Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Journal
- Boletín informativo de la Sociedad Cultural Israelita B'ne Jisroel
- Volume
- XXX (1968)
- Issue
- 4 (Abril, 1968)
- Date
- 1968-04-01
- Page
- Seite 25 (sequence 25)
- Language
- German
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ABRIL 1968 BOLETIN INFORMATIVO 25 Hablan los Anales de la Hecatombe El artículo que aquí se reproduce ha sido extractado de una entrevista hecha al autor de “While 6 Million Died: A Chronicle of American Apathy”, por el director de la Comisión de Asuntos Internacionales del Congreso Judío Americano, Sr. Phil Baum. (N. de Red.). Mientras preparaba una se- Tie documental para una radiodifusora norteamericana, atrajo profundamente mi atención todo cuanto se relacionaba con el asalto del nazismo contra el pueblo judío. Tanto me obsesionó el asunto que, por apasionante que fuesen otros temas que tenía delante de mí, el pensamiento me seguía retrocediendo al asalto antijudío frente al cual todo lo demás palidecía. Me perseguían y me atormentaban las ramificaciones e implicaciones increíbles de la situación humana inherente en la externación de los judíos. Decidí dedicarme exclusivamente a la composición de un libro sobre este tema. Pasé en Israel una de mis vacaciones provisto de un equipo de colaboradores que filmaron a los supervivientes de la hecatombe y personas conectadas con mis estudios, entre ■ellas el Dr. Gehart M. Riegner, funcionario del Congreso Judío Mundial (el primero en comunicar al mundo occidental el plan diabólico de Hitler), quien estuvo a la sazón en el Estado Judío, para una reunión de su organización. ARCHIVOS SECRETOS Debo reconocer que, después de realizar investigaciones en muchos países y de haber tratado de conseguir material de archivo de varios gobiernos, los más liberales fueron —a despecho de la documentación comprometedora- «1 Departamento de Estado y ■el Archivo Nacional de los Estados Unidos. Es increíble que precisamente el Consejo pro Refugiados de Guerra (“War Refugee Board”), el único organismo norteamericano creado finalmente para rescatar a los judíos de sus verdugos, presentó las mayores dificultades en cuanto a obtener sus documentos. Ello se explica solamente con los vaivenes de la burocracia. No se trata de un intento conspirador para esconder los documentos. En el Archivo Nacional, tuve que someterme a largos y complicados trámites y luego trabajar encerrado en un cuarto durante cuatro meses, sin que se me permitiese sacar mis notas antes de ser escrupulosamente examinadas. Este trámite tomó en una ocasión nueve meses. ILo que experimenté al efecto en la Cruz Roja, fue todo lo contrario que en el Departamento de Es t a d o, aunque uno espera lógicamente que esa institución estaría más dispuesta que un Departamento de Estado para abrir sus anales. No halló justificación alguna para la actitud de la Cruz Roja que, en pos de habérmelo prometido, me impidió ver sus documentos. APATIA INHUMANITARIA Es menester llegar a la conclusión de que, en aquellos trágicos días del holocausto, se registró una ausencia casi universal de humanitarismo. Parece que, cuando se presentan problemas morales de gran magnitud, la gente encuentra el modo de “racionalizar” su falta de acción. Este sistema vale tanto para los Gobiernos como para magnos organismos como el Vaticano, si bien un simple campesino, por ejemplo, será capaz de ofrendar su propia vida para salvar a un niño. Un gran diario como el “New York Times” ignoraba, casi por completo la situación de los judíos. Tengo en mi poder 700 planas del “Times” de aquella época y... queda uno perplejo al notar la falta de interés. No sólo puede uno encontrar a veces una pequeñísima notita al pie de la página 63, acerca de la tragedia, sino en primera plana se publicaba día tras día la noticia de un barco alemán, el “St. Louis”, que navegaba a media milla