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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1960-04-01 · 4 (Abril, 1960) · p. Seite 25

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXII (1960)
Issue
4 (Abril, 1960)
Date
1960-04-01
Page
Seite 25 (sequence 23)
Language
German
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Abril 1960 BOLETIN INFORMATIVO VIVO 25 EL HEBREO COMO IDIOMA Por JAIM RABIN, (Profesor de la Universidad Hebrea de jerusalén) El hebreo es uno de los idiomas hablados más antiguos: su historia abarca tres mil trescientos años. Es además la lengua del libro que más influencia tuvo sobre la humanidad —la Biblia— y de otras grandes obras filosóficas y éticas. En nuestros días hizo época por ser el único idioma resucitado con éxito tras haber caído completamente en desuso. Las páginas siguientes narran la historia de este renacimiento. COMO CAYO EN DESUSO En 1897 se encontraron en Tel Amama (Egipto) varias cartas del siglo XIV A. C. escritas por gobernantes cananeos al rey de Egipto y redactadas en babilónico, pero plagadas de errores que permitieron descubrir el idioma de sus autores, a saber, una forma antigua del hebreo. De este modo vino a saberse que el hebreo se hablaba en Canaán aún antes de la conquista israelita. Se presume que Abraham y sus descendientes lo aprendieron durante su estancia en ese país. La Biblia, así como algunas inscripciones y cartas (en tiestos) descubiertas en suelo palestino, atestiguan elocuentemente que durante el período del Primer Templo, la población judía se valía continua y exclusivamente del hebreo. Por espacio de cuatro centurias, a partir del retomo del Cautiverio de Babilonia, el hebreo bíblico siguió usándose como lengua literaria, pero el lenguaje popular fue evolucionando hasta alcanzar la forma que encontramos en las enseñanzas de los rabinos, registradas por la Mishná (200 A. C. aproximadamente) y en otros escritos de esa época. En las postrimerías del período del Segundo Templo, sin embargo, el hebreo pasó a la defensiva: los judíos fuera de Palestina así como los habitantes del país hablaban en su mayoría arameo o griego; a raíz de la conquista hasmonea, en el siglo I. A. C., aumentó considerablemente el número de personas que hablaban estos dos idiomas, y finalmente; a consecuencia de la destrucción de Judea —centro del hebreo hablado— en las guerras de los años 70 y 132 A. C., el hebreo cayó completamente en desuso como idioma cotidiano. Los judíos habían hablado hebreo por espacio de catorce centurias. Pero aún antes de que el hebreo hablado desapareciera, los judíos escribieron obras literarias en griego y arameo y tradujeron la Biblia a esas dos lenguas. El arameo, idioma del Talmud Babilonio y el Palestino, fue muy popular entre los judíos y se conserva hasta el día. de hoy entre los judíos de Curdistán. En el Medioevo, los judíos avecindados en países en que prevalecía la cultura islámica escribían en árabe, al paso que en Europa crearon dos idiomas específicamente judíos: el idish y el ladino, derivados del alemán y del español medioevales, respectivamente. EL HEBREO CONTINUA EXISTIENDO EN ESCRITOS Aunque en el período comprendido entre los años 200 y 1800 D. C., el hebreo no se utilizaba para uso cotidiano, servía de medio de comunicación entre judíos de distintos países que no entendían el idioma del otro. Algunos pocos hablaban hebreo el sábado. Pero mientras esto no era muy corriente, el hebreo escrito fue muy utilizado durante toda esa época. En ciertas partes, los judíos escribían paralelamente en hebreo y otro idioma: en España, por ejemplo, escribían obras filosóficas en árabe y poesía en hebreo; otras comunidades —tales como la francesa y la alemana— se comunicaban únicamente en hebreo entre los siglos X y XIV. En Europa Oriental, el hebreo era el idioma de las clases cultas. La moderna civilización europea empezó a infiltrarse entre las masas judías en las postrimerías del siglo XVIII, principalmente por medio de los escritos hebreos del movimiento Haskalá (Esclarecimiento), cuyos adherentes abandonaron el estilo medioeval que no reparó en la gramática, retornando al idioma bíblico. Escribían poesía moderna, dramas, novelas y obras científicas, todo en hebreo; en 1856 editaron el primer periódico hebreo, el semanario Hamaguid. La producción literaria hebrea de estas diecisiete centurias no fue en forma alguna inferior a la de otros idiomas europeos importantes . Incluye también centenares de traducciones. Sin embargo, mientras satisfizo hasta fines del siglo XVIII, las necesidades culturales del lector