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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1962-06-01 · 6 (Junio, 1962) · p. Seite 19

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXIV (1962)
Issue
6 (Junio, 1962)
Date
1962-06-01
Page
Seite 19 (sequence 19)
Language
German
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Junio 1962 BOLETIN INFORMATIVO 19 . SENADO RINDE HOMENAJE A LA MEDINA Publicamos a continuación el homenaje rendido a Medinath Israel en el Senado, según la versión oficial. HOMENAJE A LA REPUBLICA DE ISRAEL El señor AHUMADA (P. Radical).— Honorable Senado: A partir de la medianoche, entre el 14 y el 15 de mayo, el Estado de Israel cumple 14 años de vida. Es uno (íe los estados más jóvenes, pero uno de los pueblos más antiguos, milenario, por su origen, su cultura y su tradición. Erez Israel, es la cuna del pueblo judío. Ahí nacieron y se forjaron su espíritu, su religión y su nacionalidad. Ahí vivió como pueblo libre y soberano; dio origen a una cultura con valores nacionales y universales, y su historia, episodio tras episodio, está escrita en el Libro de los Libros. Debido a estos nexos tradicionales e históricos, el pueblo judío, desterrado de la tierra de sus mayores, dispersado por el mundo, perseguido, execrado, pero siem. pre combatiente, añoró volver a su vieja patria y formar un hogar en ella. Esta aspiración fue reconocida por la Declaración Balfour el 2 de noviembre de 1917 y ratificada por el Mandato de la Liga de las Naciones, que estableció el derecho del pueblo judío de reconstruir su hogar nacional en Israel. Y así llegaron a Palestina miles y miles de judíos que estaban esparcidos en el mundo, y que, pese a todos los sacrificios, obstáculos y peligros, deseaban formar un estado, para vivir con dignidad, libertad, trabajo y justicia social. La Asamblea General de las Naciones Unidas resolvió, con fecha 29 de noviembre de 1947, crear el Estado de Israel, cuyo decimocuarto ani. versario se celebra hoy día, como homenaje a un pueblo que ha reconstruido su casa en una nación libre, independiente y ejemplo de democracia y laboriosidad. Recientemente visité el Estado de Israel. Pude apreciar cosas admirables en tierra israelí. Pude comprobar, por ejemplo, la estabilidad y dignidad de sus instituciones estatales. Visité su Parlamento, base fundamental de su organización democrática. Conversé con los “líderes” de gobierno y de oposición, quienes actúan en forma libre y normal. Fui recibido por su Cámara, denominada Knéset. El Parlamento es una institución unicameral que consta de 120 miembros o diputados que ejercen sus funciones por períodos de cuatro años. Se puede decir que la Knéset es el centro político de la vida nacional. No sólo es el órgano esencialmente legislativo durante ocho meses del año, en dos períodos de sesiones continuas, sino que, además, elige al Presidente del Estado, y el Gobierno es colectivamente responsable de sus actividades frente a la Knéset. Se actúa dentro de un régimen parlamentario en que la responsabilidad políti- | ca del gabinete ante el Parlamento es la piedra angular de la democracia israelí. Igualmente, pude compro, bar el alto nivel científico y cultural de sus universidades, institutos técnicos, escuelas y liceos. Las actividades docentes no constituyen sólo la fuente donde se alimenta la tradición cultural de Israel, sino, también, el ejemplo vivo del renacimiento nacional, que sirve como vehículo para amalgamar las corrientes de inmigración provenientes de todas partes del mundo. Es un país pequeño, de alrededor de 20 mil kilómetros cuadrados, con una población de 2.100.000 habitantes. En las instituciones educacionales hay actualmente más o menos 550 mil alumnos y estudiantes. Pude apreciar, por mis propios ojos, la magnificencia de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que tenía, en el año escolar recién iniciado en septiembre, alrededor de 5.000 estudiantes, muchos de ellos extranjeros. La influencia cultural que está irradiando Israel hacia los países africanos recién liberados, es innegable y de enorme importancia interna, cional. Ha otorgado cientos de becas, ha enviado técnicos y asiste sólidamente a estas nuevas nacionalidades mediante una amplia ayuda fraternal, sin mirar el color, raza ni religión de esos países. Pero donde el espíritu nacional del pueblo judío ha encontrado la meta de su progreso y bienestar es en la conquista de las tierras áridas y en la colonización agrícola. Mediante diversas formas de colonización —el “kibbutz”, el “mossav-ovdim” y el “moshav-ovdim shitufi”—, ha logrado transformar una tierra desolada y estéril en hermosos valles plenos de fertilidad y vegetación. Por conducto de sus institutos científicos, como