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Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1970-12-01 · 12 (Diciembre, 1970) · p. Seite 7

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Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XXXII (1970)
Issue
12 (Diciembre, 1970)
Date
1970-12-01
Page
Seite 7 (sequence 7)
Language
German
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DICIEMBRE 1970 BOLETIN INFORMATIVO 7 TEMAS ECONOMICOS ¿FIN DE LA HEGEMONIA DEL DOLAR? Por MARCOS NEUMAN Desde la época de nuestros abuelos estamos acostumbrados a considerar al dólar como símbolo inconmovible de moneda fuerte. No sólo personas que querían asegurar sus ahorros contra una posible devaluación los convertían en dólares, sino que también gobiernos recurrían a esta moneda para cubrir sus reservas de divisas. Los Bancos Centrales de la mayoría de los países del mundo establecían los valores de sus respectivas monedas en relación al dólar. Tratados comerciales, aún los bilaterales, entre gobiernos cuva moneda nada tenía que ver con el dólar, se concretaban en base al valor del mismo. ¿Cuál era la razón para ello? No fue una, sino varias las razones, todas concurrentes, para que así fuera. En primer' término, si bien el valor de casi todas las monedas está basado en el “patrón oro” y en la mayoría de los billetes moneda está impresa la leyenda diciendo que a la presentación del mismo el respectivo Banco Central entregará al portador y a la vista la cantidad de oro por el valor del mismo, el único que realmente estaba en condiciones de hacerlo era el Federal Reserve Board de los Estados Unidos, del que se decía que tenía más oro almace nado en los sótanos de Fort Knox que dólares había circulando por el mundo. COMERCIO Y PRESTAMOS En segundo lugar, el dólar como factor adquisitivo en el comercio internacional era la monedó más corriente, porque los Estados Unidos, con su -enorme poder productivo, ■era la principal fuente de provisión, directa o indirecta, de la mayoría de los productos manufacturados, maquinarias y bienes en general con que se abastecía el mundo hasta el el final de la década del 50. Otra causa, si bien de índole diferente, fue la continua afluencia de dólares a los mercados del exterior por la ayuda que presta el gobierno de los Estados Unidos a muchos países, por los pagos que efectúa para mantener sus tropas en diversos continentes y, finalmente, por las grandes inversiones que hacen sus banqueros y financistas en empresas extranjeras. En el último decenio estas inversiones solas sumaron un promedio de diez mil millones de dólares anuales. Todas estas causas concurrentes han creado una hegemonía “de facto” del dólar sobre todas las otras monedas del mundo, convirtiéndolas prácticamente en mero satélites del primero. Si, por una causa u otra, en alguna plaza financiera aparecía una afluen cia excesiva de dólares, el respectivo gobierno se vería obligado a adquirir el exceso a fin de no permitir su repentina baja, que significaría ipso facto, la correspondiente revaluación de su propia moneda, no solamente en relación al dólar sino también a otras monedas, encareciendo sus exportaciones. Para hacerlo, el Banco Central debía enviar al mercado una mayor cantidad de circulante creando con ello, a pesar suyo, condiciones inflacionarias en el país. Si, por el contrario, la dls ponibilidad de dólares en la plaza mermaba, los importadores se veían obligados a re currir al mercado negro para adquirirlos, pagando precios especulativos, y encareciendo con ello los precios de los productos que vendían, creando de nuevo la inflación. Como vemos, el dólar actúa de especie de titiritero, de cu vos movimientos dependen los vaivenes de sus títeres. Esta situación subsiste desde hace decenas de años y los países económicamente más débiles no han logrado substraerse de la misma, ni oponerse a ella, de igual manera como un humilde almacenero de barrio no puede hacerle la guerra de precios a una red de gigantes supermercados. LOS MERCADOS REGIONALES Ultimamente, empero, aparecieron en el horizonte financiero internacional algunos indicios que podrían significar que la época de hegemonía del dólar está llegando a su fin. Si bien estos indicios no dicen exactamente cuando esto sucederá, dejan, sin embargo, entrever que las condiciones para ello están dadas. ¿En qué consisten estas condiciones? En primer lugar, el mito de la incomovibilidad del dólar es actualmente exactamente eso: Un mito. Las reservas de oro de los Estados ascienden en la actualidad a 11.800 millones de dólares mientras que la cantidad de dólares en manos de los Bancos Centrales de los países extranjeros se eleva a 15.300 millones, sin contar los dólares que circulan dentro de los Estados Unidos y lo que están en manos de partícula res y de Bancos privados de todo el mundo. Si, ante un suceso imprevisto, todos estos poseedores de dólares se dirigirían al Federal Reserve Board, pidiendo el canje de sus dólares por oro, la situación se tornaría más bien incómoda. En segundo lugar, cabe destacar un nuevo fenómeno eco nómico que apareció después de la Segunda Guerra Mundial: Los Mercados Comunes Regionales. Grupos de países, con fuentes de materias pri mas y tipos de industrias diversos, decidieron formar un “pozo común”, es decir complementar sus economías anulando, total o parcialmente, las barreras aduaneras entre ellos, implementando un intercambio comercial como si formarían una sola unidad económica. De esta manera dichos países no se veian obligados a recurrir al dólar como moneda adauisitiva para comprar mercaderías en un país vecino, distante solamente algunas decenas de kilómetros el uno del otro. Este tipo de grupos económicos empezó a aparecer, en forma tímida y cauta primero, en ferma de Convenios Bilaterales, ampliando de a poco sus marcos incluyendo a otros países, para desembocar en los actuales Mercados Comunes. El grupo económico de este tipo, inás fuerte y conocido, es, indudablemente, el Mercado Común Europeo que incluye a Alemania Occidental, Francia, Italia y los países del Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo). Otro grupo europeo es el EFTA (European Free Trade Association) que incluye a los Países Escandinavos, Austria, Portugal, Suiza y Gran Bretaña. También Latino América tiene su Mercado Común, el LAFTA o ALALC (Asociación Latino Americana de Libre Comercio), pero pl mismo es prácticamente inoperante por las mismas razones que afectan a Latino América en general: rencillas personales entre dirigentes, ambiciones, celos, etc. Los Mercados Comunes proliferan en diferentes partes del mundo. Centro América tiene el suyo; los países de Asia Sud-Occidental formaron el suyo. Hasta los países comunistas de Europa Oriental formaron uno: el COMECON, donde, lógicamente, la Unión Soviética lleva la voz cantante. El fenómeno es general pero los resultados varían. Ninguno, empero, puede igualarse al poderoso Mercado Común Europeo que es el único, por ahora, capaz de enfrentarse, de igual a igual, con el coloso americano y disputarle la hegemonía económica del mundo. Para hacerlo con efectividad, tendrá que poner en efecto antes algunas medidas que no será fácil llevar a cabo. Se habla ya en forma intensa de una Euromoneda, pero la misma no tendrá sentido práctico si los países componentes no establecen un sistema impositivo común, no coordinan sus respectivos presupuestos nacionales y, finalmente, no establecen una total unidad económica en lugar de la actual “comunidad” donde cada miembro sigue conservando aún cierta autonomía El camino a recorrer es largo y los problemas a resolver son múltiples. Pero es un hecho innegable que este nuevo fenómeno económico aún no ha dicho su última palabra y tarde o temprano saldrá a disputarle al dólar su, hasta ahora, indiscutible hegemonía. "AURORA" Tel-Aviv IA JUVENTUD KIBBUZIM CONTRA TL ESTABLISHMENT DEL KIBBUZ Por HERBERT FREEDEN, (JERUSALEN) El conflicto de las generaciones ha invadido ahora también la forma social una vez tan revolucionaria y progresista como el Kibbuz de Israel, y en una convención de las colonias colectivas del país, celebrada hace poco, la joven generación atacó el establishment del Kibbuz. “El estilo de vida y la estructura del kibbuz fueron fundadas por nuestros abuelos, y deseamos tener la posibilidad de modificarlas”, se lee en una conclusión de la joven oposición. Al primer momento parece ciertamente una paradoja aplicar el concepto “establishment” a una forma social que, según propia definición “lucha por una verdadera libertad y por una vida sin explotadores y explotados”. La primera colonia agrícola colectiva, Degania, fue fundada hace unos 50 años en el valle del Jordán por jóvenes intelectuales judíos provenientes de Rusia, que deseaban comenzar nuevamente su vida de acuerdo a las ideas de Tolstoi, de Kropotkin y del filósofo judío-socialista A. D. Gordon, “una vida llena de sentido y creativa, la