Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XV (1953)
- Issue
- 7 (Julio, 1953)
- Date
- 1953-07-01
- Page
- Seite 11 (sequence 11)
- Language
- German
- Belongs to
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BOLETIN INFORMATIVO AÑO II — N.o 7 TAMUS-AW 5713 QUERIDOS ÑIÑOS: Ante todo les debo una explicación, porque aun no han recibido sus diplomas Ello se debió al incumplimiento de la imprenta donde los mandamos a hacer, y les prometo que los recibirán bien pronto. Muchas gracias a todos aquellos que ya han enviado colaboraciones al concurso literario. Aquellos que aún no han escrito háganlo. Hemos decidido publicar solamente los mejores trabajos, cada tres meses. En lo que respecta a enviar chistes, se han portado bien flojos. En el colegio siempre se cuentan tantos! Anótenlos y envíenmelos! Como ya hace tiempo que salí del Colegio, a mí ya se me han olvidado todos y simplemente no sé qué poner bajo ese enorme título “Buen Humor”. Cuando me envíen los trabajos por favor no se les olvide lo del seudónimo. Hasta ahora a muchos he tenido, que inventárselo yo y ya se me está agotando la imaginación. Como pueden ver este número trae material dedicado al aniversario de Herlz y Bialik. Cómprense un archivador y vayan guardando todos los números de “La Voz Infantil”, para que los tengan a mano! SHALOM. BAT SHEVA. BUZON Hanna Oppenheimer Gracias por tu nueva colaboración. Por la primera, te sumé 10 puntos. Por la segunda y tercera, cada niño puede enviar hasta tres colaboraciones para el Concurso Literario, doy 3 puntos por cada una. Te los sumaré la próxima vez cuando sea publicada. Envía más chistes. SABRE: Muchas gracias por tu colaboración. La idea de iniciar la publicación de “Israel y sus Estadísticas”, es excelente y como ves aparece en este número, el primer capítulo. Continúa colaborando arduamente, porque ello significa una gran ayuda para mí. GABY: Se te olvidó enviarme un seudónimo. Tu trabajo para el concurso no lo voy a publicar, porque estoy convencida de que eres capaz de escribir algo mucho mejor aún. Además, sobre Weitzmann ya apareció un trabajo y me gustaría que no se repitan demasiado los mismos personajes. Escríbeme pronto y esfuérzate para que logres un buen premio. Este mes, espero los chistes que me prometiste. BELLA: Tu libro lo puedes retirar en Portugal 816. ¿Por qué no has escrito todavía? LA HISTORIA DE LA BIBLIA r 1000 a. de j. C. El comienzo de la civilización en el 4000*3000 a, de ] Ó El comienzo de la civilización en ¡a Mesopotamia Se construyen las pirámide? 3000 2000'a de j C Hamurabi. rey babilonio, proporciona la ley a su pueblo 2000 /500 a de J C Los judíos abandonan su vie¡o hogpt y oiarchpn rumbo at Oeste «É£- iLc''» Los hicsos conquistan a Egipto. Nacimiento de Asiría. /500 /300 a de j C Creta. centro de lá civilizacrén Ló* judíos se trasbuluu Nacimiento de fenicia. a Egipto. 1300 1200 a. de J C Moisés proporciona la ley a su pueblo GenüTdel w Gentes del Norte „ .^oi , None colonizan a Cieno. colonizan a Italia. - ahondo«»" a Eg‘P DIADEMA DE SHLOMO Hace años, muchísimos años, en época del Segundo Templo, el ciclamen o pamporcino, o si prefieres su nombre hebreo rakéfet, no crecía en los campos, ni entre las rocas de las montañas, sino en los hermosos jardines de Jerusalén. Entonces su tamaño era mayor y su fragante corola se elevaba hasta las alturas. Se entiende que las más hermosas se cultivaban en el jardín del rey. A pesar de que allí crecían las más diversas flores de los más matizados colores y de aromas más exquisitos, las gentes aseguraban que, entre todas las flores, la más hermosa era la rakéfet, única en su género, sin igual, ni parecido. A veces las flores sentían envidia al contemplar su belleza, pero la amaban porque era hermosísima. De ahí que la apodasen “la reina de las flores”. Era la predilecta de reyes y príncipes y, tanto ellos como la gente de la corte, se paseaban por el jardín real, para extasiarsre en la contemplación de su belleza. Sobre todo el pequeño Shlomó, hijo de David, sentía especial veneración por ella, aún en la infancia cuando era príncipe real. Todas las mañanas llegaba al jardín para cortar y llevarse un manojo de rakafot. Solía trenzarlas en guirnaldas que colocaba sobre su cabeza. Una vez de. eidió para sí: —Cuando crezca y sea rey, ordenaré que se me haga una diadema de oro puro hecha con flores de rakéfet. Y bien, cuando Shlomó fué coronado, las gentes de Jerusalén notaron asombradas que el rey lucía una rara diadema. Se interrogaban extrañadas: —¿Qué clase de corona luce nuestro rey? Mas los niños de inmediato, reconocieron las flores tan queridas también a ellos y exclamaron: —¡Viva nuestro rey coronado con rakafot! Desde entonces los chicos denominaron a la rakéfet, “diadema de Shlomó”. y este nombre lo conserva hasta el día de hoy. Pero no tardaron en llegar los trágicos días que terminarían con Jerusalén. El enemigo apareció y avasalló nuestro suelo, destruyó casas, campos, viñedos y