Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXVI (1964)
- Issue
- 10 (Octubre, 1964)
- Date
- 1964-10-01
- Page
- Seite 17 (sequence 17)
- Language
- German
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OCTUBRE 1964 BOLETIN INFORMATIVO 17 JERUSALEM LA CAPITAL DE ISRAEL VISTA POR ARTISTAS Jerusalén ha sido durante siglos, fuente de inspiración para los pintores. Para la mayor parte de ellos era una ciudad imaginada, producto de una visión idealista, puesto que nunca habían estado en la ciudad. En su condición de Ciudad Santa por excelencia, era un símbolo, tanto para la filosofía religiosa, como para la no religiosa. Jerusalén aparece insistentemente en los primeros murales cristianos, en el arte italiano del siglo XVI y en el holandés del siglo XVII, así como también en los siglos posteriores. Estas representaciones no se proponían ser exactas. La Jerusalén de Fra Angélico se parece a Florencia o a Siena. La Palestina de Breughel era flamenca. En los aguafuertes y cuadros bíblicos de Rembrand los edificios y paisajes son holandeses, y ni siquiera se refieren a algún período en particular. Sin embargo, la verdadera Jerusalén interesó al mundo occidental desde tiempos muy anteriores. Los mapas ejecutados en la Europa Medieval presentan la Ciudad Santa de Jerusalén como centro del mundo. Durante el período bizantino, también fue centro del mundo artístico. Peregrinos que visitaron Tierra Santa en distintas épocas, realizaron bosquejos en tela, pergamino y papel. En aquellos cuadros que descubren a Jerusalén, a menudo encontramos cúpulas, torres, palmeras y muros de piedra. Los judíos nunca olvidaron a Jerusalén. En una sinagoga del siglo III de nuestra era, descubierta en Dura Europos, se encontraron muestras de un arte antiguo específicamente judío, y entre éstas, un fresco que representa a Jerusalén y su Templo en forma imaginaria aunque con ciertos elementos de realidad. En Madaba, al sur de Israel y al Este del Mar Muerto, se descubrió en 1896 un mosaico del siglo V o VI, perteneciente a una iglesia. El motivo central del mismo es un mapa de Tierra Santa, desde Damasco hasta Alejandría. Los múltiples detalles de este mapa son tan precisos, que posteriormente se construyó un modelo tridimensional basado en él. En el siglo XVI, un judio italiano anónimo, conocido como el “Peregrino de Cásale” —nombre de su pueblo natal, Casale Monferrato— visitó Tierra Santa y describió a Jerusalén en imágenes y palabras. La invención de la imprenta dio un ímpetu considerable a la publicación de libros de viaje ilustrados. Descontentos con la representación imaginaria y visionaria de Jerusalén, los pintores y grabadores holandeses fueron de los primeros en arriesgarse a pintar y dibujar la Ciudad Santa. Cornelís de Bruyn, artista holandés, publicó en 1698 una relación de su viaje a Palestina. Allí describe el panorama de Jerusalén que se ofreció a su vista desde el Monte de los Olivos: “A veces me veía obligado a interrumpir mi trabajo y esperar la llegada de 'un nuevo día, en razón del peligro. .. El abate del monasterio me había rogado que no dibujara la ciudad, ya que esto podía ser causa de desdicha para el monasterio si los turcos llegaban a saberlo”. En el siglo XIX, el interés general por Oriente y en especial por Tierra Santa y Jerusalén llegó a su clímax. La gente se deleitaba con la poesía y los exotismos orientales. Muchos artistas viajaron a Jerusalén para obtener una figura topográfica exacta y verdadera, y algunos pintores ingleses, John Singar Sargent entre ellos, permanecieron en Palestina durante algún tiempo. El pintor escocés David Roberts visitó Medio Oriente en 1839; habiendo partido de Egipto, cruzó el desierto, hizo su primer alto en He'brón, y sólo llegó a la Ciudad Santa después de haber visitado la costa, donde quedó demorado hasta que la epidemia que abatía a Jerusalén se hubo aplacado. Realizó litografías sobre sus bocetos de Oriente, las cuales fueron editadas con el nombre de “Tierra Santa, Siria, Idumea, Arabia, Egipto y Nubia”, y acogidas con gran entusiasmo. Cuando los pintores judíos comenzaron a abrirse camino hacia Israel, algunos de ellos