Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXIX (1967)
- Issue
- 10 (Octubre, 1967)
- Date
- 1967-10-01
- Page
- Seite 19 (sequence 19)
- Language
- German
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OCTUBRE 1967 BOLETIN INFORMATIVO 19 Dr. URI NAOR EMBAJADOR DE ISRAEL UNA NUEVA FASE UE LA En las recientes semanas fuimos testigos del capítulo más grande de la historia judía y si bien hoy parece que hemos retornado nuevamente a la vida cotidiana, con sus pequeños problemas y sus pequeños horizontes, nosotros, la generación de 67, no deberíamos olvidar ni por un solo instante, cuán grande puede ser la felicidad de pertenecer a una generación que ha sentido el batir de las alas de la historia. Pocos son los momentos en la historia de cada pueblo que pueden ser considerados decisivos para su destino, contados son los momentos estelares, en los que se decide si su senda venidera lo conducirá a un porvenir significativo o a un porvenir pobre y sin importancia. HITOS EN EL CAMINO Cuatro o cinco veces en el curso de nuestra historia, nosotros, los judíos, nos vimos enfrentados a tales situaciones. Generalmente fueron otros los que decidieron por nosotros, sobre nosotros y, a menudo, contra nosotros. Pero cuatro o cinco veces estuvo en nuestras manos tomar decisiones fundamentales que dependían de nuestra propia y libre voluntad, y nuestro pueblo tomó instintivamente en esos instantes siempre aquella decisión, reconocida más tarde no solamente por los judíos como la determinación corr e c t a , grandiosa y trascendental. Con esto el pueblo judío ha dado a conocer también otro aspecto de su carácter, cuyo cabal conocimiento daría quizás la clave para la contestación a la pregunta, tan vieja y tan nueva, de cómo ha sobrevivido este pueblo por siglos y por milenios a despecho de todos los peligros de destrucción. Cuando nuestros antepasados estaban en las riberas del Mar Rojo, tras haber abandonado Egipto y los egipcios armados se les acercaron, llegó uno de esos momentos estelares, un momento para una decisión crucial. ¿Deberían seguir adelante, hacia peligros, hacia el hambre y, tal vez hacia la muerte, pero, al mismo tiempo, hacia la libertad? ¿O deberían volver a las abundancias del valle del Nilo, pero, junto con ese regreso, volver a la esclavitud? Y decidieron continuar la marcha hacia el mar, a los confines del peligro, pero también a los albores de una nueva vida libre. Después, cuando nuestros antepasados se encontraron en el Monte Sinai, frente a la gran alternativa de llegar a ser un pueblo como todos los demás pueblos de aquella época, o de dar el paso que le granjearía la incomprensión permanente e interminables persecuciones a través de generaciones enteras; cuando se les preguntó si querían aceptar el yugo y la carga de una enseñanza y de una actitud de vida para aquellas épocas insólitas y revolucionarias, exclamaron al unísono: “Queremos hacer lo que nos han dicho”. Y cuando después en Babilonia llevaban como exiliados una existencia soportable, tuvieron la alternativa de quedarse y seguir viviendo cómodamente o de volver a un país pobre y rodeado de enemigos, entonces formularon la promesa solemne y eterna: “Si te olvidaré a tí Jerusalén, que mi diestra se seque’’, y volvieron en masa a un Israel casi enteramente destruido. Algunos siglos después tuvieron frente a sí una nueva disyuntiva: o perderse en el bello mundo helenístico o guardar su pesada y difícil identidad como pueblo. Permanecieron firmes en su fe y, con ello, no solamente salvaron al judaismo, sino también por ello, crearon en las consecuencias posteriores, las posibilidades para el resurgimiento de una nueva civilización. Y de nuevo, más tarde, hubiesen podido sumergirse sin dejar rastros en el mundo romano. Pero, después de la destrucción de su independencia estatal y de su libertad nacional, resolvieron tomar la senda oscura e incierta del exilio y de la dispersi'n, y así seguir siendo ellos mismos, por sobre las posibilidades de fuga que se les abrían por todos lados. EN EL MUNDO CONTEMPORANEO En el mes de mayo de 1948 había llegado nuevamente otro de estos momentos estelares de su historia. En medio de los peligros oscuros, en una situación terriblemente confusa y llena de malos augurios, las mujeres y los hombres que se habían reunido para tomar una decisión histórica en el Museo de Tel Aviv, el día 14 de mayo de 1948, mantuvieron en alto sus cabezas y siguieron