el Centro de Investigación de las Zonas Aridas, con asiento en Beersheba —en la misma puerta del desierto de Negev—, ha emprendido la dura tarea de conquistar para la civilización tierras resecas, estériles, desérticas des'de los tiempos de Moisés. Mediante el regadío artificial el centro de Israel se ha cambiado en un vergel donde la producción agropecuaria ha crecido de tal manera que este bello país es actualmente uno de los principales productores y exportadores de naranjas, limones y citrus en general, lo mismo que de aves y de productos avícolas. A todo ello ha contribuido poderosamente el espíritu nacional de los “pioneros”, que ha encontrado su expresión generosa y solidaria en una de las organizaciones comunitarias más avanzadas y fraternales del mundo: los “kibbuts”, sociedades cooperativas “sui géneris”, con fondo social común, ligadas por el vínculo de la solidaridad humana y el amor a su tierra. De la misma manera, es admirable observar la orga. nización de los trabajadores mediante una confederación única y centralizada, denominada la Histadrut. La fundación de dicho importante centro laboral se realizó el 20 de diciembre de 1920, cuando se reunió en Haifa una asamblea de trabajadores judíos organizados. Al fundarla, los asalariados tuvieron en vista no solamente el aspecto organizativo de defensa de sus derechos y un mayor bienestar social y económico, sino, además, bajo el imperio de las circunstancias, convertir el movimiento obrero judío en un factor decisivo para la independencia política de la nación. La tarea de la Histadrut es inmensa, y se podría decir, sin el temor de ser refutado, que toda la vida política, social, económica y cultural del país está influida por esta poderosa organización obrera. Ella supervigila la seguridad social de los asalariados y agrupa a más de las tres cuartas partes, de la población trabajadora de Israel. A su organización central están unidos los obreros calificados y no calificados, los de la agricultura, industria, construcción, profesiones liberales, funcionarios del Estado y de empresas particulares; en una palabra, toda la actividad laboral del país, con un total de 675.000 afiliados. La Histadrut tiene hospitales, “kibbutz”, empresas de a d m i nistración autónoma, institutos de seguridad social, de formación profesional y vocacional y centros de cultura y de recreación para los trabajadores. El señor Secretario del Departamento de Relaciones Exteriores de la Histadrut, Dr. Ezra Jagut, con quien tuve el agrado de informarme, durante dos mañanas, sobre los objetivos y fines de esta gran organización sindical, me manifestó que era apolítica y autónoma, que no forma parte ni tiene relación con el Gobierno y que su creación no emana de una ley. La verdad es que, hasta la dictación de la ley sobre los contratos colectivos, no se mencionó en ningún texto positivo a la Histadrut como representante de los obreros. Largo, muy largo sería seguir hablando de las cosas públicas de Israel en éste, su XIV aniversario nacional. Pero no puedo silenciar un hecho trascendente, que interesa a toda la civilización cristiana del mundo y, en general, al mundo entero. Esto es, el espíritu de tolerancia religiosa y de cultos que existe en esta joven nación. El hecho tiene un valor significativo especial, pues gran parte de las reliquias históricas de la vida de Jesús Nazareno han quedado, después de la división, en tierra israelí. Hice este peregrinaje histórico. Estuve en Jerusa. lén, en Tiberiades, en Cafarnaum, en Nazaret y en el Monte de las Beatitudes, donde Jesús tuvo la más grande y excelsa expresión de su filosofía y de su doctrina mediante las Bienaventuranzas. En todos los lugares sagrados, el Gobierno, con espíritu cívico, es un celoso guardador de las tradiciones cristianas. Adeptos de todas las confesiones, iglesias y conventos —c a t ó 1 i c os, protestantes, griegos, ortodoxos— rivalizan por guardar cuidadosamente esos lugares históricos, bajo la protección gubernamental, que en nada perturba la libre expresión de los sentimientos religiosos. Una tarde en Nazaret, cansado de tanto andar y cerca del lugar donde vivió Jesús en su infancia, en la carpintería de su padre, que es una gruta subterránea, y mirando desde lo alto la belleza del valle de Galilea, pensé que quizás Jesús murió en la Cruz inútilmente, en vano. Miles de años después, los hombres siguen con las mismas pasiones, con los mismos vicios y no aumentan sus virtudes. La avaricia, el egoísmo, la concupiscencia, el sensualismo y la ambición constituyen la meta de los llamados “triunfadores de la vida”, a quienes la diosa for. tuna les sonríe, y el hombre sigue siendo lobo para sus semejantes. Por que algún día termine la explotación del hombre por el hombre, por que la paz y la fraternidad reinen entre los seres y entre los pueblos, formulo mis mejores deseos, en el XIV aniversario de la tierra que vio nacer, vivir y morir a Jesús Nazareno. En nombre del Comité Radical, pido que el Honorable Senado envíe congratulaciones a ese Parlamento —la Knéset— con motivo del XIV aniversario de la fundación del Estado de Israel. El señor TOMIC (P. Demócrata Cristiano).