatro y cine, pero dedica una parte considerable de su tiempo a entretener a los soldados en el frente. Mientras se respete el humanismo, florezca la activi dad artística, perdure la mentalidad de paz (no obstante la situación bélica), Israel no será otra Esparta, a pesar dé la disciplina espartana a la que está sujeto el pueblo. En efecto, esa disciplina se convierte apenas en una forma diferente de “miluím”... Es algo adicional, se la debe cumplir, pero no se la trae al hogar ni se arraiga en la mentalidad de nadie. Golda Meir trató de explicar la inquietud de los mayores, orgullosos de la valentía de los soldados israelíes, pero preocupados por el efecto a largo plazo que la guerra pueda tener en la joven generación. En un arranque de franqueza, dijo: “Podría perdonarles cualquier cosa a los egipcios, menos que conviertan a nuestros hijos en asesinos...” MONEDA 1037

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