Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXIX (1967)
- Issue
- 12 (Diciembre, 1967)
- Date
- 1967-12-01
- Page
- Seite 15 (sequence 15)
- Language
- German
- Belongs to
- journal issue
- OCR quality
- 66% known words query
- IRI
…/8553624-8559960-9195092--5349-8560261- Visual Library
- page viewer of the UB Frankfurt
OCR text
DICIEMBRE 1967 BOLETIN INFORMATIVO 15 La Guerra Individual del Sargento losi Lapper Entre los relatos de los que recilbieron Menciones de Honor del Ejército de Israel —el más conocido es el del Sargento losi Lapper, sobrino de nuestros miembros Juan y Valli Neumann y Francisco e Irma Klein. El es el tanqaista que quedó aislado en un tanque en los accesos a Han Junis, situado al Sur de la Franja de Gaza, y combatió durante ocho horas contra tanques y carros de tropas egipcias que lo acosaron. Al cabo de las ocho horas losi fue herido y rescatado por sus compañeros. losi Lapper no recibió personalmente la Distinción de Honor de manos del Jefe de Estado Mayor General Jizjak Rabin, lo harán en su lugar sus padres, losi, el benjamín de la familia, se encuentra actualmente en Inglaterra estudiando inglés. Según las cartas que escribió a su familia, se hizo famoso también en Inglaterra. Fue invitado a numerosas reuniones A las seis horas de la ma¬ ñana del 6 de junio 1967, recibió la fuerza blindada concentrada en Rafah la orden de avanzar. El objetivo —Gaza. Entre los tanques que comenzaron a galopar había también una compañía del tipo “Patton”. Al frente de la misma se desplazaba con rapidez el tanque del comandante. Mientras impartía las últimas instrucciones, rezó por que su suerte no le traicione nuevamente, como le ocurriera ayer, cuando en medio de la batalla por Rafah, cerca de la ciudad, recibió su vehículo el impacto de un proyectil consumiéndose en llamas. Esta mañana recibió un tanque nuevo. Se felicitó a sí mismo por haber logrado agregar a su nuevo plantel ál mismo sargento cañonero, que estuvo con él ayer. “El es bueno”, reflexionó. “Es posible confiar en él”. losi Lapper, el sargento, ya estaba sumamente atareado. La compañía galopaba hacia adelante haciendo fuego, destruyendo todo lo que se le oponía ¡en su camino. Ipsi atendía alerta las órdenes del comandante, señalando los blancos. Cargaba ágilmente el cañón, dirigiendo los proyectiles con precisión. Algunas posiciones descubiertas en el camino fueron destruidas. Poco antes de llegar a Han-Junis se topó la compa¬ ñía con un regimiento de tanques de tipo Stalin. Los “Patton” se desplegaron rápidamente en posiciones de ataque y luego de una batalla corta fue doblegado todo el regimiento. La compañía avanzó en dirección a Han- Junis. El tanque del comandante fue el primero en irrumpir por unas de las calles principales de la población, losi se encontraba cargando un proyectil cuando el comandante percibió la zanja cavada a lo largo del camino, cerca del tanque en movimiento. Espey se le solicitó relatar la Guerra de los Seis Días y su guerra particular contra los egipcios. En una oportunidad se le solicitó cantar “Jerusalén de Oro”, y a pesar de no tener buena voz, lo hizo para regocijo de los presentes, entre los cuales estaba también el ex gran Rabino de Inglaterra, Israel Brody. El sargento losi Lapper nació en Tel Aviv y egresó de la Escuela Agrícola de Kfar Silver. Termino su conscripción pocos días antes del Día de la Independencia 1967 y al catbo de una semana, de nuevo fue llamado a presentarse a su unidad. Esta vez para combatir. Participó ~n la batalla de Han Junis y su tanque fae averiado. El resto de la tripulación abandonó el tanque, pero losi, que estaba aturdido, quedó allí aprisionado peleando por su vida durante ocho horas seguidas. El siguiente artículo fue traducido del Diaria “Haaretz”, Tel Aviv: ró que el comandante señalara el objetivo. Pero sólo escuchó un gran estruendo. El tanque se detuvo. La zanja estaba llena de minas. Las dos orugas del “Patton” se volcaron hacia adelante. Desde una de las casas fueron arrojadas dos bombas sobre el tanque. losi no sabía aún que ocurrió. Cuando cayó la bomba, se zafó la correa de su reloj. Depositó el reloj en el bolsillo de su camisa, mirando antes la hora. Pocos minutos para las ocho. Levantó su cabeza en dirección a la torrecilla, pero no vio a nadie. Una rápida mirada en su derredor le reveló que había quedado solo en el “Patton”. El resto