Mannheim
Compact Memory

Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel · 1957-12-01 · 12 (Diciembre, 1957) · p. Seite 17

Scan of the page
Image: UB Frankfurt, Visual Library (IIIF)
Journal
Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
Volume
XIX (1957)
Issue
12 (Diciembre, 1957)
Date
1957-12-01
Page
Seite 17 (sequence 17)
Language
German
Belongs to
journal issue
OCR quality
69% known words query
IRI
…/8553624-8554444-9194328--2165-8554651
Visual Library
page viewer of the UB Frankfurt

No entity mentions on this page.

OCR text

Diciembre, 1957 BOLETIN INFORMATIVO 17 BOLETIN INFORMATIVO Año XIX — N9 12 KISLEW 5718 Este mes creo es para Uds. el más importante del año. Se celebra Januca, el 25 de Kislev, según el calendario judío, y en el calendario romano, es decir, el que nosotros usamos a diario, cae este año el 18 de Diciem. bre. Sobre esta fiesta podrán leer ustedes en esta página y personalmente les deseo un gran montón de regalos. Es este, además, el mes de los exámenes, parte cruda y triste del año escolar; para aquellos que han estudiado todo el año será cosa sencilla, pero hay otros que tienen que calentar a toda velocidad, a levantarse temprano y estudiar en la plaza o en el parque... ¡Oh! ¡Qué tiempos aquellos...! Bueno, entonces, para estos últimos alumnos en apuro, un montón de suerte y no aflojen, que repetir un año es vergonzoso y aburrido. Por razones técnicas ajenas a mi voluntad, y para dar una última oportunidad a los concursantes, publi. caré sólo en este número los resultados parciales; ustedes pueden mandar colaboraciones hasta el 12 de diciembre inclusive y luego notificaré por carta a los premiados la fecha en que se hará la repartición de los premios. En el grupo de los mayores habrá premios para los dos primeros, y, en el grupo de los menores, para los tres primeros. Esto se ha decidido de acuerdo al húmero de concursantes. Les agradezco por sus colabora, ciones en el transcurso del año y espero que todos seguirán con el mismo entusiasmo en el año próximo. Por último, como nota social, quiero desear a nuestro gran colaborador y amigo Winston Teitler un montón de felicidades en el día de su Barmitzwah. Hasta pronto, amigos SHALOM RAJEL. JANUCA Esto pasó hace muchos, muchos años. Un día vino a Israel el ene. migo. Muchos griegos, hombres malos, echaron a los campesinos judíos de los campos y les dijeron: “Los campos, los hermosos viñedos y las casas serán nuestros”. Y fueron a Yerushalaim. En. traron al Beith-Hamikdasch, destruyeron las paredes, botaron la Menorah, vaciaron el aceite. . . Oyeron esto los Macabim, hijos de los Asmoneas y dije, ron: “Esta tierra es nuestra; vengan hermanos y expulsaremos a los griegos; ¡Quien está con Dios, venga a nosotros!” Salieron los héroes a luchar contra el enemigo. Pocos con. tra muchos; débiles contra fuertes. Dura fue la lucha, pero los Macabim derrotaron a los griegos y estos huyeron. Los judíos fueron a Yerushalaim y todo el Templo estaba semidestruído. Empezaron a trabajar, lo arreglaron y limpiaron. “Encendamos la Menorah de oro” —dijo Yehudá. Buscaron aceite y no encontraron. De pronto vieron un pequeño jarrito de aceite. Encendieron la Menorah, y ocurrió un milagro: el poco acei. te, calculado para un día, duró ocho días. Todo el pueblo festejó los ocho días de Janucá y cantaron: “Maoz tzur...” Enviado por Winston Teitler. ' NO bS UN RLGALO DE JANUCA S© trata de un avión en revisión en un aeropuerto israelí. EL MILAGRO.DE por losi Margalit En la escuela aprendimos a hacer candelabros de Janucá. En primer lugar, la maestra nos dijo que cada uno de nosotros trajera “chapitas”. Si, esas simples tapitas de las botellas de naranjada o de cerveza, en cuyo interior hay un pequeño disco de corcho. Pe. ro ■. . ¿por qué diez tapitas? En ocho de ellas colocaríamos las velas, y otra corresponde al “shamash” (sirviente). En total nueve. Seguramente la décima nos serviría en el caso de que alguna se arruinara cuando hiciéramos las janukiot (candelabros). En la escuela aserramos tablas de madera, luego sacamos los corchos de las cha. pitas, los pegamos sobre la tabla...!Y ya teníamos candelabros en nuestras manos! Cada niño pintó su janultiá de color plateado, y quedaron tan hermosas que parecían compradas. Los candelabros permanecieron en la escuela hasta la celebración de Januká. (Fiesta de las Luminarias). Al finalizar ésta, cada alumno lie. vó su janukiá a casa. Mi madre tomó la que yo traje y la examinó en silencio, luego vino mi padre y probó si las chapitas podían caerse con facilidad. En ese momento era tanta mi alegría, que me sentí como un héroe orgulloso de su obra sin igual. Por último, mis padres tomaron la janukiá y la colocaron sobre el ar. mario en un lugar visible, comprobé, entonces, que el candelabro realmente les había gustado. Pensé para mis adentros. “Prepararé una sorpresa. ¡Con el dinero de mi alcancía compraré velas para Janucá, y al atardecer, las sacaré súbitamente y las encenderé, y la casa se llenará de luz y de alegría! No importa que gaste un poco de mis ahorros; habiendo velas encendidas, seguramente me darán un pe. queño “regalo de Janucá”. Decidí entonces comprar un paquete de velas y lo guardé entre mis útiles de colegio. Luego, pensé