Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XV (1953)
- Issue
- 8 (Agosto, 1953)
- Date
- 1953-08-01
- Page
- Seite 9 (sequence 9)
- Language
- German
- Belongs to
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7 ndel BOLETIN INFORMATIVO AÑO II — N.o 8 ELUL 5713 Queridos niños: Como ven aparecen en este número otra vez dos colaboraciones para el concurso literario. Desgraciadamente, por falta de espacio, no es posible publicar la mayoría de las colaboraciones que llegan así que sólo podremos hacerlo con las mejores. Por lo tanto deben esforzarse harto para que sus trabajos merezcan ser publicados. Aparece esta vez el segundo cuadro de. la historia de la biblia. Léanlo con cuidado para que aprendan algo y puedan contestar después las preguntas que voy a hacerles al respecto en el próximo Quiz. Por falta de espacio no apareció el Quiz en el número pasado, pero lo encontrarán ahora. Una idea para colaborar con el concurso literario: ¿Por qué no escriben algo sobre las fiestas de Roshashaná y Yom Kipur que se celebran en el próximo? Pero, escriban, sobre sus propias experiencias! y no en términas generales. Y no se les olvide el encargo que les hice: Mándenme chistes! SHALOM BAT SHEVA LA HISTORIA DE LA BIBLIA — II. 1200 1000 a de I C retno de l fudios Zar alustra, " « •& Guéna Iroyana Canciones de Homero Los j udioi ba/o el mando dé los meces, conquistan erra di Canaá* Destrucción de Creta m Los fugitivos cretenses se establecen a lo largo de la costa de Palestina o Filisteo- Los griegos conquistan, el mar Egeo. $00 - 700 'ITde / C el legislador de los persas construye el templo El remo »udío se divide en Israel y rivales de Israel y judá. La ciudad estado 700-600 a. Comienzo de la voetía linca en Crecía. f Fundado,27^1W grande™ prof elas. Asiri* conquista el Asia occidental y destruye el reino judio independíeme Los persas conquistan el Asta occidental 600 500 a de ) C ùyj Buda proporciona I la ley a su pueble ComienzÓ de la ciencia en Grecia Conflicto bnnd filosofía a su pueblo. Se permite a los ¡udíoi el retorno a Jerusalén Nacimiento de la poesía lírica. 500 400 a. de J C. La época de oro de Crecía Restablecimiento de la autocracia de la clase ] A 4- ", recia salva a juróla de una invasion persa. I Roma se convierte^ en república. o de la \ la clase \\ sacerdotal en judá. DE LOS CONCURSOS PUNTAJES Jana Tauber. 41 Ursula Bab. 38 Manuel Krauskopf. 40 Hanna Oppenheimer ... 37 Salsita.•. 31 Gaby Hirsch. 28 Miguel Kottow. 20 Gideon R. Goldschmidt . 15 Alberto Pfifferling .. 15 Roberto Rosenberg .... 14 Pedro Schlesinger. 14 Roberto Neubauer. 3 Rita Krauskopf. 13 QUIZ. 1) ¿De qué mineral son las minas del Rey Salomón? 2) ¿Qué sinifica el nombre Achad Haam, en castellano, y quién fué? 3) ¿Quién es Moshé Sharret? 4) ¿Cuáles son los principales méritos de Einstein? 5) ¿Qué significa la palabra hebrea “Zabre”. 6) ¿Cómo se llama el río que atraviesa Israel? ¿y cómo se llaman los dos lagos que encuentra en su camino? 7) ¿Por qué quería enrolarse Benny? Solución *1 problem“ *?f V1 o-y ¿2, Yehudit, la Niña de Majpela En la última noche de la independencia de Iehuda, las fogatas alumbraban las zonas conquistadas de Ierushalaim. Los que aún no habían pasado por el filo de la espada, se preparaban para el último y desesperado combate en la última fortaleza sobre el Monte Sion. El profeta Iermiahu surgió de entre los escombros y, sumido en llanto, dejó tras suyo a Ierushalaim que ardía en llamas y dirigió sus pasos a Jevrón. El camino estaba sembrado de cadáveres y sobre ellos flotaba piadoso el viento nocturno lanzando su hondo gemir. Irmiahu llegó a la Cueva de Majpela y sentóse a la entrada. La luna envió sus rayos, por entre las nubes, a la cueva, alumbrando la faz de Iehudit que yacía muerta entre otras víctimas. Dirigió Irmiahu su mirada a los ojos inertes de Iehudit y se conmovió. Eran grandes, hermosos, negros como el manto de los cielos en la noche. “La Hija de la Cueva” la llamaban porque ayudaba a su padre que era el guardián de las tumbas de la Cueva de Majpela. Más de una vez la pequeña había conducido al profeta a las tumbas de los patriarcas, a la de Abraham y Sará, Itzjak y laacov con quienes conversaba como con los abuelos. iílZv?