judío, en el siglo XIX ya no fue capaz de mantener el ritmo acelerado al que progresaba el desarrollo intelectual. Como consecuencia de-este estado de cosas y a raíz del anhelo de asimilación, declinó bruscamente el conocimiento del hebreo en casi todo el mundo. En 1875, el poeta J. L. Gordon manifestó en las siguientes palabras la frustración de los que se esforzaban por no dejar morir las letras hebreas: ¿Quién-puede vaticinar el futuro? ¿Quién puede predecir si no soy el último poeta de Sión? ¿O tu el último lector de la Palabra Hebrea? POR QUE RESUCITO EL HEBREO Cuando el renacimiento del hebreo estaba ya a punto de consumarse, muchos oponían objeciones a la idea misma alegando que nunca en la Historia se resucitó todavía con éxito una lengua muerta. No obstante haber estado equivocados, como lo demostraron los acontecimientos, cábenos preguntar por qué el hebreo fue capaz de cobrar nueva vida mientras fracasaron plena o parcialmente los intentos de resucitar otras lenguas que ni siquiera habían caído completamente en desuso. Una de las razones reside en el hecho de que para los judíos el hebreo nunca fue una lengua muerta. Siempre consideraron los idiomas hablados en la diáspora como expedientes temporarios y creyeron firmemente que un día regresarían a Sion y volverían a hablar su lengua milenaria. Ben Yehuda demostró solamente que no el futuro sino el presente es el momento oportuno de llevar a la práctica este anhelo. Por este motivo estuvieron dispuestos los primeros pioneros, además de ejecutar faenas arduas, a emprender la tarea de hablar un idioma que conocían apenas; por eso la joven generación se arriesgó a tener una instrucción deficiente con tal de recibirla en hebreo. Más aún, al inmigrante de Europa Oriental y Africa del Norte el hebreo le resultó familiar, puesto. que había leído numerosos libros, escrito cartas y hasta' llevado su contabilidad en este idioma, pero sobre todo porque fue ésta la lengua de sus plegarias. La literatura de la Haskalá, que precedió al renacimiento, introdujo el hebreo en numerosas esferas. Aún antes del advenimiento de Ben Yehuda, los diarios aparecidos en Palestina después de 1863 —la mayoría de ellos publicados por judíos de Europa Oriental— eran hebreos. El extenso uso del hebreo literario por espacio de siglos contribuyó a desarrollar la lengua para responder a las necesidades de la vida moderna. Muchas voces que se utilizan hoy en día fueron inventadas por filósofos, cabalistas y rabinos durante la Edad Media —y más importante aún— fueron ellos los que establecieron los métodos de los que al presente se sirven la Academia de la Lengua y otros organismos para enriquecer el patrimonio lingüístico . De hecho, una vez emprendida la reconstrucción del Hogar Nacional Judío no había más alternativa que resucitar el hebreo, puesto que era el único idioma común a ‘todos los judíos. El idish y el ladino fueron hablados tan sólo por algunos sectores del pueblo judío y ninguno de estos grupos hubiese estado dispuesto a aceptar como suyo el idioma del otro, pues no tenía relación alguna con su pasado judío. Tampoco fue posible imponer otro idioma como por ejemplo el inglés, a los que regresaban al Hogar Nacional, ya que volvían para ser judíos y no para cambiar una asimilación por otra. Formaba, por ende, la recuperación del hebreo, parte integrante del renacimiento judío. Afianzó el dominio del hebreo en la vida diaria la inmigración, cuyo ritmo acelerado no permitió que ningún grupo étnico adquiriese superioridad numérica e impusiese así su lenguaje a los demás grupos. El hebreo era el medio natural de comunicación entre las agrupaciones de distintos orígenes y el idioma natural en hogares en los que los cónyuges procedían de distintas comunidades . A medida que tales uniones se hacían más comunes y las Landmanschaften (grupos de gente originaria de la misma región y estrechamente vinculada entre sí) daban paso a la sociedad israelí unificada, iban desapareciendo gradualmente los idiomas hablados en la vida privada. El inglés, por supuesto, se estudia a fondo en escuelas y universidades y puede considerarse como el segundo idioma cultural del país. Ultimamente creció el interés en el francés. Se publican diarios en inglés, francés, alemán, árabe, persa, idish, ladino, polaco, húngaro, rumano y búlgaro y semanarios en otros idiomas. La actitud negativa que había asumido previamente la población ante el idish dio paso a interés y simpatía; son muy populares el teatro y los recitales de canciones idish y la lengua y literatura idish se enseñan en la Universidad Hebrea. EL HEBREO