Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXIX (1967)
- Issue
- 2 (Febrero, 1967)
- Date
- 1967-02-01
- Page
- Seite 11 (sequence 11)
- Language
- German
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FEBRERO 1961 BOLETIN INFORMATIVO 11 UN ALTO EN EL CAMINO (Conclusión del El Complejo de la “Segunda Generación i Los antecedentes que he-] mos dado a conocer en la1 edición de enero, ¿de qué modo influyen en nuestra problemática actual? Todas Jas comunidades de inmigrantes, sea donde fuera (y el judaismo chileno es aún una comunidad de inmigrantes o de hijos ,de éstos) precisan de cierto período de transición hasta echar raíces definitiva en su nueva tierra. Mientras esto sucede, ¡se hallan expuestos a desaparecer, o por lo menos, á sufrir una reducción drástica de su potencial. En los : EE. ¡UU., país en que las comunidades judías ya pasaron por este proceso que en nuestro continente recién comienza ¡hoy, superada esta época, se habla muchas veces de la “segunda generación” de entonces como de una generación perdida. 1 i . . f l«Ü La primera generación llegó con su idiosincrasia propia, y a pesar de todos sus esfuerzos, nunca pudo integrarse plenamente, aunque hubiera estado dispuesta a renunciar hasta a su propia identidad. La segunda generación, nacida y criada en la nueva tierra, sufrió amargamente al darse cuenta que sus padres eran distintos a los demás, que hablaban y actuaban de manera diferente. Por eso, en múltiples •oportunidades), tella rechazo de plano los valores de sus padres, manifestando hacia ellos incluso hostilidad velada o abierta, ya que en su mayoría estaba convencida (consciente o (inconscientemente) que conservar la vivencia tradicional, dificultaría y hasta impediría su incorporación plena al nuevo ambiente. Recién la tercera generación, que ya no sufre de este complejo de inferioridad, típico de hijos de inmigrantes, Vuelve sobre sus pasos e intenta recuperar ia herencia que trajeron . sus abuelos y que desconocieron sus padres. Eso si, la hace suya a través del tamiz de su vivencia particular, creando formas concordes ,a su idiosincrasia propia y al ambiente en que se mueve. La Pérdida de la Identidad Una de la manifestación típica del proceso recién esbozado, es la “pérdida de la identidad judía”, que se manifiesta muchas ¡veces en la limitación de los elementos judaicos a un solo aspecto de la vivencia, con negación de todos los demás. Así existe, para sólo ¡nombrar lo más común, el judío exclusivamente religioso (es igual a los otros, salvo que tiene otra fe) o el judío exclusivamente nacionalista (es distinto a los demás y se considera muchas veces como de paso); .el judío que reniega de su condición de tal (trata de sumergirse y de evadir su pasado, vegetando muchas veces en un mundo de fantasía y viviendo casi siempre jen un semivacío social y sicológico). A todos ellos les es común que quieren asimilar lo específicamente judío a fenómenos habituales y comprensinúmero anterior) bles del mundo que les rodea —religión, nacionalismo, indiferencia, etc. El fenómeno de la pérdida de identidad en sí es muy complejo. Frecuentemente se debe a la falta de preparación sicológica para resistir la repentina libertad, sobre todo (en el caso de la inmigración anterior a 1914), tratándose de personas que provenían del Ghetto de la Europa Oriental o (en nuestra época) de sobrevivientes de la masacre, de por si síquicamente afectados, donde prima el deseo de deshacerse de un pasado insoportable. También influyen los valores sociales propios del nuevo ambiente que contribuyen a determinar la fisonomía del judío inmigrante, actuando ya sea por aceptación o por recnazo. Así el judío típico sudamericano se caracteriza por ser un judio secularizado y nacionalista, facetas que prevalecen en su personalidad en desmedro de todas las demás. Si bien eso bastaba para una comunidad de recien inmigrados con problemas y preocupaciones específicas, que de por sí tendía aglutinarse alrededor de sus recuerdos, de las añoranzas del pasado y de los sueños traídos del viejo continente, ello evidentemente no es suficiente para la segunda o la (tercera generación. Para mantener en ellas un judaismo vigoroso es necesario que se conjuguen, amén de la tradición común, muchos factores adicionales, sobre todo en el orden cultural y espiritual. El Estado