Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XVII (1955)
- Issue
- 3 (Marzo, 1955)
- Date
- 1955-03-01
- Page
- Seite 7 (sequence 7)
- Language
- German
- Belongs to
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Marzo, 1955 Año IV — N.o 3 BOLETIN INFORMATIVO S. C. I. B’NE ISROEE, SANTIAGO DE CHILE ñu BOLETIN INFORMATIVO 7 Addar 5715 EN TIERRAS DE LA BIBLIA Por Oscar Yáñez, (de Yo vengo de Israel y de los Estados Arabes. Visité las tierras de Galilea, en donde Jesús sacudió la conciencia de los ricos; estuve en el Mar Muerto, entre el impresionante paisaje de Sal y Arena, en donde se alzaron Sodoma y Gomorra. Caminé por Jerusalén, el nuevo y el viejo, con sus murallas y sus puertas, sus árabes de gritos y gestos. Y después marché por el desierto. Me encontré con piedras y ruinas por todas partes, Todas dicen lo mismo al visitante; no hay nada nuevo en el mundo. Pero así como el Mar Muerto me sobrecogió de espanto; pensé en el infierno del Dante, y no pude soportar la sensación de huir. Allí hay algo que me confundí, me pareció un sueño. Son los hombres que viven como jamás nadie podría vivir en ningún otro sitio de la tierra. Son los hombres que voluntariamente mataron en su conciencia el singular para reemplazarlo por el plural. Ninguno de ellos tiene nada suyo, sino de todos. Viven como grandes familias. Usted Ultimas Noticias”, Caracas-Venezuela) no tiene tres o cuatro hermanos sino ochocientos. No tiene que velar por cinco o seis hijos, sino por cincuenta. LA MUERTE DE “LO MIO” Todas estas cosas ocurren en Galilea. En las colinas donde Jesús predicó: “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios”. Los judíos de esta historia son judíos que odian el dinero. Viven así por su propio deseo, ¿Qué los llevó a trabajar la tierra en esa forma colectiva? Nadie les obliga. Israel, es un Estado anticomunista y profundamente democrático. En las colonias en donde ellos viven no hay ni policías. La administración de sus propiedades la hacen todos. Y cada uno desempeña cargos directivos en su oportunidad. También cada uno tiene que prestar servicios domésticos, en la cocina, o en la limpieza. Cuando me contaron esto no lo creí. Fui a Galilea y por dos días viví con hombres y mujeres del Kibutz. Así llaman estos grupos. j|3 BUfM WUHOR Otro hambriento más EL CLIENTE: ¡Oiga, mozo!, yo le pedí una ternera con ensalada, pero no veo en mi plato la ensalada. MOZO: Pues... ¡Se la habrá comido la ternera! müil wm •.vmSvW’ mm mm wmm sis*: mrnrn Arte despreciado —Que mala suerte tengo, dice un amigo a otro, figúrate que pasé tres meses pintando un cuadro, y sólo pude obtener $ 50 por su venta. —¡Y de eso te quejas! —exclamó el otro—, a mí me fue peor, pues, invertí un año en hacer una copia maravillosa, y como pago me metieron a la cárcel. —¿Qué cuadro copiaste? —No era un cuadro, era un billete de $ 1.000. Dirección equivocada —Acabo de ver a un señor que se parecía tanto a ti que creí que eras tú. —¡Oye, oye! ¿No le habrás devuelto por equivocación los $ 10 que me debes? El sexo sufrido Dos niñitos están jugando, y el uno le pregunta al otro: —Yo tengo cinco años, ¿cuántos años tienes tú? —No sé... —¿Cómo, no sabes cuántos años tienes? —No. —¿Te molestan las mujeres? —No. —Ah, entonces tienes cuatro años. Hay que decir al lector qu no todos los hombres y mu je res de Israel, trabajan en es tas comunidades. Hay tam bién de otros tipos. Uno d< ellos, el más generalizado, e¡ el clásico sistema de coloniza ción: se le da a cada familia su casa, su tractor y un pedazo