Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXI (1959)
- Issue
- 11 (Noviembre, 1959)
- Date
- 1959-11-01
- Page
- [Seite] (sequence 1)
- Language
- German
- Belongs to
- journal issue
- OCR quality
- 78% known words query
- IRI
…/8553624-8557464-9194448--2724-8557731- Visual Library
- page viewer of the UB Frankfurt
OCR text
REDACCION. S.C. I. B'NE JlSftOflU AV. PORTUGAL 610. CASILLA 2487. SANTIAGO »CHILI BOLETIN INFORMATIVO MITTEILUNGSBLATT ■ so CI E p A D CULTURAL 1VS R A El 1 TA " B ’ N E JISROEL" | AÑO XXI — N? 11 SANTIAGO DE CHILE NOVIEMBRE 1959 INSISTENCIA INEXPLICABLE En su edición del día 6 de Octubre pxmo. pdo., “El Mercurio” publicó un editorial intitulado “Puntos Vitales en la Estabilización”, en el cual se ocupa de analizar algunos tactores que habrían contribuido al alza del costo de la vida en los últimos años. Uno de ellos reside, a juicio del editorialista, en un número exagerado de personas dedicadas a la actividad comercial, lo cual se comprobaría con la distribución de la renta nacional, de la que corresponden a la industria 407 mil millones, a lia agricultura 322 mil millones y al comercio 402 mil millones. Y agrega textualmente: “Esta situación se agravó con el hecho de que miles de extranjeros que llegaron al país en los últimos veinte años —a veces con promesa de trabajar en la tierra o en las fábricas— se dedicaron a incrementar el comercio detallista”. El elevadísimo concepto que, por un lado, nos merece “El Mercurio” como órgano de expresión democrático más importante del país como el hecho de que, por otro lado, cada cierto tiempo renueve con una insistencia digna de mejor causa el injusto cargo que hemos reproducido, nos mueve a formular por esta vez siquiera, unas cuantas observaciones. La oportunidad se presenta, por lo demás, muy propicia, porque en gran parte podemos basarlas en argumentos expuestos por el mismo rotativo en un artículo de redacción publicado tan sólo tres días más tarde, con fecha 9 de Octubre, bajo el título de “Inmigración Bienvenida”. En él se aplaude la iniciativa del Gobierno en orden a estimular la inmigración holandesa y se recomienda consultar un gasto en los presupuestos anuales de la nación, a semejanza de lo que se practica en la República Argentina. “Se consulta allí”, leemos en el artículo citado, “un ítem importante en el presupuesto fiscal destinado a traer inmigrantes y proporcionarles en su suelo los medios iniciales de subsistencia. Nuestro país ha desarrollado esfuerzos esporádicos, sin continuidad y de muy reducida consideración en ese terreno”. Y agrega más adelante: ' “... es alentador el paso de avanzada que se acaba de dar. Pero, además, para compensar las desventajas naturales, el país deberá afrontar sacrificios económicos de importancia a fin de ofrecer condiciones más tentadoras en los medios iniciales de trabajo a los inmigrantes europeos”. Es verdad que, pára que una corriente de colonizadores agrícolas se arraigue definitivamente en el suelo, se requiere algo más de esfuerzos esporádicos. La prueba más reciente, la encontramos en esa inmigración de agricultores que el Gobierno del señor González Videla invitó, hace unos 10 o 12 años atrás, a trabajar los terrenos entre La Serena y Coquimbo, facilitándoles tierras, espléndidas casas de habitación, maquinarias, semilla, crédito y orientación técnica por intermedio del Departamento Agrícola de la Corporación de Fomento. Como es sabido, ese intento “esporádico” de colonización terminó en el más absoluto de los fracasos. Muchos de esos inmigrantes volvieron a sus países de origen y llegaron hasta el extremo de expresarse en los términos más ingratos e injuriosos del país que tan generosamente los había acogido. Pues bien, a esos pocos miles de inmigrantes que llegamos hace ahora veinte años, y de los cuales una parte —no considerable por lo demás— había tenido que prometer “trabajar en la tierra o en las fábricas”, ¿qué tierras los esperaban?, ¿qué “medios iniciales de trabajo”?, ¿qué ayuda, qué consejo, qué perspectiva? “El Mercurio” sabe tan bien como