aquella misma voz, que nunca ha dejado de oir este pueblo en los últimos tres milenios. Si antes creíamos pertenecer a una generación privilegiada que participó en la vivencia de aquella última hora estelar que fue la fundación del Estado de Israel, resulta ahora que la historia venerable e incalculable, nos ha guardado otra vivencia inmensa, la culminación de todas las horas estelares: la gran Lucha de Liberación de los Seis Días, la que no tiene todavía ningún nombre oficial; esta brega indeciblemente dramática del pequeño estado contra una fuerza poderosamente superior, la que en el último tercio del siglo veinte lanzó el bárbaro llamado y la salvaje exigencia fie destruir dn pueblo vecino que no le agradaba, proclamando esta decisión urbi et orbi con todos los medios de la técnica moderna. Y en este último tercio del siglo veinte que se estima tan progresista, no se encontró nadie, efectivamente nadie, que quisiera aceptar el cargo de policía mundial, de un activo guardián de los mandamientos básicos de la convivencia de los pueblos en nuestra tierra, para impedir tan terrible monstruosidad. El pequeño pueblo, el peque¬ ño estado estuvo completamente sólo frente a tan inaudito peligro. UN FRENTE DE SOLIDARIDAD Sin embargo, Israel no estuvo enteramente abandonado. Sentía a su lado a todo un pueblo— su pueblo. Un pueblo desparramado sobre la tierra y carente de poder real y perceptible según el concepto de política internacional de potencia de nuestra época, es decir un pueblo sin divisiones militares y sin ca¬ ñones, un pueblo, del cual casi una cuarta parte está viviendo en un estado que en esta lucha por la existencia israelí se colocó abiertamente al lado de sus enemigos y que dentro de su propio territorio trata inamistosamente a los judíos como una minoría nacional y religiosa, un pueblo que —contrariamente a las opiniones equivocadas, aunque muy difundidas— no se cuenta entre los más acaudalados del mundo y que a menudo hoy todavía se ve perjudicado, incluso en el mundo libre, por la existencia de innumerables prejuicios. Pero, por otro lado, un pueblo, que a través de siglos y milenios ha mantenido la lealtad a su fe y su centro vital; un pueblo dispuesto a sacrificar millones de sus miembros en el curso de una historia casi siempre trágica, a fin de conservar su propia identidad y de no interrumpir la cadena de la solidaridad en ninguna generación. En la hora trágica, este pueblo estuvo firmemente, como un sólo hombre, al lítoo de sus hermanos en Israel, cuando estos estuvieron en supremo peligro. En esos días y semanas no hubo judío en el mundo —y esto puede expresarse sin exageración alguna— ni en el mundo libre, ni tampoco —lo sabemos muy bien— en otras partes del mundo, que no se viese sacudido por una especie de terremoto emocional, que no hubiese sentido: ¡Tua res agitur! ¡De tí también se trata! ¡De tí y de tus hijos! LAS NUBES SE ALEJAN ¡La tormenta ha pasado! El gran peligro fue eliminado! El mundo recibió una lección que determinó, en forma directa o indirecta, la imagen que tendrá Israel tanto hoy como mañana. Cierto es que Israel todavía no está —y probablemente no estará por mucho tiempo— fuera de la zona de peligro; esta vez tampoco le fue presentada ninguna solución en bandeja de plata, cosa que ya nos predijera Jaim Weizman hace más de dos decenios. La guerra de nervios, en cuyos comienzos nos encontramos ahora, aumentará su intensidad en las próximas semanas con el comienzo de la reunión anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas y los enemigos de Israel no escatimarán esfuerzos para volver a tratar de arredrar a Israel y sus amigos en todo el mundo. Israel que ha pasado ya por peores pruebas, sabrá también esta JUDIA vez dominar sus nervios, y luchará, firme y poderosamente decidido como hasta ahora,-por sus derechos vitales y por su derecho a la paz. Pero su posición habrá mejorado esencialmente al saber que ahora ya no se trata de su mera existencia, la que fue asegurada de una vez para todas, en las luchas del mes de Junio. EL PUEBLO JUDIO ENFRENTA UNA NUEVA SITUACION Pero ¿cuál es la situación del pueblo judío que se sintió, por lo menos en los días del gran peligro, tan unido, tan dispuesto a sacrificios, tan íntimamente ligado a Israel? ¿Ha pasado para la comunidad judía fuera de Israel también la gran crisis de la existencia? Su voluntad para asegurar su futuro, ¿es también tan férrea e indestructible