Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXIX (1967)
- Issue
- 12 (Diciembre, 1967)
- Date
- 1967-12-01
- Page
- Seite 16 (sequence 16)
- Language
- German
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16 BOLETIN INFORMATIVO DICIEMBRE 1967 La Guerra Individual... (Conclusión de la pág. 15) un proyectil y tira. Ellos se dispersan. Trata de cargar nuevamente pero sin resultado. Las balas no entran. Por primera vez siente angustia. Un desperfecto en el cañón. Es muy desagradable quedar sin cañón. Iosi toma el micrófono. “Aquí el tanque averiado. El instrumento grande no funciona. Está descompuesto”. Un momento de silencio. El comandante de la compañía responde: “Resiste. Vendremos a rescatarte”. Deja el micrófono y trata de reparar el cañón. Gira rápidamente hacia uh costado y frena bruscamente a fin de sacudirlo. Lo logra. El cañón está reparado. Nuevamente carga las bombas. Un grupo de unos quince soldados se divisa junto al camión incendiado. Iosi tira. Algunos saltan hacia la casa de la izquierda. Se siente aliviado al ver que los egipcios portan armas livianas. Con ellas no podrán dañarme, piensa. Una silueta se dibuja en una de las ventanas. Iosi tira. La silueta desaparece. Mientras tanto sigue comiendo maíz. Come y mira a través del periscopio. De tanto en tanto sale a observar alrededor del tanque. Descarga un tiro y vuelve a entrar. NO ENTREGARSE VIVO Ahora divisa una concentración de tropas enemigas. Sin duda comenzarán a hacerse cargo del tanque. Los soldados se parapetan detrás de las casas. Iosi examina su depósito. Hay proyectiles pero no muchos. No siente miedo. Pero la situación preocupa. Comienza a ser peligrosa, a caldearse. Apunta en dirección a las casas que resguardan a los soldados. Tira. A continuación libra varias descargas de ametralladora y nuevamente un proyectil y luego descargas de ametralladoras. Tiran sobre el tanque. Iosi responde con proyectiles. Los tiros sobre el tanque aumentan. Las balas dan sobre la torrecilla, por sobre la cabeza de iosi. Es herido en un dedo de su mano izquierda. Desciende a la base del tanque y sólo entonces siente un dolor punzante en el pecho. Iosi no ve sangre, pero la respiración se hace difícil. No puede respirar. Duele. El reloj señala las dos. Es tonto, piensa, morir justo ahora, luego de haber resistido tanto tiempo. Se repite a sí mismo: no morir. No morir. No morir. Introduce una mano en su mochila, extrae un vendaje, se desviste la camisa y venda su pecho. Para no perder sangre decide que es mejor permanecer acostado e inmóvil sobre el piso del tanque. No moverse. El tanque sufre descargas infernales. Las balas dan sobre la torrecilla y las chispas caen sobre su estómago descubierto. Trata de respirar, pero ello Je causa fuertes sufrimientos. Iosi se recuerda que en el bolsillo de sus pantalones tiene una granada. La palpa. No caeré vivo en sus manos. ¿Cómo dice la Biblia? “Su- 'cumba mi alma con los filisteos”. Si ellos subirán al tanque, emplearé la granada. No me rendiré. No caeré vivo en sus manos. Iosi coloca el casco de tanquista debajo de su cabeza. Descansa. Afuera continúa el fuego. Nuevamente palpa la granada. EL RESCATE En ese instante escucha la voz del comandante que ordena nuevamente rescatar al tanque. Esta vez envía un pelotón de rescate. Iosi escucha que el jefe del pelotón informa al comandante que se topa con dificultades, pero sigue avanzando en pos del tanque. Iosi decide levantarse y hacer un disparo de cañón. Si no ahora —estoy perdido. Debo hacerlo. Con gran esfuerzo se yergue. Carga el cañón y busca un blanco. Calcula la dirección de las balas que llueven sobre la torrecilla, y de acuerdo a ello apunta a la casa próxima. Tira y da en el blanco. Repite la operación. Carga como enloquecido. Siete proyectiles uno detrás de otro. Sólo se acuerda que cada bala pesa veinticinco kilogramos. La herida no mana sangre, pero la respiración es difícil. No puede respirar profundo. Luego de la ráfaga, silencio. Iosi descansa sobre el asiento del cañonero. No sabe cuánto tiempo transcurrió en esa posición. Súbitamente escucha por el radioteléfono que uno de los tanques de rescate se encuentra próximo a él. Le solicitan salir ocultándose tras el polvo y el humo de las explosiones que acaba de provocar. “Estamos a diez metros detrás de tí”, informa el comandante. Iosi desea comunicar que está herido e inmovilizado, pero nuevamente perdió el micrófono. Invitado especialmente por la Sociedad AMIGOS DEL ARTE y el Instituto Judío- Uruguayo de Relaciones Humanas, el Profesor Günter Boehm dictó en Montevideo algunas conferencias sobre el renacimiento del Arte Judío. A través de entrevistas en la prensa uruguaya y también en los canales de