Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXIV (1962)
- Issue
- 4 (Abril, 1962)
- Date
- 1962-04-01
- Page
- Seite 19 (sequence 19)
- Language
- German
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Abril 1962 BOLETIN INFORMATIVO 19 INCIDENCIA CRIMINAL EN ISRAEL Por AARON ZWERGBAUM Tal como las estadísticas sanitarias pueden servirnos en el estudio de la situación de la salud pública, podemos utilizar en forma análoga ¡a incidencia criminal como guía en el estudio de muchos fenómenos sociales. Como al mismo tiempo, la mayoría de las ofensas criminales están siendo consideradas como atentatorias contra la moral, la criminalidad nos indica también el standard moral de un cuerpo social determinado. Podemos afirmar asimismo que la criminalidad refleja muchas veces características nacionales o ambientales. Excedería el marco-del presente artículo referirnos a la incidencia y naturaleza de la criminalidad entre los judíos de la diáspora, comparada con la de sus vecinos gentiles. Bástenos con citar al Dr. Arthur Ruppin, quien dijo al respecto en su “Sociología de los judíos”, que ellos, debido a que por lo general gozan de situación económica superior a la de muchos de sus connacionales, son menos propensos a la comisión de delitos contra la propiedad que sus conciudadanos. Poseyendo una elevada porción de ellos por otra parte, una educación más o menos elevada, tampoco es grande su incidencia en los crímenes violentos. El porcentaje extremadamente elevado de judíos que trabajan independientemente, se refleja en cambio en la proporción elevada de judíos entre los que cometen fraudes, falsificaciones, desfalcos, quiebras fraudulentas, etc. “Hablando en forma extremadamente simple” —afirma el Dr. Ruppin— “podemos afirmar que los crímenes de los judíos están siendo cometidos con la cabeza, mientras que la mayoría de los gentiles las cometen con las manos. “En cuanto a la proporción de delincuentes, es ella, en la mayoría de los países, inferior a la que correspondería a la proporción judía dentro de la población total. Estas características tan pui generis de la delincuencia ludía en la diáspora, se atribuyan generalmente a su peculiar estructura social y económica. No obstante, su inlice guarda estrecha relación con el de determinados sectores eccnómico-sociáles, de entre los cuales hay participación apreciadle de elementos judíos, como ser hombres de empresa, trabajadores independientes, profesionales, etc. Hace décadas, los teóricos sionistas vaticinaron que con la normalización de la vida judía en Israel, su incidencia criminal llegaría a ser “normal”. Afirmaron ai mismo tiempo, que la regeneración moral obrada por el sionismo, no dejaría de reflejarse en las estadísticas criminales del Hogar Nacional Judío. Ambas afirmaciones se han visto ampliamente confirmadas. En la época del mandato, el Yishuv de Palestina era una comunidad extremadamente cumplidora de la ley. Las estadísticas gubernament ales oara 1945 indican que los judíos eran responsables solamente de un 10-13% de las ofensas criminales cometidas durante este año en Palestina en circunstancias que la comunidad judía alcanzaba ya a aproximadamente un tercio de la población del país. Es interesante hacer notar que, aunque el nivel de criminalidad judía en la Palestina de entonces era tan ba-;c, ios paíestinenses ya se habían sobrepuesto a las caracerísticas de la incidencia criminal de la diáspora. De un total de 412 conderas por fraudes, malversacioies y falsificaciones, solanente 58 correspondían a julios. Incidentalmente, sólo ueron 4 los judío» de un toal de 164 condenados por asaltos y no subieron de 237 de un total de 3.009, los culpables de robos. Esta situación anormalmente ejemplar se deterioró ai mearse el Estado Judío. Un marcado aumento de la criminalidad en los primeros años de la independencia, fu seguido, a mediados de la década del 50, por cierta estabilización y en los últimos años se produjo una disminución de los delitos cometidos. El total de las sentencias dictadas (excluyendo ofensas menores como por ejemplo infracciones a los reglamentos de tránsito, etc.) subió de 36.850 en 1953 a 39.300 en 1956 oara alcanzar a la cifra de 39.015 en 1957. El número de delincuentes convictos por 1.000 habitantes bajó sin embargo en forma notoria. Mientras que en 1953 era de un 33,5%, bajó al 33,2% en 1956 y al 31,4% en 1957. Si c o nsideráramos únicamente los delitos muy graves, la incidencia para 1957 no subiría del 11,1%, o sea, más o menos el doble de la incidencia de delincuencia judía en 1945. La incidencia de la criminalidad entre las minorías —musulmanes, drusos, árabes cristianos— es bastante mayor. Mientras que éstas representan sólo el 9,2% de la población, eran no obstante responsables del 18,2% de todos los crímenes y del 28.8% de las ofensas graves. Debimos dejar constancia, sin embargo, que allí están