Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXVIII (1966)
- Issue
- 6 (Junio, 1966)
- Date
- 1966-06-01
- Page
- Seite 7 (sequence 7)
- Language
- German
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J JUNIO 1966 BOLETIN INFORMATIVO ASI NACIO ISRAEL HISTORIA DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA por Menahem Talmi El 29 de noviembre de 1947 fue una fecha decisiva y fundamental para el pueblo judío. Treinta años de Mandato británico en la Tierra de Israel tocaban a su fin. La lucha de la población judía contra la privación de sus derechos había llegado a un punto de culminación. Se volaban puentes y vías férreas; se asaltaban campamentos e instalaciones militares; se traían inmigrantes judíos a despecho de las' autoridades británicas y burlando sus arbitrarias disposiciones. Todo esto bajo un régimen de intimidación, registros domiciliarios, confiscación de armas defensivas y detención de los miembros de la organización de defensa judía, por la policía y las fuerzas armadas británicas. Del lado árabe se escuchaban amenazas, fragor de armas y abiertas exhortaciones a la ‘‘Guerra Santa” contra los' judíos. Al mismo tiempo, la Organización de las Naciones Unidas estaba estudiando el “Problema de Palestina”. Estaban a punto de decidir el establecimiento de dos Estados separados —uno judío y otro árabe. Las miradas del mundo entero, y en particular las miradas de los judíos, permanecían fijas en la sala de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Todos esperaban con ansiedad la conclusión de los debates y la realización de la votación decisiva. Al atardecer del 29 de noviembre la atmósfera del país estaba electrizada, cargada de tirantez y de nerviosa expectativa. En las calles principales de Tel Aviv s'e habían instalado altavoces alrededor de los cuales se apiñaba la gente ávida por escuchar las últimas noticias. Con las primeras horas del 30 de noviembre, poco después de medianoche, estalló súbitamente la tensión. Las Naciones Unidas se habían decidido, con el voto de la mayoría de sus miembros, en favor del establecimiento de un Estado judío. Las calles1 se llenaron inmediatamente con una muchedumbre que vitoreaba, cantaba y expresaba su regocijo; la gente brindaba ñor el gran día. Los carros blindados británicos, que hasta entonces habían sido hostiles y amenazantes, se volvieron vehículos amistosos. Muchachos y muchachas se colgaban de ellos, trepaban sobre sus torrecillas y "estrechaban las manos de los soldados y policías británicos. PREPARANDOSE PARA LA LUCHA Pero los que manejaban el timón entre la población judía no se dejaron arrastrar por esta alegre embriaguez. Antes de conocerse los pormenores de la votación de Lake Suceess, habían estado dedicándose a los preparativos' para el mañana incierto. La mayor parte de los miembros de la Haganá se dirigían apresuradamente a los puestos defensivos ocultos en las lindes de las poblaciones, concentrándose en lugares de reunión prefijados, empu¬ ñando sus armas recién sacadas de escondrijos secretos. En la madrugada del 30 de noviembre, una hora después de medianoche, el comando de la Haganá en Tel Aviv y sus alrededores declaró la movilización general de todas las fuerzas judías. Los árabes, que se negaban a acatar la resolución de las Naciones Unidas, esperaban impacientes la señal para iniciar sangrientos disturbios. Ese mismo día una muchedumbre sedienta de sangre había atacado un autobús judío que viajaba de Jedera a Jerusalén; seis judíos fueron asesinados y ocho quedaron gravemente heridos. El ánimo alegre de la población judía cedió en un santiamén. No cabía abrigar más ilusiones respecto a lo que se avecinaba. Muchos obreros árabes que trabajaban en zonas judías dejaron de concurrir a sus' ocupaciones; los vendedores árabes abandonaron sus tiendas en los mercados compartidos por ambas comunidades; en los bordes de las ciudades judías y árabes resonaban ya estampidos de armas de fuego y detonaciones de explosivos. De los suburbios' comenzó a afluir un torrente incesante de refugiados que buscaban amparo en el centro de las ciudades. COMIENZA LA BATALLA El 2 de dieiefnbre comenzaron los árabes en todo el país una huelga de protesta, proclamada y dirigida por el Alto Comité Arabe. El misino día, una multitud árabe incendió . en Jerusalén el centro comercial judío y apedreó a autobuses que viajaban en los suburbios. En todo el país crecía 1a. instigación a desórdenes, y en las mezquitas los imanes islámicos pronunciaban encendidos discursos predicando el asalto al enemigo judío. En Tel Aviv, en el sur y en la carretera a Jerusalén, tanto el populacho árabe soliviantado como partidas armadas emboscadas, asesinaban y herían a judíos. No pasaba un solo día sin luchas. Los disturbios se extendían y se hacían más violentos. Los' atacados repelían la agresión; la Haganá perseguía a los atacantes y emprendía acciones represivas, que condujeron a la" muerte de muchos revoltosos. El país entero se debatía en una vorágine de sangre y fuego. El 18 de enero de 1948 fueron muertos' treinta y cinco de los mejores jóvenes de la Haganá de Jerusalén, cuando acudían en ayuda del gruDO de colonias de los montes de Judea conocido como “Gush (Bloque) Etzión”, sitiado por los árabes. No sólo los árabes de Palestina se negaban a aceptar a resolución de las Naciones Unidas. Los gobernantes de los países árabes anunciaban que consideraban injusta la resolución de las Naciones' Unidas y que harían todo cuanto estuviera a su alcance para impedir su cumplimiento. En los países vecinos actuaban intensamente propagandistas y agentes de reclutamiento, que movilizaban