Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXV (1963)
- Issue
- 1 (Enero, 1963)
- Date
- 1963-01-01
- Page
- Seite 17 (sequence 17)
- Language
- German
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ENERO 1963 BOLETIN INFORMATIVO 17 LA HISTORIA DE MARSELLA Por ABRAHAM PENN Es casi seguro que Marse- 1 lia ya tenía habitantes juj dios cuando todavía era una ¡ colonia fenicia (alrededor del año 600 antes de la era común). A través del medioevo, i esta ciudad portuaria era un : refugio para los judíos. , No obstante ello, la comunidad actual sólo data desde la época de la Revolución ¡ Francesa. j j Marsella, uno de los gran-! des emporios del Mediterrá-! neo, siempre ha tenido una población heterogénea, lo que se reflejó dentro de la comunidad judía por la afluencia de elementos levantinos, turcos y españoles. Durante la segunda guerra mundial, judíos de muchas partes de Europa, que huyeron de los nazis, llegaron a la ciudad, la cual —en un momento dado— se convirtió en una colmena de actividades judías. Así por ejemplo, cuando la ocupación alemana obligó al ORT a abandonar París, este estableció sus oficinas en Marsella y el JOINT, el HIAS y otras organizaciones hicieron lo propio, para facilitar la salida de los miles de refugiados que se habían congregado en este puerto. Poco antes de la guerra, esta ciudad, la segunda de Francia, tenía unos 2.000! judíos. En los añosinmediai tamente después de la derrota alemana, esta cifra ba-! jó a aproximadamente la; mitad, amén de una numei rosa población flotante, en í su mayoría personas despla-! zadas que aguardaban la poj sibilidad de embarcarse a j Israel. Una década más tarj de, la comunidad judía ya! alca nzó aproximadamente ¡ a 15.000 almas. Aunque parte ¡ de este aumento se debe por ¡ cierto al aumento vegetativo, j es obvio que el factor pre- ¡ ponderante en este incrementó inusitado era la afluencia de judíos norafricanos que en número cada ¡ vez mayor comenzaron a | arribar a las playas de Francia. ¡ A fines de la década del 50, cuando la guerra civil y la conmoción política se extendieron a todo el norte de Africa, aumentó esta corriente inmigratoria. La inseguridad conjugada con la esperanza de obtener fácilmente empleos remunerativos en la Francia metropolitana, hicieron que miles de judíos cruzaran el Mediterráneo, muchos de los cuales se avecindaron en Marsella. Así, a principios de 1961, la población judía ya alcanzó a 35 mil personas más o menos. firmó el acuerdo de Evian entre Francia y el gobierno provisional argelino. En los meses que siguieron, un torrente de refugiados descendió sobre la ciudad. Más de 100 mil judíos llegaron a Francia desde Argelia, 30.000 de los cuales fijaron su residencia en Marsella. Hoy, nadie sabe . a ciencia cierta cuantos judíos viven en la ciudad, pues a los argelinos se han agregado los judíos de Túnez, ios que comenzaron a abandonar el país después del incidente de Bizerta. Los cálculos más conservadores arrojan un mínimum de 70 a 75 mil judíos en Marsella, con lo cual esta ciudad ha llegado a ser el centro judío de mayor envergadura en la Europa Occidental, después de Londres y París. Lo que sucedió en Marsella, también pasó en muchas otras ciudades francesas, muy especialmente en el sur del país, cuyo clima benigno atrajo irresistiblemente a los refugiados. Niza, Tolosa y Burdeos, han llegado a conocer inmigraciones parecidas. Antiguas comunidades, que se creían extinguidas han vuelto a surgir en Avignon. en Aix les Provences y en Carpentras, donde la Sinagoga, una joya arquitectónica del siglo XVII, recientemente ha sido reabierta. El fenómeno no se limitó al sur. También en el norte —aunque en escala más reducida— en Lille, Lyon, Estrasburgo y, por supuesto, en París, se ha hecho sentir la llegada de los refugiados y los servicios de beneficencia se ven literalmente inundados con solicitudes de auxilio. Pero donde más se hace sentir todo esto, sigue siendo en Marsella. El problema mayor es el del alojamiento. Mas, una vez solucionado éste, aunque en forma provisoria, surge el del empleo, empleos para ganar dinero, para terminar con el temor, la inseguridad y el paro forzoso. Pero, aunque la economía francesa atraviesa por un periodo de auge, el país no puede absorber a los miles de artesanos, vendedores, peluqueros y tenderos que forman el grueso