Mannheim
Compact Memory

Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1959-08-01 · 8 (Agosto, 1959) · p. Seite 15

Scan of the page
Image: UB Frankfurt, Visual Library (IIIF)
Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXI (1959)
Issue
8 (Agosto, 1959)
Date
1959-08-01
Page
Seite 15 (sequence 15)
Language
German
Belongs to
journal issue
OCR quality
72% known words query
IRI
…/8553624-8557464-9194438--2647-8557657
Visual Library
page viewer of the UB Frankfurt

No entity mentions on this page.

OCR text

Agosto 1959 BOLETIN INFORMATIVO 15 UN PEQUEÑO PAIS - Por GERDA UN GRAN PROBLEMA L COHEN Aparentemente Nazaret no había cambiado. Después de la leve lluvia invernal, su peculiar belleza se reflejaba en los charcos, haciéndonos recordar nostálgicamente las postales que cuando niños solíamos coleccionar. Estábamos sentados en un café típico de la ciudad árabe y la gama de olores que nos envolvía, nos produjo la sensación de que nos sentíamos como en un bazar oriental. La radio sonaba a todo volumen. Sentimos una voz melodramática, ora exhortando ora amenazando. “Es el coronel” comentó con irónico disgusto un amigo israelí que nos acompañaba. “Sabían Uds. que los intelectuales del lugar suelen llamarle coronel Garibaldi?” y continuó susurrando retóricamente: “... acaso pueden imaginarse algo similar en El Cairo, judíos egipcios escuchando a Ben Gurión?” No, en realidad nadie de nosotros podía concebir tal cosa. “Sin embargo, reclaman que se descrimina contra ellos, que se les considera ciudadanos de segunda clase”, prosiguió nuestro amigo y con un gesto desdeñoso señaló a uno de los comensales. “Ven, aquel individuo es un profesional del descontento, se vende a quien le paga más; después de los sucesos de Mayo tuvimos que quitarle su salvoconducto ... Si hubiera sido un Judío en Egipto...” nuevamente un gesto significativo. Apartando a brazo partido a muías y burros, pasando de entre un grupo de religiosas cuya vestimenta nos recordaba a fragatas con su velamen desplegado, llegábamos finalmente a la gobernación militar. En la entrada se hallaba un escribiente, el cual, cobrando honorarios exhorbitantes confeccionaba las solicitudes y cartas de su clientela analfabeta la que se arremolinaba en tomo suyo. Al parecer, el negocio era lucrativo pues un competidor suyo, aún más corpulento que el primero, se encontraba sentado detrás de un enorme escritorio de caoba que bloqueaba parcialmente la pasada. Por fin pudimos pasar y llegar al despacho del gobernador, quien nos recibió de inmediato y no tardó de entrar en materia. “Hay 120.000 árabes en el Galil” nos expuso, “todos ellos provistos de salvoconductos, excepto algunos pocos a los cuales tuvimos que quitárselos por. . . por mal comportamiento político. Más de tres mil habitantes de la región poseen pases cuya vigencia es de un año las mujeres si que no los tienen, ya que no los han solicitado. Al parecer no les gusta que les saquen foto. Por eso se contentan con salvoconductos mensuales que no llevan retrato. Teóricamente, nadie —ni judío ni árabe-— puede entrar a la zona militar sin un permiso especial. En la práctica, estos reglamentos se aplican solamente a determinadas personas, de modo que un árabe común puede pasearse cómodamente por todo el país, mientras que a determinados parlamentarios, t e m i d os por su afán de crear problemas a las autoridades, agitando a los habitante5 —se les niegan permisos de esta índole. “Todo eso no es nada más que una maniobra para conquistar votos”, comentó Jamal, refiriéndose a los recientes acuerdos de la Histadruth con respecto a los obreros árabes. Jamal, quien al sonreír muestra orgullosamente su perfecta y blanca dentadura, no puede dejar pasar oportunidad para mofarse de los demás. Sin embargo, se muestra un entusiasta partidario de Israel. No es extraño, pues ha hecho carrera en este nuevo estado. “Mírenme”, exclama