MODERNO Pese al sinnúmero de voces nuevas que se introdujeron desde su renacimiento y a los cambios que experimentó en su lucha por expresar nuevas ideas, el hebreo moderno se parece todavía más al lenguaje de la Biblia, de hace tres mil a dos mil quinientos años, que el castellano moderno a la lengua de Cervantes, de la que se apartó apenas unos cuatrocientos años. En cierto modo se asemeja más al hebreo bíblico que a la lengua de la Mishná de hace 1.700 años, ya que absorbió todas las formas que existieron alguna vez, combinándolas en una mezcla peculiar. Ello, sin embargo, no es prueba alguna de que, como muchos podrían pensar, el hebreo es “artificial” . La mezcla de formas antiguas y más recientes es típica del hébreo en todas las épocas, incluso en la composición de las plegarias cotidianas, algunas de las cuales tienen de 1.900 a 2.000 años de antigüedad. Por otra parte, este proceso se intensificó, como es natural, durante el renacimiento . Simplificando mucho, podría decirse que las formas de los vocablos hebreos modernos derivan de la biblia, la sintaxis del lenguaje de la Mishná y los vocablos mismos de todos los períodos y estilos. Frecuentemente hay dos o más expresiones para designar la misma cosa, cada una originaria de otro período. En muchos casos, cobraron estos sinónimos, con el andar del tiempo, diferencias sutiles de significado enriqueciendo así la lengua y haciéndola más expresiva. A veces se usa una expresión tan sólo en el idioma literario y otra en el lenguaje popular. De ahí que al que estudió hebreo en el extranjero le extraña al principio el sentido que dan los israelíes a ciertas palabras. Pero si se abordan estas diferencias con tolerancia y comprensión (como, dicho sea de paso, hay que abordarlo todo en Israel) puede que se acabe por quedar fascinado por la forma en que los israelíes resolvieron los problemas lingüísticos que, naturalmente, no se planteaban a aquéllos que no deben servirse únicamente del hebreo. Por espacio de siglos los judíos utilizaron en las sinagogas distintas pronunciaciones: no únicamente las conocidas sefardita y ashkenazi (con muchas variedades), sino también la yemenita, la norafricana, la persa y otras. La así llamada pronunciación sefardita de Israel no es idéntica a ninguna de las pronunciaciones tradicionales aunque se acerca más a la sefardita, es decir a la de los judíos de origen español en varias partes de Europa. Especialmente los jóvenes hablan el hebreo vigorosa y rápidamente, de modo que a veces acortan violentamente las palabras. Existen en realidad dos pronunciaciones corrientes: la de los israelíes nativos y la de los inmigrantes de países árabes y sus hijos, que pronuncian algunas letras de modo distinto. Difieren también en algo el lenguaje urbano y el rural: este último es más lento y va acompañado de un dejo. Al adoptar la pronunciación sefardita, Ben Yehuda y sus colegas •—judíos rusos en su mayoría—■ se alejaron deliberadamente de su tradición propia. Les indujo a dar este paso el hecho, comprobado por palabras hebreas en idiomas contemporáneos, que el hebreo se aproximaba más en tiempos antiguos a la pronunciación sefardita. Los principios de la pronunciación ashkenazi no pudieron trazarse más allá del Medioevo. LA CULTURA HEBREA La importancia de un idioma no la determina su carácter, ni siquiera el número de personas que lo hablan, sino los valores culturales que engendre. La producción literaria hebrea abarca tres mil años e incluye el Libro de los Libros al igual que gran número de obras sobresalientes en la historia de la civilización. Más aún, muchas de estas obras deleitan al lector hebreo; en primer lugar la Biblia, pero también la Mishná, la Agadá, la poesía de Judá Haleví y Salomón Ibn Gabirol y de otros escritores de la Edad Media, la filosofía de Bahya lbn Pakuda, el misticismo de Maimónides y otros filósofos medioevales, cuyos libros fueron traducidos del árabe o que escribieron en hebreo. Hace apenas diez años se descubrió un tesoro literario, cuya existencia era desconocida: los Rollos del Mar Muerto. El renacimiento agregó a las letras hebreas no sólo las obras de Méndele, Bialik, Chernijovsky y Ajad Haam, sino también las de autores oriundos de la diáspora, muchos de los cuales, como por ejemplo los últimos tres, se trasladaron a Palestina. Cábenos mencionar en este contexto a los poetas Zalman Shneur, David Shimoni, Itzjak Lamdah, Uri Zvi Grinberg, Avraham Shlonsky y Sh. Shalom. (JADLA). Tapicería de Automóviles Bertoldo Schlesinger 10 de Julio 357 Fono 397282

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