Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XII (1950)
- Issue
- 9 (Edicion Especial)
- Date
- 1950-09-01
- Page
- Seite 13 (sequence 15)
- Language
- German
- Belongs to
- journal issue
- OCR quality
- 75% known words query
- IRI
…/8553624-8553958-9191762--0472-8554113- Visual Library
- page viewer of the UB Frankfurt
OCR text
V BOLETIN INFORMATIVO 13 O'Higgins y su contacto con ios indios (-¿./■•'v.yX/V.i.-.y-:; IMÉI 11 y$%ft El Padre de la Patria. 18 DE SEPTIEMBRE -Hoy día, el pueblo chileno, pomposamente engalanado, se regocija al celebrar una vez más, la fecha máxima de su historia nacional. Fué en un lluvioso 18 de Septiembre de 1810, cuando el país entero al mando de don 'Ambrosio O’Higgins y don Juan Martínez de Rozas, lanzó su primer grito de liberación al reunir a todos sus habitantes en unjCa-bildo abierto, con el fin de formar la Primera Junta Nacional de Gobierno. La importancia de esta Junta, reside, no sólo en el hecho de que fué la primera realización efectiva en pro de la Independencia, sino también en que, gracias a su obra, quedaron establecidos los fundamentos de la que pronto sería una nación libre y soberana . Su principal obra fué, sin lugar a dudas, la declaración de la libertad de comercio que bajó considerablemente el costo de la vida, pero que fué el mayor golpe que recibió España, pues perdió —con el término del monopolio— a uno de sus mejores compradores. Además, logró que apareciera el primer neriódico del país, “La Aurora de Chile”, bajo la dirección de Fray Camilo Henríquez; formó el primer Congreso Nacional y organizó el Ejército que en 1818, al mando de don Bernardo O’Higgins y don José de San Martín, consagraría, mediante la Jura de la Independencia, definitivamente la libertad de Chile. Muchos fueron los líderes de esta lucha, pero la batalla no se hubiera, ganado de no haber sido por los ideales de justicia que bullían en el corazón de todo chileno. Gracias al esfuerzo de cada uno lo que en un principio no fué sino un sueño imposible, llegó a convertirse enjma palpable realidad. Y ahora, 140 años después de aquel memorable día, la comunidad israelita saluda al pueblo chileno, y expresa sus más fervientes votos para que el país siga avanzando por la senda de la justicia y del progreso R. G. En vísperas de las Fiestas Patrias y con la gentil autorización del autor, reproducimos a continuación parte del capítulo “O’Higgins y su contacto con los judíos” del libro “Los Judíos en Chile” de Guenter Boehm, como un aporte al conocimiento de la figura del procer de la independencia de esta tierra y como tributo de admiración. El 20 de Agosto de 1178 nació aquel niño que más tarde debía transformarse en el procer de la Independencia de Chile: Bernardo O’Higgins. Su niñez estuvo rodeada del mayor sigilo, lo que es muy lógico, dada la legislación vigente en esa época. A su padre, don Ambrosio O’Higgins, coronel de caballería entonces y Gobernador del Reino de Chile más tarde, estaba terminantemente prohibido casarse con una mujer avecindada en su distrito. Una violación de este decreto se castigaba con la privación del cargo que se desempeñaba. Dadas estas razones, el padre del joven Bernardo estuvo constantemente preocupado por ocultar la existencia de su hijo. Este fué criado al lado de la familia Riquelme, durante sus primeros cuatro años, para ser trasladado a casa de don Juan Albano Pereyra, amigo íntimo de O’Higgins, en las vecindades de Talca. Apenas llegado a su casa, Pereyra resolvió bautizar al niño sirviéndole de padrino: “Don Pedro Pablo de la Carrera, cura y vicario de la villa y doctrina de Sari Agustín de Talca, certifico y doy fe de la necesaria en derecho, que el día. veinte del mes de enero de mil setecientos ochenta y tres años, en la iglesia parroquial de esta villa de Talca, puse óleo y crisma, y bauticé sub conditione a un niño llamado