una y otra vez, “Mírenme bien; no soy más que un simple muchachote del campo y aquí me tienen, corresponsal en Nazareth del diario más importante de Israel, algo como su “Times” Aunque no deseamos entrar a comparar el “Times” de Londres con el diario que Jamal representaba, resultaba evidente que el muchacho había hecho carrera, lo que no dejaba de producir envidia a aquellos de sus compa¬ ñeros que aún aguardaban la venida d e 1 “Coronel Garibaldi”. Jamal se expresaba en un hebreo extraño, mezcla de hebreo con árabe y con esta jerga peculiar de las colonias colectivas donde, junto con otros jóvenes árabes, había pasado un año. Su experiencia en la colonia, al parecer, no le había agradado mucho: “.. .tuvimos que trabajar sin paga y nos sermoneaban todos los días... discursos como construir puentes entre árabes y judíos... si todos estos puentes se construyesen, alcanzarían a la luna”. Nadie de su grupo se quedó en el Kibutz. La integración a la comunidad israelí de aquellos palestinos ' que no abandonaron el país durante la guerra de 1948 es y seguirá siendo un problema duro para Israel, mientras que la situación política de todo el Medio Oriente no cambie fundamentalmente. Mientras tanto, el gobierno está empeñado en neutralizar esta quinta columna potencial, asentando entre ellos a núcleos de nuevos inmigrantes. Alrededor de los conventos de Nazareth se levanta hoy una nueva ciudad judía. De sólida construcción, los edificios forman un conjunto armónico con el paisaje. Aunque la lluvia caía sin cesar, escurriendo el paisaje, caminábamos con el alcalde, recientemente elegido. Se sentían los ruidos de los albañiles que terminaban su labor diaria, el galopar de los caballos, los gritos de los niños. El alcalde nos habló de sus problemas. Al principio se habían producido dificultades entre Ids judíos procedentes de Polonia y los nuevos inmigrantes rumanos. Pero, poco a poco, los niños se habían encargado de unir a los dos grupos. Aunque se gritaban los unos a los otros, se unían in’stintivamente contra los afuerinos, los niños árabes. Hasta que tuvo que intervenir el municipio, reglamentando el uso de las plazas de juego. Por suerte era fácil hallar una solución a este problema. Los domingos, la plaza quedó reservada para los niños de Nazareth. Como la semana escolar judía comienza el día domingo y, por otra parte, este mismo día es el día festivo de la Nazareth cristiana no pueden producirse situaciones desagradables. “Recibimos ayuda de todos los sectores, menos de los comunistas” —nos cuenta — “más de 200 árabes colaboran con nosotros en la construcción de nuestra fábrica textil. El año venidero estará terminada; espero que Lid. vuelva para aquél entonces”. Mottke el alcalde, no gesticula ni usa palabras pomposas. Pero al verle caminar bajo la lluvia, a pasos firmes y medidos, inspira confianza y seguridad. Mientras tanto, ya que Nazareth carece de industrias propias, más de 2000 personas deben dirigirse diariamente a Haifa en autobuses equipados con Radio cuyos altoparlantes perifonean preferentemente música popular egipcia, causando un ruido lo suficientemente fuerte como para lastimar a cualquier oído no acostumbrado a esta clase de música. Cada vez que vemos... y escuchamos pasar a uno de estos autobuses recordamos a nuestro amigo del café: “... imagínense a un judío en El Cairo, escuchando la radio israelí”. A fin de evitar discriminaciones la bolsa de trabajo asigna inmediatamente una proporción adecuada de los empleos disponibles a trabajadores árabes. En la época del mandato británico, más de 1000 árabes tenían empleo en la refinería de Haifa, pero ahora, después de la crisis de Suez, se prefiere no ocupar a árabes en empresas de importancia estratégica. Los que antes trabajaban allí han encontrado otras ocupaciones, muchas veces con la ayuda del gobierno que está haciendo lo posible para facilitarles la