de la nueva inmigración. David Pela, en el “Jewish Chronicle” de Londres puso el dedo en la llaga al escribir: “Si los judíos intentan quedarse, deben someterse a un entrenamiento vocacional intensivo, pues Francia no está en condiciones de ab- LA FE DE BEN GURIOH Por GERMAN ARCINIEGAS El 19 de marzo de 1962, se ' sorber a miles de tenderos PIROMfTROS - TERMOMETROS para Industrias y Laboratorios LECHNER Y CIA. LTDA. ENTREGA INMEDIATA Nueva York 52, Of. 418 — Tel. 87765 : adicionales, ORT, con sus facilidades excelentes y su i buen nombre, puede jugar ¡ i un papel importante en este 1 1 trance, proveyendo entrenamiento específico para el '; cual se precisará de numero- 1 ■ sos establecimientos nuevos, | amén de los ya existentes.! Así se podrá colocar a los j recién llegados en condicio-! nes de integrarse a la vida; económica del país. Es por eso que la imnortancia de escuelas técnicas, no sólo para adultos, sino también para niños y jóvenes, no puede sobreestimarse”.! El 4 de octubre de 1962,: | Gastón Deferre, Alcalde de j i Marsella, inauguró formal- | mente una serie de nuevos edificios para las escuelas ORT. Estos nuevos colegios, | creados ex-profeso, respon- ¡ den al aumento explosivo de i la población judía y tienen 1 sus características propias, ¡ conforme a las necesidades! de los sectores a los que de-; ben atender. Poco después de la guerra, | se habían organizado cursos I para personas desplazadas y , en 1947 se había abierto una l escuela náutica para mari- | ñeros, pescadores, buzos y : constructores navales. Mas,; a principios de la década del \ 1950, ORT pudo constatar j un retorno a la normalidad : y redujo sus actividades a cursos de dos a tres años de ¡ duración, en un nivel muy | elevado, casi académico. ¡ El colegio tenía por tanto I capacidad para unos 100 es-! tudiaptes, pero ya en 1961 i eran 250 jóvenes que allí I recibieron instrucción, dei biendo ser rechazados cente-; nares de solicitudes adicio-; nales. ¡ El colegio nuevo tiene cai pacidad para 500 estudiantes | que seguirán cursos diurnos l y vespertinos. Además de j ello, se imparte instrucción I técnica a muchos cientos i más en locales habilitados para este fin. Este colegio, la iniciativa más importante de Marsella para afrontar las apremiantes necesidades de los refugiados, no es solamente un lugar de enseñanza. Es a su vez un centro para una juventud que ha pasado por 7 años de guerra, de crímenes, de violencia, de torturas y de liquidación de sus valores tradicionales. Trata de devolver a sus educandos un sentimiento de paz y de normalidad, lo que contrasta fuertemente con los alojamientos sórdidos en los que han tenido que ser acomodados centenares de familias norafricanas. Ofrece orden, disciplina y estudio y aleja a los jóvenes de la calle. Obviamente, un solo colegio no puede ser la solución para los múltiples problemas de la comunidad marsellesa. Pero ya es un rayo de esperanza para miles de jóvenes y muchos adultos, que de otro modo se convertirían en elementos a la deriva, y como tal es un elemento de valor inapreciable para la rehabilitación de la inmigración argelina. (“Congress Bi-weekly”) Este Ben Gurión, con 80 años y su piel rosada, que encuentro en el nuevo flamante edificio del Ministerio, pero que divide su tiem- : po entre esta oficina desde donde gobierna a Israel y el kibutz del desierto en donde , detiene las arenas con los; arbolitos que él mismo ha plantado... acaba de llegar de Escandinavia. Ha estado en Noruega, en Dinamarca, en Suecia, en Finlandia. Es decir, en unos países donde se da la nieve como en Israel las piedras y la arena. Con todo, allá los socialistas hacen algo parecido a lo que Ben Gurión puso como fundamento de su república. El viejo me habla de la organización maravillosa de las cooperativas en esos estados, como para decirme: Vea usted que el sistema es bueno para todos los climas. Yo le recuerdo que Haya de la Torre, que preconizaba algo | parecido en sus primeros años de lucha en el Perú, al ¡ venir a Europa y a Israel! encontró eso: que Dinamarca e Israel se daban la mai no en las cooperativas. Y a Ben Gurión le brillaron los ojos. El viejo aún recuerda a Haya de la Torre. Hablaron mucho, cuando se vieron, del Quijote... y de las cooperai tivas. En otro sentido, le interesaba a Ben Gurión la visita; al mundo nórdico. El