nosotros, que el país no estaba en aquella época preparado para orientar la inmigración en ningún sentido. La mayor parte de esas familias que heroicamente trataron durante algún tiempo de mantenerse en Magallanes o en Talca, en Pitrufquén o en Puerto Montt, tuvieron que desistir finalmente no porque hayan tenido el propósito preconcebido de romper una promesa, sino porque las condiciones del agro chileno, determinado por la relación de terrateniente y peón no permitía la adaptación de un elemento que, por muchos conceptos, no puede identificarse con ninguno de los dos. No se nos entienda mal: no es que ésto deba interpretarse como una queja. No esperábamos, en verdad, ayuda material o créditos, tierras o siquiera habitaciones preparadas. Sabíamos que íbamos a depender de nosotros mismos y, a lo sumo, de la ayuda mutua dentro de nuestra colectividad. Llegamos como refugiados. El país lo sabía. Si hubiera esperado colonizadores, el trato que recibimos, debería haber sido diferente. Pero se nos trató como refugiados. No despectivamente, sino dentro del noble concepto que identifica a este país como “asilo contra la opresión”. Por eso resulta hasta cierto punto pueril esa insistencia inexplicable en aquella “promesa de trabajar en la tierra”. Con la espalda al campo de concentración y a la cámara de gas, no hay ser viviente en el mundo que no prometa lo posible o lo imposible. Por otro lado, no viene al caso recordar el por qué se puso esa condición u otra, pero sí es oportuno destacar que cualquiera de ellas estaría legalmente viciada por estar en pugna con la Constitución Política del Estado, que garantiza a todos los habitantes trasladarse libremente de un punto a otro del territorio, y ejercer toda actividad lucrativa no reñida con las leyes y la moral, para ganarse el sustento. Es evidente que ni quien daba ni quien recibía aquella “promesa”, estaba en condiciones de pactarla libremente. Ahora bien, si toda nuestra inmigración, que en conjunto no pasa de unas siete a diez mil familias, se hubiera dedicado, como no lo ha hecho, al comercio detallista, ¿cuál habría sido la incidencia en la distribución de la renta nacional que tanto preocupa a “El Mercurio”? No se necesita tener la versación económica que se le reconoce al editorialista del gran matutino, para comprender que habría sido insignificante, de una insignificancia ridicula. Pero el hecho es que sólo una parte de la inmigración del año 39 ha abrazado el comercio, detallista o mayorista, importador o tambiéh exportador. Hay otra que ha levantado talleres y fábricas, principalmente del tipo de la mediana, pero asimismo de la gran industria. Hay quienes se han dedicado a la minería y a la industria forestal y maderera, tan cercana a la a-ri cultura De nuestras fila’: han salido profesionales, no pc'’os de ellos dedicados a la construcción en su calidad de ingenieros, arquitectos o constructores; se han destacado médicos e investigadores, artistas y profesores universitarios. Y, créalo o no “El Mercurio”, hay agricultores que, si bien no son muchos, han desafiado con éxito las condiciones adversas que encontraron. No es necesario, pues, recurrir a las estadísticas que, por razones obvias, no tienen cabida dentro de una aclaración sucinta como la presente, para convencerse de que en su conjunto, nuestra inmigración ha tenido un significado positivo para el país. Es evidente que la situación relativamente acomodada de que su mayoría disfruta, no la ha obtenido quitándole a nadie lo que le pertenece. En términos económicos y sociológicos, eso es un proceso imposible. Al contrario, si goza de bienestar, es porque lo ha creado; si ha progresado, es porque ha impulsado el progreso, función que, dicho sea de paso, el comercio también desempeña a su manera. Lógico es, por lo demás, que no hayamos podido sustraernos al proceso de industrialización que ha estado transformando el rostro de este país en los últimos veinte años, obedeciendo a imperativos históricos y a necesidades urgentes, a sus energías creadoras y a la declarada voluntad