de Israel Habla una época en que no existia el Estado de Israel, en que éste no era más que uno de los sueños que soñábamos a través de los siglos de la dispersión. Más, he aquí jque repentinamente el sueño se convirtió en realidad, que el ideal dejó de ser algo inalcanzable, para transformarse (en una realidad ¡cotidiana con problemas vulgares y normales de todo los hombres y de todas las naciones. Para los judíos, el despertar fue a la vez maravilloso y rudo. Maravilloso, porque la visión se había cumplido, y rudo, porque ya no podíamos seguir siendo —parafraseando a Herzl— “ciudadanos del Estado Judío en camino”. Para quienes la secularizaclon de su sentir judío y su concentración en el aspecto nacionalista había llegado a ser predominante, había llegado, al surgir el Estado, la solución a su problemática. O emigraron o están en vías de convertirse en “'ciudadanos de descendencia israelí”. Para ellos, Israel asume ahora el papel de la “Madre Patria”. Obviamente, si esto fuese la regla, la existencia judía en la diáspora podría mantenerse aún por cierto tiempo, pero tendería inevitablemente a debilitarse, sobre todo si falta una corriente inmigratoria que mantenga la diferenciación inicial. Para todos los demás, para los que veían en Israel un medio poderoso de asegurar la existencia judía, pero no el fin en sí, el surgimiento del pstado judío ha significado un enorme enriquecimiento de su vivencia judía, pero al mismo tiempo un factor inquietante. Bien pronto nos dimos cuenta que si bien Israel ha dado al judaismo una nueva dimensión y ha contribuido a su normalización y a su dignificación —lo que no es poco decir— su existencia como factor aislado (sobre todo pn consideración a su carácter eminentemente secular) no asegura de por si la supervivencia del judaismo, sino incluso, si no recalca cada vez más su carácter de centro espiritual de nuestro pueblo, puede llegar a constituir un foco de debilitamiento de las comunidades del mundo. Dada la aparente normalización de nuestra. situación, desapareció con su surgimiento un dique contra la asimilación —la resistencia a separarse del grupo mientra esté ¡en peligro. Fue un observador no judío quién lo sintetizó en una aguda observación: “El surgimiento del Estado de Israel —afirmó— es un hecho milagroso, pero los judíos tendrán que cuidar que Ja normalización que ello signifique, no llegue a convertirse en sinónimo de asimilación”. Así también lo ha comprendido el movimiento sionista, y el optimismo que inicialmente embargaba a sus personeros, ha dado lugar a cierta cautela y a la búsqueda de fórmulas nuevas en que se enfatiza cada vez más la unión espiritual entre el estado de Israel y el pueblo judío en el mundo, cimentados con los lazos de unión permanente de la cultura y de la tradición comunes. En este sentido son trascendentales las últimas declaraciones ¡ de Nahum Goldmann, Presidente de la Organización Sionista Mundial y la importancia cada vez mayor que el sionismo atribuye a la educación y al intercambio ¡cultural pntre Israel y la diáspora. El Judaismo Chileno Ahora bien, el judaismo chileno obviamente siente en carne propia todo jo recientemente señalado. , Conviven entre nosotros aún la primera, la segunda y la tercera generación, con fuerte predominio de la segunda, si bien la tercera ya está Iniciando su ascensión hacia los puestos directivos. Empero, aún no se ha definido qué generación (representa en este momento realmente a nuestra colectividad. Quizá sea por ello que nos sentimos en crisis, la que se debe sobre todo a que los valores de cada generación difiere substancialmente , una de la otra. Si quisiéramos describir al judío medio chileno de la segunda generación, creo que podríamos definirlo así: Es hijo de inmigrantes o inmigrante él mismo (habiendo llegado de niño al país). Es fuertemente secularizado y sionista consciente. Si bien no es observante, conserva aún ciertos recuerdos y lealtades familiares que le inducen a asistir a la Sinagoga por lo menos en Rosh Hashaná y Yom Kipúr y de cumplir con ciertos ritos de la religión (Brith Milá, Bar Mitzva, casamiento religioso y entierro en el cementerio judío). Quizás cumpla con eso no tanto por necesidad espiritual sino para evitar un vago sentimiento de culpabilidad si lo omitiera. Manifiesta su judaismo asociándose a instituciones