de la costa de Miami Beach mientras un guardacostas lo seguía de cerca para aprehender a cualquier refugiado que osara saltar para llegar a nado a tierra firme. Cuando la información del holocausto se hizo pública por fin, se comprende por qué la gente la recibió con muestras de incredulidad. El Gobierno, de su parte, se abstenía porfiadamente de confirmar los hechos. CONTRADICCIONES INEXPLICABLES Conviene recordar que, antes de la guerra, el Departamento de Estado había recibido muchas comunicaciones diplomáticas de los cónsules estadounidenses en Alemania que recomendaban formular protestas norteamericanas, ya que Hitler estaría sumamente preocupado por ellas. A despecho de esto, lo único que se hizo en aquel entonces fue tratar de calmar a la opinión pública judía asegurando a la comunidad que todo pasaría pronto y no convenía causar dificultades a Washington. De la lectura de tres años de documentación secreta, relativa a la guerra y a la situación de los judíos, me he convencido de que no se había dado un solo caso en que alguna asociación judía propusiera alguna cosa sin tomar en cuenta su potencial efecto sobre el esfuerzo de guerra de los Aliados. No recuerdo haber visto una sola idea de su parte que en alguna forma debilitaría ese esfuerzo o pusiera fondos en manos de los nazis. Pero no cabe duda de que el antisemitismo tuvo su parte en la falta de acción, aunque ignoro en qué medida. Al efecto, indiqué en mi libro la diferencia entre el trato que se dio en los Estados Unidos a veinte mil niños judíos que llamaban vanamente a sus puertas y fueron rechazados y a diez mil niños ingleses que fueron admitidos sin dificultades. El libro menciona algunos ejemplos de abierta discriminación. Sin embargo, no creo que ésta haya sido la razón principal. Ha sido más bien una falta de preocupación debida quizás al provincialismo y a la ignorancia de factores importantes. Hubo, en cambio, algunos diplomáticos norteamericanos cuya elocuencia y compasión me han impresionado en no menor medida. Si uno lee, por ejemplo, los informes de Anthony Drexel Biddle, Embajador ante los Gobiernos Aliados en el Exilio, el cual no tiene gota de sangre judía en sus venas, nota uno la mayor preocupación y una inmensa simpatía personal. Esta clase de material fluía de todas partes de Europa a los Estados Unidos, pero en el Departamento de Estado fue sometido a una adulteración burocrática, fruto de la malicia y de la tergiversación. La división de asuntos europeos del Departamento de Estado seguía atribuyendo toda esa información a un solo dirigente judío en Ginebra (el Dr. Gerhart M. Riegner, representante del Congreso Judío Mundial). Es elocuente indicar que en la hora precisa en que ciertos funcionarios del Departamento de Estado difundían circulares con esas indicaciones, esos mismos funcionarios acababan de estampar sus iniciales en los informes procedentes de fuentes no judías de En el curso de su breve visita a Nueva York, el recién designado secretario ejecutivo del Departamento de Ecumenismo de la Conferencia Episcopal de Latinoa m é r i c a (CELAM), Rdo. P. Jorge Mejía, de Buenos Aires, visitó la sede de la Liga Anti-Difamación de B’nai B’riht para celebrar una serie de consultas con dirigentes judíos estadounidenses empeñados en la labor de promover las relaciones entre judíos y católicos. Explayándose acerca de las metas del Departamento de Ecumenismo de CELAM que dirige el Rdo. Mejía indicó que se dedicaría como tarea primordial a traducir en hechos la Declaración del Concilio Vaticano II “Sobre las Relaciones de la Iglesia con Religiones No Católicas Incluso los Judíos”, ofreciendo como ejemplo las resoluciones adoptadas al respecto en Septiembre último por el Sínodo Pastoral de Santiago de Chile, calificándolas de “piedra miliar” en el campo de relaciones judeo-católicas. Dichas resoluciones “recuerdan con fuerza... los lazos