Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXII (1960)
- Issue
- 9 (Septiembre, 1960)
- Date
- 1960-09-01
- Page
- Seite 9 (sequence 9)
- Language
- German
- Belongs to
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Septiembre 1960 BOLETIN INFORMATIVO 9 ESTAMPAS DE LA PATRIA El galopar de los jinetes bajo la noche estrellada; El murmullo del mar en las mansas bahías; El paisaje nevado y sobrecogedor; El árido desierto bajo el quemante sol de mediodía; Todo esto y mucho más es Chile, el último confín del (mundo. Para conocer a este país no basta residir en él. No basta morar en la gran urbe, con su vida agitada, su ritmo nervioso y febril, es menester haber convivido con su pueblo, con el minero sufrido y esforzado, con el campesino tosco y silencioso, con el roto chispeante y temperamental y con aquellos hombres graves y retraídos que habitan allá donde la tierra se confunde con el océano, donde el continente se pierde en las lejanías del mar austral. —O— —Dieciocho de septiembre en Magallanes —la ciudad ha amanecido con aire de fiesta. Por doquier flamea la bandera tricolor. Las gentes, por lo general, tan silenciosas e introspectos, hoy son alegres y expansivas. Una ligera capa de nieve cubre la ciudad, dándole este tinte tan inconfundible de la tierra patagónica, que el hombre día tras día tiene que arrebatar de nuevo a la naturaleza . Desde las primeras horas de la madrugada, las bandas han recorrido la ciudad, haciendo escuchar los alegres sones de sus aires marciales. En la plaza Muñoz Game ro se han reunido las autoridades, rodeadas de miles de curiosos, cuando aparecen las tropas de la guarnición, los niños de los colegios, los hombres de la Armada y de la Fuerza Aérea, para iniciar el desfile. Y, lentamente, a los acordes de la Canción Nacional, se eleva en el mástil de la plaza el pabellón chileno, mientras que la multitud emocionada corea el Himno Nacional. Nuevamente, ha empezado a nevar. Y bajo la nieve que revolotea en el aire como bailando una alegre cueca, las cosas adquieren proporciones nuevas, inusitadas y uno siente que también aquí hay patria. —O— La pampa descansa de la dura faena. Un viento helado corre sobre aquellas estepas de sal, que de día parecen convertirse en brasas para quemar al hombre, al minero norteño que trata de arrebatarle sus secretos y sus riquezas. Allá, a lo lejos se divisa la oficina, con sus trajines, sus vidas trasplantadas al desierto. Estamos solos. Solos en esta inmensa soledad que es el Norte Grande, este mundo petrificado sin comienzo ni fin, sin árboles y sin flores. Y allá arriba, inmutables, están las estrellas, como en el primer día de la creación. La dura jornada ha terminado. Durante el día, el minero sudoroso ha hecho surgir de las entrañas de la tierra el mineral, la riqueza que mueve al país, que fue su pasado y bien puede, que vuelva a ser su futuro. La soledad espantosa del Norte nos ha hecho prisionera, nos tiene en sus garras, pero a la vez nos ha cautivado con este encanto tan peculiar de las cosas terribles. Y soñando vemos enfilar hacia la cordillera a las figuras de los cateadores, de aquellos hombres solitarios, mitad soñadores, mitad poetas, que habían salido a conquistar al desierto, a arranmm <>• V ' i ^>^S5 i Sÿ.wfc*. ...x ' ■í.1SS5¥::’>VmBsi:®» v: Castro — Embarcadero carie sus riquezas, y que tantas veces murieron de hambre y de sed, solos y miserables; cegados por la visión, a pocos pasos de la miña que les hubiera deparado aquello que tanto anhelaban. —O— Alegre brilla el sol sobre el campo. Hoy es la trilla, la fiesta campesina. Y corre la gente, relinchan los caballos, suenan ya las guitarras y mozos y mozas se preparan para el gran día que corona un año de labores. Generosa ha sido la tierra al dar su fruto en abundancia. Falta el último esfuerzo para arrancarle los granos que serán el pan que alimentará a ricos y pobres, a villanos y aldeanos, a ancianos y niños. Sudorosos corren los caballos en la era, alentados por los gritos de los huasos que hoy lucen sus mejores galas. Lentamente, al caer la noche, disminuye el ritmo del trabajo —la faena toca a su fin. .itójgg vfa'füt tllllllilll!¡ÚMM i¿¡ii thttitäUiüBhliSk Paisaje Sureño", de Enrique Awner 88ëÉ wm Wmm mjÊÈÈÈÊÊÊËÈÈÎÊË wmm WSM wem Wmm WlÊiSêM •ásmmásáesáéíimi! ÉÈfÈÜÜÉÜ MMM mi "Arriero", de Y ahora, a la fiesta. Ya suenan los guitarrones. Ya entonan los cantores sus tonadas, ya corre el generoso vino tinto y humea el asado. Se ha cumplido con otra jornada y la alegría irrumpe cual fuerza elemental de entre la multitud, haciéndola moverse al unísono, bailar, cantar, reír, gozar de este momento supremo de la vida del campo. Más tarde, cuando ya se han apagado los últimos fuegos, cuando se ha saboreado el último sorbo de vino y bailado la última cueca, se siente el galopar de los jinetes que regresan a sus hogares a través de estas noches perfumadas del campo chile¬ Enrique Amster no, mientras un viento suave mece las hojas de los álamos. —O— La brisa ha henchido las velas e impulsa la goleta a través de las islas del archipiélago. Presurosas corren las olas que mecen a la frágil barca, hogar flotante en el que se nace y se muere, se ama y se desespera. En el timón, está el padre, escudriñando el horizonte, mientras alrededor de él se desarrolla la vida familiar. Así vuelve el isleño del continente, rumbo a la isla donde el marinero y pescador será nuevamente campesino, volverá a labrar este pequeño pedazo de tierra chilote que es suyo, todo suyo y que ama con cariño salvaje e irracional. Más, es pobre la tierra, pobre y agotada, estrecha y reducida. Y así, todos los años, miles de chilotes, acompañados de sus mujeres y de sus niños se embarcan en los vapores que navegan entre las islas, para dirigirse a Magallanes, a las faenas donde trabajaran de sol en sol, ganando para mantener a los suyos durante el crudo invierno. Hay otros más aventureros, que pueblan con sus embarcaciones el golfo, las bahías y las ensenadas, pescando y mariscando para saciar el ape tito de las fábricas de conservas que humean en Calbuco y hacen llegar los sabrosos productos del mar a todos los rincones de la tierra. Surcando el mar azul, henchidas las velas, por fondo los volcanes eternamente nevadas, navega el chilote hacia el infinito, hacia la esperanza . -O— Todo ésto y mucho más es Chile. ¿Pero es acaso —como diji mos al comienzo— el última confín del mundo? ¿Acaso el centro del Universo no está siempre en aquél lugar donde el hombre sufre y goza, donde lucha contra la naturaleza para lograr un futuro mejor, donde la vida y la muerte se hermanan inseparablemente? 150 años de vida independiente, de amor y de sacrificio han hecho realidad las visiones de los precursores. Y cual goleta chilote, henchidas las velas, contra viento y marea, navega Chile hacia el porvenir, hacia un futuro esplendor. H. E.