— Señor Presidente, un signo misterioso parece presidir el destino de ciertos pueblos a lo largo de siglos y milenios. Mientras la marea de la historia alza a todos los demás y, en su hora, los sepulta, ellos permanecen. No se trata solamente de la persistencia biológica, que ya de suyo podría ser mirada con asombro, sino de la prodigiosa fidelidad a la imagen primera que tuvieron de sí mismos, cuando al emerger de la informe noche primogenia, el nómade se hizo residente, la tribu se transformó en aldea y el hombre penetró en el tiempo histórico. Eran hombres que vivían en la atormentada planicie de Mesopotamia los que hicieron nacer el alba en ese primer remoto día de la historia humana. Son los nietos de Abraham; son los descendientes de Isaac y de Ismael; son los judíos y los árabes de nuestros días. Esparcidos por el vasto mundo, los hijos de Israel y los hijos de sus hijos han preservado la antorcha de su ser nacional y de su fe. La esencia de su unidad está en la Biblia, y su mensaje es el vínculo indestructible entre el hombre y su Creador. A través de todas las pruebas inenarrables de servidumbre y de dispersión, desde los viejos tiempos del Faraón, cultivaron un amor doloroso y sin soberbia por el lejano, pequeño, atormentado país de sus antepasados. ¡Cuántas veces el torrente de la historia se precipitó sobre ellos en oleadas de odio, de fuego, de sangre y de lodo! Cada vez el silencio; el silencio de la destrucción material, de la subyugación física a la fuerza del adversario, de la muerte aparente como grupo nacional. Y, sin embargo, de nuevo cada vez el pulso obscuro de la vida indestructible, la voluntad de volver a ser y de seguir siendo, la fidelidad a la voz ancestral, a la imagen primera, a la herencia sagrada, hasta recuperar el rostro, la voz y el camino, negándose a disolverse en el pasado, fieramente aferrados a la tarea siempre renovada de la vida. “Del aire al aire como una red vacía...” Así encabeza el más grande de nuestros poetas su homenaje a las ruinas de Machu Picchu, cultura extinguida, pueblo cuya alma se desvaneció en el aire transparente de la historia. ¡No! ¡Estos versos no podrían escribirse sobre el pórtico de la historia de Israel! Por el contrario, la mayor lección de energía en la era moderna no la dan las grandes naciones que movilizan recursos gigantescos: la están dando los mismos pueblos que en la hora más lejana de la historia despertaron al hombre a la conciencia de sí mismo y le abrieron las puertas de la posteridad. Junto a los bordes del Mediterráneo, junto al Jordán y al Nilo, los nietos de Abraham asombran a la humanidad con la audacia de sus aspiraciones, con la férrea voluntad ejecutora, con la amplitud y elasticidad de su visión ílel mundo y su destino. Es posible que en algunos siglos más, cuando el cambiante perfil de nuestro tiempo esté ya inmóvil, los historiadores de entonces reconozcan que fue en el Medio Oriente en donde el siglo XX encontró la respuesta al más fundamental de sus problemas: la síntesis entre la diversificación nacional y la integración supranacional. ¡Así lo deseamos de todo corazón, para bien de los viejos y nobles pueblos que allí viven y para ejemplo del mundo! En nombre de los Senadores del Partido Demócrata Cristiano, rindo homenaje al pueblo judío en el XIV aniversario del Estado de Israel. He dicho, señor Presidente. El señor ÁLESSANDRI (don Fernando) (P. Liberal).— Se¬ ñor Presidente, los Senadores liberales me han encomendado asociarme al homenaje justiciero que esta tarde se rinde al Estado de Israel. Personalmente soy un gran admirador del pueblo judío; leo todo lo que acerca de él se escribe y debo confesar: cada día mi admiración es mayor. Es un pueblo que ha sufrido como muy pocos en la historia, y, no obstante, movido por un gran ideal, ha realizado el milagro ya relatado por los oradores que me han precedido. Impulsados por ese ideal, concibieron la esperanza de conquistar su territorio, se instalaron en él"y ejecutan la obra gigantesca que todos conocemos. Parece que una vez más quisiera darse un ejemplo para desmentir los principios de la doctrina materialista. Ellos han querido demostrar que con su ideal grande y noble, con una voluntad resuelta al servicio de su fe (Pasa a la Pág. 20)

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