Mannheim
Compact Memory

Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1967-06-01 · 6 (Junio, 1967) · p. Seite 17

Scan of the page
Image: UB Frankfurt, Visual Library (IIIF)
Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXIX (1967)
Issue
6 (Junio, 1967)
Date
1967-06-01
Page
Seite 17 (sequence 17)
Language
German
Belongs to
journal issue
OCR quality
72% known words query
IRI
…/8553624-8559960-9195072--5175-8560093
Visual Library
page viewer of the UB Frankfurt

No entity mentions on this page.

OCR text

JUNIO 1967 BOLETIN INFORMATIVO 17 LA FECUNDA COSECHA DEL MAR MUERTO El Mar Muerto fue siempre un símbolo de lo estéril, lo árido, lo inservible. Hoy ha dejado de serlo, ya que este lago de amargas aguas produce algo de valor inestimable para la humanidad: fertilizantes, billones de toneladas de potasa y de bromuro, de magnesio y de sal común. En este preciso momento, la potasa extraída del Mar Muerto aumenta la producción do alimentos cultivados en diecinueve países de Europa, once de Asia, ocho de Africa y cinco de Latinoa^nérica. En nuestro globo, acosado por la subalimentación y la inanición, el Mar Muerto lleva vida, en forma de fertilizantes, a miles de kilómetros de distancia. Es más fácil enriquecer la tierra con minerales como la potasa que hallar nuevos campos. Y los compuestos de bromuro que se extraen del Mar Muerto son tan útiles a la industria como a la agricultura. El lago más bajo del mundo Situado a casi cuatrocientos metros bajo el nivel del mar, en el corazón del desierto, el Mar Muerto constituye el lago más bajo de la superficie terrestre,. Es tan grande la concentración de sales —que llega a trescientos gramos por litro— que resulta imposible hundirse en sus aguas. Los turistas, atraídos por la fascinación del lugar, no caben en sí de asombro al comprobar que, tal como lo proclaman los anuncios d e propaganda, pueden recostarse en las espesas aguas, que recuerdan por su densidad al mercurio, para leer tranquilamente el diario. El Mar Muerto, mide 78 kilómetros de largo y 15 kilómetros de anchura máxima. Lo rodean promontorios que han sido comparados con las montañas de la luna, y para llegar a él hay que atravesar formaciones de roca blanquecina de formas fantásticas. A una de ellas se la denomina “la mujer de Lot”, a resultas del relato bíblico que refiere cómo la esposa del patriarca fue transformada en un poste .de sal en las inmediaciones. En términos geológicos, el Mar Muerto es un segmento de la enorme falla que corre desde las Montañas del Tauro, en el sur de Turquía, a través de los valles del Jordán y la Arabá, hasta los grandes lagos de Africa oriental. Hubo épocas en las que el Mar Mediterráneo cubría toda Siria e Israel, pero como consecuencia de la actividad geológica, esta región se transformó en tierra firme, en cuyo extremo sur quedó el hueco que contiene el Mar Muerto, resabio de épocas pretéritas. Es aquí donde desemboca el río Jordán y sus tributarios, superficiales y subterráneos; y en este lago salobre se concentran las aguas, sin salida al mar. Las condiciones climáticas son características, ya que debido a estar situado a tanta profundidad prevalecen durante todo el año altas temperaturas y una presión atmosférica sumamente elevada. No hay precipitaciones pluviales. A resultas de todo esto, el gran volumen de agua que se vierte hora tras hora en el Mar Muerto desaparece rápidamente por evaporación, proceso evidenciado en las extrañas nubes grisáceas y azulosas que se alzan, etéreas, de la superficie. Es fácil imaginar en esta región misteriosa y mefítica las legendarias ciudades de Sodoma y Gomorra, que fueron destruidas según relata la Biblia, cuando llovieron sobre ellas azufre y fuego. Un proyecto disparatado La idea de transformar esta alucinante laguna de sodio en la materia prima de una fábrica moderna era una obsesión para Moshé Novomeysky, ingeniero de minas, judío y sionista apasionado, que