incluidos los crímenes cometidos por personas que se infiltraron desde los países vecinos y las transgresiones a los reglamentos del gobierno militar en las zonas fronterizas. Los judíos nacidos en e1 oaís mantienen una estadísica estable. Ellos constituyen el 13,6% de la población y ran, conforme a las cifras dadas para 1957, responsables del 13% de los crímenes cometidos, existiendo de este modo una correlación casi COLCHONES DE RESORTES Pídales en tedas las BUENAS CASAS |( DEl RAMO O EN LA FABRICA S Carlos beeimann e Llijo Los Dalias 3249 (Macal) Fono 499407 ■Especialidades en tamaños especiales, perfecta. Los inmigrantes ruevos por su parte, que arribaron en gran número en los arimeros años de la existen- ña del Estado, tienen un iniice de criminalidad muy superior al que les correspondería proporcionalmsnte. Ello: constituyen más o menos el 50% de la población adulta, pero el porcentaje de convicios asciende al 80,4% de todos los crímenes graves cometidos por judíos. Esta desproporción alarmante se debe sobre todo a factores económicos. Asunto delicado es el prorrateo de la incidencia criminal según el origen de los delincuentes. (Las estadísticas distinguen entre 4 grandes grupos, conforme a países de origen; Israel-América y Europa-Asia-Africa.) Mientras que en 1957 sólo el 33,5% dr la población provenía del Africa o de Asia, “Africanos” y “Asiáticos” eran responsables del 66% de los delitos graves cometidos durante este año. La proporción de los nacidos en Europa o América era por su parte el 46,5%, pero su participación en la delincuencia alcanzaba a sólo tel 21,4%. Trasluce también que cada grupo étnico tiene ciertas predilecciones criminales. Un informe ofi- -•1a 1 sobre el período 1949- 1952 comenta: “La proporción de los delincuentes nacidos en el país era especialmente alta entre los ladrones y asaltantes. La mayoría de los delitos cometidos por personas provenientes del Asia o de Africa eran ofensas contra la moral y las buenas costumbres, mientras me aquellos que habían nacido en Europa, se distinguieron en falsificaciones y "raudes”. Es un hecho fuera de tocb luda, que la incidencia del crimen en las comunidades iudeo-orientales es muy sunerior al término medio, pero esto no puede ser considerado como una señal de inferioridad o como algo inherente e inmutable de estos sectores. Está a la vista que su delincuencia oufde atribuirse —no exclusivamente pero sí en gran parte— a factores económicos y sociales. La cesantía, la falta de cultura y la promiscuidad constituyen en todo el mundo campo fértil para el desarrollo de la delincuencia y la alta incidencia de criminalidad en los sectores orientales es consecuencia directa de sus condiciones específicas de vita, que aún distan mucho de ■er satisfactorias. Podemos presumir que los progresos notables alcanzados por ellos n lo social, económico y cul-;ural, se reflejarán pronto m las estadísticas crimina- 1 s. Estas afirmaciones no son meras especulaciones, pues la incidencia para africanos bajó del 23% en 1956 al 22% en 1957 y las cifras correspondientes a los judíos asiáticos para el mismo período son del 13,7% y 13,4%, respectivamente. El problema de la delincuencia juvenil merecería ser tratado separadamente. Debemos limitarnos a dejar constancia aquí que en 1959 fueron condenados por las cortes juveniles 3.082 jóvenes judíos y 925 no judíos, de entre 19 y 24 años, los que constituyeron un tercio de todos los delincuentes convictos. Los 16.751 crímenes graves cometidos en 1957 se engloban en 7 categorías: Ofensas contra la prooiedad. 25.4%; contra la persona, 26%; contra la moral, 2%; fraudes y falsificaciones, 1,7%; otros delitos contemplados en el Código Penal, 1,8%; atentados contra el orden público, 19,8%; ofensas no consideradas en el Código (delitos militares, económicos, etc.) 23%. Las cifras que siguen indican condenas por algunos delitos en?358, siendo la primera cifra el total de fallos, seguida por el número de judíos condenados (números entre paréntesis): Asesinatos: 11 (6); Asesinatos sin premeditación: 7 (6); Ofensas a la integridad personal: 3 459 (2 800); Perjuria: 82 (61); Violaciones: 5 (5); Bigamia: 11 (10); Asaltos: 10 16); Robos: 1.982 (1.638); Robos con fractura 296 (263); "’’raudes 121 (113); Falsificaciones: 116 (102); Encubrimiento: 409 (349); Destrucción de propiedad e incendios intencionados: 1.167 (912). Confiamos en que, con la consolidación económica del Estado, con la elevación del nivel cultural, educativo y el mejoramiento de la situación habitaclonal, la incidencia de criminalidad continuará en descenso y de que en un futuro no muy lejano, el Estado Judío podrá ocupar el mismo sitial que con justo orgullo ostentaba el Yishuv en la época del mandato. (“Congress Bi-Weekly”) HERBERT LEWENBERG Livings Comedores Dormitorios Muebles Sueltos Solamente Miraflores esquina Merced Fono: 398000. 4042