judías, moviéndose en un ambiente judío —tanto familiar— como socialmente y acudiendo, muchas veces en ¡forma generosa, a los llamados de la colectividad para los más diversos fines de bien común. Dado que se da cuenta que “algo le falta” a su existencia judia, envía —en proporción apreciable (26%)— a sus niños al colegio judío. Si bien considera anticuada las ideas de ia “primera generación” tampoco comprende por lo general a sus hijos, a la “tercera generación” los que no quieren aceptar de buenas a primeras los moldes que él, con sacrificio y con amor, les ha forjado. [Prevé en eso un debilitamiento de la vida judía, sin darse cuenta que e mismo ya se ha alejado bastante de las fuentes del judaismo. Considera por el contrario como “rebeldes sin causa” a los jóvenes que buscan algún ideal concorde con su vivencia tanto ¡judia como humana. De lo anterior desprendemos que vivimos aquí y ahora, y dentro de las ¡circunstancias propias de nuestro medio, gran parte del proceso descrito en los acápit “El complejo de la Segunda Generación” ¡y “La pérdida de la identidad”. ¿Hacia dónde vamos? Dijimos al comienzo que en el ambiente se nota cierta inquietud y que la interrogante, “¿Hacia dónde vamos?” se actualiza cada vez más. Si bien la situación especial de la “B’ne Jisroel” no puede ser considerada como representativa de todo el Yishuv, ya que afortunadamente, la falta física de una generación entera no es algo que caracteriza a toda la colectividad, no es menos cierto que hay numerosos segmentos del judaismo chileno en situación bastante parecida. Además, y más allá de los hechos recién especificados, existen muchos problemas similares en todas las MIDI JELEN Feine Goldschmiede Arbeiten Moderne Aendenmgen Uhren Reparaturen Staendige Auswahl von Schmucksachen Edif. Pza. de Armas Local 136, (entrepiso) Eingang MONJITAS 879 „ 21 DE MAYO 583 Telefon privat 54369 organizaciones del Yishuv y es cada vez mayor la cantidad de personeros responsables que se dan cuenta que todos, sin excepción, vivimos un período de transición y de crisis de identidad judía. Hay consenso que las viejas fórmulas son caducas, pero también hay acuerdo que aún no han surgido los moldes nuevos en que verter ias inquietudes de las nuevas generaciones. Ya nadie pretende mantener o recrear una vida comunitaria de épocas pasadas, de tiempos de crisis que si bien por eso mismo era más intensiva, por otra parte no corresponde ni lejanamente a nuestras actuales necesidades. No hay, por lo demás, ninguna persona juiciosa que no se diera cuenta que el mero afán de cambiar las cosas nada logra. Sería tan ilusorio pensar en volver a lo antiguo como querer implantar de golpe una vida comunitaria al estilo de los EE. UU., donde todo gira en torno a la iglesia, sea ella cristiana, judía o laica. Las condiciones son diferentes y nada sacaríamos con imitar ciegamente algo que no corresponde a nuestra realidad. Pese a ello y en consideración a que todo el mundo contemporáneo —al occidente y al oriente de la cortina de hierro— va encaminado en mayor o menor grado hacia una sociedad de consumo, hacia un conglomerado fluido de masas sin distingos específicos de ciases sociales, hacia una civilización altamente tecnocrá tica con características socio-económicas sui géneris, o sea, hacia una cultura cuyo prototipo es la que ya existe en los EE. UU., el autor de estas líneas cree que dentro de un plazo prudente, nuestros problemas presentarán cierta semejanza con los que allí existen y estima por lo tanto que para salvaguardar el futuro de nuestra colectividad será preciso ir a la incorporación y adaptación paulatina de mucho de lo que tuvo éxito en el país del norte. Ello evidentemente deberá ir acompañado de là incorporación de elementos propios y de los nuevos impulsos que —confiamos— vendrán de Medinat Israel. Así espero lograremos un todo armonioso. Más, no e3 menos cierto que la meta está aún brumosa. Sin embargo, la misma efervescencia y el debate que abarca a círculos cada vez más amplios, es la mejor señal que nuestra tercera generación comienza a buscar su herencia, ansiando sobre todo un reencuentro con la fe, que hallará e integrará a sus vidas, aunque desconozcamos todavía las formas en que ello se hará manifiesto. Hans Engel ANZEIGEN ANNAHME Fuer das B. J. Los Serenos 476 OS. 22-23 (Catedral Höhe 1250)