Bernardo O’Higgins, que nació en el obispado de la. Concepción, el día veinte del mes de agosto de mil setecientos setenta y ocho años, hijo del maestre de campo general de este reino de Chile,_ y coronel de los reales ejércitos de su majestad, don Ambrosio ‘ O’Higgins, soltero, y de una señora principal de aquel obispado, también soltera, que por su crédito no ha expresado aquel su nombre. El cual niño Bernardo O’Higgins está a cargo dé don Juan Albano Pereyra, vecino de esta villa de Talca, quien me expresa habérselo remitido su padre, el referido don Ambrosio O’Higgins, para, que cuide de su crianza., educación y doctrina correspondiente, como consta de su carta, que para este fin la tiene escrita, y existe en su poder, bajo de su firma; encargándole asimismo que ordene estos asuntos de modo que en cualquier tiempo pueda constar ser su hijo. Y lo bauticé sub conditione, por no haberse podido averiguar si estaría bautizado cuando lo trajeron o si sabría bautizar el que lo bautizaría; ni quiénes serian sus padrinos de agua, para poder tomar razón de ellos si estaría bien bautizado. Padrinos de óleo y crisma, y de este bautismo condicionado, fueron el mismo don Juan Álbano Pereyra, que lo tiene a su cargo, y su esposa doña Bartolina de la Cruz; y para que conste, di éste en estos términos, de pedimenta verbal del referido don Juan Pereyra en esta villa de Talca, a veintitrés de enero de mil setecientos ochenta y tres años, y lo anoté en este libro para, que sirva de partida, de que doy fe. Don Pedro Pablo de la Carrera”. Durante varios años permanecía el niño en el hogar de don Juan Albano Pereyra, donde fué tratado con cari¬ ño, haciéndose amigo y compañero de juegos de uno de los hijos de Albano. 1 Entre las contadas personas que sabían de la existencia del niño Bernardo O’Higgins, se encontraba aquel joven mendocino, don Juan Martínez de Rozas que, designado para servir en la Intendencia de Concepción, pasó por la casa de Albano en octubre de 1786: “En mi tránsito de la capital de Santiago a esta ciudad de la Concepción, pasé por la villa de San Agustín de Talca y me alojé en la casa de don Juan Albano Pereyra., vecino de ella. Allí estuve tres días y en el último que debía se- HA MUERTO D. ARTURO ALESSANDRI Con el lamentado desaparecimiento del ilustre estadista y ex Presidente de la República, don Arturo Alessandri Palma, los judíos hemos perdido también, a un grande e inolvidable amigo. No somos nosotros los llamados a enfocar las relevantes xcondiciones que adornaran a quien fuera una de las más connotadas personalidades de este hemisferio, mas, al asociarnos al duelo que aflige al pueblo que tanto quería, no podemos callar el dolor de . quienes habían contraído una deuda de eterna gratitud con ese campeón de la libertad, la comprensión y la solidaridad humanas. Fué Arturo Alessandri, quien, siendo Presidente de la República, instruyó personalmente al Delegado Permanente de Chile ante la Liga de las Naciones, el recordado hombre público, don Agustín Edwards. a empeñar la palabra de la guir mi viaje me llamó a su cuarto y presentándome un niño, que era don Bernardo tes o equivalentes palabras: “Lo llamo a usted para, hacerle saber que este niño que se llama Bernardo, es hijo natural del Gobernador Intendente de Concepción, don Ambrosio O’Higgins, y que él mismo me lo ha entregado como hijo natural suyo, para que lo cuide y tenga en casa, ya yo soy viejo y también lo es su padre, y quiero que Ud. lo sepa y entienda para que en todos tiempos pueda dar testimonio de esta verdad”. Yo le agradecí la confianza, me despedí y seguí mi viaje...” Así pasaron algunos años. A pesar de la reserva mantenida sobre la existencia del niño, comenzó a difundirse en la villa de Talca el rumor de que se trataba de un hijo del Gobernador del Reino. Fué ésta la causa que determinó la salida de Bernardo