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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1967-11-01 · 11 (Noviembre, 1967) · p. Seite 11

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXIX (1967)
Issue
11 (Noviembre, 1967)
Date
1967-11-01
Page
Seite 11 (sequence 11)
Language
German
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NOVIEMBRE 1967 BOLETIN INFORMATIVO 11 SALUDO AL SINODO PASTORAL Rabino Egon Loewensíein a PITO DE VISTA JUDIO i EL $1100 PASTORAL Del 8 al 18 de Septiembre pasado se realizó la primera sesión del Sínodo Pastoral de Santiago, convocado por el Cardenal Raúl Silva Henríquez con el propósito de “renovar la Iglesia santiaguina... y de buscar con hermanos de Iglesias Cristianas y de la Comunidad Judía lo que pueda acercarnos, continuando con ellos el diálogo abierto, fraterno y respetuoso que hemos iniciado”. Especialmente invitado asistió a este Sínodo el Rabino don Egon Loewenstein, quien pronunció en esta oportunidad el siguiente saludo: Venerado Cardenal, Su Eminencia Raúl Silva Henríquez Respetado señor Presidente del Sínodo Pastoral. Estimadas autoridades del Sínodo, Sinodales todos, Traigo conmigo ante Uds. 2.000 años de recuerdos, en su mayoría dolorosos para el pueblo de Israel. No encuentro palabras para expresar los sentimientos que me animán en este momento. Unicamente puedo implorar al Señor del Universo, al Dios al cual Uds. y nosotros dirigimos nuestras súplicas, con las palabras de nuestra oración: “Dios, abre mis labios y mi boca anunciará Tu gloria’’. Que no salga de mi boca una palabra que se podría interpretar erróneamente. Estoy en este momento ante Uds. para mostrar ante todo el mundo que está dispuesto a escucharnos, que no rechazamos una mano que se extiende para la convivencia pacífica. Agradezco a Uds. la calurosa bienvenida que dieron ayer al representante del pueblo judío. Comprendo la inmensa responsabilidad que llevo conmigo en esta oportunidad de un diálogo amplio en esta nuestra querida República de Chile. El hecho que Uds. me invitaron a dirigir la palabra de un Rabino de la colectividad judía en este país, que en su mayoría cuenta con una población católica, es una demostración del espíritu de confraternidad que anima a Uds. en sus deliberaciones. Dándome 15 minutos para hablar significa pará mí la responsabilidad de referirme con unas palabras a las relaciones que deben reinar entre nosotros. En esta hora mi más apropiada respuesta es la recitación de una antigua bendición judía: “Bendito eres Tú, Eterno, Dios nuestro, Rey del Universo, que nos hizo vivir, nos preservó y nos hizo llegar a este día’’. SINCEROS AMIGOS Recuerdo en este momento el ejemplo magnífico que dio a todo el mundo Su Eminencia el Cardenal Raúl Silva Henríquez, al pronunciar su discurso en nuestra Sinagoga. Su ejemplo, inspirado en el espíritu del Papa Juan XXIII (Q.E.P.D.), nos dio fuerza para trabajar en los últimos años en la Confraternidad Judea-Cristiana, institución en la cual hemos encontrado amigos de cuya sinceridad estamos plenamente convencidos. Aprovecho la oportunidad para agradecer a ellos; sobre todo al Mons. Joaquín Fuenzalida, Mons. Gabriel Larraín, Padre Daniel Iglesias, Padre Antonio Moreno, y especialmente al Padre Jean Marie Robert, que con gran entusiasmo y sacrificio de tiempo y verdaderos sentimientos de comprensión, preparó el informe amplio del Departamento de Ecumenismo, y su comisión de Relaciones con los judíos. Finalmente quiero agradecer al Padre Caprile, Secretario y fundador espiritual de la C. J. C. (1). A todas estas personas, junto con representantes de iglesias protestantes, y a muchas otras, me permito considerar amigos verdaderos nuestros. Nos han ayudado a bajar las barreras que nos separaron durante siglos. Para ahorrar tiempo, ruego a todos Uds. que tienen interés en encaminar una nueva ruta, leer el informe que tendrán en su mano, del cual el capítulo sobre las relaciones con la comunidad judía, en la página 71, párrafos A- 249, —250, 251 y —252, es un resumen. UN NUEVO ENFOQUE Nunca antes en la historia se han confrontado judíos y cristianos realmente como hermanos, cada uno con