transición a nuevas profesiones. “Aunque regalásemos un refrigerador a cada uno de ellos seguirían descontentos”, exclama K., funcionario del Departamento de minorías, mientras sus dedos nerviosos torturan su lapicera. “Y continuarán así, pues no verán cumplirse su sueño de que nosotros nos vamos y todo vuelva a su estado antiguo”. Esta actitud triste pero irremediable por el presente, es el telón de fondo contra el cual se destaca la brillante y sacrificada labor que realizan K. y sus colegas. El resultado material de sus esfuerzos es muchas veces sorprendente. A media hora de Tel Aviv nos tocó ver un campo árabe que VEINTIDOS bigotes tupidos, “montados” sobre veintidós policías fronterizos, se tornaban mansos y humildes frente a la figura agradable, plena y distinta de una grácil muchacha. En condiciones normales, la diferencia de las fuerzas hubiera sido muy considerable, pero no cuando los vigorosos y valientes policías fronterizos están sentados frente a sus pupitres en la clase de hebreo, y la simpática muchacha es su maestra. En una de sus manos sostenía un puntero delgado de madera, y señalaba la pizarra, como si lo hiciera en el plano de un campo de batalla. De pronto, se dirigió a uno de los “boinas verdes”: -—Díme tú, ¿qué significa la palabra maapil? —¿M.. .a.. .a.. .p. .i. .1? —repite el alumno, un tanto perplejo, mientras se rasca la barbilla, maapil es... el inmigrante que sufre. . . —Muy bien, pero nosotros agregamos que los maapilim se vieron a-n-u-s-i-n —(forzados) a llegar al país clandestinamente. Trata de explicarnos tú, Mansur, la palabra anusim. —Forzados son aquellos a quienes se obliga a hacer algo a pesar de ellos —contesta el policía druso, de alta estatura y arrogante figura. —Y ahora, lectura —dice la joven y los veintidós policías abren el periódico “Lamatjil” (para el principiante) en la página correspondiente. —Lee tú, Rajamim. —“Un policía fue muerto y antaño apenas daba para el sustento de su dueño y que ahora se ha convertido en un trigal irrigado, gracias a la ayuda del gobierno. Su propietario lo labraba sentado en un tractor. Poco más allá, al lado jordano, un viejo árabe seguía al arado arrastrado por una muía enflaquecida. Mujeres, cual una bandada de mariposas le seguían, limpiando el campo. Todos ellos provenían de una aldea dividida en dos por la frontera. “Ahora comprenderá porque no podemos impedir el tráfico ilegal”, expresó un oficial que nos acompañaba. “El contrabando, por ejemplo; las hojas de afeitar son baratas en Jordania, y no hay cosa más fácil que pasarlas de un lado a otro. Por otra parte hay muchas personas de buen corazón que compran libras en la bolsa negra de Tel Aviv para ayudar así a sus parientes pobres en Jordania. Como puede ver, aún hay relaciones económicas”, prosiguió sardónicamente pero de inmediato se puso más serio. “Así, el espionaje también es inevitable y por eso tuvimos que quitar los salvoconductos a unos cuantos. También el toque de queda tenemos que mantenerlo con rigor, lo cual, por lo demás no tiene mayor importancia ya que los aldeanos de todos modos no acostumbran salir a pasear pasado las once de la noche”. Visitamos a Faris Hamdan, uno de los vecinos más importantes. Debajo de la conversación superficial sentimos cierta tirantez, pero, simultáneamente el deseo sincero de superarla. “Por supuesto que no me gusta el gobierno militar”, ríe Hamdan “pero por lo menos vivimos en un por URI OREN otro herido por el fuego de los sirios”... —comienza el policía con clara entonación, más al comprender el significado de la frase, enmudece por un instante y pasa a la noticia siguiente: “El lago Jula desaparecerá completamente dentro de una semana, cuando se abran las compuertas del dique...” Y bien, éste no es más que uno de los muchos cursos intensivos de hebreo que hay en el país. No se le puede llamar escuela, dado que el curso continúa durante