históricos y religiosos” que unen a la Iglesia Católica con el pueblo judío y apelan por Europa, de empleados del Servicio Exterior de los Estados Unidos, que en suma informaban lo mismo que la mencionada fuente judía de Ginebra. Si uno pudiera guardar su calma y objetividad con respecto a tales hechos, lo cual es sumamente difícil, debería uno preguntarse ¿cómo explicar esa enorme diferencia de actitud entre los funcionarios del Departamento de Estado que servían en el extranjero y los que servían en Washington? ¿Qué objeto tenía tener en otros países a hombres como Drexel Biddle y John Winant (Embajador en Inglaterra) y contar en casa con burócratas subalternos sin consideración ni comprensión para la tragedia humana? LA POSICION DE ROOSEVELT He sido uno de los numerosos admiradores del Presidente Roosevelt. Lo consideraba como un gran líder en muchos respectos. Como tal, lo he querido. Casi con pesar he tenido que escribir en contra de él. Lo que he escrito es cierto. Creo que debemos examinar a nuestros héroes al igual que a nuestros bellacos para ver en qué forma salieron de la prueba total como hombres de estado. He tratado de adentrarme en lo posible en ciertas fuerzas que trabajaban para el Presidente Roosevelt. El Congreso era aislacionista. Patrioteros como Martin Dies estaban desenfrenados en la Casa de Representantes. Constantemente se advertía que Por Arthur D. Morse (Servicio especial de OJI) “no queremos refugiados comunistas”. Esto lo repetían a gritos los Dies y Robert Reynold de Carolina del Norte, los portavoces de la Legión Americana, de las Hijas de la Revolución Americana y de todo un hato de organizaciones patrioteras que impidieron la promulgación de leyes nuevas, incluso la necesaria para admitir a veinte mil ni¬ ños refugiados. Y Roosevelt era un político que tenía mucho en la balanza. Su ley de Servicio Selectivo pasó en el Congreso, si no me equivoco, con mayoría de un solo voto. Había cierta hostilidad aún a la idea de dar a los ingleses destructores a cambio de bases. Había en el Congreso muchos peligros. En una de sus sesiones se habian propuesto 60 iniciativas para poner fin a la inmigración por completo. Roosevelt se enfrentaba a factores y probablemente a temores de perder el apoyo popular si mostraba deseos de hacer la guerra por salvar a los judíos. Cierto, a la Casa Blanca llegaban expresiones de alarma y peticiones pro-judías en grandes cantidades, procedentes de todos los sectores, rurales y urbanos, católicos y protestantes, no sólo de los judíos. Roosevelt seguramente ponderó sobre todos estos factores, pero el poderío del Congreso, que parecía estar del lado de la restricción y del aislamiento, era políticamente peligroso para él. Esta tesis explicaría muchas cosas. ACERCAMIENTO JUDEO - CRISTIANO EN LATINOAMERICA una “total reconciliación fra- Abogando por la reconciliaterna” a través de un “veraación entre católicos y judíos dero diálogo”. Otras resolula cual, dijo, ya había tardacionfs piden la “revisión de do demasiado, el Padre Mefórmulas de oración”, elimijía declaró que una de las ta¬ ñándose de éstas todos los facreas más apremiantes de su tores causantes de fricciones departamento consistiría en entre judíos y católicos y iniciar y fomentar las relacioaquellos lugares comunes que nes entre católicos y judíos “propagan una actitud adveren el continente sudamericasa al Pueblo Judío”; un enfono. Agregó que había viajado que nuevo del papel del puea Nueva York con la meta de blo judío en la historia de la “establecer contacto” con di- Iglesia, del judaismo moderno rigentes judíos norteamericay del papel positivo de Israel; nos con cuya ayuda contaba y la “búsqueda de acción copara “desarrollar un ambienmún al servicio de los homte de sinceridad y de confianbres”. za” en la América del Sur. TERMOMETROS HIGROMETROS PiROMETROS LECB \ CIA. mu Los Serenos 476 Of. 23 FDND B7765