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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1961-09-01 · 9 (Septiembre, 1961) · p. Seite 21

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXIII (1961)
Issue
9 (Septiembre, 1961)
Date
1961-09-01
Page
Seite 21 (sequence 23)
Language
German
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Septiembre 1961 BOLETIN INFORMATIVO 21 EN MEMORIA DEL RABINO PROF. EGON ROSENFELD El 2 de Septiembre de 1951, 4 del mes de Elul de 5711, cerró para siempre sus ojos el Rabino Profesor Morilz lioscnfeld. Al cumplirse este año el décimo aniversario de su desaparición, nos inclinamos con humildad y gratitud ante la memoria de aquel insigne sabio, preclaro maestro de maestros, a quien la tragedia de nuestra generrnión arrancó de sus lares para arrastrarle a es. (as lejanas tierras allende los océanos, donde por muchos años colaboró con fe y con tesón a la difícil labor de reconstrucción de nuestra vida institucional. No podemos rendirle un homenaje más acorde a sus deseos, que dando a conocer a nuestra juventud un capítulo de su libro “Uebcr cwigc und zeitliche Problcmc des Judentums”, cuya traducción al castellano agradecemos a su hijo, don Egon Roscnfeld. Su espíritu analítico y crítico, hermanado con este profundo amor a la tradición de nuestro pueblo que caracterizó a este Grande en Israel, surge de estas lincas cual agua cristalina de la fuente, para calmar la sed de todos aquellos que «e acerquen a ella en busca de comprensión y de saber. LOEWENSTEIN. CREENCIA Y SABER EN EL JUDAISMO La altura y el valor de la cultura nacional y religiosa de un pueblo, puede ser medida por la relación que existe entre la creencia y el saber ,o el pensamiento ra-. cional que carece de suposiciones. A este respecto constituye' la creencia, el reconocimiento basado en la revelación; el saber en cambio, consiste en la investigación científica y su método de pensar. Cuando se asigna al contenido de la creencia un lugar preferente, significa esto que sus enseñanzas se consideran más elevadas que todo contenido del saber. En el caso contrario, domina el pensamiento y la razón. En el judaismo están representadas ambas corrientes. Pero el judío que piensa reconoce la creencia como soberana sólo en cuanto ella no aspira a la violación de la razón humana. En el judaismo, cuyo precepto de piedad abarca el reconocimiento y la práctica de la legislación en asuntos religiosos —la ética y la exterior— sucedió raras veces en el curso de la historia, que la ruptura que la creencia está causando a través del pensamiento natural, haya llegadotan lejos como para alcanzar aspecto de una lucha cultural. Además, felizmente coinciden en el judaismo casi siempre los resultados del pensamiento libre con las enseñanzas de ia fe, o por lo menos no están en contradicción. A diferencia de otros credos, en el judaismo el sistema de creencia tradicional no es una condición imprescindible. Un cristiano que no se somete al credo eclesiástico, deja de ser cristiano. Entre los judíos en cambio, ocupa la comunidad de origen el lugar del credo como base de la comunidad religiosa, El eminente Gran Rabino de Viena, Dr. Z. P. Chajes (z. 1.) desarrolló una vez en un sermón de Rosh Hashana, el concepto de que es imposible que un judío, pensando bien las cesas, pueda abandonar el judaismo por escrúpulos de creencia religiosa. Decía: “Tan personal es la creencia en el judaismo, que podemos decir; en un sentido propio y mas elevado, que ninguno de nosotros tiene en realidad un correligionario”. Así ha sido siempre. Porque ni la Torá con inclusión de todas las Escrituras de la Biblia, ni tampoco el Talmud, quieren establecer una enseñanza sistemática del judaismo. Ambos grupos de escrituras en que se basa la religión judía contienen tan sólo material para una enseñanza de fe que está sujeta en mayor o menor grado a una libre interpretación. El hecho de pertenecer a su pueblo, y no a la creencia impone al judío la obligación de actuar y de responder por las verdades eternas cuyo portador es el pueblo judío. Religión y Nacionalidad judías forman entre nosotros una unidad inseparable y tienen entre sí una relación de reciprocidad; se relacionan una con la otra como el cuerpo y el alma. Cultura judía tes cultura nacional-popular, y religión judía es, en el verdadero sentido de la palabra, religión del pueblo. No es un sistema de dogmas, dictados por el presbítero. Sus profetas, rabinos y maestros eran y son hombres del pueblo que por sí solos no disponeñ de una autoridad eclasiástica. Los mejores de nuestros filósofos religiosos ven la fuente de la revelación más bien en los patriarcas de Israel y en su mundo espiritual, que en la revelación del Sinaí. El pensamiento religioso del judaismo con su doctrina, que prefiere circunscribir los conceptos en forma negativa, tiene como origen el genio del pueblo judío. Una importancia decisiva para el reconocimiento de la posición que ocupa la creencia en el judaismo, le corresponde —y no en último grado— a la conciencia idiomática hebrea. El idioma dei pueblo judío, el hebreo, no tiene en realidad ninguna palabra para el concepto “creencia”. “Emuna” no es creencia, sino lealtad que descansa en la mantención tradicional de los reconocimientos religiosos del pueblo. El judaismo no conoce, por principio, ninguna confesión de fe que pueda ser considerada como precepto obligatorio para todos. La necesidad práctica de entregar a los proselitas,- en el momento de aceptar la conversión, una breve confesión de fe que contenga la diferencia frente a su credo anterior, eleva en una época tardía el Sch’ma (que por lo demás es una cita de la Tcrá) a la función de fórmula para la enseñanza de la unidad divina judaica. La especulación con la creencia ha cedido muy temprano al reconocimiento de que no tanto la creencia sino. la ley moral más elevada constituya el principio y el fin de la religióir. El grar Hillel (Primer Siglo ante J.) dijo: “Ama a tu prójimo co mo a ti mismo”, eso quiere decir le que tú no quieres que te pase a tí, no lo haga* tampoco con tu prójimo. Esto es todo del judaismo; la demás que está escrito en la Torá, es tan sólo un comen tario a esta doctrina fundamental. i En consecuencia, tenemos que examinar los conceptos creencia y ortodoxia, si queremos reconocer la posición exacta del credo judaico. Si es que aquella expresión ideológica podrá mantenerse de algún modo, sería necesario cambiar substancialmente su sentido conceptual. La creencia, en el sentido común de la palabra, tiene como criterio un credo canonizado. Por lo cual lo contrario es la herejía. Lo que corresponde a este credo, es la creencia justa y pura; lo que está en contradicción, es herético. Algo muy diferente sucede en el judaismo, que no conoce tal credo. Ahí tenemos solamente la definición negativa del contenido de la creencia, la que reúne las voces de la Biblia, de :a tradición y del pensamiento natural. De tal modo que creencia puede significar exclusivamente la negación de idolatría, error y toda clase de superstición. El lugar que corresponde a la parte positiva del concepto ortodoxia en otros pueblos, lo ocupa el pensamiento razonable y la cultura en nosotros, tanto en el individuo. como en la colectividad: en el pueblo judío. No es necesario comprobar que el saber y la cultura alcanzan en el “pueblo de la Escritura” un rango más elevado que en cualquiera otra nación. La palabra del gran Hillel: “Un ignorante (Am Haaretz) no puede considerarse como un hombre que comprende en forma correcta el sentido d<- la devoción judía”, ha mantenido, como ninguna otra, su valor fundamental en el judaismo. Pero sería difícil hacer comprender a los que no piensan, que sólo el judío instruido y pensador vale como un miembro integral de su pueblo, y que la devoción no es una práctica mecánica de costumbres, de las cuales cada una podrá ser considerada como imposición “religiosa”, ni mucho menos un fundamento del judaismo. Resumiendo, hay que dejar en claro: La Tradición, derivada -de los tiemposanteriores al desarrollo de los conocimientos científicos, y su aceptación incondicional, es la creencia. En cambio, las verdaderas fuentes de iluminación en todos estos problemas, con los cuales la creencia se entiende sin discusión, como son la historia religiosa en general, el estu- Rabino Professor Dr. Moritz Rosenfeld S- A. dio científico de la Biblia —ei único acceso a su comprensión— pueden, por lo tanto, llamarse el saber. A raíz de estas consideraciones sobre la relación —tan típica para el judaismo— entre creencia, saber y pensamiento, nos encontramos naturalmente con importantes consecuencias prácticas. Hay costumbres y preceptos establecidos en su época per motivos que hace mucho tiempo perdieron ya su validez. Sin embargo, se han mantenido bajo todas las circunstancias y con ayuda de ur. argumento nuevo y no muy justificado. Aquí habría un terreno en el cual la razón pensativa podría cambiar las cosas. Pero de todos modos nos enseñan la experiencia y la historia: Eternamente válidos e independientes de reconocimientos temporáneos son en primer lugar los preceptos éticos del judaismo. En segundo lugar vienen costumbres populares y las formas de vida nacionales. Recién en tercer lugar figuran reglamentaciones prácticas, que tienen su origen no en el pueblo, sino en algunos sabios, individualmente que las impusieron por encima de sus opositores que eran en realidad judíos tan buenos como ellos mismos. En nuestros tiempos, el examen de su validez general y permanente no puede ser negado al judío que piensa. Me parece ser una justificada exigencia del intelecto, sustituir la referencia— en muchos aspectos no muy acertada —a Dios y'la Religión, por una referencia más justa al sentido común humano que no se ve amarrado por ligaduras de ninguna clase. La práctica de los preceptos externos (costumbres ceremoniales) contribuyó mucho a la supervivencia del judaismo. Es una verdad indiscutible. Pero esto no quiere decir que solamente su totalidad —crecida en el curso de los siglos— haya tenido este efecto. Muy bien puede sostenerse el criterio de que tan sólo una fracción del complejo de prescripciones tan profusamente multiplicados (preceptos, luego cercas, luego cercas alrededor de las cercas) podría haber producido el mismo resultado. Importante es que se mantenga todo aquello que está destinado de dificultar e impedir la asimilación. Y es de desear que un futuro Synhedrion en Jerusalem resolverá, en días más lúcidos, el problema desde tal punto de vista. La intención de los filósofos de la religión judía de demostrar la comprobabilidad de creencias dogmáticas y de destacar con eso su certeza conviencente, no debe borrar, para un judío que piensa de modo independiente, la diferencia entre una revelación basada en la creencia por un lado, y la cognición fundamentada en el saber y sus métodos, por el otro. La fuerza reveladora nacional que siempre está renovándose a sí misma, se manifiesta en el amplio racionalismo de un Maimónides y Gersónides, seguramente en forma no menos vigorosa que en los dogmas que se tijásmiten de otros por medio de la tradición. (Traducido a), castellano por Egon Rosenfeld),

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