de la tripulación alcanzó a arrojarse afuera. Por lo visto, no escuchó la orden de abandonar el tanque. La guerra individual de losi Lapper comenzaba. ¿Cuánto tiempo? DESAFIANDO EL PELIGRO En primer término, pasó losi al puesto de comando, ubicándose junto a los aparatos de mira. Apuntó hacia la casa desde la cual fueron arrojadas las dos bombas. La casa se derrumbó. Ufano aún por su buena puntería, percibió al frente, a una distancia de cuatrocientos metros, un carro blindado que se desplazaba lentamente, a la izquierda del camino. losi abrió fuego. El carro se transformó en hoguera. A lo lejos, en medio del camino, apareció un camión. De inmediato calculó la distancia: ochocientos metros. Cargó otra bala. Una nubareda de humo negro se elevó del camión. Sólo ahora resolvió analizar su situación, reconstruir que es lo que ha ocurrido en realidad. Se pasó al puesto del conductor. Intentó poner el tanque en marcha. En vano. Desistió de sus intentos. Se alegró al cerciorarse que por lo menos funcionaba el contacto de los acumuladores. Siendo así, pensó, podré emplear las comunicaciones y la torrecilla. Cautelosamente sacó su cabeza por la torrecilla. El tanque estaba inclinado hacia adelante dentro de la zanja. Las dos orugas volcadas hacia adelante. Pues entonces subimos sobre minas. En derredor imperaba absoluto silencio. A lo lejos resonaban tiros y explosiones, losi identificó con claridad estampidos de metralletas "Uzi” y estampidos más fuertes de armas automáticas. Supuso que eran los paracaidistas que luchaban en la ciudad siendo resistidos por las ametralladoras egipcias. A su frente se extendía una calle larga, vacía. A su derecha, un pequeño callejón. A ambos lados de la calle se erigían casas de uno y dos pisos. En el extremo de la calle, se veía una intersección de varios callejones. En el horizonte se erguía una torre alta. Retornó arrastrándose al tanque. Una sensación poco agradable hizo presa de él. ¿Cuánto tiempo podré resistir aquí? Preguntó mudamente. Los ecos del tiroteo a lo lejos, le estimulaban. Si emplean armas livianas, no es tan terrible, reflexionó, después de todo lo defienden algunos milímetros de fuerte acero. Una bala no le haría mella. Dirigió su mirada al depósito de municiones del tanque. Se tranquilizó: tenía bombas suficientes. MIENTRAS HAY MUNICIONES — SE COMBATE losi extrajo el reloj del bolsillo de la camisa. Marcaba las ocho y media aproximadamente ¿qué hacer? Puedo salir del tanque y resguardarme en alguna casa. También es posible permanecer en el “Patton” sin hacer nada, confiando en que los egipcios al ver un tanque averiado, inofensivo, no le prestarán atención. Recordó el curso de comandantes de tanques que finalizó hace poco. Hay un tanque. Hay municiones. Se tira. Se pelea. Repentinamente comenzó a sospechar que desde algunas de las casas de dos pisos arrojarán sobre él una granada. Decidió que será mejor tirar sobre todos los segundos pisos. Comenzó a transportar proyectiles desde el depósito al cañón. Carga, apunta a los pisos altos de las casas y goza al ver las paredes desmoronadas. Granadas, pensó, ya no podrán arrojar, y se sintió aliviado. Cada vez que hacía girar la torrecilla, se despedían los cartuchos hiriendo sus piernas. losi comprendió que ello se debía a que el tanque estaba inclinado hacia adelante. Resolvió arrojar los cartuchos afuera, a la calle. El estruendo de las batallas en la ciudad se escuchaba perfectamente. losi esforzó su oído para percibir la concentración del fuego de ametralladoras rusas. Cuando identificaba tal concentración tiraba una bomba en dirección a la misma. Cada proyectil silenciaba una concentración. Estoy cercado y solo, por cierto, pero no fuera de juego, pensó, sorprendiéndose de ía alegría que le provocara tal pensamiento. losi no olvidó recargar constantemente los acumuladores, para poner en funcionamiento las comunicaciones. Esto es muy importante, caviló. Tengo que ponerme en contacto con el comandante. Pero súbitamente recordó que toda la superficie detrás del tanque es para él “terreno muerto”. Se levantó, tomó la “Uzi”, sacó su cabeza y disparó varias descargas. Si los egipcios llegaran a ver que el tanque continúa en actividad, que por lo menos crean que quedaron en él varias personas. “EL MOSHAVNIK QUEDO” Sin demora, esgrimió nuevamente su reloj. Nueve y media. Todavía no me comuniqué con el comandante, pensó, eso