Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXVI (1964)
- Issue
- 12 (Diciembre, 1964)
- Date
- 1964-12-01
- Page
- Seite 15 (sequence 15)
- Language
- German
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DICIEMBRE 1964 BOLETIN INFORMATIVO 15 LA HISTORIA DE ISRAEL EN EL IDIOMA COREOGRAFICO SE RENUEVA EL FOLKLORE ISRAELI Por GURIT KAD.MAN Al tiempo que reconstruye su patria milenaria y su vida nacional, Israel trata naturalmente de resucitar su folklore, y en particular sus danzas. Pero ello no es tan fácil. Investigando las fuentes y las raíces de la danza en el período de la soberanía nacional, hace veinte siglos, llegamos a la conclusión que en los tiempos bíblicos el pueblo israelí era muy aficionado a la danza. La Biblia nos suministra amplia prueba de ello: Miriam, la hermana de Moisés, condujo a las hijas de Israel en una danza triunfal cuando el pueblo judío cruzó el Mar Rojo (“y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas”.—Exodo 15 : 20). La hija de Jefté salió bailando a recibir a su padre antes de cumplirse su trágico destino (“su hija le salió al encuentro con adufes y danzas”.— Jueces 11 : 34). El rey David bailó delante del Tabernáculo al transportarlo de Silo a Jerusalén (2 Samuel 6 : 14). En la Biblia y el Talmud figuran más de treinta movimientos de danza. Lamentablemente su significado cayó en el olvido. Las danzas bíblicas no pueden reconstruirse hoy como se ha hecho con las egipcias y las griegas, porque no se encontraron cuadros, relieves ni esculturas del cuerpo humano de aquellos tiempos. La razón reside en el tercer mandamiento: “iNo te harás imagen ni semejanza de cosa alguna...”. Así que lo que llamamos hoy danzas bíblicas no son más que fruto da la imaginación. ¿Cómo cayeron en el olvido las danzas populares? Durante los 2.000 años que pasaron en la diáspora, los judíos supieron conservar su herencia espiritual, pero olvidaron las costumbres intrínsecamente vinculadas con el suelo, adoptando bailes y canciones de las naciones en cuyo seno vivían. La vida en el guetto no se prestaba mucho para la conservación ni para la creación de bailes. Y sin embargo, aún detrás de los siniestros muros del guetto los judíos bailaban. Merece mención especial la secta jasídica que surgió entre los judíos de Europa Oriental en el siglo XVIII. Ellos expresaron su ferviente fe por medio de canciones y danzas. Sus bailes revisten por lo general un carácter religioso extático. Una de sus danzas de boda, el “sher”, es conocido hasta por los bailarines folklóricos de Europa y las Américas. DANZAS YEMENITAS Otro grupo aficionado a la danza son los judíos yemenitas que vivieron por espacio de centurias en el reino árabe del Yemen, en la península arábiga, cerca del Golfo de Akaba. Ahora toda la comunidad yemenita se encuentra en Israel, y constituye el grupo étnico más talentoso por lo que se refiere a la música, la danza, la expresión dramática natural y la artesanía —orfebrería, bordado y confección de cestos—. Tienen un estilo propio que, naturalmente, es típicamente oriental. En sus danzas este estilo se expresa en pasos pequeños, movimientos rítmicos del cuerpo, vibración de rodillas y tobillos y movimientos estilizados de manos y brazos. Por lo visto, no son muchas las fuentes con que contamos para revivir los bailes populares de Israel. Las danzas bíblicas no se conservaron; los bailes jasídicos son demasiado místicos y las danzas yemenitas demasiado orientales, así que el objetivo del movimiento folklórico de Israel no puede ser, como en el caso de otras naciones, resucitar las formas antiguas sino crear otras nuevas. Este proceso de creación está ahora en plena marcha. Todos los elementos, así como todas las comunidades, se fusionan y se integran en bailes nuevos. Los bailes populares israelíes fueron creados en su mayoría en los últimos once años. Pero ya los primeros pioneros que vinieron a la Tierra de Israel a principios de este siglo eran aficionados a la danza. Los que vinieron antes y después de la primera guerra mundial trajeron de sus países de origen bailes que se propagaron rápidamente por todo el país: la horra originaria de Rumania, que se transformó tanto que puede considerársela típicamente israelí; el krakoviak, de Polonia; la circasiana del Cáucaso; la alejandrina de Rusia; la polca de Lituana; la escocesa, etc. Pero a medida que la gente iba adquiriendo conciencia nacional crecía la necesidad de danzas folklóricas que reflejaran el espíritu de Israel. DANZAS DE DALIA El primer festival nacional de bailes folklóricos se celebró en julio de 1944, durante la segunda guerra