su derecho de existencia, digno de su unicidad, respetando la libertad de la conciencia del otro. Los grandes encuentros teológicos en verdad eran monólogos, con la intención de convertir la religión minoritaria en la religión mayoritaria. Por primera vez podemos hablar el uno con el otro en honestidad, sin temor, porque sentimos que ha llegado el momento de dar un ejemplo de convivencia pacífica para preparar el camino al verdadero reino de Dios (el Maljut Schadai, como lo llamamos nosotros) que de una u otra manera, esperamos Uds. y nosotros juntos. En el pasado la confrontación judea-cristiana muchas veces trajo consigo peligro y violencia física. Con respecto a ello, consideramos las palabras del rabino Leo Baeck, refiriéndose a la figura del mártir: “Para él Judaismo es motivo de orgullo haber creado la idea y la vocación del martirio. Los hombres aprendieron en el judaismo que pertenecían a Dios... El factor decisivo fue siempre la voluntad de aquellos hombres, su voluntad de martirio, de actuar hasta el fin, y no sólo pensar hasta el fin... Este poder, esta fuerza es el Judaismo...’’ (La esencia del Judaismo, Edic. Paídos, 1966). Y —por qué no decirlo— Uds. están en la gran posición de servir como vanguardia de un gran ejército que todavía no marcha con el mismo paso como Uds. en varios países de esta tierra. Es por eso que felicito a Uds. sinceramente que Uds. en su deseo de aclarar las relaciones que deben reinar entre la Iglesia y el mundo, incluyeron el problema de las relaciones con los judíos. LA ENSEÑANZA PROFETICA El sábado pasado leimos en las sinagogas del mundo una frase de nuestro profeta Isaías: “Pongo mis palabras en tu boca y a la sombra de mi mano te guardo, para plantar el cielo y fundar la tierra y para decir a Sión: mi pueblo eres’’ (Is. 51, 16). Tres grandes obligaciones presenta el profeta ante nosotros. En este mundo secularizado y materialista, plantar el cielo es una tarea sobrehumana. El cielo está comparado con una semilla que al crecer, se convertirá en un árbol y dará su fruto. Plantemos el cielo en las almas de los seres humanos, enseñándoles la tolerancia, la comprensión mutua, el amor al prójimo, pues todos somos hijos del mismo Dios, y creados en la imagen da El. Evitemos cualquier predicación que pueda provocar adversión contra cualquier grupo, pueblo, religión o nación. No debemos permitir en la enseñanza de nuestros hijos —chicos y grandes— ningún veneno de odio por ningún motivo, ni en su manifestación teológica o histórica, tal como se ha señalado en el decreto conciliar “Nostra aetate’’. No conozco los textos de enseñanza religiosa que se emplean en sus escuelas y colegios. Pero en el caso de que haya todavía material de enseñanza que no esté de acuerdo con el espíritu de los decretos conciliares, espero que encontrarán caminos para plantar el cielo en los corazones de sus educandos, y revisar sus textos. La segunda tarea tremenda, según Isaías, consiste en fundar la tierra. Vivimos en una época que sabe disfrazar sus palabras. Busquemos un lenguaje común de entendimiento mutuo, de claridad y sin posibi lidad de malentendimiento. Fundemos juntos una sociedad humana, basada en la enseñanza del bien, del servicio al prójimo y del amor mutuo, pues según una antigua palabra de nuestros sabios, son la enseñanza, el servicio y el amor mutuo los pilares de esta tierra. Nosotros los judíos sabemos que la palabra “servicio’’ incluye el amor y la justicia, y cooperamos plenamente con todas nuestras fuerzas con la intención de fundar esta tierra sobre la base de estos principios fundamentales de la pacífica convivencia humana. Y la tercera tarea es decir: “Mi pueblo eres’’. Nosotros, Israel, hemos vivido durante siglos para ser testigos de Dios entre los pueblos del orbe. Y Uds., según la Carta a los Romanos, capítulo 11, participan de la raíz y de la grosura del olivo. No es una casualidad que nadie nace como cristiano: “Cristianus fit, non nascitur’’. Judío uno es de nacimiento. Pero Uds. parten de su credo en la actualidad de la venida de Cristo, y nosotros sacamos fuerza de nuestra actitud escéptica, que;e.spera activamente la futura