no está bién. Se dio cuenta que perdió el micrófono. Comenzó a buscar en las mochilas de reserva. Sólo en la tercera encontró un micrófono. “Aquí el tanque averiado”, transmitió, “aquí el tanque averiado”. A un comandante de tanque le está prohibido revelar su nombre. Pensó en una identificación más fácil y eficaz. Finalmente encontró: “Quedó el moshavnik. El moshavnik quedó sólo en el tanque”. Esperó uñ momento. Por una fracción de segundo pasó por su mente el cuadro de “Nir Israel”, el moshav en que vive junto con sus padres. Entonces escuchó la conocida voz del comandante de la compañía. “Vendrán a rescatarte”. “Te rescataremos”. El comandante preguntó si estaba herido y cómo resiste, losi respondió: “Todo está en orden”. Comenzó a buscar blancos. Por alguna razón le enojaba la torre que se erguía en el horizonte. Sería un ejercicio interesante derribarla, pensó. Si hay alguien allí, no pasará un buen rato. Se dirigió al depósito, extrajo una bomba y la cargó. Un gran boquete se abrió en la lejana torre, losi se escuchó a sí mismo exclamando: ¡Muy bien! ¡Excelente! De repente vio algunos soldados que cruzaban rápidamente la calle entrando a una de las casas. Tiró. En algunos edificios vio ventanas resguardadas con piedras. Tomó la metralleta barriendo las ventanas a' lo largo de la calle. ¿Cuánto tiempo transcurrió ya? El reloj marcaba las diez. Se sintió orgulloso de no temer. No tenía sensación de miedo. El comandante prometió rescatarlo. Ellos lo harán. No hay duda. ¿Cuándo vendrán a rescatarlo? Un soldado egipcio atravesó nuevamente la calle. losi tiró una bala a su escondrijo. Súbitamente vio algunos civiles, inclusive mujeres y niños, asomados desde una de las casas. No me ocuparé de ellos, decidió. Hizo una descarga al aire para asustarlos y obligarlos a permanecer en la casa. losi notó que cada vez que tiraba un proyectil, debía efectuar un breve paseo por el tanque. Calculó que el trayecto era de cuatro metros. Por consiguiente, resolvió depositar varias bombas junto al cañón y no una cada vez. El hambre comenzó a apremiar. Comería algo bueno, liviano. Abrió una ración de combate y tomó una lata de compota de pomelos. Dio un sorbo. Tomó el micrófono. “Aquí el tanque averiado. Aquí el moshavnik. ¿Cuándo vendrán a rescatarme?”, preguntó al comandante. En vez de respuesta escuchó como el comandante ordenaba a su segundo rescatar al moshavnik. Su alegría no se prolongó por mucho tiempo. Al cabo de unos instantes escuchó que uno de los tanques informaba al comandante que no puede llegar hasta el tanque averiado. Tiene dificultades y retorna. De repente escuchó estampidos detrás. Extrajo su cabeza y tiró con la “Uzi” hacia las ventanas de las casas. Los tiros se silenciaron. Cerca de las once comenzó a apremiarle la sed. Recordó el recipiente de agua atado al tanque por afuera. Lentamente deslizó su mano hacia afuera. Al cabo de varios intentos logró tomarlo. Mientras aún sorbía escuchó ruido de corridas detrás del tanque. Nuevamente sacó su cabeza. Soldados egipcios atravesaron corriendo la calle buscando refugio en las casas. Libró varias descargas de “Uzi” y se dio cuenta que no quedaba más que un cargador. Decidió tirar desde ahora sólo tiros aislados. Cuando volvió al puesto de comando, vio en el extremo de la calle un grupo de soldados egipcios entrando a una casa. Se apresuró a cargar y dio en la casa. Ya pertenecen al pasado, pensó felicitándose por su puntería. “EL APARATO SE DESCOMPUSO” Nuevamente recordó que, en realidad, no siente miedo. Estoy sólo, cercado. El silencio alrededor enloquece. Irrita. Pero no tengo miedo. Interesante. No siento ningún temor o pánico. Estoy tranquilo, me domino. Conozco bien el “Patton”. Lo he estudiado. Aprendí a emplear todos sus aparatos. Todo quedará en orden y el comándente prometió rescatarme. No temo. ¿Qué hace ahora papá, el moshavnik más anciano del país? Tiene 77 años y aún trabaja en su granja a la par de todos. Sólo durante dos semanas alcancé a ayudarlo. Me dieron de baja y al cabo de dos semanas me movilizaron nuevamente, al comenzar el estado de alerta. Sólo durante dos semanas fui civil. ¿Qué hora es? Cerca de las doce. El tiempo pasa. losi abre una lata de maíz. Le gusta el maíz. Mientras mastica los granos, ve a través del periscopio varios soldados egipcios que se acercan al tanque. Deja la lata, carga (Pasa a la Pág. 16)