mundial, en el kibuts Dalia, en los montes de Efraim. El festival despertó gran interés y ofreció un cuadro completo de la situación que reinaba a este respecto en el país; se presentaron algunos bailes muy conocidos, muchos de los cuales tenían raíces en el folklore de otras naciones; muy pocos bailes nuevos se presentaron en esa ocasión. A pesar de las condiciones difíciles creadas por la guerra y la falta de medios de transporte, tomaron parte en el festival un centenar de bailarines, y miles de espectadores vinieron a asistir a la última función. Este acontecimiento abrió una nueva página en los anales del baile popular israelí. Inmediatamente después del mismo se organizaron cursos de bailes folklóricos, cuyos coreógrafos son hasta el día de hoy bailarines aficionados, que pertenecen en su mayoría a alguna colonia colectiva. El segundo festival de danzas tuvo lugar en Dalia en el verano de 1947. Esta vez asistieron 500 bailarines, que trajeron consigo tiendas de campaña, banderas y productos alimenticios, estableciendo una “aldea de bailarines” en las yermas laderas de los montes de Efraim. El público pasó la noche en vela sentado en las piedras que forman un inmenso anfiteatro natural, siguiendo atentamente la función. No podían volver a su casa a causa del toque de queda impuesto por la administración británica. El programa incluyó bailes populares y festivos. Esta vez se ejecutaron solamente bailes israelíes, dando prueba del cambio producido desde el primer festival, celebrado tres años antes. El tercer festival se celebró en Dalia en 1951; atrajo a un público mucho más numeroso que los primeros dos, y se ejecutaron solamente danzas folklóricas israelíes. El programa consistió en bailes dedicados a la siembra y la cosecha, bailes pastoriles y de pescadores, danzas que celebraban el hallazgo de un manantial, danzas festivas especialmente relacionadas con los antiguos festivales bíblicos de la naturaleza y la agricultura; la plantación, la esquila y la vendimia. El último festival de Dalia se celebró durante los festejos del décimo aniversario, y constituyó un verdadero acontecimiento artístico. El programa, dedicado al décimo aniversario del Estado, relató la historia de Israel en el idioma coreográfico SURGE EL ESTILO ISRAELI Hoy en día ya se puede hablar de un estilo israelí. La tradición jasídica y la yemenita, la enérgica horra de los Balcanes y la “debka” árabe se mezclan con pasos, movimientos y grupos coreográficos propiamente israelíes, para crear un estilo nuevo e interesante. Las mismas tendencias se revelan en la música para danza. En cuanto al acompañamiento, todavía estamos en los comienzos. Puesto que los complicados instrumentos occidentales —tales como el piano, .acordeón y guitarra— no se prestan para las melodías orientales, buscamos otros medios para acompañar nuestras danzas, tales como la flauta y los instrumentos de percusión. Nos encontramos asimismo en una etapa inicial en cuanto al vestuario, que podría servir también de traje nacional. Todavía andamos en busca de un estilo que combine la tendencia bíblica y las exigencias modernas, y se adapte al mismo tiempo a nuestro paisaje. Pero es más difícil “crear” un traje nacional e inducir a la gente a usarlo que inducirla a bailar nuevas danzas populares. Este proceso de crear y propagar bailes folklóricos en plazo tan breve podrá parecer poco natural, e incluso ridículo, a los ojos de las naciones más dichosas que nosotros, que conservaron su tradición. Sin embargo, no tenemos otro recurso. No podemos esperar varios siglos hasta que surja un folklore auténtico; lo necesitamos ahora, y tenemos que crear en pocos años lo que se forma en el curso de generaciones. Nos alientan en nuestros esfuerzos los bailarines y expertos de otras naciones que encontramos en congresos, juntas y festivales internacionales, y que afirman que nuestros bailes, los más jóvenes en la familia internacional de bailes folklóricos, aportan mucho a la misma. Esta afirmación nos llena de satisfacción y justifica nuestra esperanza de avanzar por el buen camino. (“Israel y América Latina”) TEATRO TERAPEUTICO Tía Shumisch, a la que le faltan dos dientes delanteros y que la pasa estornudando continuamente, encuentra a un niño escondido detrás del tacho üe desperdicios. “¿Qué haces aquí?”, le pregunta Tía Shumisch. “¿Qué te importa?”, contesta el fugitivo Nissim, vestido con harapos y hambriento. En el , diálogo que sigue, la Tía gana la confianza del niño y lo induce a que acepte desayunar i con ella. Ahora bien. ¿Cómo ha de ser la tía, cómo ha de caminar, hablar, actuar y cómo conquistará