redención. Pero nos une, así espero, la sincera esperanza de encontrarnos, y decir el uno al otro: “Mi pueblo eres’’. HACIA UN DIALOGO VERDADERO Espero con sinceridad que Uds. los dirigentes, los religiosos y los laicos, estudien con profundidad los senderos para sembrar el “nuevo corazón y el nuevo espíritu’’ que muchos anhelan para un mundo mejor, no mañana, sino hoy mismo. No se puede esperar resultados inmedia-* tos. Muchos siglos de dolor y distanciamiento impiden que todas las barreras desaparezcan de un momento a otro. Todavía hay temores entre nosotros —y lo digo para evitar malentendimientos nuevos— que no haya disposición en todas partes a reconocer a Israel con su derecho de existencia, que los esfuerzos de llegar a una confraternidad son sólo otra cara de una misma moneda. Sólo si llegamos a la convicción que Dios necesita a los dos, a Uds. que creen en aquel que ha venido y ha redimido al hombre, y à nosotros que seguimos esperando su venida, crearemos la atmósfera para un verdadero diálogo. Permítanme finalizar mis palabras con un verso del libro bíblico de los Proverbios cap. 3. v. 6. “En todos sus caminos reconozcas a El, a Dios”. Aprendamos a reconocer a nuestro Padre divino en todos sus caminos — muchas veces inexplicables para la limitada mente humana. Pero el verbo que se usa en hebreo para “reconocer’’ tiene un doble significado. “Yadoa” significa reconocer (2) pero también “amar, entrar en relaciones afectivas”. El doble sentido de la palabra nos indica el único camino para llegar a una comprensión mutua. Debemos conocernos, debemos conocer el uno al otro para llegar a la comprensión del “tronco común’’. EL PLURALISMO RELIGIOSO Recién leí unas palabras características del Obispo católico Blomjous, de Tanganika de la Africa del Este, que contemplan la tensión entre un nuevo concepto del ecumenismo, y el concepto tradicional de la evangelización. El escribe: “Estamos acostumbrados a creer que la Iglesia fue enviada al mundo para ganar la adhesión de todos los hombres a Cristo y que sus esfuerzos misioneros fueran destinados a convertir todos los hombres a vivir como hermanos en una misma iglesia. Mientras nos damos cuerna que esta meta no ha sido alcanzada en el lapso de nuestras vidas, sentimos que, por nuestros esfuerzos misioneros, aceleramos la llegada de ese día. Hoy, sin embargo, nos vemos confrontados con la realidad: que el pluralismo, y el pluralismo religioso especialmente, se encuentra establecido en la mayor parte del mundo, y que las fuerzas de la historia lo convertirán en un fenómeno universal.. Ya que las distancias del globo van disminuyendo cada día más, no podemos hablar más de una uniforme área cristiana o de un país cristiano, en el sentido que la Iglesia Cristiana y la cultura nacional son coextensivos. Parece que el pluralismo religioso es parte del plan de Dios. ¿Podemos afirmar todavía, que Dios ha enviado su Iglesia al mundo para reunir a todos los hombres en la unidad de la fe? Estamos obligados de plantearnos seriamente la pregunta: ¿Qué es el significado teológico del pluralismo religioso, qué trata dé decirnos Dios por intermedio de la multiplicidad de las religiones?” Hasta aquí las palabras de un obispo católico. Reconociendo que cada uno representa un paso en el car mino divino hacia la redención completa de la humanidad, podemos servir como testigos del Dios único, que es el Padre de todos los seres humanos. Ayer escuché de esta misma tribuna que debemos hablar con un lenguaje claro. Modestamente espero haber aclarado algunos conceptos. Ruego tomar en consideración la brevedad del tiempo que tenía a mi disposición en la preparación de estas palabras, que me ofrecieron ayer. Concluyo estas observaciones con la declaración recitada al final de la lectura ae un libro de la Torá en la Sinagoga: Jazak, Jazak, venitjazek. Sea fuerte, sea fuerte y seamos reforzados cada uno en su camino, que conducirá a la unión de las fuerzas. (1) Secretario de la Confraternidad Judeo-Cristiana Mundial en Milán, Italia y fundador espiritual de la C.J.C. en Chile. (2) Y también “saber”

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