Televisión del SODRE y del Canal 10, dio a conocer los estudios más recientes sobre los conceptos actuales del arte del pueblo judío desde sus comienzos. También tomó contacto con destacados arquitectos y ar- Teme que de no salir de inmediato, creerán que está muerto y continuarán su ca mino. Iosi toma la “Uzi” con una mano, con el resto de sus fuerzas trepa a la torrecilla y se arroja del tanque. El comandante del tanque de rescate comprende que Iosi está herido. Iosi trata de gritar pero no logra emitir ningún sonido. El comandante corre hacia él. Iosi ve que es su buen amigo que conoció durante el curso de tanquistas. Introducen a Iosi al tanque, lo acuestan sobre el piso, le dan de beber, e inmediatamente salen los tanques en dirección a la estación ferroviaria de Han-Junis. Alguien le susurra: “Conquistamos Gaza”. Iosi sonríe: “Magnífico”. "IOSI, ERES UN HEROE” Todo el tiempo conserva su lucidez. Una vez escuchó que un herido que pierde el conocimiento, pone en peligro su vida. Luego de traqueteos llega el herido a la estación de reunión del regimiento. Recuerda que el médico tenía bigote y que lo tranquilizó: todo estará en orden. A no preocuparse. Más tarde introducen a Iosi a una camioneta que sale a Beer Sheva, al hospital. Iosi conserva el conocimiento. Cuando llegan al lugar donde está el viejo cartel “Frontera al frente", dice Iosi —me salvé. Estoy en casa. Por primera vez en ese día siente una sensación maravillosa. Cuando uno de los enfermeros que le acompañan trata de cubrir la ventana del automóvil para evitar el sol enceguecedor. Iosi le pide: No, no. quiero ver el sol. En el hospital, cuando lo introducen a la habitación, se acuerda Iosi de la granada que quedó en el bolsillo de sus pantalones. Lo transmite a la enfermera y ésta corre asustada al vestuario para encontrar la granada. Luego de unos días lo visita el brigadier Shmulik y le dice sencillamente: “Iosi, eres un héroe”. tistas judíos y dejó encaminado un futuro intercambio de exposiciones por realizarse en diferentes países de América Latina. En Buenos Aires asistió a la inauguración del Museo Judío de la Congregación Israelita de la República Argentina para el cual prepara algunas exposiciones. Disertó sobre Arte Judío Medioeval en la Escuela Superior de Ciencias Judaicas, la Hamidrasha Haivrit, y sobre Arte Judío de la Antigüedad en los Salones de la Sociedad HEBRAICA Argentina. En colaboración con el Instituto Judío de Cultura inauguró una exposición-homenaje a la obra del artista israelí Jacob Steinhard en la Sala de Exposición de la Congregación Israelita. También tomó contacto el Profesor Boehm con la Editorial PHAIDOS, la cual estudiará la posibilidad de publicar una serie de monografías relacionadas con el Arte Judío. ANZEIGEN ANNAHME fuer das BOLETIN INFORMATIVO U» Oerenos 476 Ofi. 22 - 2) (Catedral Hohe 1250 r Tel. 87765) ARTE JUDIO EN MONTEVIDEO JERUSALEN DE ORO El título de la canción deriva de una leyenda acerca de Rabí Akiba y su esposa Raquel: “Durante el invierno dormían en un pajar y él solía limpiar la paja de sus cabellos. Díjole: Si ello me fuera posible, te daría una “Jerusalén de Oro”. (En la antigüedad, las mujeres judías solían dejar algún defecto en sus alhajas —como señal de duelo por la destrucción de Jerusalén—. Algunas mujeres lucían un broche de oro sobre el cual estaba grabado el contorno de Jerusalén: dicho broche se denominaba “Jerusalén de Oro”). Música y letra de Noemí Shemer Aire de montaña cual vino puro aroma de pinos al son de campanas lleva la brisa del ocaso. En un letargo de árbol y piedra cautiva de su ensueño está la ciudad solitaria y en su corazón, un muro. REFRAN: Jerusalén, ciudad de oro, de cobre y de luz de todos tus cantares seré la lira. Se ha secado tus pozos, desierto está el mercado, ya nadie acude al Templo en el recinto de la Ciudad. En las cuevas entre rocas ulula el viento y nadie va al Mar Muerto por el camino de Jericó. REFRAN: Jerusalén, ciudad de oro... He venido a ofrecerte mi canto yo, el más pequeño de tus hijos, a ceñirte coronas el último de tus poetas. Tu nombre quema los labios cual beso ardiente. Si te olvidare, oh Jerusalén, Jerusalén de Oro. REFRAN: Jerusalén, ciudad de oro... Después de la conquista de la Ciudad Vieja de Jerusalén, Noemí Shemer cambió el texto de la segunda parte de la canción. He aquí la nueva versión: Hemos vuelto a los pozos de agua, a la plaza, al mercado. En el Monte del Templo resuena de nuevo el shofar. En las cuevas entre rocas brillan mil soles y otra vez iremos al Mar Muerto por el camino de Jericó. ■ Fábrica de Pasteles : LA ALEMANA” BILBAO 910 Wie immer die beliebten Spezialitaeten, z.B. Kranzkuchen, feine Gebaecke, Torten, etc. in reichhaltiger Auswahl.