ni siquiera detuvo su ansia de exterminio ante las flores que adornaban los jardines; las flores amadas por los niños de Jerusalén, cuidadas con esmero y afecto sin par. Victorioso, puso sitio a Jerusalén. Largos días y años duró este sitio. Los pobladores lucharon con denuedo y defendieron su ciudad con bravura, pero no lograron arrojar a los ejéisitos vencedores. Af final cayó la muralla de Jerusalén. El enemigo penetró en la ciudad y destruyó su Templo. Cuando llegaron a los jardines del palacio real se detuvieron ante tanta hermosura. —En nuestro país no existen flores de este tipo— dijo uno de los oficiales, con pesar. —No importa— agregó otro ordenaré que se extraigan las especies más hermosas y se lleven a nuestra ciudad, para que adornen nuestros jardines, como hoy adornan los de Jerusalén. Allí, ellas superarán en hermosura a las de este suelo rebelde. La tierra será abonada y regada en abundancia y las flores trans plantadas crecerán con esplendor. Dicho y hecho. El mismo día los invasores arrancaron todas las plantas de 'ciclamen y otras que hallaron de su agrado, y en grandes macetones y tinas fueron subidas a los carros y llevadas a destierro, junto con los niños de Israel. Más el ciclamen no quiso flocer en el destierro. De ninguna manera se avino a adornar los jardines extraños, los Jardines de los enemigos, de los opresores. Cuando comenzó a apuntar el invierno, el vencedor aguardó con impaciencia la aparición de las primeras rakafot. Los jardines de palacio habían prodigado a la tierra los mejores abónos y sales, pero inútilmente. Pasó el mes de Kislev sin señales de floración. Transcurrió también el mes de Tevet y el de Adar sin que la flor delicada diese señales de vida. Brotaron algunas hojas, pero inútilmente, se consolaban los jardineros pensando: —Pasará otro año y el ciclamen terminará por florecer como en los jardines de Jerusalén. Pero también esta vez se equivocaron. En Jerusalén quedaron sólo unas cuantas plantas de rakafot. Temiendo la vuelta del opresor, que ias castigaría con el destierro, resolvie- EL POETA BIALIK Jayim Najman Bialik fué un gran poeta, considerado por algunos como el padre de la poesía hebrea moderna. Nació en Radi, Rusia 1872. Este poeta fué un gran judío. Sus obras son numerosas y buenas. Tradujo al hebreo Guillermo Tell y Don Quijote. Bialik restauró en Eretz Israel la tradición del Oneg Shabat con sus famosas clases y estimuló la obra cultural de la Universidad Hebrea. “MACRARO” Kwutza Jaim Weitzmann, de Valdivia ron esconderse, para aguardar el regreso de los hijos de Israel. Se arrastraron y ocultaron entre las rocas y en los huecos de las piedras. Fué entonces cuando el ciclamen se hizo la formal promesa de no volver a florecer en los jardines. . ■' —“Moraremos entre las piedras hasta que los pobladores de Israel regresen a su suelo natal”. Desde entonces se hicieron más pequeñas, cada vez más pequeñas. Se asomaban eso sí, por entre las rocas y desde las alturas atisbaban hacia el valle por si se veía regresar a los niños de Israel, por si los primeros intentaban ya escalar la montaña en busca de la flor predilecta. Hasta hoy la flor conserva, con infinito amor, el último recuerdo que le dejaron los chicos de Jerusalén antes de abandonarla, la lágrima que cayera sobre su corola en el momento de la despedida. Ella quedó estampada para siempre sobre sus pétalos, lágrimas blancas que rodean el cáliz verde, pacto mudo de amor sellado entre los niños y la flor querida. Recordando el momento de la separación se tornaron purpúreos sus pétalos inferiores y rosáceos de tanto llorar. En los primeros días de invierno, cuando las plantas vuelven a la vida, los valles se cubren de flores y los campesinos salen a sus labradíos, entonces también despierta el ciclamen de su largo sueño. Pero él no olvidaba el pasado y por eso asoma sus pétalos purpurinos, róseos y blancos, para otear el valle en constante incertidumbre: ¡Tal vez hayan regresado los niños de Israel a su patria! ¡Tal vez sean campesinos judíos los que labran los campos! ¡Quizás en Jerusalén se haya comenzado nuevamente a cultivar los jardines que le dieron fama y renombre! Y una nueva promesa nació en el alma de las rakafot. Cuando esto ocurra, cuando las terrazas de las montañas d.e Jerusalén reviven, también ellas saldrán con espíen dor y alegría, al encuentro de los que las trabajen. Entonces volverán a enraizarse en medio de las piedras, de las terrazas milenarias. Llegada la temporada de los paseos, los chicos escalarán las montañas, cortarán rakafot que se presentarán gustosas para adornar sus cabezas. Entonces la rakéfet abandonará su rincón obscuro y volverá a los jardines del valle y de la montaña. Entonces prodigará flores, no sólo durante algunos meses del invierno y de la primavera, sino durante todos los días del año. Se tornará grande y hermosa como en tiempos del rey sabio y los niños de Jerusalén, como entonces, la denominarán “diadema de Shlomó”. Iaacov Halpern