proble-; ma de las vecindades, y de las vecindades difíciles, se parece un poco en Finlandia y en Israel. Ben Gurión, con sus irrefrenables aficiones ¡ lingüísticas, se complace en ] buscar los recónditos secre- . tos de esa Finlandia que, i una vez desprendida del rei-! no de Suecia, ha afinado, al modo de los vascos, una personalidad tan propia. Finlandia, culturalmente, es una isla. Está fuera de la familia lingüística de los escandinavos. Dicen que hay en su vocabulario mucho del húngaro. Ben Gurión ha querido comprobarlo, y ha encontrado que no es así. La lengua es, sí, eslava, pero distante de las otras eslavas- Moliendo bosques y haciendo papel, y hablando distinto, los finlandeses han resistido. No han caído bajo la pata del oso que les baila_ al lado. ¿Cómo? Ahí está la gracia de su finísimo juego político, y de su propia voluntad de subsistir. Pero no he venido a hablar sólo de estas cosas. Mi visita a Ben Gurión es hoy de despedida y me he atrevido a preguntarle algo sobre el futuro de Israel. Para ser más preciso: sobre el futuro del kibutz. Cuando vengan las nuevas generaciones, y esta voluntad mística que les ha llevado a sembrar de naranjos el desierto se vea delante de un país menos hostil, ¿vendrán nuevas generaciones a cumplir las tareas casi monásticas de estos muchachos que pueblan hoy los kibutzim? Y otra duda; ¿se mantendrá Ja misma moral en el kibutz cuando éste se enriquezca? Por que el kibutz nace pobre, en la | roca pelada, en la arena ca-; minante, pero en cuanto ‘ echa raíces, ramas, frutas... ¡ trias, y . se hacen ricos, poderosos, sin que el hombre que allí vive, en hermandad rigurosamente comunista, saque para sí un centavo. Todo queda de propiedad del kibutz. Y los hombres... siempre son los hombres. Ben Gurión no acepta estas dudas. El encuentra que siempre habrá arenales, rocas, piedras sueltas en este diminuto país que sigue limitando con sus desiertos interiores. Siempre habrá una naturaleza hostil desafiando al hombre, y hombres de fe que acepten el reto. Hace muy poco se reunieron unos cuantos matrimonios jóvenes provenie.ntes de la burguesía e n r iquecida de Tel Aviv, y frente a la monótona rutina de la ciudad en donde veían multiplicarse sus fortunas, decidieron irse a un lugar cualguiera a fundar otra comunidad. Hablaron con Ben Gurión y Ben Gurión les dio la respuesta que de él podía esperarse: “¡Ahí está el desierto!”. Y en el desierto les se¬ ñaló unas crestas de rocas a bastante distancia del lugar donde el propio Ben Gurión tiene su tienda. Los matrimonios aceptaron el consejo. Hoy, ese lugar del desierto es ya —¡en meses!— la última conquista de los israelíes. Ahí se levantan casas para unos cien ex burgueses ricos, que ya no vienen ni de Lituanía, ni de Polonia, ni de América, sino del propio Israel... Se celebra allí, ahora mismo, una exposición de arte internacional. El kibutz, dice Ben Gurión, será lo mismo una solución y un atractivo para los hombres y mujeres de mañana que quieren ofrecer sus esfuerzos a una obra de liberación social, como ayer los ofrecieron a la república naciente. En el kibutz la mujer se libera de los ciudadanos de la casa y puede entregar todo su poder creador a algo que excede a la rutina de la vida burguesa. La mujer en el kibutz no tiene que estar sometida al problema de la cocina, de la limpieza de la casa, del cuidado de los ni¬ ños. El kibutz cocina para todos, de los niños se encargan quienes tienen mayor capacidad para hacerlo; el trabajo colectivo soluciona mejor que la mujer aislada estos pequeños problemas que en la ciudad esclavizan a la mujer. Ben Gurión piensa que el kibutz no ha su,rgido como fórmula de emergencia para el período inicial de Israel, sino como un sistema que asegurará siempre al hombre libre la vida social más avanzada. Como él ha alternado su puesto de Primer Ministro con largas temporadas en el kibutz, y como pasa en su kibutz los días libres, así lo hace el presidente del Congreso, y - así otros líderes del país. Y lo que reflejan las palabras de este viejo es una convicción que corresponde a una vida de experiencias y de fe, que comparten con él los grandes del país. en cuanto crece... hemos j JERUSALEN, noviembre 1962. visto que en diez años pasan a ser empresas florecientes, que montan indus- (“El Mercurio” de Valparaíso, Diciembre 1962). 1