ocho semanas solamente, al término de las cuales los alumnos retornan a sus peligrosas funciones Los muchachos, trece judíos y nueve drusos tratarán, en lo posible, que los conocimientos adquiridos no caigan en el olvido. No aprendieron únicamente a escribir y hablar el idioma hebreo; han recibido una excelente lección del civismo israelí, una apreciación general del país y del pueblo que lo compone. Estos hombres vuelven a sus tareas renovados y distintos. En adelante tomarán todas las mañanas un periódico y comprenderán lo que en él está escrito, sabrán lo que acontece en el país y fuera de él. Un sentimiento de gratitud por estos dos meses transcurridos amenguará, si la hubo, la amargura de sus corazones, y el recuerdo grato de la dulce muchacha israelí que les enseñó las primeras letras, los acompañará siempre. Cerca de 40.000 adultos aprendieron hebreo durante el último año, y más de 250.000 desde la país democrático y puedo rezongar libremente”. Al parecer lo que le preocupa mucho más que la política es la situación económica. “Estamos empeñados en levantar el nivel de vida” —nos explica al hablar de su proyecto favorito, una fábrica de conservas que ya está en construcción. “Es una empresa mixta, participando en ella capitales judíos y árabes; ojalá que nuestro ejemplo encontrase imitadores”. Al finalizar nuestra visita nos despide, acompañándonos hasta el coche y hablando incesantemente de su futura fábrica. “Hasta Ben Gurion ha prometido asistir a la inauguración” —nos grita— mientras el coche se pone en marcha. Salimos de la ciudad mientras que nos siguen grupos de niños, gritando Schalom. La silueta de la mezquita se aleja paulatinamente hasta perderse totalmente de vista. “.. .si le interesa podemos mostrarle una población que estamos levantando como parte de nuestro proyecto de rehabilitación”, nos invita un militar que nos acompaña, y continúa, mientras el auto se acerca a la frontera jordana. “¿Sabrá Ud. que hemos accedido a readmitir a 20.000 refugiados?” Allá lejos, al lado jordano se perfila nítidamente el minarete de una mezquita contra el cielo azul. “. . .Dentro de poco, todos los poblados de esta región tendrán corriente de la red central”, prosigue nuestro acompañante y, con un gesto como si quisiera explicar con él la diferencia entre Israel y sus vecinos y hacernos apreciar todo el tremendo problema, exclama, señalando al lado jordano: “Allá Ud. no encontrará luz eléctrica”. (The New Statesman) creación del Estado. Academias como el “Ulpán Etzión” en Jerusalem y el “Ulpán Borojov” en Ramat - Gan, son ejemplos elocuentes de un trabajo continuo e intenso. Muchos alumnos son internos y viven en el Ulpán durante los cuatro o cinco meses que dura el curso. Al término del mismo, hablan hebreo. Es difícil creer pues contradice todas las teorías. El adulto carece, generalmente, de la facultad de absorber con tanta rapidez y sin embargo. . . Estamos en un aula (Ulpán Borojov) seis semanas después de iniciados los cursos. Las edades de los alumnos oscilan entre los 22 y los 66 años. Ninguno de los estudiantes, hace dos o tres meses, sabía una palabra de hebreo al llegar al país, pero ahora ya se atreven a entablar una “charla” en hebreo. —¡Shalom, señor! —dice la joven mujer. —¿Qué desea, señora? —contesta su interlocutor, que desempeña el papel de comerciante. —Mué...bles... —¡Cómo no!: he aquí mesas y sillas. Son baratas. —Pero no tengo dinero. —¡A!, si necesita dinero, diríjase a la Agencia Judía —contesta el “comerciante”, mientras toda la clase se ríe a más y mejor. Preguntamos por el origen de ambos, y nos enteramos que él es un abogado de Hungría y ella una Juez de Menores de Polonia. —¿Y el resto de los alumnos? (PASA A LA PAG. 17.) TODOS APRENDEN HEBREO

Text as recognised by OCR (ABBYY FineReader), without corrections. Entity mentions: TagMe (2021); their positions were matched to this text again.