Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXI (1959)
- Issue
- 11 (Noviembre, 1959)
- Date
- 1959-11-01
- Page
- Seite 13 (sequence 13)
- Language
- German
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Noviembre 1959 BOLETIN INFORMATIVO 13 Personalidades de la Historia Judía BAU KOJBA Bar Kojba era el héroe de la insurrección judía contra el emperador romano Adriano (132-135 E. C.). En la tercera revolución contra los romanos, surgió ese jefe, cuya personalidad está adornada de leyendas, pero del que se sabe muy poco a ciencia cierta. El mismo nombre es dudoso. Sólo los escritores eclesiásticos lo llaman Bar Kojba; los paganos no lo mencionan para nada y los judíos lo llaman Bar (o Ben) Koziba (hijo de las mentiras) o Jozba, quizás por la ciudad de Jezib. El apelativo Bar Kojba (hijo de la estrella), se deriva entre los judíos de una referencia de Rabí Akiba, citando Núm. 24,17: “Saldrá una estrella de Jacob...” En cuanto al nombre denigrante Bar Koziba, se debe al fracaso sufrido y al desengaño popular consiguiente. Probablemente su nombre real fue Simón. No se sabe nada de su origen, de su juventud ni de su familia. Apareció repentinamente como libertador; judíos de todos los países se alistaron bajo sus banderas y su ejército llegó a contar medio millón de hombres, según fuentes tanto judías como no judías, y en menos de un año, conquistó más de cincuenta ciudades y plazas fuertes. A varias causas se atribuye el estallido de la rebelión. Dión Casio cree que ésta se debió al intento de Adriano de establecer una colonia romana sobre las ruinas de Jerusalén y de edificar un templo a Júpiter Capitalino en lugar del Templo destruido. Sin embargo, es más probable que se debiera a los excesos e injusticias del gobernador general Tinio Rufo, quien oprimía el país, violaba a mujeres y muchachas y ofendía a la población judía de diversas maneras. También los samaritanos y cierto número de paganos se unieron a Bar Kojba y éste dominó, además de las plazas fuertes mencionadas, 985 ciudades y pueblos del país. Se hizo proclamar rey y mandó acuñar monedas. No es seguro que tomara Jerusalén, aunque Graetz supone así, ya que en tal caso, la capital se hubiera convertido en centro de operaciones, en lugar de la fortaleza de Betar. Cuando Bar Kojba venció también al general Publio Marcelo, enviado en socorro de Rufo, los romanos mandaron a su mejor general, Julio Severo, a quien llamaron desde Bretaña, junto con el antiguo gobernador de Germania. Aunque se pusieron a su disposición varias legiones estacionadas en Siria y su ejército adquirió proporciones considerables, Julio Severo no atacó a las tropas judías, sino que procuró reducir sus plazas -fuertes una a una. La última de ellas, Betar, cayó después de un año de sitio en 135, y Bar Kojba murió en el combate. Las consecuencias de esa guerra fueron espantosas. Según Dión Casio, habían caído 580.000 judíos en tres años y medio de guerra. El país estaba despoblado y una era de persecuciones sin precedentes iba a iniciarse, pero esás calamidades pudieron evitarse a causa de la muerte de Adriano. Los judíos que habían visto en Bar Kojba a un verdadero Mesías, contemplaban lo que parecía la ruina definitiva de su nación. La amenaza de Adriano se ejecutó y Jerusalén se convirtió en ciudad pagana bajo el nombre de Aelia Capitolina. , (“ENCICLOPEDIA JUDAICA”). MOVIMIENTO ANTISEMITA EN LA URSS PIDE ABOLIR IGUALDAD JUDIA EN ISRAEL TODO ES CLARO Y DIRECTO por IGNOTUS TEL-AVIV (ZINS).—Por vez primera, se publicó en el diario “Haboker”, de esta ciudad, el texto completo de los sueltos recientemente difundidos en la Unión Soviética contra los judíos. Los documentos llegaron al periódico de fuentes absolutamente fidedignas. Dicen que los volantes antisemitas están vinculados, de algún modo, con el incendio de una sinagoga en la población de Malajovka, cerca de Moscú, del que toda la prensa judía y general diera amplia cuenta. “Haboker” fue el primer periódico en recibir los llamamientos antijudíos de Rusia. En uno de los volantes se exhorta a la población a expulsar a los judíos de todos los puestos que ocupan en la administración