se había ocupado durante años de extraer sales de los lagos de Siberia. En su libro relata una visita efectuada al Mar Muerto en 1920, cuando trataba de interesar a otros en su proyecto aparentemente disparatado, y dice: “Aunque corría el Hornos Secadores. «Ti ■*mw mes de octubre, no era oto¬ ño sido todavía verano cruelísimo. El verde azulado de las aguas, los colores perpetuamente cambiantes de las montañas de Moab, que se yerguen más allá de las márgenes orientales, y por sobre todo el silencio absoluto que todo lo envuelve y el pavoroso aire de desolación, se conservaron sin alteración en el transcurso de los milenios pasados desde la desaparición de las ciudades de Sodoma y Gomorra. ¿Cómo iba yo a emprender mi objetivo de establecer allí una industria química? Esta acción de erigir algo ab initio, en un lugar donde nada había cambiado desde que el Todopoderoso lo creó, era un estímulo para la imaginación. ..“ Acicateado por esta inspiración, Novomeysky superó obstáculos casi infranqueables y por 1930 había logrado estabecer una. compañía para la extracción de los minerales del Mar Muerto sobre bases comerciales, ajustándose a una concesión otorgada por el Gobierno mandatario de Palestina. La fábrica principal fue levantada en la margen septentrional, cerca del Jericó, al sur de Jerusalén. Algunos años después se construyó una instalación subsidiaria en Sodoma, al sur del Mar Muerto, y puesto que no había ninguna ruta de acceso al lugar, la única forma de llegar era por medio de botes que atravesaban la laguna. Una tarea, titánica En 1948, al tenor de la Resolución de Partición adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, la porción septentrional del Mar Muerto en la que se encontraba la fábrica principal fundada por Novomeysky fue incluida en territorio jordano. Solamente la fábrica del sur quedó en manos del renacido Estado de¡ Israel, pero estaba aún aislada. Es Estado de Israel se impuso como objetivo económico primordial poner nuevamente en funcionamiento las Obras del Mar Muerto. Con toda premura, los ingenieros trazaron una carretera a través de los adustos promontorios del desierto del Néguev, siguiendo la misma ruta recorrida por el patriarca Abraham, y muy pronto se extendía entre Beersheva y Sodoma un vertiginoso camino de asfalto zigzagueante. La tarea era titánica, más a su conclusión, fue restaurada la fábrica del sur, e inclusive ampliada. Pero los hombres de ciencia de Israel no limitaron sus investigaciones al aprovechamiento de la potasa y del bromuro. También, efectuaron estudios de las condiciones climáticas, para establecer cuáles sentarían mejor a los hombres que debían hacer una dura labor física en medio de una naturaleza hostil. Los obreros no podían vivir en ese aire sofocante, con un calor insoportable, sin que se resintiera su salud. Pero es posible trabajar en Sodoma si se habita en un clima más salubre, de modo que se erigieron viviendas para ellos en Beersheva y posteriormente en Dimona y Arad, nuevas ciudades surgidas en la planicie del Néguev. Una piedra angular Casi dos tercios de la superficie de Israel son tierras desiertas o semiáridas. Una decisión fundamental de la nación judía renacida fue volver a poblar esta superficie e inyectar nueva vida en este erial. Se vio en las Obras del Mar Muerto una piedra angular de la nueva estructura que erigía Israel en el Néguev, y se confiaba en establecer manufacturas subsidiarias a partir de los subproductos de las saladas aguas del Mar Muerto y las grandes cantidades de roca fosfática incrustadas en las cercanías. Era ésta una tarea formidable. Y si bien la tierra israelí absorbería sedienta los fertilizantes, era evidente que la producción de las Obras del Mar Muerto debería ser encauzada fundamentalmente a mercados extranjeros. Israel contaba para ello con dos salidas al mundo exterior: Sus puertos mediterráneos que comunican con Europa, América y Africa