- re"/ v Posó Irmiahu la palma de su mano sobre los ojos de la pequeña y el brillo de la vida apareció en ellos. Viendo al profeta se irguió, y, parándose ante él, contempló las lágrimas que se deslizaban de los ojos del anciano. —¿Qué tienes, profeta? — le preguntó. —Mañana caerá Ierushalaim, hija mía, le contestó Irmiahu. Gran parte del pueblo ha muerto y los que quedaron con vida saldrán para el destierro. Se conmovió Iehudit. se arrodilló junto al profeta y reclinó su cabeza contra el pecho del vidente. —¿Por qué callas, oh profeta? dijo la niña. —No puedo ayudar en nada, hija mía. —Despierta a los patriarcas y a sus mujeres para que ellos te ayuden. —No estoy autorizado a perturbarles su reposo. Alzó su voz Iehudit y andando entre las tumbas elevo sus gritos. Oyóla la tierra y tembló. Rodaron las piedras de sobre las tumbas y las imágenes de los patriarcas con sus mujeres salieron. El primero en preguntar fué Abraham: —¿Por qué molestan nuestro reposo? Irmiahu se paró temblando sin saber qué contestar. Dijo Iehudi: —¿Acaso no habéis oído que Ierushalaim está por caer y que están matando a vuestros hijos? Contempló Abraham a Ir. miahu y le preguntó: —Y tú, hijo de Jilkiahu, ¿no puedes anular la sentencia? —¡No, no puedo! — murmuró el profeta. —Ve, pues, y llama al hijo de Amram. —No sé dónde se encuentra su tumba. —Ve y párate a orillas del lardón y llámalo. Descendió Irmiahu al lardón, seguido por Iehudit y por los patriarcas. Pasaron cerca de la tumba de Rajel, la despertaron y ésta también se agregó a ellos. Se pararon a orillas del lar. •dén y llamaron: —¡Ben Amram, Ben Amram! ¡Levántate Ben Amram! ¡Tu rebañp está siendo devorado por sus enemigos! Alzó Moshé su voz de llanto hasta que se abrieron las bóvedas de los cielos y se agitaron estrellas y constelaciones. De pronto descendió una columna de fuego que se paró ante ellos. Dijo Abraham: —¡Señor de los Cielos! ¿por qué destierras a mis hijos y los entregas en manos de aquellos que acabarán con ellos? Respondió una voz celestial: —¡Tus hijos han caído en pecado, Abraham! —¿Quién lo atestigua? — inquirió Abraham. —¡La Torá! En aquel momento sopló un viento tormentoso que vino del Monte Sinai y esparció una nube de fuego. Dijo Abraham: —¡Torá, Torá! ¿no te avergüenzas? ¿Has olvidado, por ventura, que cuando el Creador te ofreció a las naciones del mundo, ninguna consintió en acatar tus mandatos, salvo mis hijos que llegaron al Monte Sinai y allí te recibieron con los brazos abiertos? Y ahora, en momentos de angustia, ¿te atreves a prestar testimonio en su contra? En seguida se alejó la cortina de fuego y no atestiguó. Dijo la voz celestial: —¡Las letras de la Torá atestiguarán! Se presentaron las letras, una tras otra y Abraham las fué refutando con sus argumentos y tampoco ellas atestiguaron. Entonces dijo Moshé a Irmiahu: —Echa a andar y veré quién está por la perdición de mi pueblo. Suspiró Irmiahü y dijo: —Los muertos me impiden el paso. —¡Con todo, ven e Iremos! Anduvieron entre los cadáveres y la columna de fuego con ellos hasta que llegaron a las puertas de le. rushalaim. Pegó un salto la columna de fuego y se paró ante ellos cerrándoles el paso. Y la voz celestial volvió a decir: —¡Es una sentencia de mi Tribunal! Se adelantó Rajel y lloró e Imploró hasta que la misericordia divina dijo: —¡Por tí, sólo por tí, Raje!, los haré volver! Enmudecieron 103 patriarcas y sus imágenes se borraron unas tras otra. La columna de fuego se elevó también ella y se perdió entre la humareda de la ciudad en llamas. Irmiahu tomó a Iehudit de la mano y la condujo hasta la entrada de la cueva —¿Te quedarás conmigo, oh profeta, inquirió acostándose nuevamente entre los cadáveres? —No, hija mía, yo saldré con los desterrados y tú repo. sa en paz con tus padres. Llegado el día, cuando el pueblo retorne a sus lares, volveré a despertarte. V' A * Hace tres años, cuentan los muchachos del PalmaJ, que luchaban entre las colinas de Jevron, el centinela vió deslizarse al amanecer a una joven, casi una niña, con su birrete verdoso, en dirección a las trincheras enemigas, esgrimiendo una granada. Tembló el soldado al calar el fusil. —Alto ahí, ¿quién eres? —¡Soy yo, Iehudit!...