decidieron afincarse en Jerusalén. En 1906, el profesor Boris Schatz fundó la Escuela Bezalel de Arte y Artesanía. En aquel entonces Jerusalén estaba en manos de los turcos, y jóvenes pio- Alfredo Confecciones finas para Señoras Gran surtido en Abrigos, trajes dos' piezas y chaquetones en novedosos modelos de temporada. Marcoleia 250, dentro el Mercado Presidente Ríos Pabellón 2, piso 2.o — Fono 36143 (Estacionamiento de automóviles) Por MIRIAM TAL ñeros judíos comenzaban a colonizar el país. Prácticamente no había actividades culturales. En un principio, los maestros y alumnos de Bezalel vieron a Jerusalén con realidad e idealismo: su estilo era académico. La gente y el concepto de Jerusalén eran para ellos un concepto idealista. El profesor Schatz inició en Bezalel su intento de crear un estiló pictórico nacional, específicamente judío. Algunas de sus ideas tuvieron éxito, pero en conjunto, el intento de crear artificialmente un así llamado “estilo judío”, fracasó. Después de la Primera Guerra Mundial, varios artistas importantes hicieron de Jerusalén su hogar, y trataron de expresar en pinturas, dibujos, aguafuertes y acuarelas, su peculiar belleza y carácter. Actualmente Jerusalén es una ciudad inusitada, compuesta de varias ciudades, todas diferentes entre sí. Es una capital provincial. Es la capital del judaismo ortodoxo, y algunos de sus barrios son exactamente iguales a los villorrios que existían en Polonia o Lituania en los siglos XVI y XVII. Las casas, los patios, y sus habitantes, aún producen la impresión del “ghetto” judío que existía en tiempos de los padres del jasidismo. Y sin embargo, Jerusalén es también una ciudad oriental; algunos de sus barrios y suburbios tienen la apariencia de una “Mellah” del norte de Africa. Yemenitas, kurdos, tunecinos, todos han conservado sus costumbres y vestigios, por lo menos la vieja generación. Desde el punto de vista geográfico, Jerusalén está llena de implicaciones históricas y lugares legendarios. Los israelíes ya no pueden entrar en la Ciudad Vieja. La podemos ver sólo de lejos, fuera de nuestro alcance. Están el lugar del Templo, los muros y torres, el Muro de los Lamentos, más imaginado que contemplado. Podemos, por ejemplo, observar el hermoso panorama que se abre desde Abu Tor, que da a la Ciudad Vieja. Podemos ver la ciudad en todo su esplendor desde el kibbuts Ramat Rachel, y si subimos a la torre del edificio de la YMCA, podremos ver la Ciudad Vieja y la Nueva desplegadas entre las colinas y las montañas, salpicadas de cipreses. “Montañas a su alrededor”, dice el Salmista. Jerusalén es una ciudad de colinas. Los espacios abiertos, el cielo, las montañas, están siempre cerca. Es una ciudad que alienta meditación, hábito religioso y un espíritu de serena belleza. DIA DEL ARTISTA Recientemente realizóse en Jerusalén el Día del Artista. Ochenta artistas fueron durante tres días huéspedes de honor de la Municipalidad, y pasaron su tiempo observando y tomando bocetos de lugares desconocidos u olvidados hace largo tiempo. Más tarde, sus trabajos fueron exhibidos en una muestra organizada y patrocinada por la Oficina Nacional de Turismo, el Consejo Nacional para el Arte y la Cultura y la Municipalidad de Jerusalén. De los trabajos, recifoibidos —200 en total—, fueron seleccionados 124. Cada artista se expresó según su particular visión de Jerusalén, y tanto los pintores jóvenes como los veteranos, lo hicieron sin ninguna ciase de lamentaciones. Jacob Steinhardt, artista gráfico y pintor de fama en Israel y en el extranjero, encontró su fuente de inspiración en el aspecto bíblico, jasídico y místico de Jerusalén. Describió los angostos senderos a la luz de la luna, los balcones humildes, los techos ruinosos y las viejas sinagogas, sin sentimentalismo y sin buscar efectismos. Pintó los muros y torres, y la zona del Templo. Uno de estos cuadros fue exhibido en la muestra, y produjo hondo efecto. Steinhardt ha llevado sus cuadros de Jerusalén al extranjero, presentándolos en muestras internacionales, en las cuales récifoió premios. Entre otras de la Bienal de San Pablo y la Bienal de Venecia. Sus grabados en madera fueron