Occidental y Eilat, en el extremo Sur, de donde se llega por el Mar Rojo a Asia, Africa oriental y Australia. Pero había grandes dificultades: era largo el trayecto en camión de Sodoma a Haifa, y en esos primeros años el puerto de Eilat era diminuto, amén de lo cual no había comunciación directa del Mar Muerto al sur del país. Era grande el trecho del dicho al hecho. Pero si bien el desierto se oponía ferozmente a la marcha de la civilización, debió someterse ál fin. En la actualidad, el recién concluido puerto de Ashdod y la expansión del puerto de Eilat, que ya está conectado a la red caminera nacional, son principios de solución de los principales problemas d e transportes que enfrentan las obras del Mar Muerto. En 1961, la compañía emprendió un programa de expansión que implica una inversión de setenta millones de dólares en la erección de malecones que atraviesan el mar a fin de evaporar las sales y bombearlas al interior de cubas de evaporación. Cuando sea completado el programa, la superficie de evaporación se habrá quintuplicado. Evaporación natural En estas cubas, dadas las circunstancias únicas de clima y baja altitud, es tan veloz la evaporación que el agua salada se concentra rápidamente, hasta cristalizar y precipitarse. El primer producto químico resultante es tí cloruro de sodio, o sal de mesa. El espeso líquido residual es vertido dentro de una segunda serie de cubas de las que sale la carnalita, que contiene 21% de cloruro de potasio, del cual se extrae el mineral. El cloruro de potasio es separado de las demás sales contenidas en la carnalita —o líquido madre como se llama— en una refinería, en la que atraviesa diversas etapas hasta convertirse en cristales secos. Las Obras del Mar Muerto produjeron en 1965 más de medio millón de toneladas de potasa, y se espera elevar esta cifra a más de un millón para 1970. La potasa se emplea no solamente como fertilizante en la agricultura, sino también en diversas industrias como la del jabón, la del vidro y el esmalte, y en la fabricación de porcelana, papel y géneros. Un importante subproducto es el bromo, ampliamente usado en las industrias petrolera, fotográfica y farmacéutica, amén de esterilizar la tierra y ser empleado como insecticida en la industria de alimentación. La mayor parte del bromo que se emplea en la industria procede del océano, pero las aguas del Mar Muerto lo contienen en una concentración superior en cincuenta o sesenta veces a la que se da en el agua de mar. La capacidad de producción de bromo de las Obras del Mar Muerto es de nueve mil toneladas. En Sodoma se produce asimismo sal de mesa de una pureza de 99,9 por ciento. No hace mucho constituía la sal un artículo de lujo en el Medio Oriente, y la contrabandeaban los nómadas a través de las fronteras de la región. Ahora, gracias a las Obras del Mar Muerto, se la obtiene en abundancia y a bajo costo, en su forma cristalina más pura. La sal industrial que constituyó otro subproducto, constituye la materia prima para el cloro y la soda cáustica que se emplean en la fabricación del jabón y del vidrio, de papel y de textiles. Otro producto extraído de las ricas aguas del Mar Muerto es el cloruro de magnesio, ingrediente esencial de diversos procesos industriales. Pero lo que interesa no son los productos industriales, los beneficios y dividendos. Esta arriesgada empresa hace algo positivo a fin de ayudar a la humanidad en su lucha contra el hambre, en una época que sufre la presión de una población en continuo aumento para lo que no dan abasto los recursos nutritivos. Una forma de combatir este problema en escala global es aumentar la producción de cada palmo de tierra. Parece una paradoja, pero es muy cierto que el Mar Muerto trae nueva vida a este envejecido globo terráqueo, (“Israel”)

Text as recognised by OCR (ABBYY FineReader), without corrections. Entity mentions: TagMe (2021); their positions were matched to this text again.