de tierra. Hay tambiér las colonias donde cada une tiene casa y tierra propia, pe ro junto con los otros colonos. La cosecha se vende & gobierno. Quiere decir, pues que quien vive en un kibuts es porque le da la gana. Nc porque no tenga otra cosa que hacer. En Israel las fábricas trabajan 24 horas al día y los judíos están realmente cambiando el desierto por la campiña; menos los arados. Generalmente cada kibutz no llega a tener dos mil personas. Son grupos numéricamente pequeños, pero si sumamos la población de todas estas comunidades la cifra es n impresionante. Ningún kibutz depende de otro. Son independientes. Esta forma de vida es más vieja que el Estado de Israel. Los judíos tienen su propia patria desde hace seis años. En cambio yo visité un kibutz que tiene treinta años. El kibutz nació por el año de 1924. Los judíos entonces no podían trabajar en Israel. Llevaron unos grupos juveniles en aquella fecha y se unieron. Eran unos quince o veinte muchachos con ganas de imponerse. Lo que ganaba uno lo compartía con los demás. Vivían en una gran casa. Así se defendían mejor. La tierra la cultivaban todos. Con lo que vendían compraban alimentos y ropas. Estas pequeñas familias fueron creciendo. Como todas las familias, sin leyes escritas. Ahora son una institución, porque el ejemplo fue imitado. Era la forma más segura de trabajar en el campo. En caso de ataque se prestaba mejor resistencia al enemigo. Aun hoy, sigue siendo kibutz una de las mejores defensas de Israel en su problema con k estados árabes. ¿PARA QUE QUIERO YO DINERO Cuando fui a un kibutz, uno de los secretarios me dijo: “Vamos a nuestra casa para explicarle como vivimos”. Ellos tienen un secretario de Relaciones Exteriores, quien se encarga de hacer las operaciones comerciales de la comunidad: vende lo que producen, compra lo que necesitan, etc. El otro miembro de la Directiva tiene la responsabilidad de la organización interior. Hay otro que controla lo referente a producción, hora de trabajo, etc. Estos cargos tienen una duración breve. Un año. Son elegidos por mayoría en una gran asamblea de hombres y mujeres del kibutz. Después que el miembro del kibutz que me recibió a la entrada me explicó esto, me llevó hacia un comedor. Antes pasamos por un hermoso parque y las casas estaban colocadas alrededor. En un pedazo del terreno entre flores había juguetes para niños. —La casa que está enfrente —explicó el hombre— es la de los pequeños. —¿Es verdad que ninguno de ustedes tiene dinero? ¿Qué no les Interesa? —¿Para qué quiero yo dinero? —replicó sonriente — cuando deseo algo me lo da la comunidad. —¿Si quiere ir al cine? ¿Si quiere fumar? —Fumo y voy al cine cuando quiero. Cumplo mis horas de trabajo y tengo libertad para hacer lo que me da la gana. La ropa, el calzado y la comida me la suministra el kibutz. A mis hijos los educa y los cuida también. ¿Para qué deseo más? Si me enfermo me dan un médico. Y si voy a hacer un regalo a un amigo el kibutz me lo compra. Si mi hija cumple años el kibutz le pone la piñata y dentro de mi cuarto, mi vi da es absolutamente privada. Los días de fiesta puedo invitar a amigos y llevarlos a comer o quedarme con ellos charlando. Nadie me lo va a impedir. Mientras el hombre hablaba entraron en el comedor hombres y mujeres que venían del campo. Era la hora almuerzo. Los varones llevan ropas de kaki y las mujeres tenían cortos pantaloneros. Las blusas de ellas eran diferentes. Casi todas tenían sandalias o mocasines. Las cabezas la cubrían con som- (Conclusión en página 8)