Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXX (1968)
- Issue
- 10 (Octubre, 1968)
- Date
- 1968-10-01
- Page
- [Seite] (sequence 1)
- Language
- German
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BOLETIN INFORMATIVO rom Insertpelta rAGASO tn TARIFA FUMIGACIONES REDUCIDA PERIODICAS MDACCtOH S.CI. B'N6 JISROEL *V. PORTUGAL 110 cajilla 1417 santiago chill AÑO XXX N<? 10 SANTIAGO DE CHILE OCTUBRE 1968 TREINTA ANOS B’NE JISROEL El trigésimo aniversario de una institución cultural es ciertamente un acontecimiento que invita a reflexionar un poco sobre su alcance y su significado para la misma entidad y para el ychuv en general . El cuadro que se nos presenta después de treinta años de actividad, refleja el logro de evidentes realizaciones en diferentes terrenos. Se ha construido una comunidad fuerte y bien organizada que cuenta con todos los elementos y requisitos para la observancia religiosa y tradicional; que procura una elevación espiritual en el campo de la cultura; que ha creado y mantenido su órgano informativo —a veces bien criticado, pero siempre bien recibido— como medio de orientación y vinculación permanente con los socios; que cumple con eficiencia su obligación en el sionismo activo; que educa su juventud en su Escuela Religiosa y en el movimiento juvenil Barcai y que realiza muchas otras actividades comunitarias, de acuerdo a propósitos bien definidos. Al mismo tiempo se ha producido una serie de problemas específicos que merecen un estudio de profundidad. En las tres décadas que nos separan de la fundación de la B’ne Jisroel —y eso puede decirse sin exageración— ha cambiado la faz del mundo. El nazismo alemán no solamente destrozó al judaismo centro-europeo, sus sinagogas y su cultura, sino las consecuencias de su belicosidad cambiaron también la situación política y social y muchos conceptos e ideologías antiguos. El avance de la ciencia y de la tecnología, la conquista del espacio, la revolución de criterios y mentalidades en la política y sociología, la generalización de la rebeldía y de la violencia, el nuevo desprecio por las “viejas estructuras” son fenómenos que no existían en aquel lejano año 1938 en que nació nuestra comunidad judía. Pero son también fenómenos muy ajenos —y a veces muy contrarios— a nuestro modo de pensar acostumbrado. Muchos conceptos nuevos compiten ahora con uno antiguo, extrañas enseñanzas nuevas rivalizan con la vieja religión que no ha cambiado con el correr del tiempo. UNA "VIEJA" ESTRUCTURA Mientras tanto se ha producido también un cambio en la composición interna de nuestra Sociedad que ha creado una nueva situación. La generación de los “viejos” que llegó a este país hace treinta años, deseosa de reconstruir y continuar el judaismo destruido en Alemania, no puede captar tan fácilmente la imagen de la nueva época. El progreso científico y tecnológico deja a menudo muchos atrás -¿quién de los “viejos” sabe algo de física nuclear?- la revolución ideológica es, como toda clase de revoluciones, más bien terreno de la juventud: los viejos nunca se lanzaron a la calle por un nuevo ídolo; la rebeldía y la violencia no son sus lemas favoritos, el desprecio por las viejas estructuras no les impresiona mucho mientras no haya estructuras nuevas y mejores... Una de estas “viejas estructuras” es la B'ne Jisroel, creada por un puñado de hombres con una visión determinada del futuro judío. Fueron inmigrantes que con el correr del tiempo se integraron a la vida del país. Perdieron su calidad de inmigrantes. Unos bien luego, algunos más tarde y otros nunca. No existe regla general sobre cuándo un inmigrante pierde la calidad de tal. Algunos la conservaron aún después de haber adquirido derechos cívicos, independencia económica y cierto dominio del nuevo idioma, manteniendo sus costumbres, su idioma y su modo de vivir —una tendencia muy generalizada en todas las inmigraciones de grupos étnicos que buscan naturalmente la vía más fácil y menos complicada para su radicación. Esta circuntancia dio a la B’ne Jisroel su característica dentro del conglomerado de la Colectividad, que la llamó “el sector alemán” o simplemente “los alemanes”. Chilenos nacionalizados, arraigados en el país por diversos vínculos profesionales, sociales y familiares, con hijos chilenos —¿y siempre todavía “los alemanes”?