económica y general de la URSS. Dicen que hay que despojarles de los “tesoros” que lograron acumular, y asimismo, acabar con la “idiotez” de la igualdad de derechos que los judíos impusieron con engaños al ingénuo pueblo ruso. Seguidamente, los sueltos recuerdan que naciones como Alemania, Polonia y Checoslovaquia fueron lo suficientemente inteligentes para deshacerse de sus judíos. Otro volante trata de asuntos locales de Malajovka, población a la que tilda de ser “Segunda Jerusalén” y en la cual los judíos habrían hecho gala de toda su “arrogancia”. Dice que, por ahora, las masas aún están apáticas, o se conforman con palabrería, pero el día de la acción no está lejos. Agrega el corresponsal del “Haboker” que, al decir del periódico “Express” de Viena, se efectuaron recientemente manifestaciones antisemitas en Moscú, y que el hecho de que la prensa occidental no haya dado publicidad a la noticia se debe tal vez a que la censura soviética, simplemente, no dejó pasar el despacho respectivo. Las palabras en Israel tienen un sentido vertical. No son panorámicas, es decir, engañosas. No sirven para enmascarar. Se van en profundidad. Se pronuncian y se viven a la vez. Y ni siquiera se pronuncian: tan sólo se viven. La austeridad, por ejemplo, no es un programa de vida que se proclame a todos los vientos y se olvida su realización. Se encuentra a cada paso, aún cuando de ella no se habla. El gobernador de Jerusalem y su provincia, que es la más importante de Israel, me recibe en su despacho sin que para ello tenga que pasar a través de ujieres, porteros, salas de espera ni ceremonial alguno. Sin más, golpeo en una puerta en el tercer piso de un edificio sin pretensión alguna, y me encuentro frente a frente con el gobernador, en un cuarto de 4 metros por 5, de paredes encaladas, con 3 asientos y una mesa de juzgado municipal. En las paredes, el mapa de Jerusalem, sobre el cual el gobernador me explica el plano regulador de la ciudad, y el plano de la provincia. Como de costumbre, dos cuadros, obras de pintores hebreos, prestados por el Museo Nacional, completan la decoración del despacho del señor gobernador, persona sencilla, afable, profundo conocedor en materias de arqueología e infatigable trabajador. Sobre la mesa, muy pocos papeles y ningún timbre. En el cuarto vecino, una secretaria ante una modesta máquina de escribir y tan limpia de papeles como la del gobernador. Nadie asedia las oficinas, ni hace antesala. En el mismo edificio funcionan las oficinas de la gobernación, tan modestas y sencillas como las que acabo de describir. Salgo a la calle con el'gobernador. Ni portero presuroso, ni súbditos zalameros y acuciosos, ni aspirantes impertinentes. Apenas si alguien le saluda con saludo displicente y cortés. El señor gobernador es un servidor público como cualquier otro. Todo esto para mí es insólito y por esto lo anoto. Tomamos el auto de la gobernación, un modesto coche con unos 10 años a cuestas, que el mismo gobernador maneja. Me lleva a visitar algunos rincones de Jerusalem. En cierto momento se detiene. Aquí existe la costumbre de recoger a la gente que espera un bus o hace señas para que se le lleve. El gobernador recoge a un buen hombre mal trajeado que le había hecho la se¬ ñal del caso. Me presenta al pasajero: era el hermano del que le lleva la verdura a la casa. Más adelante nos detenemos a recoger a una estudianta que iba en nuestro camino, hacia la Universidad. El coronel Zeev me recibe en sus oficinas del Ministerio de Defensa. Una vieja barraca en la que funcionan diversas oficinas con las mismas características de modestia y sencillez que acababa de ver en la gobernación. Al terminar la conferencia el coronel me acompa¬ ña largo trecho hasta consignarme en manos de una mujer soldado. Los militares que encontramos le saludan por su nombre, como a un viejo camarada, con el sacramental saludo “Shalom”. El les da golpecitos en la espalda y les sonríe como un padre a sus hijos. La soldado que me acompaña luego hasta la puerta, me hace un cálido elogio del coronel. “Pero no crea usted, por lo que ha visto, me dice, en el perfecto castellano que habla (es judía