grandes cantidades de árabes para combatir en el “Ejército de Liberación”. El alharaquiento Fawzi Kaukadjí, educado en la Alemania nazi, se entronizó como comandante en jefe de ese “ejército” heterogéneo. Sus tropas se infiltraban en masa a través de las extensas fronteras desguarnecidas, mientras los1 británicos hacían la vista gorda ante tales preparativos y los cargamentos de armas afluían hacia los cuarteles de los revoltosos'. LAS FUERZAS JUDIAS La tormenta que estaba cuajando encontró a la población judía psicológicamente preparada, pero escasamente abastecida de recursos militares. Su potencial humano adiestrado y movilizado era muy reducido; la calidad de sus armas responcía, en el mejor de los casos, a acciones defensivas como las que habían caracterizado los disturbios, de 1936-1939; los vehículos' blindados, la artillería y otros elementos modernos, brillaban por su ausencia; la “fuerza aérea” comprendía apenas unos viejos aeroplanos pequeños de deporte y de aprendizaje. CARA A CARA En la medida en que las tropas británicas' evacuaban unas tras otra las diversas zonas del país, se enfrentaban en ellas en el campo de batalla las fuerzas árabes y judías cara a cara. Ya antes do llegar a esta etapa habían sido aumentadas notablemente los efectivos árabes, pero también la fuerza judía había crecido y se había afianzado. Así, logróse limpiar la Galilea Occidental y Oriental, incluyendo las ciudades de Tiberíades, Haifa, Acre, Safed y Iafo. La Jerusalén judía, si bien sitiada, extendió su perímetro y se liberó de los enclaves árabes en sus distritos meridionales. Aun cuando el Bloque Etzión en los montes' de’ Judea debió rendirse a un enemigo muy superior en número, lograron los judíos ocupar totalmente el Néguev Septentrional. La despavorida huida de la población árabe en los puntos donde la Haganá atacaba, facilitaba la ocupación y el dominio de la zona y causaba un sinfín de trastornos al enemigo. Las masas de fugitivos desorganizaban sus formaciones y sus planes. SALEN LOS BRITANICOS El 15 de mayo de 1948, cuando los últimos británicos SOLDADOS JUDIOS EN CAMPANA x * i « partieron y se proclamó el Estado de Israel, los ejércitos de los países árabes invadieron simultáneame n t e desde varias direcciones. Aparentemente tenían todos el mismo objetivo, pero en realidad estaba cada uno de ellos ávido por arrebatar un pedazo de tierra lo más extenso posible. La Legión Arabe, con la ayuda de unidades iraquesas que ya antes de la invasión habían tomado posiciones en el “Triángulo” (la región entre Shjem (Nablus), Yenín y Tulkarem), y en la Ciudad Vieja de Jerusalén, concentraba sus principales operaciones en la zona de Jerusalén. Sus comandantes, que creían que no sería difícil derrotar a las fuerzas que defendían la ciudad, esperaban que sus tropas pudieran abalanzarse desde la Jerusalén capturada hacia la planicie de Judea, ganándole de mano a las fuerzas egipcias en la ocupación de la llanura costera, por una parte, y aventajando a los sirios y libaneses en la conquista de Haifa, por la otra. Pero todos estos cálculos optimistas se estrellaron contra la firme resistencia de los defensores de Jerusalén, y la Legión Arabe no halló otra alternativa que desahogar su ira bombardeando despiadadamente a la ciudad y sus pobladores. La única victoria. de la Legión después de la invasión, fue la captura del barrio judío en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Los egipcios, que habían'invadido desde el sur con un rápido movimiento de pinzas, tuvieron más éxito. Un brazo de su pinza avanzó por la costa hacia el norte, mientras el otro se desplazó hacia el este, a través de Udjael Jafir (actualmente Nitzana) y Beer Sheba hacia Hebrón y los aledaños meridionales de Jerusalén. El brazo occidental logró ocupar, después de cruentos combates, Kfar Darom y Iad Mordejai, que estaban sobre el eje de la línea de invasión; pero después de ser rechazados varias veces debieron renunciar los egipcios a tomar el pequeño kibutz Ni rtm, dejándolo librado a su suerte, con la esperanza de qué de todos modos'caiga en su poder cuando lograran la victoria esperada. En el avance hacia el norte cayó también Nitzanim y sus defensores fueron tomados prisioneros. Bajo el slogan de “un paseo a Tel Aviv” (que era bombardeada entonces con frecuencia por su fuerza aérea), y con la esperanza de ocuparla, continuó la columna egipcia marchando por la costa rumbo al norte. Pero al llegar a las vecindades de Ashdod fue detenida por un hábil contraataque de las fuerzas de la Haganá. Habiendo fracasado en su intento de seguir avanzando y de quebrar la resistencia israelí, se dirigió esta columna también al este, para tropezar inmediatamente con un nuevo e insalvable obstáculo en la inquebrantable firmeza del kibutz Negba. En el ínterin, el brazo oriental de la pinza egipcia, al no verse estorbada por poblaciones judías en su camino, cumplió su misión con más facilidad; sólo le hostigaron los defensores de Revivim, que le cortaron las líneas de comunicación junto a Bir Asludj. Pero los egipcios sé sobrepusieron a esto mediante un camino que rodeaba el obstáculo establecido por los israelíes. El avance del brazo oriental aisló a Beth Eshel y Nevatim de toda comunicación terrestre con las áreas ocupadas por las fuerzas israelíes, de modo que los escasos abastecimientos y municiones que se les podía suministrar eran enviados por vía aérea. ISRAEL RESISTE. Détenida la columna egipcia en el norte del Néguev y desbaratados sus planes de avance, concentró todo su poderío en fortificar sus posiciones en las vastas extensiones abiertas que acababa (Pasa a la Pág. 20)