O’Higgins de la casa que durante su infancia le había reemplazado su hogar y su traslado a Chillán. ¿Quién era ese don Juan Albano Pereyra?' Sabemos que llegó a Santiago de paso para Lima en el año 1752. Tenía. entonces veinticinco años y era de nación portuguesa y vecino de Río de Janeiro. Había nacido en la Colonia de Sacramento, hijo de padres españoles, avecindados en las islas Canarias. Sabemos ahora que detrás de ésta designación “portugués de nación”, como en el caso de Juan Albano, se oculta su ascendencia judía. Ser “portugués” significaba ser judío, aunque entre los antepasados' figure algún “cristiano viejo” y así, desde Burdeos hasta Amsterdam y Colonia, desde Londres hasta Hamburgo, encontramos a los “portugueses”, a veces siguiendo oficialmente la religión católica, y otras veces practicando ritos judíos. Así se explica que el Senado de la ciudad de , Hamburgo siempre habla de los comerciantes de “nación portuguesa”, evitando en esta forma la designación de “judíos”. Pero volvamos a Juan Albano Pereyra. De nuevo lo vemos, en 1759, en Santiago, solicitando carta de naturali¬ República en apoyo del Mandato de la Liga sobre Palestina, con miras a la creación del Hogar Nacional Judío. Siendo por segunda vez Presidente, fué él también quien adoptara entre todos los gobernantes del mundo, una actitud ejemplar de ayuda a los perseguidos del odio racial nazista, abriendo las puerta« de este “asilo contra la opresión” y fué así como muchos de nosotros logramos escapar de las garras del monstruo y rehacer nuestras vidas. Y son, por último, tan elocuentes las demostraciones de solidaridad que prodigara a sus amigos judíos y a la causa de su pueblo como elocuente era su vida toda, intensamente dedicada ai hombre y sobre todo, al hombre modesto, sufrido o perseguido. Las montañas de ofrendas que vigilan su tumba, son formadas también, por el granito de nuestra admiración y gratitud. zación española. Pero en mala hora solicita esa gracia pues las relaciones entre España y el Portugal eran tirantes y así sucedió que la Corte de Madrid no sólo le negó la carta de naturaleza, sino que ordenó expulsarlo inmediatamente de las Indias y posesiones españolas. Debido al mal tiempo que reinaba en la cordillera, se le permitió quedarse por algunos meses más. A principiós de 1762, llegó a Buenos Aires donde se encontró con su mujer, Margarita A. de Souza. Durante diez años, Albano, no debía encontrar descanso, siendo expulsado y encarcelado en varias ocasiones por súbdito portugués, perteneciente a una nación en guerra con España. Al pisar nuevamente el territorio de la Capitanía General de Chile había cumplido ya cuarenta años de edad y la Real Audiencia de Santiago se apresuró despacharlo a la naciente Villa de San Agustín de Talca. Allí, viudo ya desde tres años, contrajo nuevamente matr$ nonio con su cuñada doña Bartolina de la Cruz, en 1776. Comienza entonces a desinteresarse del comercio, y se deja tentar por la agricultura. Para este fin adquiere el fundo Lircajv,-. para consagrar las postreras energías de su existencia a trabajos campesinos. Ambrosio O’Higgins conoce a Pereyra, en calidad de comerciante en mayo del año 1759, en Valparaíso,- donde Perevra le otorga un crédito de doce mil ’■'esos para emplearlos en mercaderías y remitírselas en los navios de registro aue venían al Mar del Sur. No tardan estos dos hombres en hacerse amigos, una amistad que debía perdurar por toda la vida y tener una gran importancia en el desarrollo de la vida del futuro procer de Chile, don Bernardo O’Higgins. Cuando muere Juan Albano Pereyra, de cuya ascendencia judía no puede dudarse ya, el 13 de febrero de 1790, pudo tener el orgullo de haberse elevado, no por caprichos del destino, sino por sus méritos a su alta posición y de haber sido para el niño Bernardo O’Higgins el padre bondadoso que la suerte le negara. J