sefardita), que es un hombre blando. Es de gran energía. Le tememos, pero le adoramos porque es justo y bueno”. Me acordé entonces de que los oficiales del ejército de Israel, nunca, en acciones de guerra, dan la consabida orden “Adelante”, sino que dicen “Seguidme”. En el edificio de la Histadrut, que es una de las más poderosas y originales organizaciones de Israel, visité varias oficinas de la directiva y de los empleados de menos categoría. En aquel magnífico edificio, uno de los pocos recién construidos, todas las oficinas son iguales. Cuartos de 3 por 4, casi camarotes, con 3 asientos y una mesa sencilla. Pocos papeles sobre las mesas y los consabidos cuadros de pintores hebreos, en la pared. Muchos de los sabios que trabajan en el Instituto Weizmann y en otros institutos, tienen a sus familias viviendo en los kibutzim vecinos y allí van ellos cada vez que sus trabajos se lo permiten. A no pocos de los más sobresalientes se les han ofrecido sueldos de miles de dólares para que continúen sus investigaciones en centros norteamericanos, pero han rehusado y continúan en Israel con sueldos de 200 dólares mensuales. El Ministerio de Relaciones Exteriores funciona en una serie de barracas similares a las del Ministerio de Defensa. Está, sin embargo, rodeado de unos jardines de ensueño, que difícilmente reemplazarán en el edificio que piensan construir. Un día, entre dos visitas a dos institutos, la señora que me servía de guía me invitó a almorzar. Como pasáramos por la oficina del marido, le pregunté si el esposo nos acompa¬ ñaba y ella me respondió sencillamente: —No. No viene porque la invitación que yo le hago a usted es oficial, y con dineros oficia - les no puedo invitar a mi marido. Ni títulos, ni pompas, ni vanos oropeles tienen curso en la vida de Israel. Aquí todo es sencillo, severo, con algo de patriarcal. La celebración del Sabat conserva todo su rigor, al menos en las viejas generaciones. Hasta el uso del cigarrillo se prohibe en el día sábado, porque no se puede encender ninguna clase de fuego. El servicio de transportes públicos se paraliza igualmente. No. La austeridad en Israel no es un condimento oratorio para gentes ingenuas. Es simplemente una de las características de la vida de Israel en estos momentos. Como lo es el sentido de otras palabras y expresiones que usamos con tanta frecuencia, sin prestar atención a su significado: Democracia, Libertad, Responsabilidad, Deber, Espíritu Cívico. Todo esto en Israel se respira a plenos pulmones, sin que se nos ensordezca tan sólo con la sonoridad de las palabras. Allí se encuentra una razón de ser a nuestros afanes. Recuerdo a una distinguidísima señora llegada de los Estados Unidos, que visitaba conmigo el nuevo Hospital de Jerusalem, maravilla de técnica hospitalaria, en su disposición arquitectónica y dotación. Al terminar las explicaciones que nos había dado nuestra guía, señora de uno de los directores del Hospital, la señora americana, esposa^ de un magnate del cinematógrafo, exclamó en un arrebato de sinceridad: “Acabo de comprender que yo he perdido mi vida. Tengo una magnífica vida en Hollywood, con piscinas y grandes jardines. Tengo autos, yates. En fin, tengo todo lo que puede desear una mujer, y desde que estoy aquí he venido convenciéndome de que todo eso para nada sirve. Cuánto mejor dedicar la vida a obras como las que aquí se están llevando a cabo, con fervor y pasión que le dan sentido a la vida. Veo ahora que mi vida ha sido inútil, no sólo para los demás, sino para mí. ¡Y es ésta una sensación muy triste!” Conversé con universitarios, con obreros, con campesinos, con profesores (debo advertir que en Israel es mucha la gente que habla castellano, debido al gran número de judíos de origen suramericano que han llegado, y a los sefarditas que hablan un curiosísimo castellano antiguo y editan un periódico en este castellano antiguo). En estas conversaciones me sorprendió siempre el sentido profundamente humano de todos, sus palabras, el sabor apostólico de sus ideas, el fuerte idealismo que determinaba su acción. (ERESNEWS). Tapicería de Automóviles Bertoldo Schlesinger 10 de Julio 357 — Fono 397282