cual tiene como fundamento de la comunidad la ayuda recíproca en vez de la lucha por la existencia”. Para asegurar la igualdad de los miembros del Kibbuz, y para impedir el establecimiento de una jerarquía, los trabajos se distribuían en forma rotativa. Nadie debía estar atado férreamente a un puesto. El que este mes trabajó en el huerto, tomaba a su cargo los gallineros durante el próximo mes; el que había trabajado en los frutales, cambiaba su lugar con el ovejero ... y todos ayudaban por turnos en la cocina común. Los trabajos más deseados, tanto por su significado en el status social como por su menor requerimiento de esfuerzo físico, en ningún caso debían quedar en manos fijas. CONDICIONES CAMBIADAS Estos principios eran realizables en una economía primitiva, pero con la continua epecialización de la moderna agricultura, y con los métodos agrarios que siempre se complicaba más, ya no se podían conciliar. Hoy es necesario un entrenamiento de años para educar especialistas en horticultura, plantaciones de algodón, crianza de aves o plantaciones de cítricos, y sobre todo los especialistas en la comercialización de los productos. Cada kibbuz como tal es ahora ya una gran empresa y necesita de un manejo especializado. Como consecuencia de la mecanización de la agricultura, ha quedado libre mucha mano de obra, de modo que muchos kibbuzim han creado fábricas para ocupar a su gente en cosas productivas. También aquí se necesitan más expertos que idealistas. Durante años se discutió en los Kibbuzim sobre el trabajo pagado, que estaba prohibido y desterrado. Hoy ya no es imaginable la mantención de la mayor parte de las industrias de los kibbuzim sin trabajadores pagados. El Kibbuz está hoy en la encrucijada. La generación de los fundadores quiere seguir siendo fiel a los viejos principios, aunque ya son anacrónicos. Así, el especialista en ganadería o el gerente de una fábrica de cañerías, según la vieja tradición, deben repartir la comida en el comedor común los días libres, o lavar los platos en la cocina, de acuerdo al turno, para que se mantenga la “igualdad” de la sociedad. Sin embargo, es inevitable que la gente con una especialización tenga más importancia también en un Kibbuz, y con esto se introduce, a pesar de todo, una estratificación en “clases”. El que sabe algo y cree que sus conocimientos no son valorados suficientemente, abandona el Kibbuz, pues afuera, “en el mundo”, se buscan especialistas. Sobre todo personas jóvenes que sirvieron en el ejército y que a menudo allí se destacaron muy bien, son atraídos por trabajos en el comercio libre o en el servicio público. COLONIAS BUSCAN GENTE Así se explica el hecho de que por primera vez apareció en el matutino “Jerusalem Post” este asombroso aviso: “El Kibbuz le ofrece un hogar. Más de 200 nuevas y viejas colonias colectivas en todas partes del país le invitan a asociarse a ellas... El Kibbuz ofrece un alto standard de vida social, cultural y económica y una excelente educación para sus niños”. En el año pasado fueron recibidos más o menos 1.900 inmigrantes en su mayoría provenientes de los países occidentales, en los 233 Kibbuzim del país, que tienen 85.000 miembros. Los inmigrantes de Europa Oriental, al parecer ya tienen bastante de la “colectivización” y prefieren una vida individual en la economía privada. Alrededor de 250 recién llegados abandonaron, sin embargo, el Kibbuz durante el mismo año. No pocos de los nuevos miembros de los Kibbuzim son hombres y mujeres divorciados, que esperan encontrar en el Kibbuz una vida social con mayor facilidad. Otros prefieren el Kibbuz porque no pueden resistir ya el peso de los impuestos y de los precios que suben continuamente, y desean llevar una vida sin problemas de dinero, y en la cual esté asegurada la educación de sus hijos. Pero a pesar de la fescasez de gente, los kibbuzim siguen siendo bastante exigentes y el número de los candidatos rechazados es mayor que el de los aceptados a prueba por un año, en una relación de 4 a 1. El Kibbuz debe enfrentarse hoy con una lucha de competencia en la economía israelí, y los jóvenes creen que con las normas vigentes del “establishment” esta lucha no puede ganarse. Ellos se oponen a la “fosilización” del Kibbuz, y piden que el impulso revolucionario que condujo una vez a su fundación, sea tomado ahora por una nueva generación para imponer el cambio y la model nización de los kibbuzim.

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