publicados en Israel y en el extranjero. Su estilo, aunque participa de ciertas características expresionistas, se ha vuelto más sereno, casi clásico; pero Jerusalén sigue siendo, hasta hoy, la fuente principal de su inspiración. VETERANA PINTORA DE JERUSALEN Uno de los dibujos de la exposición, de hermosa austeridad, finamente cincelado y audazmente circunscripto a sus elementos esenciales, fue enviado por Anna Ticho, quien está radicada en Jerusalén desde antes de la Primera Guerra Mundial, y aún vive y trabaja en ella. Sus dibujos se exhiben en museos europeos y americanos especialmente en el Museo Stedelijk de Amsterdam. Anna Ticho busca la perfección de línea y composición. Dibuja las colinas, árboles, piedras, senderos y muros de Jerusalén en forma austera, sintética y meditativa, y su estilo, de trazos delicados en la primera fase de su creación, es hoy audaz y libre, aunque sin haber perdido su fuerza. Algunos pintores prefirieron expresar la esencia de Jerusalén por medio de símbolos o de una completa abstracción. Para Mina Zasselman, la Jerusalén festiva es una abstracción en rojo y violeta, suntuosa y llamativa. Arie Aroch, diplomático israelí que es también pintor de renombre, simboliza a Jerusalén con una brillante cúpula y un misterioso rectángulo poblado de “comas” negras sobre fondo brillante. No participaron en la muestra todos los pintores importantes de Israel, pero Mordejai Ardon envió una tela suya realizada hace 20 años, que representa un suburbio de Jerusalén en forma magistral y serena. Algunos pintores no pudieron resistir la tentación de recurrir a la alegoría. El pintor folklórico Moshe Bernstein, quien ha dado al arte israelí muchos dibujos poéticos que representan el mundo judío de la Europa Oriental, buscó inspiración en la Jerusalén del Rey David. Retrató la ciudad con sus muros y torres, agregando leyenda a la realidad. El Rey David, vestido con largo hábito real y corona, toca el arpa de cara 'a la ciudad. Quienes conocen al artista, reconocieron sus propias facciones en el rostro del Rey. Otros artistas enfatizaron el lado pintoresco de la Ciudad Santa. Se inspiraron en su pintoresca belleza, no en su historia, ni en su atmósfera de eternidad, ni en el áspero paisaje pedregoso que engendra introspección y misticismo. Uno de ellos es el acuarelista Joseph Kossonogi. Pintó torrecillas y muros de Jerusalén en cálidos tonos amarillos, agregando así algo del desierto calcinado por el sol a los muros construidos por el hombre. Kossonogi vive en Tel Aviv, pero visita Jerusalén y sus alrededores con frecuencia. Algunas de sus mejores acuarelas fueron creadas en Ein Karem. Pintor lírico que logra expresar la quintaesencia de un paisaje, Kossonogi es más conocido como pintor de ríos y lagos y prefiere el mar y los campos amables a las ásperas montañas de Judea; su arte pictórico fue uno de los mejor vistos en la exposición. Uno de los trabajos más originales presentados en la muestra, es un dibujo a tinta que representa el Monte Sion, obra de Shmuel Katz, pintor joven y sofisticado, de gran talento. Shmuel Katz es miembro del kibuts Gaatón. Llegó a Israel desde Hungría después de la Segunda Guerra Mundial, y es conocido del público como caricaturista de un periódico hebreo. En 196‘l se presentó 'a la Bienal de Artistas Jóvenes de París (para artistas de menos de 25 años de edad) y recibió, con considerable asombro de su parte, un premio de dibujo. Su dibujo, una tinta iluminada con acuarela, representaba un sheik beduino con su familia. Katz usa una técnica sensiblemente personal, que incluye manchas y líneas de pintor abstracto; pero siempre expresa la quintaesencia de un paisaje o de una persona. Su ojo es agudo, y se nota en él una curiosidad inquieta y una mente abierta. El dibujo que presentó en Jerusalén representa el Monte Sion en forma totalmente personal, al mismo tiempo legendaria y pintoresca, con edificios que forman ángulos rectos y que producen la impresión de una continua ascensión. Cabe decir, por último, que la exposición significó un magnífico tributo del arte hacia Jerusalén, la capital de Israel. . (“Israel y América Latina”)