—. Una situación algo extraña que no se justifica tampoco por la existencia de otros sectores similares y paralelos (“los húngaros”, “los polacos”, etc.). Debido a las leyes biológicas, la B’ne Jisroel ha perdido en estos treinta años gran parte de sus socios antiguos, muchos otros llegaron a una edad avanzada y así ha surgido el peligro de un envejecimiento general a causa de la desproporción entre el número de socios desaparecidos y de afiliaciones nuevas. LA CONQUISTA DE LA JUVENTUD Por este motivo se procuró obviamente asegurar la continuación institucional con los descendientes de los antiguos socios. Estos jóvenes, nacidos y criados en el país, son partes integrantes del ambiente chileno, cuyo idioma aprendieron en colegios y liceos, y el único recuerdo de su origen es a menudo su nombre alemán y algúnos, a veces escuálidos conocimientos del idioma de sus padres. De tal modo se formó un paralelismo de un grupo de ex inmigrantes de habla preferentemente alemana por un lado y sus hijos y nietos educados en la cultura y el idioma del país, por el otro. Esta circunstancia llevó forzosamente a la duplicidad de idiomas que hoy en día caracteriza a la B’ne Jisroel y su órgano publicitario, ya que en la directiva prevalece la justificada tendencia a considerar la poca aptitud o voluntad de los viejos a aprender el castellano y cierta resistencia de los jóvenes a aprender bien el alemán. EL MEDIO DE COMUNICACION Esta duplicidad de idiomas constituye a veces un verdadero problema. Si el Rabino habla en castellano, se sienten mal los unos y si habla en alemán, lo entienden mal los otros. Total: un Rabino y dos sermones diferentes. Así se ha retardado, sin duda alguna, la integración de la B’ne Jisroel al ychuv chileno, a pesar de los constantes esfuerzos por realizar una labor cultural de alto nivel en el idioma del país (por medio del Servicio Religioso Moderno, conferencias de destacadas personalidades chilenas, las páginas en castellano del “Boletín Informativo”, etc.). Al respecto debemos darnos cuenta que el idioma de nuestros países de origen no tiene futuro alguno en los lugares de la “nueva diáspora” que ha creado la emigración forzosa de la década del treinta; y también debemos reconocer que nuestra juventud ya no se interesa por las diferencias de origen entre sefaradíes, ex húngaros o ex alemanes, porque más que el desarrollo histórico y más que la explicación retrospectiva atrae a los jóvenes el progreso dentro del mundo moderno. La división de nuestro ychuv en “sectores” de origen étnico (que existe también en otros países), se debe principalmente al individualismo que impulsa a cada grupo a mantener, en cuanto pueda, sus propias costumbres, ritus religiosos e idiomas. Esta tendencia —que también encontramos en Israel, donde crea dificultades de absorción cultural y social— es, por otra parte, una de las causas del distanciamiento entre las generaciones. Aunque tal distanciamiento había en todas las épocas en mayor o menor grado —el conservadurismo de los adultos frente a la pujanza revolucionaria de la juventud—■ debemos comprender que entre nosotros hay otro factor más que lo agrava y que no afecta a otros grupos: es la falta de una igualdad idiomática y de una cultura común. EN BUSCA DE PUENTES De todo esto entendemos que nuestra Sociedad debe tender puentes espirituales en primer lugar hacia su propia juventud y al mismo tiempo hacia la colectividad en general. Para estos puentes necesitamos muchas vigas resistentes. Una de todos modos debe ser un medio de comunicación común que no puede ser otro que la lengua que los jóvenes aprenden en el colegio y cuyo uso exclusivo parece a la larga indispensable para mantener la intercomunicación dentro y fuera del círculo social. Otra puede ser —una vez salvado el primer obstáculo— una mayor penetración de los padres a la cultura nacional, de la cual muchos de nosotros se hallan demasiado alejados, lo que nos impide compartir (Pasa a la pág. 4) «JE DE En vísperas del Año Nuevo 5729, es mi deseo saludar a la Comunidad Judía de Chile, a sus Instituciones, Organizaciones y Dirigentes con un cordial “Shaná tova”. Sea el año nuevo un año de felicidad y abundancia, de prosperidad y paz en nuestra región y en el mundo entero. Ha transcurrido un año difícil, pletórico en acontecimientos y desenlaces, que demostró una maravillosa unidad entre el pueblo que reside en Sión y el judaismo de la Diáspora, unidad que quedará grabada en la historia del pueblo de Israel como un ejemplo sin parangón por la dedicación plena del voluntarismo y espíritu físico que revelara el pueblo entero. Nuevamente quedó demostrado y podemos acentuarlo con orgullo y satisfacción, que el pueblo de Israel y el judaismo del mundo, son un solo pueblo y que los corazones de sus hijos laten al unísono, ale grándose con los logros del estado y compartiendo sus vicisitudes. Con justa razón, el pueblo judío considera al Estado de Israel como su propio Estado, así como el pueblo de Israel se siente fraternalmente unido a los judíos dej mundo. Esta armonía es una alianza natural que luego de los acontecimientos del año pasado continuará cristalizando, estrechándose así el nexo vivo y aumentando el número de jóvenes que irán a construir su patria y a integrarse en la empresa de su desarrollo y de la consolidación de su seguridad. Vaya mi mayor reconocimiento y aprecio a la Comunidad Judía de Chile, que cumplió honrosamente con su deber, situándose a la diestra de sus hermanos en Israel, en forma tan completa .Vayan mis más sinceros augurios a la colectividad en general, y mis mejores votos a cada uno en particular. Feliz y próspero Año Nuevo Dov Sattath Embajador de Israel