el cariño de Nissim? Y, en cuanto a Nissim, ¿cómo queremos que sea el niño? Es así como el teatro Bamón de Haifa convierte en drama creador la pieza “Nissim Veniflaot” (que textualmente significa “Milagros y Maravillas”, pero que también constituye un juego de palabras, pues Nissim es, en hebreo, también nombre de varón), una especie de “West Side Story” israelí, escrito por Lea Goldberg. Bamón es un conjunto dramático de niños y para niños, dirigido por Biela Lapkin, nacida en Safad y criada en el Canadá. En los cuatro años de su existencia, Bamón puso en escena varias piezas, inspiradas generalmente en temas israelíes, bíblicos y judíos. El año pasado tuvo mucho éxito en Haifa y Galilea con una comedia musical. Varias características destacan a este grupo teatral. Las clases de arte dramático se dictan en dos pequeñas habitaciones pertenecientes al Club Wizo del Monte Carmelo, organización que también auspicia el teatro. Uno espera, naturalmente que los pequeños actores sean principalmente niños que habitan uno de los hermosos barrios que se levantan en las laderas del Monte Carmelo. Pero los 80 participantes forman un verdadero “crisol de las diásporas”. Por cada Roni, Guil, o llana de los barrios del Monte Carmelo, hay por lo menos un Nissim, Sara u Ovadia de los barrios pobres de Haifa. Más aún, la mitad de los niños estudia en escuelas especiales. Una escuela de esta clase es Amal, escuela diferencial; otra es Maavar, para niños inadaptados. ¿Cómo puede funcionar un conjunto tan divergente? He aquí lo que dice Yarin, un niño de 11 años de edad, acerca de los niños de las escuelas especiales: “Frecuentemente, son traviesos. Pero no les prestamos atención. Entre ellos hay niños muy inteligentes. Con el tiempo, los niños no sólo aprenden a tolerarse sino también a comprenderse los unos a los otros”. En cuanto al drama creador, los actores son alentados a crear personajes e improvisar diálogos y situaciones. Cuando la Sra. Lapkin ense¬ ñaba en Kiriat Motzkin, los niños improvisaron toda una pieza. Cuando están de acuerdo sobre una idea, la ponen en práctica y la pieza se convierte en una creación colectiva. Los personajes y las situaciones reflejan por lo general los sueños del niño, sus frustraciones e inhibiciones. El niño tímido se convierte en rey. El niño resentido, al salir del escenario, está ajustando cuentas —en realidad— con su hermano mayor. Los problemas encuentran expresión, pero no en forma da¬ ñina sino de manera constructiva CONTACTO CON EL PUBLICO Las creaciones de los ni¬ ños son a veces crudas, infantiles e incluso primitivas. Frecuente, aunque no necesariamente, no corresponden al nivel del teatro profesional. Con todo, mejoran a medida que los niños crecen. Sea como fuere, puesto que se trata de imaginación infantil, sus creaciones encienden la mente de los niños que forman parte del público. En una conferencia sobre el papel que el teatro desempeña en la educación, el famoso director israelí de teatro y cine Peter Frye, dijo que en su opinión, “nosotros siempre estamos actuando; desde la infancia hasta la vejez”. El teatro es un escenario en el que, a través de los intérpretes, el público “vive” sus propios problemas. Bamón mejora, además, la dicción y el uso del lenguaje. La timidez natural que experimentan tanto los niños como los adultos al verse delante de un grupo, desaparece como por arte de magia. El miedo al público prácticamente no existe. “Improvisad” es el lema de Bamón. La Sra. Lapkin prepara, por lo general, dos elencos para cada obra. En una de las últimas representaciones, aparecieron ambos elencos en el escenario. En lugar de tres actores —cada uno de los cuales tuvo que decir algo sobre el caballo blanco del rey— hubo seis. A los que sobraban se les dijo: “Decid lo que se os ocurra”. De manera tal que no hay dos representaciones exactamente iguales de la misma obra, excepción hecha quizá de las canciones y los bailes. Pero los niños no sólo parecen libres y felices cuando actúan, sino que lo son. Biela Lapkin era maestra de hebreo en Winnipeg (Canadá) antes de dedicarse al drama creador. Es miembro de la Asociación Americana de Teatro Educativo (AETA) y desde '1961 vive en Israel. Bamón cúenta igualmente con un instructor de dicción y mímica. La compositora Tirza Klemperer tiene a su cargo la música y los efectos musicales para cada pieza. Un creciente número de mujeres ayudan voluntariamente por lo que toca a la organización, los decorados y el vestuario. Algunas asisten a un curso de maquillaje. La Policía de Haifa se encarga del transporte de los niños. (“Israel y América Latina’)’