cuál serla el momento más adecuado para encenderlas. Podría, por ejemplo. prenderlas al final de la cena. Así, cuando todos estuvieran por levantarse traería las velas y les diría: “Esperen un momento”. Pero... ¡no! Esta no es la mejor oportuni. dad, puesto que permaneceríamos durante la comida hablando comúnmente, como si no existiera fiesta alguna. Tal vez debiera encenderlas antes de la cena. Si, será mejor antes de la cena; cuando todos estuvieran por sentarse a ia mesa, exclamaré: “¡Silencio! Hoy es Janucá, y por lo tanto debemos encender las velas y tender una mesa digna de esta fiesta. No, quizá con. vendría más que yo mismo encendiera las velas cuando todos estuvieran en el patio. De pronto verían luz en la casa: una luz hermosa, luz de alegría. Entonces, mamá y ¡papá correrían a cambiarse de ropa, a vestirse para la Fiesta de las Luminarias y extenderían sobre la mesa un mantel blanco. Preferí esto último a todo lo anterior: durante toda la tarde me quedé jugando junto a la casa y esperé a que no hubiera nadie en ella. El atar, decer llegó y con él el cre púsculo. Mis padres estaban ocupados en el patio. Pensé: “Ha llegado la hora de prender las velas”. Di un salto y entré silenciosamente a la casa. Coloqué el candelabro sobre la mesa y con los fósforos encendidos comencé a derretir el extremo de las velas para adherirlas luego al interior de las chapitas. No fue este un trabajo fácil. Los fósforos no querían prenderse y las ve. las se negaban a adherirse. Traté de terminar rápido, pero no lo logré, pues ya me ardían los dedos. Continuamente espiaba por la ventana, temiendo que mi madre llegara antes que yo terminara mi obra. Por fin conseguí suspender las velas en la janukiá. ¡ocho velas! Azules, rojas, blancas y amarillas. Encendí cuidadosa, mente el shamash y luego las restantes, una tras otra; las luces que de ellas emanaban eran pequeñas pero atractivas. Sentí inmensa alegría y mi corazón palpitaba con mucha fuerza... Realmente parecía una maravilla. Las hubiera oprimido contra mi pecho, a no ser por las llamas que desprendían No pude abstenerme y es-r perar a que mis paares entraran en la casa. Mi deseo era que vieran la sorpresa desde afuera. Tomé cuidadosamente mi candelabro y lo acerqué a la ventana. ¡Oh! Dentro de pocos instantes ve. rían, desde afuera, las luces de la janukiá. —¡Mamá! ¡Mamá! De pronto, ¡horror! ¡Nuestros hermosos cortinados ardían entre las llamas, y el fuego se extendía y se elevaba alto, alto! ¡Incendio! Y de pronto me sentí trans portado en el aire hacia un costado. Dos manos fuertes arrebataron las cortinas que ardían, levantándolas y haciéndolas caer al suelo. Levanté la vista y he aquí mi madre que pisaba rápidamente las cortinas y el fuego. Se desprendía humo y pequeñas chispas revoloteaban en el aire. ¡Ah! El fuego ya disminuía poco a poco y sobre el suelo aparecieron pequeños tronos de género negro. Mi madre apretujaba bajo sus pies las cortinas consumidas por las llamas. ¡Se terminó! Ya no hay fuego ni chispas. Sólo quedaban estos del pobre cortinado que revoloteaban por el piso. Mi madre se quedó inmóvil y sólo atinó a suspirar fuertemente. Su rostro estaba pálido y sus ojos se agrandaron como monedas. Yo posé mi vista sobre las velas y vi que todas estaban encendidas y mi janukiá, ¡oh! ¡qué hermosa se veía aún, como si nada hubiera pasado-..! —¿Qué ocurrencia es esa? —me reprendió mi madre. Dijo estas palabras, respirando con dificultad. Señalé el candelabro; intenté decirle que mi intención fue preparar una sorpresa, pero las palabras se me ahogaron en la garganta. Temía el enojo de mi madre y no supe que hacer. De improviso, se dibujó una sonrisa en sus labios. —¿Encendiste velas en honor a Janucá, no? —me dijo. Yo asentí con la cabeza. — ¡Qué imprudente has sido! ¿No sabes que no se ponen velas en la ventana, junto a las cortinas? Fue un verdadero milagro que yo haya llegado justo en este momento. Pudo haberse incendiado toda ia casa. —Yo.. . quise que fuera una sorpresa... quería que ustedes vieran las luces desde afuera —dije cuando por fin pude hablar . —Prender las velas, así, ¡en un soplo! ¿Cuántas veces te dije que no quiero que juegues con fuego? Casi lloro de vergüenza y de humillación, pero hice sin chistar lo que me ordenaba mi ma - dre. Me dolía comprobar que ella me consideraba un chiquilín al que se le prohíbe jugar con fuego. A cualquiera puede sucederle un accidente. Aunque.. . en verdad cuando las cortinas comenzaron a arder me paré sin hacer nada y grité como un tonto. A no ser por mi madre, realmente la casa se hubiera incendiado. —Retira todas las velas del candelabro. También esto lo hice sin replicar . —¿De dónde sacaste las velas Conté a mi madre toda la verdad, es decir, que las había comprado con mi propio dinero. —Está bien, deja sólo dos velas prendidas, una por ser el primer día de Janucá y la otra como shamash. ¿Acaso no sabes que el primer día de Janucá se enciende sólo una vela? —¡Oh, me olvidé! — dije completamente confuso. Ma avergoncé de lo tonto que había sido. Mi madre tomó los restos (CONTINUA A LA VUELTA)

Text as recognised by OCR (ABBYY FineReader), without corrections. Entity mentions: TagMe (2021); their positions were matched to this text again.