de sucesivos gobiernos. Hemos tenido nuestra parte en este proceso. Y declaramos con orgullo que un sólo aspecto de ésta nuestra participación, ya debería bastar para acallar tanta crítica injusta, tanta distorsión malévola: el que dice relación con los empleos que hemos creado. ¿Suman miles? ¿Decenas de miles? No lo sabemos. Pero sí sabemos, que suman otros tantos de cesantes menos, otros tantos hogares con su pan asegurado. Por último, si inexplicable resulta la insistencia de “El Mercurio” en los supuestos perjuicios económicos que nuestro elemento habría causado al país, más inexplicable resulta que jamás haya analizado su positiva influencia en muchos otros órdenes de la vida, aunque sólo sea para demostrar la ecuanimidad de que tanto se precia. El día que se detenga a hacerlo, encontrará que se ha integrado a la nación una porción de clase media que, gracias a su laboriosidad, sobriedad y cultura es del tipo que le da solidez a ese régimen republicano y democrático que consideramos tan nuestro como de “El Mercurio”, y que ese último defiende con tanto brillo y elocuencia. Si hemos dicho que lo consideramos nuestro, no es por retórica. En efecto, entre las diversas corrientes inmigratorias que han llegado a estas costas durante las dos décadas últimas, acaso la nuestra sea la que más perfectamente se ha adaptado. En su gran mayoría, ha llegado incluso a adoptar la nacionalidad chilena, en la etapa culminante de ese proceso de adaptación. Hijos hay ya y nietos en los colegios, en las aulas universitarias y en prácticamente todos los campos de la actividad económica. Parece haber llegado, por eso, el momento de que “El Mercurio” desista de esgrimir un reproche tan injusto como anacrónico y al que hemos dedicado nuestra atención, no por lo que representa en sí, puesto que es fútil, sino por venir de donde viene. Ursaechliche Zusammenhaenge "Wie viele haben denn wohl erkannt, dass das Klirren jener indischen Schaufenster in den Bombennaechten ein Klirren war, dass das Feuer der Biicherscheiterhaufen im Mai 1933 und das Feuer der Synagogen im November 1938 und das Feuer, in dem unser altes Berlin in Schutt und Asche sank, ein Feuer war? Wie viele unserer Heimatvertriebenen haben wohl erkannt, dass der Verlust ihrer Heimat ursaechlich zusammenhaengt damit, dass vorher Stefan Zweig und Thomas Mann, Lise Meitner und Ernst Deutsch und mit ihnen Hunderttausende anderer, Bekannte und Unbekannte, ihre Heimat verloren? Wie viele von ihnen haben wohl erkannt, dass die Trecks, auf denen sie die Leichen ihrer erfrorenen Kinder am Wege liegen lassen mussten, in den Spuren jener Deportationszüge gingen, aus deren in umgekehrter Richtung fahrenden Güterwagen die Leichen erstickter und verdursteter jüdischer Kinder auf den Bahndamm rollten? Die Reden ihrer Sprecher lassen oft nicht merken, dass sie aus dieser Erkenntnis kommen, und weder die Lebensführung noch die Politik desjenigen Teiles des deutschen Volkes, der sich einigermassen frei bewegen und aeussern kann, lassen spüren, dass es diese Erkenntnis ist, die uns beherrscht und durchdringt. Es waere ein neuer, ein befreiender, in die politische Lage tief eingreifender Faktor, wenn wir unser Leben und unsere Politik sichtbar unter die Frage stellten, ob aus unseren Worten und Entschlüssen diejenigen Voelker, die neben den Juden und den Zigeunern vor allem unter uns gelitten haben, nicht nur die westlichen, mit denen uns heute so viele Interessen verbinden, sondern ebenso die oestlichen, die Polen, die Tschechen, die Ukrainer und die Russen, diese Erkenntnis und das Bekenntnis zu ihr entnehmen koennten. Weil die Erkenntnis der Zusammenhaenge der Vergangenheit und das Bekenntnis zu dieser Erkenntnis durch Wort und Tat von Regierung und Volk so unentbehrlich ist für Gegenwart und Zukunft, weil es so ungenügend geschieht und weil so viel Gegenteiliges geschieht, darum eine solche Gedenkstunde an diesem Tag!” (Aus einer Rede von Professor Dr. Helmut Gollwitzer, gehalten am 9. November 1958 in Berlin zum Gedenken an die Opfer des Nationalsozialismus).