como la de Israel? A este respecto, lamentablemente, no podemos ser tan optimistas, y por eso debemos contemplar la problemática actual tanto más seriamente. Las fuerzas centrífugas no han perdido nada de su vigor, incluso durante la gran vivencia de la última lucha por la existencia de Israel, y seguirán socávando los fundamentos de la supervivencia del judaismo, si la joven generación judía no se entera, desde temprana infancia, sobre todo en su hogar, de su pertenencia al judaismo con orgullo y dignidad. Es allí donde está el eslabón más débil de la cadena de la continuidad judía, y una vieja experiencia señala que ninguna cadena resiste más allá de su eslabón más débil. Mas, esta tarea de la casa paterna judía y del hogar judío, desde hace mucho tiempo no ha sido tan fácil como hoy día. Para padres y educadores judíos no hubo, desde hacía mucho tiempo, tantas posibilidades como ahora para educar a sus hijos y pupilos como judíos orgullosos y dignos. Nuestros padres tuvieron que volver muy atrás, cuando querían mostrar ante nuestros ojos ejemplos en la historia judía, para despertar también nuestros deseos de identificarnos con dichos ejemplos y a través de ellos con la comunidad judía. Tuvimos que mirar a través de un gran trecho en el pasado para poder encontrar aquellas vivencias que han dado a los judíos en largos, largos siglos el valor para no dejarse llevar, para no huir de su propio destino, sino para continuar como judíos conscientes la ruta del tiempo y de la historia. Para nosotros han sido vivencias grandes y concluyentes e incluso la joven generación de hoy reconocerá estas vivencias como tales y las comprenderá en toda su enorme perspectiva histórica, siempre que tenga acceso a ellas en debida forma. Estos son los valores culturales y acontecimientos espirituales que aún para el hombre más exigente de hoy día tienen profunda significación. ENSEÑANZAS DEL PASADO Los descendientes de nuestros antepasados tan creadores, que dejaron al mundo una herencia de tanta riqueza espiritual, fueron, sin embargo, durante incontables siglos los hijastros perseguidos de la historia, de la que no recibieron ninguna facilidad ni franquicia, a los que no favoreció ningún destino bondadoso, que siempre tuvieron que luchar por sus más elementales derechos vitales. Pero ellos tuvieron la valentía de profesar, incluso bajo las condiciones más adversas, y desafiando un mundo hostil que los rodeaba, su fe en las grandes realizaciones espirituales de sus antepasados, las que les parecían tan valiosas, que estuvieron dispuestos a arriesgar hasta sus propias vidas con el fin de conservarlas. Su lucha contra el poderoso imperio romano, que quiso obligarles a abandonar su religión, su libertad nacional y su independencia estatal, forma parte de los capítulos más gloriosos de la heroica historia mundial y el recuerdo de ese capítulo de nuestra historia se convirtió aún muchos siglos después, en una fuente de orgullo judío y de dignidad judía. LA TRAGEDIA DE LA ANTIGUA JERUSALEN En estos días, en que soldados israelíes volvieron a luchar y a ofrendar sus vidas por la unidad de Jerusalén, y en que nosotros proclamamos tenazmente, como lo hicimos reiteradamente en la historia, que no queremos volver a perder nunca más ese Jerusalén, finalmente unificado, quizás convendría tener presente cuáles fueron las circunstancias, en que perdimos ese Jerusalén hace mil novecientos años atrás. El historiador Josef Kastein en su “Historia de los Judíos’’ relata al respecto: “Desde el principio la situación de los judíos era desesperada. Solamente una parte de los defensores de Jerusalén eran guerreros adiestrados; la ciudad estaba atestada de gente, ya que muchos peregrinos habían llegado a Jerusalén para celebrar la fiesta de Pesaj de este año 70 de la era común. En las luchas partidistas se habían quemado enormes reservas de alimentos almacenados. Lo que quedó tuvo que ser destinado a la alimentación de más de medio millón de personas. En cambio las tropas romanas eran soldados profesionales equipados con toda clase imaginable de materiales. El ataque fue iniciado con cuatro legiones y muchas tropas auxiliares. La oferta de rendición voluntaria de Vespasiano fue rechazada. El ataque y la defensa eran particularmente violentos. En ambos bandos se usaban máquinas bélicas. Como siempre, el ataque se realizó desde el Norte. Después de un asalto de 14 días (Pasa a la Pág. 20) 7055